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El eco de la memoria

Электронная книга - «El eco de la memoria». Краткое содержание книги:

Una novela sobre el recuerdo y el olvido, de la mano de uno de los escritores con más talento de Estados Unidos.
Una llamada anónima avisa de un accidente en una carretera a las afueras de Nebraska. Mark Shluter es trasladado al hospital donde entra en coma, junto a él había una nota anónima con un extraño mensaje: «No soy Nadie, pero esta noche en la carretera del norte, DIOS me guió hasta ti para que pudieras vivir y traer de vuelta a alguien más». Karin Shluter, hermano de Mark, vuelve a su ciudad natal para cuidar de su hermano. Educados por padres inestables, ninguno de los dos ha encontrado el equilibrio en sus vidas. Un día, Mark despierta del coma con un extraño caso de síndrome de Capgras, un tipo de amnesia en la que el afectado recuerda todos los detalles referentes a su vida salvo los sentimientos ligados a ellos. ¿Vio Mark algo que no debía saber aquella noche en la carretera?
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Él le dice: He oído que lo talaron hace algún tiempo.

Ella se vuelve hacia él, el dolor reflejado en sus ojos: ¿Por qué no me lo dijiste?

¿Decírtelo? Entonces ni siquiera te conocía.

El coche se aproxima al lugar por la grava. Karin baja del vehículo y Mark la sigue. Ella camina hasta el tocón y se queda ahí, con sus tejanos holgados, las manos en los bolsillos de la chaquetilla de cuero, igual que la que usaba la Karin real. No es mala persona. Tan solo se ha metido en un mal asunto.

¿Cuándo lo talaron?, quiere saber ella. ¿Antes o después de la muerte de mamá?

La pregunta desconcierta un poco a Mark. Y no solo por el hecho de que sea ella quien la formule. No está seguro.

Karin le mira y sigue: Ya lo sé. Es como si ella aún estuviera viva, ¿verdad? Como si fuera a salir por esa puerta lateral con una fuente de chuletas de cerdo y nos amenazara con azotarnos si no rezamos la oración de agradecimiento y nos ponemos a comer.

Desde luego, estas palabras estremecen a Mark. Pero ese es exactamente el motivo de que la haya traído aquí. Para sondear los límites. ¿Qué más recuerdas de ella?, le pregunta él. Y la mujer empieza a contarlo todo. Cosas que solo su hermana conoce. Cosas de cuando eran adolescentes, cuando Joan Schluter aún parecía la Betty Crocker original. * Le dice: ¿Recuerdas lo orgullosa que estaba por el premio que su familia ganó cuando era pequeña?

Él no puede dejar de responder: Concurso de la familia más sana, feria estatal de Nebraska, 1951.

Organizado por una sociedad eugenésica nacional, dice ella. Los juzgaban por los dientes y el pelo, como lo hacían con las vacas y los cerdos. ¡Y ganaron una medalla de oro!

De bronce, le corrige él.

Lo que sea. La cuestión es que se pasó el resto de la vida enojada con Cappy por contaminar la dotación genética y engendrarnos.

Ella sigue diciendo estas cosas sorprendentes, mencionando unos hechos que el mismo Mark ha olvidado. Anécdotas del final de la infancia, antes de que Joan se tuteara con el Omnipotente. Cosas de los años difíciles, cuando por cualquier nimiedad su madre caía de rodillas y eructaba espíritus menores. ¿Te acuerdas de aquel libro, Mark? ¿El que ella llevaba a todas partes y que hacía que te rieras como un histérico? Jesús te cubre con su amor. ¿Y el día en que finalmente comprendió de qué te reías?

Los dos permanecen junto al tocón de sicomoro, riéndose como adolescentes colocados. Empieza a soplar el viento y pronto hace frío. Él quiere ir a la casa, pero ahora las palabras de la doble de Karin son como un río de nieve fundida. Cosas del final, cuando su madre se convirtió en una santa prematura. No la habrías reconocido, dice, como si Mark ni siquiera hubiese estado allí. No habrías creído que era ella, tan agradable y dulce. Una tarde, después de que le hubieran conectado el gotero, estábamos hablando y, de repente, empezó a decirme que probablemente la vida eterna fuera una ilusión engañosa. Y, sin embargo, estaba allí sentada, más cristiana que Cristo, sorbiendo las cucharadas de sopa con queso cheddar del hospital que yo le daba, y diciendo: «¡Oh, está buena! ¡Está buena!».

Ha embrollado un poco los hechos, pero Mark no va a discutir. De repente, la temperatura se ha vuelto glacial. La toma del brazo y la lleva hacia la casa. Ella no deja de hablar.

¿Sabes que todavía recibo su correo? Supongo que no lo entregan más allá de la tumba. En general, instituciones benéficas y solicitudes de tarjetas de crédito. Catálogos de la tienda donde encargaba aquellas rebecas anticuadas y sin gracia.

Llegan a la puerta principal. Él intenta abrirla, pero está cerrada con llave, aunque dentro no hay más que excrementos de ratón y escamas de pintura. Mira a la doble de Karin sin hacer ningún comentario.

¿No te acuerdas?, le dice ella. Y se acerca a una tablilla suelta a la izquierda del ventanal, y la mueve un poco hasta que la saca. Ahí está la llave. La llave de repuesto de la que ni siquiera informaron a la familia que se instaló después de ellos. Es muy posible que ella interprete sus ondas cerebrales. Escáneres inalámbricos, alguna novedad digital. Podría habérselo preguntado al Loquero cuando tuvo ocasión de hacerlo. Ella abre la puerta y entran en un espacio que parece salido de una película de terror. La antigua sala de estar aparece vacía, con una capa de polvo gris y telarañas por todas partes. Apena ver el estado en que se encuentra. Hay señales de infestación, de mamíferos mucho más grandes que ratones. La doble de Karin se tira de las mejillas hacia atrás con las palmas.

No hagas eso. Pareces uno de esos atracadores de bancos con una media en la cabeza.

Pero ella no le oye. Deambula por las habitaciones como una sonámbula, señalando cosas invisibles. El sofá, la antena de la tele en forma de V, la jaula del periquito. Lo sabe todo, y lo revive con una precisión hipnótica, pero o bien es la mejor actriz que jamás ha existido o realmente le han trasplantado algo del cerebro de su hermana. Tiene que averiguarlo, antes de que le vuelva loco. Deambula pasmada, como una de esas víctimas de atentados con bomba sobre los que informa la televisión por cable. Aquí comíamos. Aquí estaba el montón de zapatos. Está afectada de veras. Entretanto, Mark se pregunta si es la casa original o una maqueta a escala. Karin se vuelve hacia él. ¿Recuerdas cuando papá nos sorprendió jugando a los médicos y nos encerró en la despensa?

No era eso lo que nosotros… Pero ¿por qué decírselo? Ella no estaba allí.

Prisioneros. Durante varios días, al parecer. Y tú ideaste aquella Gran Evasión, utilizando un espagueti crudo para empujar la llave maestra por el ojo de la cerradura hasta que cayó en un papel encerado que habías introducido bajo la ranura de la puerta. ¿Qué edad tenías, seis años? ¿Dónde aprendiste eso?

Lo sabía por las películas, naturalmente. ¿En qué otro sitio se aprende todo?

Ella permanece ante la ventana de la cocina, contemplando el terreno de la finca. ¿Qué recuerdas de… tu padre?

Y es realmente curioso, porque así es como él y su auténtica hermana llamaban a aquel hombre. Tu padre. Cada uno echándole la culpa de haber engendrado al otro. Bueno, replica ella. No era un granjero, de eso no hay duda. Siempre sembraba tres semanas antes o después de cuando debía hacerlo. Eso no hay campo que lo aguante. Desafía a todo conocimiento convencional. El año que cosechaba algo era una época dorada. Tuvimos suerte de que lo dejara para meterse en todas aquellas inevitables bancarrotas.

Ella se encoge de hombros e introduce las manos en el seco y polvoriento fregadero. Tienes razón, tuvimos suerte. De todos modos, la crisis agrícola le habría alcanzado. Alcanzó a todo el mundo.

Ah, pero dedicarse a fabricar lluvia artificial…, dice Mark. Nadie ha ganado jamás un dólar con eso.

Ella suelta un resoplido de amargura. ¿Quién sabe por qué? Para ella esto no es más que un trabajo. Pero lo hace muy bien. Sacude la cabeza. Quiero decir que… ¿recuerdas su voz? ¿Su manera de andar? ¿Quién era en realidad aquel hombre? Mira, ahora soy tan mayor como lo era él entonces, cuando nos encerró en el sótano. Y no puedo… Recuerdo que tenía una gran cicatriz en la parte inferior de la espinilla derecha, debido a algún accidente que sufrió de joven.

Una traviesa de vía férrea, replica él. No importa que lo sepa: a él no pueden hacerle daño con una vieja historia. Cuando trabajaba en la Union Pacific le cayó encima una traviesa que estaba manejando.

Eso no puede ser cierto, Mark. ¿Cómo se te puede caer una traviesa en la espinilla?

Tú no conoces a mi padre.

Ella empieza a reírse, pero entonces se asusta. Tienes razón, le dice. Se echa a llorar. Tienes razón. Y ha de abrazarla un poco para que se tranquilice. Ella lo lleva hacia el fondo de la casa, hasta el lavadero, donde sobresale el estante de las herramientas. Le dice: Cuando nos mudamos a la casa de Farview, mamá y yo encontramos unos vídeos…

вернуться

* Betty Crocker es una cocinera imaginaria, utilizada como icono de la empresa de productos alimenticios General Mills a lo largo del siglo XX y cuya enorme popularidad, ampliada por la radio y la televisión, llegó a convertirla en la segunda mujer más famosa de Estados Unidos después de Eleanor Roosevelt. (N. del T.)

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