Renuncia por amor
- Автор: Уинтерз Ребекка
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Renuncia por amor». Краткое содержание книги:
Blaire jamás le había dicho la verdadera razón por la que había suspendido la boda y comprendió que debía negarse a ir a vivir con él. Sin embargo, al ver cómo disfrutaba Alik de la compañía de su hijo, se sintió incapaz de decirle que no… y tampoco pudo evitar alimentar la esperanza de que, algún día, formarían una verdadera familia.
Blaire sostuvo al bebé acunándolo. Olía a polvos de talco y al jabón que usaba Alik en la ducha. Tenía las mejillas frías de estar en la calle, al aire.
– Ven, cariño, vamos a quitarte el abrigo mientras tu padre sigue revolviéndolo todo. Sinceramente, Alik, si montas el corralito no sé cómo vamos a movernos -añadió Blaire poniendo al bebé sobre el sofá para quitarle el abrigo.
– Nos las arreglaremos -contestó él inclinándose para besar a su hijo una vez más-. ¿A que quieres estar con tu papá, cariño?
Blaire se estremeció al observar el enorme amor que Alik le profesaba a su hijo. Era un amor eterno, para siempre. Al llevar a Nicky al estado de Nueva York, había puesto en marcha algo que tenía vida por sí mismo. O aguantaba el empuje o se arriesgaba a perder a su hijo para siempre.
La decisión, por supuesto, estaba tomada, pero eso significaba que su vida, irrevocablemente, había cambiado. Envejecería en soledad, pero Alik siempre estaría cerca a causa de Nicky. Él era hijo de los dos, era el lazo que los unía. Jamás dejaría de buscarlo, de esperar noticias suyas, de preguntarse qué estaba haciendo. Lo amaría siempre, para siempre.
– Está sonando el teléfono, Blaire. ¿Quieres contestar?
Conmovida ante su propia ensoñación, Blaire recogió a Nicky y se acercó a la encimera de la cocina a contestar.
– Esta vez llaman desde el área codificada con el número 801 -informó.
Alik estaba sentado en el suelo, leyendo las instrucciones del corralito.
– Será Zane, dile que espere un momento.
Blaire obedeció. Al otro lado de la línea se escuchó una masculina y vibrante voz.
– ¿Eres Blaire?
– Sí.
– Creo que tengo que darte la enhorabuena. Dom me ha llamado hace un momento y me ha contado la noticia. ¡Yo también quiero fotos!
– Esta noche he hecho algunas de Alik con el niño en brazos -sonrió ella.
– ¿Sí? Tengo que verlas.
Los amigos de Alik eran maravillosos. Blaire deseó de todo corazón conocerlos. Hubiera dado cualquier cosa por ser su esposa, por vivir con él el resto de su vida.
– Espera un segundo, enseguida se pone Alik. Está montando un corralito.
– Creo que voy a tener que ir a Nueva York a conocer a ese pequeño -contestó Zane soltando una carcajada-. A ver si es verdad eso que dicen de «de tal palo, tal astilla».
– ¿Dónde vives?
– Ahora mismo en Tooele, Utah.
– Eso está cerca del lago Great Salt Lake, ¿verdad?
– Exacto. Veo que dominas la geografía.
– ¿Te has bañado en el lago? -preguntó ella con una sonrisa-. ¿Es cierto que flotas como si fueras un corcho?
– ¡Por supuesto! -rio Zane de nuevo-. Tienes que venir a probarlo alguna vez.
– Siempre he querido…
– ¿Te importa si te interrumpo? -musitó Alik desde detrás de ella.
Blaire sintió el calor de su aliento contra el cuello. Aquel tono amenazador demostraba que a Alik no le gustaba que charlara con su amigo.
– Un momento, Zane, aquí está Alik -dijo con voz trémula, tendiéndole el auricular.
Blaire dejó a solas a Alik y entró en su dormitorio a cambiar al bebé de pañal. Aquel era su momento favorito de la tarde. Blaire hizo sonar la caja de música. La sonora melodía invadió la habitación, y el móvil comenzó a girar. Nicky observó hipnotizado el movimiento de los personajes de colores. Era evidente que le resultaba estimulante, porque no dejaba de mover los brazos y las piernas.
Alik no tardó mucho en entrar buscando a Nicky, pero cuando vio su respuesta al juguete se quedó de pie, observándolo fascinado. Blaire no podía soportar estar cerca de él.
– Voy a preparar la cena, Alik. ¿Te apetece algo en particular esta noche?
– Pues ahora que lo preguntas, ¿qué te parecerían unos tacos de gambas, de esos que solías hacer tú? -Blaire los adoraba. Los había preparado muchas veces para Alik, pero no había vuelto a cocinarlos desde que rompieron-. Blaire…
De pronto, la tensión fue palpable entre los dos. Ella se detuvo en el umbral de la puerta.
– ¿Sí?
– Si quieres hablar por teléfono con tu novio, adelante. Yo me quedaré un rato aquí, con Nicky.
– Gracias -contestó ella conteniendo el aliento.
– Cierra la puerta.
Aquello era lo que más odiaba de la mentira. Necesitaba sacar a la luz sus sentimientos, así que buscó las llaves del coche y se llevó el móvil. Llamó a su tía Diana, que era quien le había prestado el anillo. Para ella era una amiga, una confidente: la persona con la que necesitaba hablar. Solo que, nada más oír su voz, Blaire se echó a llorar y no pudo parar. Debieron pasar diez minutos antes de que pudiera disculparse y decirle que la llamaría al día siguiente.
Blaire se enjugó las lágrimas y volvió al remolque. Alik estaba colocando las fotografías en el escáner para mandárselas a sus amigos. Nicky estaba en el corralito, observando a su padre. La escena era tan tierna que Blaire hubiera podido derramar otro montón de lágrimas más.
Pero, en lugar de ello, se apresuró a preparar la cena. Hubo un momento o dos en que creyó notar la mirada de Alik sobre sí, pero él no dijo nada. Sabía que tenía el rostro colorado de tanto llorar, pero para él era una prueba más de que echaba de menos al hombre con el que se iba a casar.
Finalmente, al sentarse a la mesa, Alik habló:
– Supongo que has informado a tu novio de la situación -ella asintió-. Si crees que no vas a poder vivir sin él eres libre de marcharte. Siempre y cuando me dejes a Nicky, claro.
– No. Hemos hecho un trato, y lo cumpliré -contestó Blaire incapaz de mirarlo.
– Aunque acabe contigo…
– ¿Qué más quieres de mí? -saltó ella de pronto, llena de frustración.
– Que me ayudes, que seas más generosa conmigo de lo que lo fuiste nunca.
La voz de Alik sonaba agitada. Instantes después él se puso en pie tirando al suelo la silla. Nicky se echó a llorar. Ambos corrieron a consolarlo, pero Alik llegó primero. El niño se calló de inmediato. Se sentía a salvo en brazos de su padre.
– Pareces exhausta, Blaire. ¿Por qué no te vas a la cama? Yo recogeré esto y le daré el biberón. Pensaba darle también el de las tres de la madrugada.
– No es necesario.
– Quiero hacerlo, es importante que esté conmigo estos días, incluso por las noches. Ya organizaremos turnos más adelante.
Quizá fuera lo mejor. Con tanta emoción a flor de piel la tensión que había entre ellos los había hecho estallar a los dos. Blaire no podía permitirse el lujo de que eso volviera a suceder.
– Antes de irme, ¿quieres decirme a qué hora quieres el desayuno?
– ¿Por qué no lo discutimos mañana? Voy a tomarme unos días libres para prestarle a Nicky más atención, ya hablaremos de eso mañana.
– Está bien -respondió ella apartando la mirada.
Hubiera deseado ponerse de puntillas y besar a Nicky en lo alto de la cabeza, pero no se atrevía. El bebé estaba demasiado cerca del rostro de Alik.
Al volverse para marcharse, Alik la tomó del antebrazo con la mano que le quedaba libre.
– ¿Cuántos años tiene tu novio?
«No, por favor. Más no».
– ¿Por qué quieres saberlo? -inquirió ella a su vez, tratando de soltarse.
– ¿Y todavía me lo preguntas, después de decirme que soy demasiado viejo para ti? -preguntó Alik apretándole aún más. Solo entonces comenzó Blaire a comprender el alcance del daño que le había hecho-. Lo pregunto porque quiero saber con qué tipo de hombre se va a criar mi hijo.
– Tiene veinticuatro -mintió ella, casi incapaz de respirar.
– ¿Y qué hace para ganarse la vida?
– Trabaja en la construcción.
– ¿Ha ido a la Universidad?
– Es técnico de grado medio, estudió dos años.
– ¿Te has acostado con él?
– Eso no es asunto tuyo -replicó Blaire ruborizándose.