Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Альтернативная история » Observadores del pasado: La redención de Cristóbal Colón [Pastwatch: The Redemption of Christopher Columbus - es]
Observadores del pasado: La redención de Cristóbal Colón [Pastwatch: The Redemption of Christopher Columbus - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Observadores del pasado: La redención de Cristóbal Colón [Pastwatch: The Redemption of Christopher Columbus - es]

Электронная книга - «Observadores del pasado: La redención de Cristóbal Colón [Pastwatch: The Redemption of Christopher Columbus - es]». Краткое содержание книги:

En un futuro no demasiado lejano, un pequeño grupo de científicos e historiadores dedican sus horas a estudiar el pasado con una nueva máquina de observación a través del tiempo, la TruSite II.
Por desgracia su mundo es un lugar trágico: la especie humana ha quedado reducida a una población de menos de mil millones de personas tras un siglo de guerras y plagas, de sequía, de inundaciones y de hambrunas. Ha habido demasiadas extinciones, demasiada tierra ha quedado envenenada y baldía. La gente que sobrevive lucha por renovar el planeta, mientras los especialistas observan el pasado en busca de las causas de su terrible presente.
Un día, sin embargo, al contemplar la terrible matanza de las tribus caribeñas a manos de los españoles, que conducidos por Cristóbal Colón se dirigen a La Hispaniola, la observadora Tagin descubre que la mujer a quien está estudiando también la ve a ella y, a su vez, interpreta esa imagen como un mensaje de los dioses.
¿Podría alterarse el pasado? ¿Seria correcto que un pequeño grupo de observadores actuara deforma que, de tener éxito, hiciera desaparecer una línea temporal, aunque fuera la suya propia? ¿Se justificaría su acción si, gracias a ella, se evitara la muerte de todo el planeta?
1 ... 10 11 12 13 14 15 16 17 18 ... 94
Перейти на страницу:

3

AMBICIÓN

A veces Diko consideraba que había crecido con Cristóbal Colón, que era su tío, su abuelo, su hermano mayor. Siempre estaba presente en el trabajo de su madre, y las escenas de su vida se proyectaban una y otra vez como telón de fondo.

Uno de sus primeros recuerdos era de Colón dando órdenes a sus hombres para capturar a varios indios y llevarlos a España como esclavos. Diko era tan niña que en realidad no comprendía el significado de lo que estaba pasando. Sin embargo, sí sabía que la gente del holovisor no era real, así que cuando su madre dijo con profunda y amarga rabia: «Te detendré», Diko pensó que le estaba hablando a ella y se echó a llorar.

—No, no —la consoló su madre, meciéndola—. No hablaba contigo, sino con el hombre del holovisor.

—No puede oírte —contestó Diko.

—Lo hará algún día.

—Papá dice que murió hace cien años.

—Más que eso, mi Diko.

—¿Por qué estás tan enfadada con él? ¿Es malo?

—Vivió en una mala época. Fue un buen hombre en una mala época.

Diko no podía comprender las sutilezas morales de esto. La única lección que aprendió de aquel hecho fue que de algún modo la gente del holovisor era real después de todo, y que el hombre llamado por igual Cristóforo Colombo, Cristóbal Colón y Christopher Colombus era muy, muy importante para su madre.

También se volvió importante para Diko. Siempre estaba en algún rincón de su mente. Lo vio jugando cuando era niño. Lo vio discutiendo interminablemente con sacerdotes en España. Lo vio arrodillarse ante el rey de Aragón y la reina de Castilla. Lo vio intentando en vano hablar a los indios en latín, genovés, español y portugués. Lo vio visitando a su hijo en un monasterio de La Rábida.

Cuando tenía cinco años, Diko le preguntó a su madre:

—¿Por qué su hijo no vive con él?

—¿Con quién?

—Con Cristóforo —dijo Diko—. ¿Por qué vive ese niño pequeño en el monasterio?

—Porque Colón no tiene esposa.

—Lo sé. Ella murió.

—Así, mientras él intenta que el rey y la reina le permitan hacer su viaje hacia el oeste, su hijo tiene que quedarse en algún sitio seguro, donde pueda recibir una educación.

—Pero Cristóforo tiene otra esposa todo el tiempo —añadió Diko.

—Una esposa no —corrigió su madre.

—Duermen juntos.

—¿Qué has estado haciendo? ¿Has estado pasando el holovisor mientras yo no estaba aquí?

—Tú estás siempre aquí, mamá.

—Ésa no es respuesta, niña meticona. ¿Qué has estado viendo?

—Cristóforo tiene otro niño con su nueva esposa —dijo Diko—. Ése nunca va a vivir al monasterio.

—Eso es porque Colón no está casado con la madre del nuevo bebé.

—¿Por qué no?

—Diko, tú tienes cinco años y yo estoy muy ocupada. ¿Es una emergencia tan grande que tengo que explicarte todo esto ahora mismo?

Diko sabía que eso significaba que tendría que preguntárselo a su padre. Muy bien. Su padre no pasaba en casa tanto tiempo como su madre, pero, cuando estaba, respondía todas sus preguntas y nunca la hacía esperar hasta que creciera.

Esa misma tarde, Diko se sentó en un taburete junto a su madre, ayudándola a aplastar las habichuelas para preparar la salsa que sería la cena. Mientras removía las habichuelas machacadas con todo el vigor y todo el cuidado que era posible, se le ocurrió otra pregunta.

—Si tú murieras, mamá, ¿me enviaría papá a un monasterio?

—No —contestó su madre.

—¿Por qué no?

—No me voy a morir, no hasta que tú misma seas una viejecita.

—Pero si lo hicieras.

—No somos cristianos ni vivimos en el siglo quince. No enviamos a nuestros hijos a monasterios para que los eduquen.

—Debe de haberse sentido muy solo —insistió Diko.

—¿Quién?

—El hijo de Cristóforo en el monasterio.

—Seguro que tienes razón —dijo su madre.

—¿Se sentía también Cristóforo solo? ¿Sin su niñito?

—Supongo que sí. Algunas personas se sienten muy solas sin sus hijos. Aunque estén rodeadas de otras personas todo el tiempo, echan de menos a sus pequeños. Aun cuando sus hijos crecen y se vuelven grandes, echan de menos a los pequeños que nunca volverán a ver.

Diko sonrió.

—¿Echas de menos cómo era a los dos años?

—Sí.

—¿Era graciosa?

—La verdad es que eras una latosa —le dijo su madre—. siempre metiéndote en todo, sin descansar jamás. Eras una niña imposible. Tu padre y yo apenas podíamos hacer nada excepto cuidarte.

¿Y eso no era gracioso? —preguntó Diko. Se sentía un Poco decepcionada.

Te conservamos, ¿no? Debiste ser al menos un poquito graciosa. No viertas las habichuelas de esa forma, o acabaremos comiéndonos las paredes para la cena.

—Papá las aplasta mejor que tú —dijo Diko.

—Qué amable por tu parte.

—Pero en el trabajo, tú eres la jefa de papá.

Su madre suspiró.

—Tu padre y yo trabajamos juntos.

—Tú eres la cabeza del proyecto. Lo dice todo el mundo.

—Sí, eso es verdad.

—Si tú eres la cabeza, ¿papá es el codo o algo así?

—Papá es las manos y los pies, los ojos y el corazón.

Diko empezó a reírse.

—¿Seguro que papá no es el estómago?

—Yo creo que la tripita de tu padre es bonita.

—Bueno, menos mal que papá no es el culo del proyecto.

—Ya basta, Diko —dijo su madre—. Ten un poco de respeto. Ya no eres tan pequeña para que ese tipo de cosas sea gracioso.

—Si no es gracioso, ¿qué es?

—Desagradable.

—Voy a ser desagradable toda la vida —rebatió Diko, desafiante.

—No tengo duda de ello.

—Voy a detener a Cristóforo.

Su madre la miró sorprendida.

—Ése es mi trabajo, si es que puede hacerse.

—Serás demasiado vieja —contestó Diko—. Voy a crecer y detenerlo por ti.

Su madre no discutió.

Para cuando Diko cumplió diez años, se pasaba todas las tardes en el laboratorio, aprendiendo a usar el viejo tempovisor. Técnicamente, se suponía que no debía usarlo, pero toda la instalación de Ileret estaba dedicada entonces al proyecto de su madre, y por eso era la actitud de su madre hacia las reglas lo que prevalecía. Esto significaba que todo el mundo seguía con todo rigor el método científico, pero la línea limítrofe entre el trabajo y el hogar no se observaba con mucho cuidado. Los niños y parientes estaban frecuentemente cerca, y mientras se mantuvieran callados, a nadie le importaba. No es que hubiera ningún secreto que guardar. Además, ya nadie utilizaba los anticuados tempovisores excepto para reproducir antiguas grabaciones, así que Diko no interfería en el trabajo de nadie. Todo el mundo sabía que era cuidadosa. Así que nadie comentaba el hecho de que una niña sin autorización y a medio educar estuviera metiendo la nariz en el pasado sin que nadie la supervisara.

1 ... 10 11 12 13 14 15 16 17 18 ... 94
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)