Tiempos de gloria [Glory Season - es]
- Автор: Брин Дэвид
- Год: 1996
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-406-6585-7
- Переводчик: Rafael Marin
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Tiempos de gloria [Glory Season - es]». Краткое содержание книги:
Por desgracia, no se podía llegar directamente a todos los hexágonos rígidos con los móviles. Ni todas las combinaciones daban como resultado la absorción y el golpe de gong. Maia no tardó en comprender que para dar con la solución debía poner en marcha varias placas a la vez y disponer múltiples colisiones para que las piezas entraran en rendijas específicas durante el breve intervalo permitido.
Por un momento, he pensado que el hecho de que el acertijo sea reversible, de que todo vuelva a su estado inicial, significaba algo. La variante del Juego de la Vida que Renna utilizó para enviar su mensaje de radio era una versión «reversible». Pero, ahora que lo pienso, eso no me parece tan probable. Tiene que ser algo más simple, relacionado con los símbolos grabados en las placas.
Para eso contaba con Brod. El muchacho conocía muchos de aquellos símbolos, ya que se usaban en las etiquetas que solían encontrarse a bordo de un barco. Caja, lata y barril representaban un contenedor, y aparecían, de forma bastante apropiada, en las placas fijas o «blancos». Varios productos alimenticios estaban grabados sobre los hexágonos móviles. La cerveza era una jarra rebosante de espuma. También estaba bizcocho, galleta y el símbolo del pan con mermelada que había visto antes. Otros símbolos que Brod identificó fueron brújula, timón y gancho de carga. Unos cuantos más seguían siendo incomprensibles. Brod no tenía ni idea de lo que podía significar la flecha ardiente, ni las representaciones de una abeja, una espiral, o los cuartos traseros de un caballo. Con todo, Maia se reafirmó en su idea. Aquel acertijo estaba dispuesto de modo que los hombres lo entendieran con facilidad.
O aún más sencillo. No creo que todos los hombres fueran bienvenidos, tampoco. Haría falta saber algún truco. Algo lo bastante simple para ser transmitido de maestro a aprendiz durante generaciones.
Aliviados por la comida y la bebida, aunque no plenamente saciados, siguieron haciendo pruebas mientras duró la tenue luz. Por desgracia, no fue mucho tiempo. Fuera seguiría habiendo luz durante unas cuantas horas más. Pero incluso para sus iris hendidos, a través de las rendijas de la cueva entraba demasiada poca iluminación para permitirles trabajar hasta tarde, así que tuvieron que dejarlo.
En la oscuridad, permanecieron juntos y abrazados para darse calor, escuchando subir la marea. Mientras yacía con la cabeza apoyada en el hombro de Brod, Maia se preocupaba por Renna. ¿Qué iban a hacer con él las saqueadoras? ¿Qué propósito tenían en mente para el Hombre de las Estrellas?
Baltha y su grupo tenían claramente motivos para hacer causa común con las radicales de Kiel cuando Renna languidecía en manos Perkinitas. El Perkinismo predicaba llevar la vida en Stratos mucho más allá de la senda diseñada por Lysos, hacia un mundo casi carente de variedad, completamente dedicado a la autoclonación y la estabilidad. A ambos grupos de vars les convenía combatir eso.
Las rads querían lo contrario, una moderación del Plan: que las clónicas no dominaran completamente la vida política y económica, y que hombres y vars fueran más fuertes, aunque nunca tan dominantes como en el antiguo y poco recomendable Phylum. Su idea era sacrificar cierta estabilidad en aras de la diversidad y la oportunidad. Eso hacía que el programa radical fuera tan herético como el Perkinismo, si no más.
Irónicamente, la banda de cortagargantas saqueadoras de Baltha tenía un objetivo de menos envergadura, más enfocado hacia el interés propio. Como habían dado a entender a bordo del Manitú, Baltha y su grupo no querían cambiar la forma de vida que Lysos había ordenado, sólo sacudir un poco las cosas.
Maia recordó la novela de aventuras de basura—var que había leído en prisión, donde un mundo daba la vuelta y los clanes poderosos caían al derrumbarse las condiciones estables en las que se basaba su supervivencia, lo que abría nuevos nichos a ocupar por variantes en alza. También recordó los comentarios de Renna sobre la biología de Lysos, inspirada en ciertos lagartos e insectos de la Vieja Tierra: «La clonación os permite conservar la perfección. ¿Pero perfección para qué? Mira los áfidos. En un entorno sin cambios, se reproducen copiándose a sí mismos. Pero cuando llega una sequía, o la nieve, o la enfermedad, de repente se lanzan a un frenesí sexual, mezclando genes en busca de nuevas combinaciones con las que afrontar nuevos desafíos.»
Baltha y las saqueadoras querían crear el caos suficiente para derribar a algunos antiguos clanes, pero sólo para ocupar ellas su lugar. El suyo era un planteamiento más clásicamente lysiano que los dogmas Perkinitas o radicales. Las Fundadoras incluyeron en su plan a las vars como yo porque una nunca puede estar segura de que la estabilidad vaya a durar. Debieron de saber que eso implicaba que algunas vars ayudarían a la naturaleza a seguir adelante.
De hecho, era algo que debía de suceder más a menudo de lo que imaginaba. Cada vez que un plan tenía éxito, se le quitaba importancia. ¡No tenía sentido animar a otras vars a intentar lo mismo! Si Baltha conseguía fundar una gran casa, sus herederas no dirían que era una pirata. Eso hizo que Maia pusiera en duda aquellos relatos en los que se glorificaba a la Lamai original. ¿Fue, en realidad, una ladrona? ¿Una confabuladora? Tal vez Leie había acertado eligiendo sus compañías. Si la gemela de Maia había encontrado el aspecto implacable de su naturaleza conjunta, ¿había que aplaudirla en vez de reprochárselo?
¿Cómo encaja Renna en todo esto?, se preguntó Maia. ¿Planean las saqueadoras provocar algún tipo de lucha entre las facciones del Consejo Reinante? ¿O quizá cobrar rescate de las estrellas? Eso sacudiría las cosas, desde luego. Tal vez más de lo que creen.
Se preocupó. ¿Qué estará haciendo Renna ahora mismo?
Antes, con la llegada del crepúsculo, Maia le había contado a Brod sus preocupaciones. Él era un buen oyente, para ser hombre, y parecía comprenderla sinceramente. Maia se sentía agradecida por su compañía y su amistad. Sin embargo, al cabo de un rato se quedó sin fuerzas. En la oscuridad, acabó por guardar silencio, dejando que el calor corporal de Brod paliara un tanto el frío de la noche. Maia se quedó dormida respirando su aroma masculino, mientras una extraña sensación de bienestar la inundaba dentro del círculo de sus brazos. Medio en sueños, dejó que las imágenes se deslizaran por su mente: imágenes de auroras, corrientes esmeralda y telones de cielo azul—dorado sobre los glaciares de casa. Y la Estrella Wengel, más brillante que la luz del santuario—faro, y la bocana del puerto. Esos temas veraniegos se mezclaron con su recuerdo predilecto del otoño, cuando los hombres regresaban del exilio, cantando alegremente entre remolinos de hojas multicolores recién caídas.
Las estaciones se confundieron en la fantasía de Maia. Aún dormida, las aletas de su nariz se hincharon con un súbito recuerdo involuntario… un aroma distante de escarcha.
Despertó, parpadeando rápidamente, sabiendo que había pasado demasiado poco tiempo para que hubiera amanecido ya. Sin embargo, podía ver un poco. La luz de la luna brillaba a través de las rendijas de la entrada de la cueva. El blanco de los ojos de Brod era visible.