Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
La chica del tambor - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La chica del tambor

Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:

La chica del tambor
1 ... 140 141 142 143 144 145 146 147 148 ... 163
Перейти на страницу:

Al entrar en la sala de embarque desierta, tuvo la impresi�n de ser la primera pionera que pon�a el pie en ella. Se o�a sonar un disco, pero no hab�a nadie para escuchar la m�sica. Una tienda elegante vend�a osos de chocolate y queso, pero estaba vac�a. Fue al lavabo y se contempl� a placer en el espejo. Mir� su pelo corto y te�ido de un color m�s o menos casta�o. El mismo Tayeh hab�a andado dando vueltas por el piso de Beirut mientras Fatmeh se lo trasquilaba. Nada de pinturas ni de �sex appeal�, hab�a dicho. Llevaba un traje marr�n oscuro y unas gafas para mirar con cara de pocos amigos. Todo lo que necesito, pens�, es un sombrero de paja y una chaqueta deportiva con un escudo. Estaba muy lejos de ser la poule de luxe revolucionaria de Michel.

�Da recuerdos de mi parte a El Jalil�, le hab�a dicho Fatmeh, al darle un beso cuando se despidi� de ella.

Rachel estaba en el lavabo de al lado, pero Charlie la cal� en seguida. No le gustaba, no la conoc�a, y fue pura coincidencia que Charlie pusiera su bolso abierto entre las dos, con el paquete de Marlboros encima, como Joseph le hab�a dicho que hiciera. Y tampoco vio la mano de Rachel, que cambiaba los Marlboros por un paquete suyo, ni el gui�o r�pido y tranquilizador que le hizo en el espejo.

No tengo m�s vida que �sta. No tengo m�s amor que Michel, ni tengo que guardar lealtad a nadie, como no sea al gran El Jalil.

Si�ntate lo m�s cerca posible del tabl�n de salidas, hab�a ordenado Tayeh. Lo hizo as�, y sac� de la maleta un libro sobre plantas alpinas, ancho y delgado, como un manual de colegiala. Lo abri�, y lo puso sobre las piernas, de manera que pudiera leerse el t�tulo. Luc�a una insignia redonda en la que pon�a �Salvad a las ballenas�, y �sa era la otra se�al, dijo Tayeh, porque de ahora en adelante El Jalil necesita que haya siempre dos cosas: dos planes, dos se�ales, un segundo sistema en todo, por si falla el primero; otra bala m�s, en caso de que el mundo contin�e vivo.

�El Jalil no conf�a en nada la primera vez�, hab�a dicho Joseph. Pero Joseph estaba muerto y enterrado desde hac�a mucho tiempo, un profeta de su adolescencia ya descartado. Ella era la viuda de Michel, y el soldado de Tayeh, y hab�a venido para alistarse en el ej�rcito del hermano de su amante muerto.

Un soldado suizo estaba mir�ndola, un hombre mayor que llevaba una Heckler amp; Koch. Charlie volvi� la p�gina. La Heckler era su favorita. En el �ltimo entrenamiento, de cien tiros, hab�a hecho ochenta y cuatro blancos. Era la puntuaci�n m�s alta, lo mismo para hombres que para mujeres. De reojo, vio que segu�a mir�ndola. Pens� con rabia: voy a hacerte lo que Bubi hizo una vez en Venezuela. A Bubi le hab�an mandado matar a un polic�a fascista cuando saliera de su casa por la ma�ana, una hora muy conveniente. Bubi se escondi� en el quicio de una puerta, y esper�. Su v�ctima llevaba un arma bajo el brazo, pero era tambi�n un hombre muy familiar, al que le gustaba jugar con sus hijos. En el momento en que sal�a, Bubi sac� una pelota del bolsillo, y la ech� a rodar detr�s de �l. Una pelota de ni�o que viene dando botes, �qu� hombre que tenga hijos no se agachar�a instintivamente para cogerla? En el momento en que lo hac�a, Bubi sali� de su escondite y le mat�. �Porque qui�n puede disparar un arma mientras est� cogiendo una pelota de goma?

Alguien estaba intentando ligar con ella. Con pipa, zapatos de piel de cerdo, pantalones de franela grises. Vio que rondaba por all�, y se acercaba.

-�Perdone, �habla ingl�s?

Lo de siempre, un tipo ingl�s de clase media, rubio, de unos cincuenta a�os y gordo. Disculp�ndose con una mentira. �No, no lo hablo -le apeteci� decirle-. S�lo miro las fotos.� Odiaba tanto a esos tipos, que sinti� verdadero asco. Le ech� una mirada furibunda, pero el t�o no se movi�.

-�Se lo digo �nicamente porque este sitio es espantosamente aburrido -dijo-. He pensado si le gustar�a tomar una copa conmigo. Nada m�s. Le sentar� bien.

No le dio las gracias, dijo simplemente:

-�Mi pap� dice que no debo hablar con desconocidos.

El hombre esper� un poco, y luego se march� furioso, mirando si hab�a por all� alg�n polic�a para denunciarla. Volvi� a su estudio del edelweiss com�n, y a escuchar los pasos de los que iban llegando. Uno que pasaba de largo hacia la tienda de quesos. Otro, al bar. Unos pasos que se acercaban. Y se paraban.

-��Imogen? �Te acuerdas de m�? Soy Sabine.

Mirada. Pausa para reconocerse.

Un pa�uelo de colores suizo, para ocultar el pelo corto y te�ido de un color m�s o menos casta�o. Sin gafas, pero si Sabine tuviera que ponerse unas gafas como las m�as, cualquier fot�grafo malo podr�a sacarnos como gemelas. Una bolsa de viaje grande, de Franz Carl Weber, de Zurich, colgaba de su mano, lo que era la segunda se�al.

-��Anda! Sabine. Eres t�.

Levantarse. Un besito en la mejilla. Qu� sorpresa. �Ad�nde vas? El vuelo de Sabine va a salir en seguida. Qu� pena que no podamos charlar un rato, pero as� es la vida, �no es verdad? Sabine deja caer la bolsa de viaje a los pies de Charlie. Echamela un ojo. Descuida, Sabs. Sabine desaparece en �Se�oras�. Charlie registra el bolso, con todo atrevimiento, como si fuera suyo, saca un sobre atado con una cinta, palpa un pasaporte y un billete que hay dentro. Los sustituye en seguida por su propio pasaporte, su billete, y su tarjeta. Sabine vuelve, coge la bolsa, tiene que salir corriendo,. Charlie cuenta veinte, y va otra vez al retrete. Baastrup Imogen, Africa del Sur. Nacida en Johannesburgo tres a�os y un mes m�s tarde que yo. Destino Stuttgart, en una hora y veinte minutos. Adi�s, chica irlandesa, bienvenida racista cristiana y reprimida de tierras remotas, que reclama su herencia de ni�a blanca.

Al salir de los lavabos, vio otra vez al soldado que estaba mir�ndola. Lo ha visto todo. Est� a punto de detenerme. Cree que me he fugado, y no sabe lo acertado que est�. No apart� la vista de �l hasta que se march�. Lo �nico que quer�a era tener algo que mirar, pens� la chica, y volvi� a sacar su libro de flores alpinas.

El vuelo pareci� durar cinco minutos. Un �rbol de Navidad, ya pasado de moda, se alzaba en la sala de llegadas de Stuttgart, y hab�a un aire de ajetreo familiar, y de gentes con ganas de irse a casa. Charlie vio las fotos de los terroristas buscadas por la polic�a, y tuvo la premonici�n de que iba a encontrarse con la suya. Pas� por inmigraci�n sin pesta�ear; pas� por la ventanilla. Al acercarse a la salida, vio a Rose, su compa�era sudafricana, apoyada en una mochila y medio dormida, pero Rose para ella estaba tan muerta como Joseph o como cualquier otro, y era tan invisible como Rachel. Se abrieron las puertas el�ctricas, un remolino de nieve le dio en la cara. Se subi� el cuello del abrigo, y ech� a andar deprisa por la acera hacia el aparcamiento de los coches. Cuarta planta, hab�a dicho Tayeh; al fondo, en el rinc�n de la izquierda, y busca una cola de zorro en la antena. Ella se hab�a imaginado una buena cola de zorro rojo, colgando de la punta de la antena. Pero esa cola era una birria, una imitaci�n de nylon, sucia, puesta en una anilla, y tendida como un rat�n muerto sobre el cap� del Volkswagen.

-�Soy Sa�l. �C�mo te llamas, guapa? -pregunt� cerca de ella la voz de un hombre con acento norteamericano.

Por un momento, tuvo miedo de que Arthur J. Halloran, alias Abdul, hubiese vuelto a buscarla, y sinti� un gran alivio al mirar detr�s de la pilastra y encontrarse con un chico muy normal, apoyado contra la pared. Pelo largo, botas y una sonrisa indolente y natural. Y una insignia de �Salvad las ballenas� como la suya, prendida en la cazadora.

1 ... 140 141 142 143 144 145 146 147 148 ... 163
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)