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MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos

Электронная книга - «MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos». Краткое содержание книги:

Este libro es algo más que las confesiones de Carlos Castaño, uno de los principales actores de la guerra colombiana hasta su misteriosa desaparición, en abril de 2004. El testimonio de este criminal de guerra es un reflejo de la descomposición de la sociedad colombiana, de la suciedad de un conflicto armado que hace años dejó de ser ideológico. Un documento periodístico que ayuda a conocer mejor a una persona que, desafortunadamente, influyó de manera decisiva en la Colombia actual y que ha sido uno de los protagonistas de los episodios más trágicos de las dos últimas décadas. Contribuye también, a comprender que las Autodefensas Unidas de Colombia no son los hijos díscolos del gobierno de turno y de los militares, sino que funcionan de manera autónoma, aunque con frecuencia las autoridades no las han combatido, se han beneficiado de sus actuaciones e inlcuso les han facilitado la comisión de actos ilegales.
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Al regresar a nuestro pueblo, Amalfi, la vida nos cambi� para siempre. Nosotros no asoci�bamos a la guerrilla con gente mala, nuestra visi�n de ellos dio un giro radical.

Fidel buscaba desesperado los primeros veinte millones de pesos que le ped�an las FARC. Mi padre se comenz� a enfermar durante el cautiverio. Sufr�a problemas de gastritis, pues hab�a decidido no comer nada y no hablar con sus captores. Dur� meses sin pronunciar una palabra. Durante el secuestro vomit� seguido y padeci� una intensa gripa. A finales del mes de agosto, dos meses despu�s del secuestro, mi hermano complet� el primer pago y, confiado, le entreg� a las FARC el dinero. Fidel acariciaba la posibilidad de tener pronto a mi padre de regreso. En este rescate todos sus amigos colaboraron con dinero. Era el primer secuestro que se ve�a en Amalfi.

Pero transcurr�an los d�as y no sonaba el tel�fono. Paturro tampoco daba razones. Hasta que lleg� la segunda boleta. Las FARC ped�an cincuenta millones de pesos m�s por el rescate de mi padre. Con esta respuesta, Fidel presinti� que la situaci�n tend�a a agravarse: �Aqu� van a secuestrar a alguien m�s de la familia. La guerrilla tiene gente en las ciudades y en los pueblos�, dijo.

Fidel no ten�a ese dinero. Sin embargo, entre amigos y la Caja Agraria, obtuvo en un mes treinta millones prestados.

La guerrilla recibi� el dinero por segunda vez en octubre y s�lo hasta los primeros d�as de diciembre nos dio la fecha de entrega. Fidel intu�a que pap� estaba muerto porque la segunda vez le pidieron una cantidad de dinero superior. Pero Paturro nos insist�a en la efectividad del segundo pago y pr�cticamente nos prometi� que pap� regresar�a para Navidad. �l consolaba a mi madre y nos llenaba de esperanza a todos.

Yo recuerdo esos momentos y me da rabia. Paturro sabe que yo no lo quiero, y que agradezca que mi mam� est� viva porque si no, yo lo �recojo��.

Fidel apost� que en esta ocasi�n s� lo devolver�an. Crey� tanto que despu�s de ese d�a, pleno de pesimismo, le o� decir: �Si pagamos treinta millones, gast�monos unos doscientos mil pesos en una fiesta para recibirlo�. Se organiz� una reuni�n con la familia y los amigos para recibir al viejo. Pero en el monte algo terrible ya hab�a sucedido.

Mi padre decidi� rebelarse y no caminar m�s. Ya no com�a y continuaba enfermo. Cada d�a estaba peor. En ese instante se present� una escaramuza entre ellos y un frente del ELN que bajaba por el r�o Arenas Blancas, una lamentable equivocaci�n. Los guerrilleros del Cuarto Frente de las FARC cre�an que se trataba de un operativo militar y estimaban que nosotros ten�amos alguna influencia. Presionaron al viejo a caminar pero �l continu� rehus�ndose. Si le hubieran dado oportunidad, estoy seguro de que se les hubiera volado. Recuerdo que siempre dec�a: �Hasta que la �ltima gota de sangre corra por las venas de uno, uno est� vivo�.

Los guerrilleros del frente se reunieron a analizar la determinaci�n de mi viejo y le consultaron a un comandante guerrillero que hoy hace parte del secretariado de las FARC. �ste, de manera cobarde, no dud� en ordenar la muerte de pap� por radiotel�fono. Antes de ser asesinado, lo insultaron repetidamente con algo que para un campesino como �l era imposible ser: �Oligarca hijueputa�. Luego lo hicieron arrodillar y le metieron un disparo por la espalda. �Cobardes, asesinos a mansalva! Fue un tiro de fusil Mini-14, el m�s com�n en la �poca. El cuerpo lo dejaron ah� tirado; le echaron algo de tierra y unas hojas de maleza para taparlo a medias. S�lo un campesino que sembraba ma�z en un tajo cercano, escuch� la escaramuza, los gritos y el disparo. En la tarde, movido por la curiosidad, camin� por la zona y logr� ver el cad�ver de mi padre boca abajo, con una herida mortal entre el pecho y la espalda. El viejo a�n permanec�a con las manos atadas. �Fue asesinado a traici�n!

Al d�a siguiente, cuando los guerrilleros de las FARC se percataron de que la escaramuza no hab�a sido producto de un operativo militar, regresaron por el cad�ver. Se lo llevaron con el �nico fin de negociar sobre el cuerpo fr�o de mi padre el segundo pago del secuestro. Manten�amos la ilusi�n de verlo con vida, pues nos prometieron que lo entregar�an sano y salvo para A�o Nuevo. Fidel pag� los treinta millones sin saber que mi padre estaba muerto. El viejo nunca lleg�, y la fiesta se qued� hecha.

Pasaban los d�as y se hac�a m�s fuerte el temor de estar tratando de rescatar un cad�ver. Por eso Fidel reuni� a los hermanos para decirnos: �Prepar�monos para lo peor. Si no devuelven a pap�, es posible que toque pelear con esta gente, y si hay que pelear, al que encuentren lo van a matar. La vida p�blica para los hermanos Casta�o se acab�. Luego supimos que la orden despu�s del secuestro era acabar con los Casta�o.

El siete de febrero de 1980 lleg� Paturro con la �ltima carta de las FARC, ocho meses despu�s del secuestro. Cuando Fidel la recibi� en la mesa del comedor, la abri� y -ansioso- la ley�, pero r�pidamente su rostro se enfureci� y mantuvo la mirada fija en la hoja mientras la empu�aba en su mano para destruirla, arrug�ndola con los dedos. Tir� al piso la boleta y con la misma rabia tom� un l�piz y en una hoja de cuaderno escribi� mientras dec�a en voz alta: �Nunca he tenido esa plata y si la tuviera alg�n d�a, ser�a para combatirlos a ustedes. Fidel Casta�o�.

Fidel nos ocult� la boleta, pero luego asegur� que ped�an por mi padre cincuenta millones de pesos m�s. Ya se hab�an dado cincuenta y �l intu�a que pap� ya estaba muerto. Las FARC quer�an una excusa para no tener que darnos un cad�ver. Fidel le entreg� la carta a Paturro y le dijo: �Tome y ll�vela. No hay nada m�s que decir�.

Parte de lo que le cuento, lo supimos despu�s de localizar al campesino que lo vio el d�a de su muerte. Nos trajo hasta el sitio donde lo vio sin vida, y no encontramos nada.

Hemos luchado hasta hoy para encontrar el cad�ver de mi padre y todav�a no descartamos la posibilidad de hallarlo. Si lo arrojaron al r�o Bagre, como dicen, ya no hay nada que hacer. Pero, al parecer, fue otro cuento que empez� a regar las FARC para que no lo busc�ramos m�s.

Interrumpamos un momento. �Estoy seco! Voy a tomar un poco de agua. No es f�cil para m� contar esta parte de la historia.

Visiblemente afectado, Casta�o se par� hasta una peque�a nevera al lado del comedor. Regres� con dos botellas de agua en la mano y como quien quiere terminar de relatar algo que al evocar lo atormenta, dej� una en la mesa, se bebi� la mitad de la otra y, sin mediar palabra, continu�:

-�As� naci� nuestro problemita con la guerrilla; ah� comenz� la venganza de los hermanos Casta�o. Nunca nos devolvieron el cad�ver de mi padre, y durante esos meses las FARC reg� el cuento de que por la carta de Fidel lo hab�a asesinado. Pero nadie confirmaba la mala noticia y el cuerpo nunca apareci�. Nuestra venganza dur� dos a�os. Encontramos y ejecutamos a todos los que participaron en el secuestro. S�lo queda uno vivo.

Durante el primer a�o fuimos una organizaci�n de esp�ritu exclusivamente vengativo, y cuando ya hab�amos ejecutado a la mayor parte de los asesinos de mi padre, comenzamos a ser justicieros. La venganza como tal no conduce a nada. Pretend�amos tambi�n hacer justicia, lo que siempre ha faltado. No quer�amos ver a otras familias sufrir la tragedia que padecimos con nuestro padre. Nos enfrentamos a la guerrilla a muerte. Decidimos proteger a la familia cercana: primos y t�os; posteriormente, comenzamos a preguntarnos: ��Qu� le puede pasar al pap� de este amigo o de este otro que nos han ayudado tanto?� Descubrimos que exist�a un grupo de personas que defender; encontramos una causa.

Yo me olvid� del estudio y de mi sue�o de ser profesor. Le ayudaba a mi hermano Fidel en el �Bar Minero�, cargaba canastas de cerveza, bajaba cajas y hac�a el aseo. No era la primera vez que trabajaba. Cuando el precio de la leche bajaba, mam� hac�a queso en la casa y yo recorr�a el pueblo vendiendo. C�mo a�oro esa �poca de sue�os hermosos.

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