Observadores del pasado: La redención de Cristóbal Colón [Pastwatch: The Redemption of Christopher Columbus - es]
- Автор: Кард Орсон Скотт
- Год: 1998
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-406-8119-4
- Переводчик: Rafael Marin
- Жанр: Альтернативная история
Электронная книга - «Observadores del pasado: La redención de Cristóbal Colón [Pastwatch: The Redemption of Christopher Columbus - es]». Краткое содержание книги:
Por desgracia su mundo es un lugar trágico: la especie humana ha quedado reducida a una población de menos de mil millones de personas tras un siglo de guerras y plagas, de sequía, de inundaciones y de hambrunas. Ha habido demasiadas extinciones, demasiada tierra ha quedado envenenada y baldía. La gente que sobrevive lucha por renovar el planeta, mientras los especialistas observan el pasado en busca de las causas de su terrible presente.
Un día, sin embargo, al contemplar la terrible matanza de las tribus caribeñas a manos de los españoles, que conducidos por Cristóbal Colón se dirigen a La Hispaniola, la observadora Tagin descubre que la mujer a quien está estudiando también la ve a ella y, a su vez, interpreta esa imagen como un mensaje de los dioses.
¿Podría alterarse el pasado? ¿Seria correcto que un pequeño grupo de observadores actuara deforma que, de tener éxito, hiciera desaparecer una línea temporal, aunque fuera la suya propia? ¿Se justificaría su acción si, gracias a ella, se evitara la muerte de todo el planeta?
—Has estado estudiando.
—He estado pensando —respondió ella—. Estudié todo esto hace años. Fue porque Colón llegó a América, con su inexorable fe en haber encontrado el Oriente. Toparse simplemente con la masa continental no significaba nada: los noruegos lo hicieron, ¿y qué consiguió eso? Incluso un desembarco casual, por parte de cualquier otro, en Cuba o en la zona más oriental de Brasil no habría significado más que los desembarcos en Vinlandia o en la costa de Guinea. Los otros marineros siguieron a Colón sólo por sus informes de incontables riquezas que nunca fueron verdad hasta después de su muerte. ¿No lo ves? No fue el hecho de que alguien navegara hacia el oeste lo que llevó a la conquista europea de América y del mundo. Fue porque Colón lo hizo.
—¿Un hombre, entonces, fue responsable de la devastación de nuestro planeta?
—Por supuesto que no —dijo Tagiri—. No estoy hablando de responsabilidad moral, sino de causa. Europa ya era Europa. Colón no la hizo así. Pero fue el saqueo de América lo que financió las terribles guerras religiosas y dinásticas que asolaron el continente europeo durante generaciones. Si Europa no hubiera tomado posesión de América, ¿habría impuesto su cultura en el mundo? Si hubiera sido dominado por el Islam o gobernado por la burocracia china, ¿se habría destruido a sí mismo como lo hizo en un mundo donde cada nación trataba de ser tan europea como fuera posible?
—Claro que sí —dijo Hassan—. Los europeos no inventaron el saqueo.
—No, inventaron las máquinas que lo convirtieron en tan enloquecedoramente eficiente. Las máquinas que sorbieron el petróleo del suelo y nos permitieron esparcir el hambre y la guerra a través de océanos y continentes hasta que nueve décimas partes de la humanidad encontraron la muerte.
—Así que Colón es responsable de la era de la tecnología.
—¿No ves, Hassan, que no le echo la culpa a nadie?
—Lo sé, Tagiri.
—Voy a buscar el lugar donde el cambio más pequeño, más simple, podría salvar al mundo del máximo sufrimiento. Eso haría que se perdieran las menos culturas posibles, menos gente sería esclavizada, menos especies se extinguirían, menos recursos se agotarían. Todo se centra en el punto en que Colón regresa a Europa con sus historias de oro, esclavos y naciones que convertir en súbditos cristianos del rey y la reina.
—¿Entonces estarías dispuesta a matar a Colón?
Tagiri se estremeció.
—No —dijo—. ¿Quién dice que podamos viajar físicamente al pasado de forma que lo hiciera posible? De todas formas, no necesitamos matarlo. Sólo tenemos que apartarlo de su plan para navegar hacia poniente. Tenemos que encontrar qué es posible antes de decidir cómo hacerlo. Y asesinar… nunca estaría de acuerdo con eso. Colón no era ningún monstruo. Todos lo sabemos, sobre todo desde que el tempovisor nos mostró la verdad acerca de él. Sus vicios eran los vicios de su época y cultura, pero sus virtudes trascendían el escenario de su vida. Fue un gran hombre. No tengo ningún deseo de deshacer la vida de un gran hombre.
Hassan asintió, lentamente.
—-Digamos lo siguiente: Si conociéramos que es posible apartar a Colón de su viaje, y si después de mucha investigación estuviéramos seguros de que apartarlo detendría de verdad la terrible maldición del mundo desde esa época en adelante, entonces merecería la pena deshacer esta edad de curación sobre la firme posibilidad de hacerla innecesaria.
—Sí —dijo Tagiri.
—Encontrar respuestas a esas preguntas podría ser el trabajo de varias vidas.
—Puede que sí. O puede que no.
—E incluso aunque estuviéramos muy seguros, podríamos estar equivocados, y el mundo podría acabar peor que ahora.
—Con una diferencia —dijo Tagiri—. Si detenemos a Colón podemos estar seguros de que Putukam y Baiku nunca morirían bajo las espadas españolas.
—En eso te doy la razón —repuso Hassan—. Averigüemos si es posible y deseable hacerlo. Averigüemos si la gente de nuestra propia época está de acuerdo en que merece la pena, que es justo hacerlo. Y si lo están, entonces te secundaré cuando se haga.
Sus palabras estaban llenas de confianza, y sin embargo ella sintió un vértigo que la mareaba, como si se encontrara al borde de un gran precipicio y el suelo acabara de moverse bajo sus pies. ¿Qué tipo de arrogancia tenía para imaginar siquiera ahondar en el pasado y hacer cambios? «¿Quién soy yo —pensó—, si me atrevo a responder a oraciones que tenían como destinatarios a los dioses?»
Sin embargo, sabía aunque lo dudara que ya había tomado una decisión. Los europeos habían tenido su futuro, habían cumplido sus más ambiciosos sueños, y era su futuro el que se había convertido en el oscuro pasado de su mundo, las consecuencias de sus decisiones las que entonces estaban siendo eliminadas de la Tierra.
«Los sueños europeos condujeron a esto —se dijo—, un mundo profundamente herido y convaleciente, con un millar de años de curación por delante, con tantas cosas irremediablemente perdidas que sólo serán recuperadas en las holocintas de Vigilancia del Pasado. Así, si está en mi poder deshacer sus sueños, dar futuro a otra gente, ¿quién puede decir que me equivoco? ¿Cómo podría ser peor?»
Cristóbal Colón (Christopher Colombus, como lo llamaban los ingleses, Cristoforo Colombo, como fue bautizado en Genova) no descubriría América después de todo si ella conseguía encontrar un medio de impedírselo. La oración de la aldea de Ankuash sería contestada.
Y al contestar a esa oración, su propia sed sería saciada. Nunca podría satisfacer el ansia sin esperanza de los rostros de todos los esclavos de todas las épocas. Nunca podría borrar la tristeza del rostro de su anciana antepasada Diko y su hijo, Acho, que una vez fue un niño alegre. Nunca recuperaría las vidas y los cuerpos de los esclavos. Pero sí podía hacer esto, y al hacerlo, la carga que se había acumulando en su interior a lo largo de todos estos años sería finalmente aliviada. Sabría que había hecho todo lo que era posible por sanar el pasado.
A la mañana siguiente, Tagiri y Hassan informaron de lo que había sucedido. Durante semanas los líderes más importantes de Vigilancia del Pasado y también muchos líderes externos vinieron a ver la holocinta, a discutir sus posibles significados. Escucharon a Tagiri y Hassan mientras atendían a sus preguntas y proponían sus planes. Al final, dieron su consentimiento a un nuevo proyecto para explorar lo que podría significar la visión de Putukam. Lo llamaron el Proyecto Colón, tanto porque parecía el mismo tipo de viaje alocado e imposible en el que Colón se había embarcado en 1492 como porque el proyecto podría conducir a deshacer su gran logro.
Tagiri mantuvo en marcha la investigación sobre la esclavitud, por supuesto, pero junto a Hassan se lanzó también al nuevo proyecto con un nuevo equipo de trabajadores. Hassan dirigía el grupo que estudiaba la historia para ver si detener a Colón tendría el efecto que deseaban, y descubrir si algún otro cambio podría ser más deseable o más fácilmente puesto en práctica. Tagiri dividió sus horas de trabajo entre el proyecto de la esclavitud y la coordinación de una docena de físicos e ingenieros que intentaban averiguar exactamente las consecuencias de una sacudida temporal, y cómo alterar las máquinas del tiempo para aumentar el efecto lo suficiente para permitir la alteración del pasado.
Poco después de iniciada su colaboración, Tagiri y Hassan se casaron y tuvieron una hija y un hijo. Llamaron a la niña Diko y Acho al niño. Ambos crecieron fuertes y sabios, inmersos en el amor de sus padres y el Proyecto Colón desde su infancia. Acho creció y se convirtió en piloto. Surcó la superficie de la Tierra como un pájaro, rápido y libre. Diko no se apartó tanto de casa. Aprendió los lenguajes, las herramientas, las historias inherentes al trabajo de sus padres, y se quedó junto a ellos. Tagiri miraba a su marido, a sus hijos, y más de una vez pensaba: «¿Y si algún extranjero de un lugar lejano viniera y me robara a mi hijo y lo convirtiera en esclavo y nunca volviera a verlo? ¿Y si un ejército de un lugar ignoto viniera y asesinara a mi esposo y violara a mi hija? ¿Y si, en algún otro lugar, gente feliz nos observara mientras todo eso sucedía, y no hiciera nada para ayudarnos, por temor a poner en peligro su propia felicidad? ¿Qué pensaría de ellos? ¿Qué clase de personas serían?»