Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Историческая проза » En El Pais De La Nube Blanca
En El Pais De La Nube Blanca - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

En El Pais De La Nube Blanca

Электронная книга - «En El Pais De La Nube Blanca». Краткое содержание книги:

Londres, 1852: dos chicas emprenden la travesía en barco hacia Nueva Zelanda. Para ellas significa el comienzo de una nueva vida como futuras esposas de unos hombres a quienes no conocen. Gwyneira, de origen noble, está prometida al hijo de un magnate de la lana, mientras que Helen, institutriz de profesión, ha respondido a la solicitud de matrimonio de un granjero. Ambas deberán seguir su destino en una tierra a la que se compara con el paraíso. Pero ¿hallarán el amor y la felicidad en el extremo opuesto del mundo?
En el país de la nube blanca, el debut más exitoso de los últimos años en Alemania, es una novela cautivadora sobre el amor y el odio, la confianza y la enemistad, y sobre dos familias cuyo sino está unido de forma indisoluble.
1 ... 111 112 113 114 115 116 117 118 119 ... 170
Перейти на страницу:

– Y os disteis un beso de despedida, ¿no? Ahórrame estas historias, Gwyn. Lucas está muerto. Que descanse en paz, ¡pero déjame también a mí en paz! Y a ese tipo no quiero verlo en mi casa cuando haya terminado con esto.

Warden le dio la espalda.

Gwyneira condujo a Steinbjörn fuera del recinto con el rostro compungido.

– Perdone a mi suegro, es el whisky el que habla. Nunca ha olvidado que Lucas fuera…, bueno, que fuera como era, que al final dejara la granja, que desertara, según la expresión de Gerald. Dios sabe que él también fue responsable de ello. Pero todo esto son viejas historias, señor Sigleifson. En cualquier caso le agradezco que esté aquí. Vayamos a casa, seguro que no le vendrá mal un trago…

Steinbjörn apenas si osaba entrar en la casa señorial. Estaba seguro de que cometería un error tras otro. Luke le había enseñado a comportarse con corrección a la mesa y las reglas de cortesía, y también Daphne parecía desenvolverse bien a ese respecto. Pero él mismo no tenía ni idea de cómo actuar y temía ponerse en ridículo delante de Gwyneira. Ella, por su parte, lo condujo con toda naturalidad por una puerta lateral, le cogió la chaqueta, no llamó a la criada, sino que se topó enseguida con la nodriza, Kiri, en el salón. En los últimos tiempos, Gerald ya no se oponía a que la joven llevara siempre consigo a los niños mientras limpiaba o realizaba otras labores domésticas. Si desterraba a Kiri a la cocina, al final Paul crecería con toda certeza en ese lugar.

Gwyneira saludó afablemente a Kiri y sacó a uno de los bebés de la canasta.

– Señor Sigleifson, mi hijo Paul -le presentó, pero las últimas palabras fueron apagadas por un grito ensordecedor del bebé. A Paul no le gustaba que lo arrancaran del lado de su hermana de leche, Marama.

Steinbjörn reflexionó de nuevo. Paul era otro bebé. Debería de haber nacido durante la ausencia de Luke.

– Me rindo -gimió Gwyneira, y volvió a dejar al niño en la canasta-. Kiri, podrías llevarte a los niños, también a Fleur, todavía tiene que comer y no está bien que escuche lo que tenemos que hablar. Y tal vez podrías prepararnos un té… ¿o prefiere café, señor Sigleifson?

– Llámeme Steinbjörn, por favor… -dijo el joven con timidez-. O David. Luke me llamaba David.

La mirada de Gwyneira se posó en sus rasgos y en su cabello revuelto. Luego sonrió.

– Siempre sintió un poco de envidia de Miguel Ángel -observó después-. Venga, tome asiento. Ha sido un largo viaje a caballo…

Para sorpresa de Steinbjörn la conversación con Gwyneira Warden se desarrolló con fluidez. Al principio había temido que todavía no supiera nada sobre la muerte de Lucas, pero George Greenwood ya la había preparado. Gwyneira había superado hacía tiempo la primera pena y sólo preguntó compasivamente por el tiempo que Steinbjörn había pasado con su marido, cómo lo había conocido y cómo habían sido los últimos meses de su vida.

Finalmente, Steinbjörn describió las circunstancias de su muerte, no sin culpabilizarse de nuevo por ello.

Sin embargo, Gwyneira consideró el asunto del mismo modo que Greenwood y se expresó incluso de forma más tajante.

– Usted no tiene la culpa de que Lucas no supiera hacer un nudo. Era una buena persona, sabe Dios que yo lo apreciaba. Y al parecer también era un artista de mucho talento. Pero carecía de destreza para desenvolverse en la vida. Pero…, creo que siempre había deseado ser un héroe. Y al final lo consiguió, ¿no es cierto?

Steinbjörn asintió.

– Todos hablan de él con mucho respeto, señora Warden. La gente está pensando en poner su nombre a la roca. La roca de la que… caímos.

Gwyneira estaba conmovida.

– Creo que es todo cuanto podía desear -dijo en voz baja.

Steinbjörn se temía que fuera a romper en llanto y no tenía la menor idea de cómo consolar educadamente a una lady. Pero ella se tranquilizó y planteó nuevas preguntas al joven. Para sorpresa del muchacho, preguntó mucho por Daphne, a la que todavía recordaba muy bien. Después de que Greenwood le contara su encuentro con la muchacha, Helen había escrito de inmediato a Westport, pero todavía no había obtenido ninguna respuesta. Steinbjörn confirmó ahora su suposición de que la pelirroja Daphne de Westport era idéntica a su pupila. Gwyneira se puso fuera de sí cuando oyó hablar de Laurie y Mary.

– ¡Así que Daphne encontró a las niñas! ¿Cómo lo consiguió? ¿Y están todas bien? ¿Daphne se ocupó de ellas?

– Bueno, ella… -Steinbjörn se puso un poco rojo-. Ellas… ellas también hacen algo. Bailan…, aquí…, aquí, Luke las retrató.

El joven llevaba unas alforjas y buscó una carpeta en la que se puso a hojear acto seguido. En cuanto sacó los dibujos, tuvo claro que no eran los adecuados para los ojos de una dama. Gwyneira, sin embargo, los miró sin pestañear. Gwyneira había ordenado a fondo el estudio de Lucas y ya no era tan ignorante como un par de meses atrás. Lucas ya había pintado desnudos antes: al principio jóvenes cuyas poses semejaban a las del «David», pero también hombres en posturas más inequívocas. Algunas imágenes mostraban huellas de haberse manoseado con frecuencia. Lucas las había cogido en repetidas ocasiones, las había mirado y…

Gwyneira advirtió que también los desnudos de las mellizas y, sobre todo, un estudio de la joven Daphne, presentaba huellas digitales. ¿Lucas? ¡Ni hablar!

– ¿Le gusta Daphne? -preguntó con cautela al joven visitante.

Steinbjörn todavía se sonrojó más.

– ¡Oh, mucho! Quería casarme con ella. Pero no me quiere. -En la voz del muchacho resonaba todo el dolor del amante despechado. Ese joven ¡nunca había sido el «amiguito» de Lucas!

– Se casará con otra muchacha -dijo Gwyneira para consolarlo-. ¿A usted… a usted le gustan las chicas?

Steinbjörn se la quedó mirando como si esa fuera la pregunta más absurda que una persona pudiera hacerle. Luego dio de buena gana más información sobre sus proyectos de futuro. Buscaría a George Greenwood y entraría en su compañía.

– En realidad hubiera preferido construir casas -confesó afligido-. Quería ser arquitecto. Luke decía que tenía talento. Pero para eso tendría que ir a Inglaterra, estudiar en academias y no me lo puedo permitir. Pero aquí hay algo más… -Steinbjörn cerró la carpeta con los bocetos de Lucas y se la tendió a Gwyneira-. Le he traído los dibujos de Luke. Todos…, el señor Greenwood opina que es posible que tengan valor. No quiero enriquecerme con ellos. Si sólo pudiera conservar uno… El de Daphne…

Gwyneira sonrió.

– Puede conservarlos todos, naturalmente… -Reflexionó durante unos breves segundos, y pareció tomar una determinación-. Póngase la chaqueta, David, y vaya a Haldon. Allí hay algo que Lucas habría querido.

El director del banco de Haldon pareció pensar que Gwyneira se había confundido. Encontró mil razones para oponerse a sus deseos, pero al final se sometió a sus exigencias. En contra de su voluntad, puso la cuenta en que se reunían las ganancias de Lucas por la venta de los cuadros a nombre de Steinbjörn Sigleifson.

– Se arrepentirá, señora Warden. Hay una fortuna acumulada ahí. Sus hijos…

– Mis hijos ya tienen fortuna. Son los herederos de Kiward Station y, al menos mi hija, no se preocupa lo más mínimo por el arte. No necesitamos el dinero, pero ese joven era el discípulo de Lucas. Un hermano del alma… por decirlo de alguna manera. ¡Necesita el dinero, sabe valorarlo y debe tenerlo! Aquí, David, tiene que firmar. Con el nombre completo, es importante.

Steinbjörn se quedó sin respiración cuando vio la suma que había en la cuenta. Pero Gwyneira le hizo un gesto amistoso.

– Ahora haga lo que tenga que hacer, yo debo ir a mis cobertizos para aumentar la fortuna de mis hijos. Y lo mejor es que se preocupe usted mismo de las galerías en Londres. Para que no le den gato por liebre cuando compre el resto de los cuadros. Es usted, por así decirlo, el administrador de la herencia artística de Lucas. ¡Sáquele pues partido!

1 ... 111 112 113 114 115 116 117 118 119 ... 170
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)