Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Фэнтези » La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)
La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3) - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)

Электронная книга - «La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)». Краткое содержание книги:

Tras derrotar a Rahl el Oscuro, Richard se dispone a disfrutar de la máxima recompensa a la que podría aspirar, el amor de Calan. Pero, inadvertidamente, el joven rasgó el velo que separa el mundo de los vivos del de los muertos y ahora debe enfrentarse al mal supremo, al temible Custodio del inframundo, que intenta escapar.

Para vencerlo, Richard debe aprender a dominar sus incipientes talentos arcanos, pues de otro modo morirá. A no ser que Richard aprenda a controlar sus poderes, nadie, ni siquiera su amada Calan, la poderosa pero benevolente Madre Confesora, podrá salvar al mundo. El único modo de lograrlo es ponerse en manos de las misteriosas Hermanas de la Verdad, que afirman ser su única esperanza.
1 ... 172 173 174 175 176 177 178 179 180 ... 293
Перейти на страницу:

»Sólo voy a decirte que anoche fui sola al campamento de la Orden Imperial para salvarte la vida. Los miembros de la Orden, los d’haranianos, temen a los seres de la noche, a los espíritus, y para protegerse de ellos contaban con un mago. Si vosotros, seguros como estáis de vuestros conocimientos del arte de la guerra, hubierais lanzando un ataque, el mago habría sabido todo lo que hacíais y, probablemente, os habría matado con su magia.

La expresión de desafío de Mosle no mudó, pero algunos de los otros intercambiaron murmullos de inquietud. Luchar contra espadas era una cosa, pero luchar contra magia era otra muy distinta.

— La Madre Confesora mató al mago —intervino con orgullo el capitán Ryan. Sus palabras fueron acogidas con suspiros de alivio—. Si no hubiese sido por su experiencia, nos habríamos lanzado a una muerte segura sin tener siquiera la oportunidad de luchar acero contra acero. Yo os digo que pienso seguir a quienes he jurado servir hasta la muerte: a mi país, a mi reina, a la Tierra Central y a la Madre Confesora.

»Vamos a neutralizar esta amenaza contra la Tierra Central y vamos a hacerlo acatando las órdenes de quienes hemos jurado obedecer. Entraremos en batalla bajo el mando de la Madre Confesora.

— ¡Yo soy un soldado del ejército de Galea! —gritó Mosle en una actitud de abierto desafío—. ¡No pertenezco al ejército de la Tierra Central! Yo lucho por Galea, no para proteger a países como Kelton. —Kahlan se quedó mirando, mientras otros hombres se sumaban con sus gritos a Mosle—. Ese ejército, la Orden Imperial o como quiera que se llame, avanza hacia la frontera. Cellion es una ciudad fronteriza y se encuentra en su mayor parte al otro lado del río, en Kelton. La mayoría de sus habitantes son keltas. ¿Por qué tengo yo que morir por ellos?

Algunos soldados empezaron a discutir entre sí. El rostro del capitán Ryan se tornó escarlata.

— ¡Mosle, eres una desgracia para…

Kahlan levantó una mano para imponerle silencio.

— No, el soldado Mosle se limita a decir lo que piensa, tal como le he pedido que hiciera. Quiero que todos vosotros me entendáis; no os estoy ordenando que luchéis en esta batalla, sino que os pido que empuñéis las armas para salvar vidas inocentes de los habitantes de la Tierra Central. Decenas de miles de soldados de Galea ya han muerto en esta batalla. No os pediría que dierais vuestra vida por algo en lo que no creéis. La mayoría de los que luchen en esta guerra, morirán.

»Podéis quedaros o iros; vuestra es la decisión. Nadie os ordena que os quedéis. Pero, si os quedáis, estaréis bajo mis órdenes. No quiero mandar sobre nadie que no esté firmemente convencido de lo que estamos haciendo.

»Ahora es el momento de decidir si queréis luchar o no. Si decidís que no, sois libres para marcharos, pues no seríais de ninguna ayuda a vuestros camaradas.

»Pero si decidís luchar conmigo en esta guerra —añadió con una voz tan fría como el gélido aire de la mañana—, tendréis que acatar las órdenes de vuestros superiores. Y en la Tierra Central nadie está por encima de mí. Así pues, me obedeceréis sin dudar, o el castigo será implacable. Hay demasiado en juego como para cargar con nadie incapaz de seguir órdenes.

»Si digo que hagáis algo, lo haréis aunque sepáis que vais a morir, porque será para salvar muchas más vidas. Yo no doy órdenes sin ninguna razón, pero no siempre tendré tiempo para explicarlas. Vuestro deber es confiar en vuestros superiores y obedecer.

La Madre Confesora extendió un dedo y, con un lento gesto, abarcó a todos los presentes.

— Elegid. O estáis con nosotros o no lo estáis. Pero tened presente que no podréis cambiar de opinión.

Kahlan volvió a embutir las manos en su cálido manto de piel y aguardó en silencio, mientras los soldados discutían y reñían entre ellos. Los ánimos se caldeaban y se pronunciaban airados juramentos. Algunos hombres se congregaron en torno a Mosle, mientras que otros se alejaron de él.

— Yo me marcho —anunció Mosle en voz muy alta, al tiempo que alzaba un puño al aire—. No pienso seguir a ninguna mujer en la batalla, sea quien sea. ¿Quién se viene conmigo?

Unos sesenta o setenta hombres congregados a su alrededor expresaron ruidosamente su apoyo.

— Idos pues —les ordenó Kahlan—, antes de veros envueltos en una guerra en la que no creéis.

Hecha ya su elección, Mosle y sus seguidores lanzaron a la Confesora miradas de desdén. Mosle se avanzó con aire altivo y le espetó:

— Nos iremos después de recoger nuestras cosas. No permitiremos que nos echen así como así sólo porque tú lo digas.

El resto de la tropa empujaba. Antes de que se desatara una batalla campal, Kahlan alzó una mano.

— ¡Parad! Dejadlos en paz. Han tomado una decisión. Dejad que cojan sus cosas y que se vayan.

Mosle dio media vuelta y se abrió paso a empellones entre la muchedumbre seguido por sus partidarios. Mientras se iban, Kahlan los fue contando. Eran sesenta y siete. Sesenta y siete se iban. Entonces miró el rostro de quienes se quedaban y preguntó:

— ¿Alguien más? ¿Alguien más quiere marcharse? —Nadie movió ni un solo músculo—. Entonces, ¿todos vosotros deseáis uniros a esta lucha? —Se oyó una aclamación general—. Pues que así sea. Ojalá que no tuviera que pediros esto, pero no hay nadie más a quien recurrir. Mi corazón se apena por todos aquellos de vosotros que moriréis. Sabed que ninguno de los que sobrevivan olvidará nunca el sacrificio que hacéis por ellos y por la gente de la Tierra Central.

Por el rabillo del ojo observó a los sesenta y siete que se movían entre los carromatos y cogían las provisiones que pensaban que iban a necesitar.

— Y ahora, os explicaré qué debe hacerse. —Lentamente sacudió la cabeza antes de añadir—. Es preciso que todos vosotros comprendáis lo que os estoy pidiendo. No será una batalla gloriosa como creéis, en la que ambos bandos mueven las piezas como en un tablero de ajedrez. Nada de tácticas para burlar al oponente en un honroso combate. No nos enfrentaremos a ellos cara a cara en el campo de batalla, pero los mataremos de cualquier otro modo posible.

— Pero Madre Confesora —osó alguien alzar tímidamente la voz desde las primeras filas—, el código de honor de un soldado es enfrentarse al enemigo cara a cara y vencerlo en justo combate.

— No hay nada de justo en una guerra. Lo único justo es vivir en paz. La guerra persigue un propósito singular: matar.

»Quiero que todos vosotros entendáis esto, pues es esencial para vuestra supervivencia. No hay honor en el acto de matar, da igual cómo se haga. La muerte es la muerte. El objeto de matar a los enemigos en una guerra es proteger las vidas de aquellos para los que lucháis. Y no los protegeréis mejor si matáis al enemigo con una espada que si lo asesináis mientras duerme. La única diferencia es que del primer modo os ponéis en peligro vosotros.

»No os aguarda ninguna gloria en la tarea que os encomiendo, sino que será una pesada responsabilidad. No vamos a darles la oportunidad de luchar contra nosotros en batalla abierta para dirimir quién es el mejor. Nuestra tarea consiste simplemente en matarlos.

»Si dudáis de la justicia de tal proceder, os pido que reflexionéis en qué honor tienen los soldados a los que debéis enfrentaros. Recordad que esperaron formando corrillos a que les llegara el turno de violar a vuestras madres y hermanas. Reflexionad en qué debieron de pensar sobre el honor vuestras madres y hermanas en Ebinissia mientras eran torturadas, violadas y asesinadas.

Las palabras de la mujer provocaron oleadas de estremecimiento entre los soldados, que guardaban un silencio sepulcral. Kahlan tuvo que hacer un esfuerzo para no seguir conjurando más imágenes de horror, aunque ante ella aún flotaba la visión de las jóvenes damas de honor en el palacio.

— Si el enemigo está mirando al otro lado, tanto mejor, porque así no podrá clavaros su cuchillo. Si lo matáis a distancia con una flecha, tanto mejor, porque así no tendrá la oportunidad de empalaros con su argón. Si lo matáis mientras come, tanto mejor, porque así no podrá dar la alarma. Y si lo matáis mientras duerme, mucho mejor, porque así no podrá atravesaros con su espada.

1 ... 172 173 174 175 176 177 178 179 180 ... 293
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)