Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
El Peso De La Culpa - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El Peso De La Culpa

Электронная книга - «El Peso De La Culpa». Краткое содержание книги:

Parece que Asuntos Internos va a dejar de investigar de una vez por todas a la brillante, pero indisciplinada detective Barbara Havers. Tras una suspensión temporal como policía, Havers regresa al trabajo a las órdenes del lúcido Inspector Lynley en un extraño caso: el hallazgo de dos jóvenes en un bosque, con signos visibles de haber sufrido una cruenta muerte. Un asesinato de especial virulencia que abre una puerta hacia las oscuras y poderosas alteraciones de la psique humana. Un sórdido espacio en el que el sexo deviene en sadomasoquismo, y el pasado se adentra en la cara odiosa de una doble vida.
1 ... 136 137 138 139 140 141 142 143 144 ... 159
Перейти на страницу:

– No tenemos noticia de que Andy Maiden tire con arco -indicó Lynley.

– ¿Cuántos papeles interpretó cuando estuvo en la secreta? -fue la respuesta de Hanken-. Si quieres, puedes venir. Nos encontraremos en el hostal dentro de una hora y media.

Colgó.

Lynley colgó también, apesadumbrado.

Hanken tenía razón en acosar a Andy. Cuando casi todas las pruebas reunidas apuntaban al mismo sospechoso, lo trabajabas a fondo. No hacías caso omiso de lo que tenías delante de las narices solo porque no quisieras verlo. No evitabas pensar lo impensable solo porque no podías apartar tu mente del pasado, un recuerdo de cuando tenías veinticinco años y de una operación en la que habías anhelado participar. Como profesional, cumplías tu deber.

Y con todo, pese a que Lynley sabía que Hanken estaba siguiendo los procedimientos debidos, aún se debatía con las pruebas, hechos y conjeturas, en busca de algo que vindicara a Andy. Era lo menos que podía hacer, continuaba creyendo con obstinación.

Solo parecía existir un dato utilizable: el impermeable desaparecido de Nicola, que no se había encontrado en Nine Sisters Henge entre sus pertenencias. Solo en su habitación, mientras los sonidos matutinos del hotel empezaban a cobrar vida a su alrededor, Lynley se concentró en el impermeable y en lo que significaba su desaparición.

Al principio, habían pensado que el asesino se lo había puesto para ocultar sus ropas manchadas de sangre. Sin embargo, si el martes se hubiera detenido en el hotel Black Angel, después del asesinato, no lo habría hecho con un impermeable puesto, pues hacía una agradable noche de verano. No habría querido correr el riesgo de llamar la atención.

Para asegurarse, no obstante, Lynley telefoneó al propietario del Black Angel. Una sola pregunta, transmitida a gritos en la planta baja de un empleado a otro, fue suficiente para que Lynley supiera que nada por el estilo había sucedido en el hotel la noche de autos. ¿Qué había sido pues del impermeable?

Lynley empezó a pasearse por la habitación. Reflexionó sobre el páramo, los asesinatos y las armas, y se entretuvo en la imagen mental que se había forjado de la forma de ejecutar los crímenes.

Si el asesino había cogido el impermeable pero no se lo había puesto, parecía que solo existían dos posibilidades. O el asesino había transformado el impermeable en una especie de atado para transportar algo, o bien lo había utilizado para algo durante la ejecución del asesinato.

Lynley desechó la primera posibilidad por improbable. Pero en cuanto analizó la segunda con lo que sabían acerca de los asesinatos, lo supuesto sobre los asesinatos y lo descubierto en el hotel Black Angel, supo la respuesta.

El asesino había inmovilizado al chico con una flecha. Después, corrió tras la chica que huía y acabó con ella sin problemas. Volvió al círculo y descubrió que la herida del muchacho era grave, pero no mortal. Buscó una forma rápida de rematarle. Habría podido enderezarlo para convertirlo en un moderno san Sebastián, pero el chico no habría colaborado de buen grado. Por lo tanto, el asesino había examinado el lugar de acampada y descubierto la navaja en el impermeable. Se puso el impermeable para proteger sus ropas mientras apuñalaba al chico. Así podría entrar más tarde en el Black Angel con total impunidad.

Sin embargo, no podía dejar colgado un impermeable manchado de sangre con la chaqueta negra. La sangre de la chaqueta había empapado el forro, y quedó camuflada por el color de la prenda. La chaqueta habría podido pasar meses desapercibida, pero no así un impermeable manchado de sangre.

Pero el asesino debía deshacerse de él. Y cuanto antes mejor. ¿Dónde…?

Lynley siguió paseándose mientras imaginaba la noche, los asesinatos y lo ocurrido con posterioridad.

El asesino había abandonado la navaja en un punto de su ruta de escape. Era fácil enterrarla bajo unos centímetros de gravilla en un contenedor de la carretera, proceso que no le habría llevado más de medio minuto. Pero no podía enterrar el impermeable, porque no había bastante gravilla, y además, habría sido una estupidez detenerse en una carretera pública durante el rato que le habría costado enterrar algo tan voluminoso en el contenedor.

No obstante, algo muy similar a un contenedor habría bastado para depositar el impermeable, algo que se utilizaba cada día, algo que uno veía sin pensar, y algo que estuviera camino del hotel, donde, como bien sabía el asesino, podía dejar abandonada una chaqueta a plena vista sin que nadie se fijara en ella durante años…

¿Un buzón de cartas?, se preguntó Lynley. Desechó la posibilidad casi al instante. Aparte del hecho de que el asesino no habría querido hacer el esfuerzo de introducir la prenda centímetro a centímetro por la ranura, el correo se entregaba a diario.

¿Un cubo de basura? Se encontró de nuevo con el mismo problema. A menos que el asesino hubiera logrado enterrar el impermeable en el fondo del cubo, la primera vez que el propietario del cubo hubiera ido a vaciar una bolsa de basura, habría descubierto el impermeable. Tal vez el asesino había encontrado un cubo diseñado de tal manera que la basura ya depositada no se veía cuando alguien tiraba más. Un cubo de un parque público habría sido ideal, pues se introducían los desperdicios por una abertura en la tapa o el lado. Pero ¿dónde había un parque semejante, con un contenedor de dichas características, en la ruta de Calder Moor a Tideswell? Había que averiguarlo.

Lynley bajó la escalera y pidió en recepción el mismo plano de los Picos que Hanken había consultado la noche anterior. Tras examinar la zona, lo más parecido a un parque público que descubrió fue una reserva natural cercana a Hargatewall. Frunció el entrecejo cuando vio lo lejos que se encontraba de la ruta directa. El asesino habría tenido que recorrer bastantes kilómetros, pero valía la pena intentarlo.

Hacía una mañana muy similar a la del día anterior: gris, ventosa y lluviosa, pero al contrario que el día anterior, cuando Lynley había llegado, el aparcamiento estaba prácticamente desierto, porque era demasiado temprano para que incluso los clientes más aficionados al alcohol estuvieran en el bar. Abrió el paraguas, se subió el cuello de la chaqueta y corrió pegado a la pared del edificio hasta el único hueco que había encontrado para el Bentley la tarde anterior.

Fue cuando por fin vio lo que había visto sin darse cuenta después de su llegada.

El hueco encontrado para el Bentley estaba vacío el día anterior porque siempre sería el último hueco que escogería el conductor de un coche. Nadie que apreciase en algo su coche lo aparcaría al lado de un contenedor de escombros lleno hasta rebosar, azotado por el viento y la lluvia.

Por supuesto, pensó Lynley mientras oía un camión acercarse.

Llegó al contenedor un paso antes que los basureros municipales que recogían la basura de una semana del Black Angel.

Samantha oyó el ruido antes de ver a su tío. El sonido de botellas tintineando resonó en la vieja escalera de piedra cuando Jeremy Britton bajó a la cocina, donde Samantha estaba lavando los platos del desayuno. Consultó su reloj, que había dejado sobre un estante, cerca del fregadero de la cocina. Hasta para los parámetros del tío Jeremy, parecía demasiado temprano para empezar a beber.

Fregó la sartén en la que había freído el beicon de la mañana y fingió no reparar en la presencia de su tío. Oyó un arrastrar de pies detrás de ella. Las botellas continuaban tintineando. Cuando ya no pudo seguir fingiendo, Samantha miró para ver qué estaba haciendo su tío.

Una amplia cesta colgaba del brazo de Jeremy. En ella había depositado tal vez una docena de botellas, sobre todo de ginebra. Empezó a registrar las alacenas, en busca de más botellas que añadir a la colección. Eran botellines, como los que dan en los aviones, y las sacó del harinero, de los tupers de arroz, espaguetis y judías secas, de entre latas de fruta, del fondo del espacio reservado para ollas y sartenes. Mientras la colección crecía en la cesta, Jeremy deambulaba por la cocina como el Fantasma de las Navidades Pasadas.

1 ... 136 137 138 139 140 141 142 143 144 ... 159
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)