Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Историческая проза » La Sombra De La Guillotina
La Sombra De La Guillotina - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La Sombra De La Guillotina

Электронная книга - «La Sombra De La Guillotina». Краткое содержание книги:

París, 1789. Frente a las panaderías se forman largas colas de gente hambrienta, las calles están atestadas de vagabundos armados y prácticamente todos los días estalla una pequeña revuelta.
En la orilla izquierda del Sena, un joven y desconocido abogado llamado Georges-Jaques Danton intenta labrarse un porvenir. Es un hombre enérgico y se ha propuesto dejar su impronta en la historia cueste lo que cueste. Maximilien Robespierre, tambien abogado, es un hombre tímido que detesta la violencia pero está dispuesto a dar la vida por ayudar a los demas. Camille Desmoulins es un joven sin domicilio fijo y aparentemente sin porvenir.
¿Qué es la revolución francesa? ¿Un desastre, un sueño, una oportunidad? Para estos tres hombres representa la única carrera posible a la que consagrar su vida.
1 ... 133 134 135 136 137 138 139 140 141 ... 224
Перейти на страницу:

Eléonore había pensado que, cuando todo hubiera terminado, Max se casaría con ella. Incluso se lo había insinuado a su madre.

– Sí, creo que es posible -contestó la señora Duplay.

Unos días más tarde su padre le dijo que quería hablar con ella. Parecía incómodo, preocupado. Al cabo de unos minutos se pasó la mano por la calva y dijo:

– Es un gran patriota. Creo que siente un gran cariño hacia ti. Es un hombre muy reservado, ¿no crees? Me refiero a que no le gusta airear sus sentimientos. Pero es un gran patriota, sin duda.

Eléonore estaba empezando a impacientarse. ¿Acaso imaginaba su padre que no se sentía orgullosa de Max?

– Es un gran honor que viva con nosotros, y por supuesto debemos hacer cuanto podamos por… Ante mis ojos, es como si estuvierais casados…

– Ah, comprendo -contestó Eléonore-. Ya sé a qué te refieres.

– Confío en ti… Si puedes hacer algo para alegrarle la vida, para que se sienta más a gusto…

– ¿No me has oído, padre? He dicho que ya sé a qué te refieres.

Eléonore se soltó el pelo y éste se desparramó como una cascada por sus hombros y su espalda. Luego se lo apartó para revelar sus pequeños pechos y se miró en el espejo. Quizá sea una locura imaginar que con mis escasos atributos físicos… Lucile Desmoulins había venido el día anterior y les había traído al niño para que lo conocieran. Todos se volcaron en mimos y caricias con él. Al fin se lo entregó a Victoire y ella permaneció sentada, con la mano colgando sobre el brazo del sillón, como una flor invernal cubierta de nieve. Cuando entró Max, Lucile giró la cabeza y sonrió. Él la miró complacido. Sin duda siente por ella un cariño fraternal; pero yo deseo que experimente otro tipo de sentimiento hacia mí, pensó Eléonore.

Mientras seguía mirándose en el espejo, se pasó la mano sobre su vientre plano y sus caderas, gozando de la suavidad de su piel, imaginando el tacto de las manos de él. Pero cuando se apartó del espejo, observó durante uno segundos las líneas cuadradas y sólidas de su cuerpo. Se tendió sobre la cama y apoyó la cabeza en la almohada de él, aguardando, sintiendo que todos los músculos de su cuerpo se tensaban.

Al cabo de unos minutos oyó que subía la escalera y se giró hacia la puerta. Durante unos terribles instantes imaginó que -Dios mío, ¿es posible?- entraría el perro y se abalanzaría sobre ella, jadeando, gimiendo y babeando, y se pondría a juguetear con su pelo limpio y recién cepillado.

La manecilla de la puerta giró, pero no entró nadie. Max vaciló unos segundos, como si fuera a dar media vuelta y bajar de nuevo la escalera. Pero al fin entró con paso decidido. Sus miradas se cruzaron. Max sostenía en la mano unos papeles, y al depositarlos en la mesa cayeron algunos al suelo.

– Cierra la puerta -dijo Eléonore. Confiaba en no tener que añadir nada más; que él comprendería perfectamente sus intenciones. Pero en boca de ella sonaba simplemente como una sugerencia práctica, como si lo hubiera dicho para impedir que penetrara una corriente de aire.

– ¿Estás segura de esto, Eléonore? -le preguntó él.

La miró con una mezcla de enojo e ironía. Sí, parecía decidida. Él le cogió las manos y le besó las yemas de los dedos. Quería decirle, con toda claridad, que no podían hacerlo. Pero al inclinarse para recoger los papeles del suelo, sintió que la sangre le golpeaba las sienes y comprendió que era imposible pedirle que se levantara y se marchara.

Cuando se giró hacia ella, Eléonore se incorporó y dijo:

– Nadie protestará. Lo comprenden. No somos niños. No van a ponernos las cosas difíciles.

Eso es lo que tú te crees, pensó él. Luego se sentó en la cama y le acarició los pechos, sintiendo que sus pezones se ponían tiesos y duros. El rostro de Max denotaba preocupación.

– No habrá ningún problema -insistió ella-. De veras.

Nadie la había besado jamás. Max la besó suavemente. Al cabo de unos minutos decidió quitarse la ropa, antes de que ella se lo pidiera, asegurándole de nuevo que no había ningún problema. Luego acarició su suave y desconocido cuerpo. Había una chica a la que iba a visitar cuando estaba en Versalles, pero no era una buena chica, y había dejado de verla; desde entonces no había tenido ninguna relación estable. El celibato es fácil, pero el medio celibato es muy difícil, porque las mujeres no saben guardar un secreto y les encanta chismorrear… Eléonore estaba impaciente. Lo abrazó con fuerza, aunque estaba tensa, como si temiera que fuera a hacerle daño. Conoce la mecánica del asunto, pensó él, pero nadie le ha enseñado el arte de hacer el amor. ¿Sabe que puede sangrar? De pronto Max sintió una sensación de náuseas.

– Cierra los ojos, Eléonore -murmuró-. Trata de relajarte unos minutos, hasta que te sientas… -Iba a decir hasta que te sientas mejor, como si estuviera enferma. Le acarició el pelo y volvió a besarla. Ella no lo tocó; no se le había ocurrido. Max le separó un poco las piernas y dijo-: No tengas miedo.

– Estoy bien -respondió ella.

Pero no era cierto. Seguía tensa y él no podía penetrar en su rígida y tensa vagina sin hacerle daño. Al cabo de un minuto, Max se incorporó y la miró a los ojos.

– No debemos precipitarnos -dijo, deslizando una mano debajo de sus nalgas.

Eléonore sintió deseos de decirle: «No tengo experiencia, y tú tampoco eres un experto que digamos», pero no dijo nada y lo abrazó de nuevo con fuerza. Alguien le había dicho una vez que hay que aplicarse con ahínco para conseguir lo que uno desea en esta vida… Pobre Eléonore, pobres mujeres. Al fin, inesperadamente, y desde un ángulo un tanto extraño, Max la penetró. Ella no gritó ni se quejó. Él apoyó la cabeza sobre su hombro para no ver su expresión de dolor e intentó colocarse en una posición más cómoda. Ha pasado demasiado tiempo, pensó él; estas cosas hay que hacerlas con frecuencia o abstenerse. Como era de prever, todo terminó rápidamente. Al cabo de unos minutos, Max la soltó y Eléonore apoyó la cabeza en la almohada.

– ¿Te he hecho daño?

– No, estoy bien.

Max se tumbó de costado y cerró los ojos. Supuso que ella estaría pensando: «¿Eso es todo? Pues no hay para tanto.» Seguro que lo estaba pensando. Pero lo peor no era eso sino el regusto amargo que sentía. Había aprendido una lección: cuando los placeres que uno se niega no resultan un placer, uno se siente doblemente decepcionado pues no sólo pierde una ilusión sino que además siente que ha perdido el tiempo. Con la chica de Versalles había sido mucho mejor, por supuesto, pero aquello había acabado hacía tiempo. Por otra parte, Max no conseguía vencer la repugnancia que le inspiraban los encuentros casuales. Pensó disculparse con Eléonore por el hecho de que todo hubiera terminado tan rápidamente, pero no merecería la pena, ya que ella carecía de experiencia y seguramente le diría «no te preocupes, estoy bien».

– Creo que es mejor que me levante -dijo ella.

Max la abrazó y le besó los pechos.

– Quédate un rato -le dijo.

– Está bien.

Tras unas exploraciones de tanteo, Max comprobó que no había sangre en la sábana. Supuso que Eléonore imaginaba que hacer el amor era un arte que requería práctica, experiencia, puesto que para algunas personas representaba algo muy importante en sus vidas.

Eléonore lo miró sonriendo, más relajada. Era una sonrisa de triunfo, aunque resultaba difícil adivinar lo que estaba pensando.

– Esta cama no es muy grande -dijo.

– No, pero… -Si se veía obligado a ello, tendría que decirle: Eléonore, Cornélia, aunque te agradezco que me ofrezcas generosa y gratuitamente tu cuerpo, no tengo la menor intención de pasar mis noches contigo, aunque toda tu familia nos ayude a trasladar los muebles. Luego cerró los ojos de nuevo, pensando en el pretexto que daría a Maurice cuando abandonara su casa, en cómo sortearía el interrogatorio de su mujer, que sin duda estaría deshecha en llanto. Pensó en las recriminaciones que lloverían sobre la pobre y confundida Eléonore, víctima de la envidia femenina. Por otra parte, no le apetecía mudarse a una fría y solitaria habitación en otro distrito, ni encontrarse con Maurice Duplay en el Club de los Jacobinos y saludarlo fríamente, sin atreverse a preguntar por su familia. Y sabía con toda certeza que esto volvería a suceder. Cuando Eléonore le apeteciera, subiría y le aguardaría acostada, y él no podría echarla de su habitación, como tampoco había podido hacerlo esta vez. Max se preguntó en quién se confiaría Eléonore, a quién pediría consejo para saber la frecuencia con que convenía hacer el amor. Mientras trataba de delimitar el círculo de amigas de la joven, se le ocurrió una serie de desastrosas posibilidades. Menos mal que apenas conocía a la señora Danton.

1 ... 133 134 135 136 137 138 139 140 141 ... 224
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)