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El Pajaro Canta Hasta Morir (el Pajaro Espino)

Электронная книга - «El Pajaro Canta Hasta Morir (el Pajaro Espino)». Краткое содержание книги:

En la Australia casi salvaje de los primeros años delsiglo XX, se desarrolla una trama de pasión ytragedia que afecta a tres generaciones. Una historia de amor ¿la que viven Maggie y el sacerdote Ralph de Bricassart? que se convierte en renuncia, dolor y sufrimiento, y que marca el altoprecio de la ambición y de las convenciones sociales. Una novela que supuso un verdadero fenómeno y que ha alcanzado la categoría de los clásicos.
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Pero, en este momento, Frank contradijo imprudentemente a su hermano al decir:

– Sé que fue una mala situación, pero no tanto.

Y se echó atrás en su sillón, pensando que había complacido al cardenal por echar su cuarto a espadas en la conversación.

– Pues no he exagerado en absoluto, ¡puedes creerme! -replicó secamente Bob.

¿Qué podía saber su hermano?

– ¿Qué ocurrió? -preguntó rápidamente el cardenal.

– Hace dos años, la Organización de Estudios Científicos e Industriales de la Comrnonwealth inició un programa experimental en Victoria, infectando a los conejos con un virus que trajeron. No sé muy bien lo que es un virus; sólo sé que es una especie de germen. Lo cierto es que lo llamaban virus de la mixo-matosis. Al principio, no pareció extenderse demasiado, aunque morían todos los conejos que io pillaban. Pero, al cabo de un año de iniciado el experimento, la plaga se extendió como un incendio; debido a los mosquitos, dijeron, pero también a los cardos. Y los conejos murieron a millones, hasta desaparecer. A veces, se ve algún conejillo enfermo, con grandes bultos en la cara, y da asco mirarles. Pero fue un trabajo maravilloso, Ralph; realmente lo fue. Ningún otro ser puede contraer la mixomatosis, ni siquiera los parientes más próximos del conejo. Y así, gracias a los tipos de la OECIC, se acabó la plaga.

El cardenal Ralph miró fijamente a Frank.

– ¿Te das cuenta de lo que significa esto, Frank? ¿Te das cuenta?

El pobre Frank meneó la cabeza, deseando que le dejasen permanecer alejado.

– Una guerra biológica en gran escala -siguió diciendo el cardenal-. Me pregunto si el resto del mundo sabe que aquí, en Australia, entre 1949 y 1952, se desarrolló una guerra biológica contra una población de miles de millones, que fue totalmente aniquilada. ¡Bueno! Es factible, ¿verdad? No es cosa de ciencia-ficción, sino un hecho científico. Lo cual quiere decir que pueden enterrar sus bombas atómicas y de hidrógeno. Sé que tenía que hacerse, que no quedaba otro recurso, que es, probablemente, la mayor hazaña no pregonada del mundo, Pero también es terrible, ¿no?

Dane había seguido atentamente la conversación.

– ¿Guerra biológica? Nunca había oído hablar de ella. ¿Qué es exactamente, Ralph?

– Las palabras son nuevas, Dane, pero yo soy diplomático pontificio, y lo malo de esto es que tengo que estar al día en términos tales como la «guerra biológica». En una palabra, este término quiere decir mixomatoxis. Cultivar un germen capaz de matar o mutilar a una sola clase de seres vivientes.

Instintivamente, Dane hizo la señal de la cruz y volvió a apoyarse en las rodillas de Ralph de Bricas-sart.

– Será mejor que recemos, ¿verdad?

El cardenal miró su rubia cabeza v sonrió.

Si Frank consiguió adaptarse a la vida de Drogheda fue sólo gracias a Fee, que, frente a la terca oposición de los Cleary varones, siguió actuando como si su hijo mayor hubiese estado ausente sólo una breve temporada, y no hubiera deshonrado a su familia y herido hasta lo más profundo a su madre. Callada y disimuladamente, le introdujo en el refugio que él parecía querer ocupar, alejado de sus otros hijos; y no le animó a recobrar una parte dé su vitalidad de otros tiempos. Porque todo esto era agua pasada; lo había comprendido en el momento en que él la había mirado, en el andén de la estación de Gilly. Había sido absorbido por una existencia cuya naturaleza se negaba a discutir con ella. Lo máximo que ella podía hacer por él era procurar que fuese lo más feliz posible, y, seguramente, la mejor manera de conseguirlo era aceptar al nuevo Frank como si fuese el Frank de siempre.

No había que pensar en darle trabajo en los prados, pues sus hermanos no lo querían, ni él deseaba una clase de vida que siempre había aborrecido. Como le gustaba ver crecer las cosas, Fee le encargó el cuidado de los jardines de la casa y le dejó en paz. Y, gradualmente, los Cleary varones se acostumbraron a tener de nuevo a Frank en la familia, empezaron a comprender que la amenaza que Frank había representado para su propio bienestar había dejado de existir. Nada podría cambiar nunca lo que su madre sentía por él; no importaba que estuviese en la cárcel o en Drogheda; ¡ella sentiría siempre lo mismo! Lo importante era que, teniéndolo en Drogheda, ella-fuese feliz. Frank no se metía en sus vidas; no era más ni menos que antes.

Sin embargo, para Fee no era una alegría tener de nuevo a Frank en casa. ¿Cómo podía serlo? Verlo todos los días era, simplemente, un dolor distinto al de no verle en absoluto. El terrible dolor de ser testigo de una vida arruinada, de un hombre arruinado. El cual era, además, su hijo más amado, y que debía haber sufrido angustias imposibles de imaginar.

Un día, cuando Frank llevaba unos seis meses en casa, Meggie entró en el salón y se encontró a su madre allí, mirando a través de los grandes balcones a Frank, que estaba podando los rosales del gran macizo a lo largo del paseo. Fee volvió la cabeza, y algo en su tranquilo y compuesto semblante hizo que Meggie se llevase las manos al corazón.

– ¡Oh, mamá! -exclamó, desalentada. Fee la miró, meneó la cabeza y sonrió. -No te preocupes, Meggie -dijo. -¡Si al menos pudiese yo hacer algo! -Sí que puedes. Sigue como hasta ahora. Te estoy muy agradecida. Te has convertido en mi aliada.

SEIS

1954-1965

DANE

17

– Bueno -dijo Justine a su madre-. He decidido lo que voy a hacer.

– Pensaba que ya estaba decidido. Bellas Artes, en la Universidad de Sydney, ¿no?

– ¡Oh! Eso no era más que una pantalla para darte un falso sentido de seguridad mientras yo hacía mis planes. Pero, ahora, ya está todo dispuesto; por consiguiente, puedo decírtelo.

Meggie levantó la cabeza de lo que estaba haciendo, que era cortar formas de abeto en una masa de pastel; la señora Smith estaba enferma, y ellas ayudaban en la cocina. Miró a su hija cansadamente, impaciente, desalentada. ¿Qué se podía hacer con una chica como Justine? Si le decía que iba a tomar el tren para ir a Sydney e ingresar como pupila en un burdel, Meggie dudaba mucho de Doder impedirlo. La querida y horrible Justine, reina entre los déspotas.

– Adelante, estoy impaciente -dijo, volviendo a sus pasteles.

– Voy a ser actriz.

– ¿Qué?

– Actriz.

– ¡Dios mío! -Los abetos quedaron de nuevo abandonados-. Escucha Justine; no me gusta ser aguafiestas, ni siquiera herir tus sentimientos, pero, ¿crees que estás…, bueno, físicamente dotada para ser actriz?

– ¡Oh, mamá! -dijo Justine, disgustada-. No estrella de cine, ¡actriz! No quiero menear las caderas, ni sacar el pecho, ni fruncir los húmedos labios. Quiero actuar. -Ahora metía pedazos de buey desangrado en el barril de conserva-. Tengo dinero suficiente para pagarme la manutención durante los estudios que elija, ¿no?

– Sí, gracias al cardenal De Bricassart.

– Entonces, todo está arreglado. Voy a estudiar arte dramático con Albert Jones en el «Teatro de Culloden», y he escrito a la Academia de Arte Dramático de Londres, pidiéndoles que me inscriban en la lista de espera.

– ¿Estás completamente segura de lo que haces, Jussy?

– Completamente segura. Lo sé desde hace mucho tiempo. -El último pedazo sanguinolento de buey quedó cubierto por el adobo; Justine cerró de golpe la tapa del barril-. ¡Ya está! Espero no volver a ver un trozo de carne en conserva en mi vida.

Meggie le tendió una bandeja de pasteles.

– Ponlos en el horno, ¿quieres? Cuatrocientos grados. Debo confesar que esto ha sido una 5.01 presa. Yo creía que las niñas que querían ser actrices estaban haciendo comedia continuamente, y tú eres la única persona que nunca he visto que la hiciera.

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