Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Историческая проза » En El Pais De La Nube Blanca
En El Pais De La Nube Blanca - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

En El Pais De La Nube Blanca

Электронная книга - «En El Pais De La Nube Blanca». Краткое содержание книги:

Londres, 1852: dos chicas emprenden la travesía en barco hacia Nueva Zelanda. Para ellas significa el comienzo de una nueva vida como futuras esposas de unos hombres a quienes no conocen. Gwyneira, de origen noble, está prometida al hijo de un magnate de la lana, mientras que Helen, institutriz de profesión, ha respondido a la solicitud de matrimonio de un granjero. Ambas deberán seguir su destino en una tierra a la que se compara con el paraíso. Pero ¿hallarán el amor y la felicidad en el extremo opuesto del mundo?
En el país de la nube blanca, el debut más exitoso de los últimos años en Alemania, es una novela cautivadora sobre el amor y el odio, la confianza y la enemistad, y sobre dos familias cuyo sino está unido de forma indisoluble.
1 ... 109 110 111 112 113 114 115 116 117 ... 170
Перейти на страницу:

George le aseguró que no había ningún animal salvaje en Nueva Zelanda que fuera a desenterrar el cadáver.

– Y luego esperé… esperé mi muerte. Tres días, creo…, en algún momento perdí el conocimiento, tenía fiebre y no podía llegar al río para beber agua… Pero entretanto nuestro caballo llegó a casa y el señor Miller pensó que algo no había salido bien. Quería enviar un equipo de salvamento de inmediato, pero los hombres se rieron de él. Luke… Luke no era tan hábil con los caballos, ¿sabe? Todos creyeron que simplemente no lo había atado bien y que se le había escapado. Pero como no regresábamos, enviaron una barca. Hasta el barbero los acompañó. Y enseguida me encontraron. Sólo dos horas remando, dijeron. Pero yo no me enteré de nada. Cuando desperté, estaba aquí…

George asintió y acarició el cabello del joven. David parecía muy joven. A George le resultaba inevitable pensar en el niño que Elizabeth llevaba dentro de sí. Tal vez en pocos años, él también tuviera un hijo así: tan valiente y aplicado, pero era de esperar que con mejor fortuna que el muchacho de esa habitación. ¿Qué debía de haber visto Lucas en David? ¿El hijo que hubiera deseado? ¿O más bien el amante? George no era un necio y procedía de una gran ciudad. El que alguien tuviera preferencia por personas de su mismo sexo no le resultaba extraño, y la conducta de Lucas (además de todos los años de Gwyneira sin hijos) había despertado desde el principio la sospecha de que el joven Warden prefería los muchachos en lugar de las muchachas. Pero eso a él le era indiferente. Y en cuanto a David, las miradas enamoradas que arrojaba a Daphne no dejaban lugar a dudas respecto a su orientación sexual. Pero Daphne no correspondía a tales miradas. Otro inevitable desengaño para el joven.

George reflexionó unos minutos.

– Escúchame, David -dijo entonces-. Lucas Warden…, Luke Denward…, no estaba tan sólo en el mundo como tú habías pensado. Tenía familia, y creo que su esposa tiene derecho a saber cómo murió. Cuando vuelvas a encontrarte bien, un caballo en el establo de alquiler te estará esperando. Dirígete con él a las llanuras de Canterbury y pregunta por Gwyneira Warden en Kiward Station. ¿Lo harás…, por Luke?

David asintió con una expresión de seriedad.

– Si usted cree que él así lo habría querido…

– Estoy seguro de ello, David -contestó George-. Luego viajas a Christchurch y vienes a mi compañía: Greenwood Enterprises. Allí no encontrarás oro, pero sí un trabajo más lucrativo como mozo de cuadra. Si eres un joven listo, y no me cabe duda de que lo eres, pues si no Lucas no te habría tomado bajo su protección, a la larga prosperarás.

David volvió a asentir, aunque esta vez de mala gana.

Daphne, por el contrario, miró a George con una expresión amistosa.

– Le dará un trabajo que pueda realizar sentado, ¿verdad? -preguntó cuando acompañó después a George de vuelta-. El barbero dice que cojeará para siempre, la pierna está rota. No podrá volver a trabajar en la construcción ni en el establo. Pero si le consigue el trabajo en un despacho…, entonces también cambiará de idea respecto a lo que toca a las chicas. Le hizo bien no huir de Luke, pero yo no soy la novia adecuada para él.

Habló tranquila y sin amargura, y George sintió una tenue pena de que esa solícita e inteligente criatura fuera una muchacha. Como hombre, Daphne podría haber encontrado la felicidad en esa tierra nueva. Como mujer, sin embargo, sólo podía ser lo que también en Londres habría sido: una puta.

Pasaría más de medio año hasta que Steinbjörn Sigleifson realmente encaminase los pasos de su caballo hacia Kiward Station. El joven había pasado mucho tiempo en cama y luego había vuelto a aprender a caminar con esfuerzo. Además, la despedida de Daphne y las mellizas le había resultado dura, aunque las chicas lo animaban cada día para que se fuera. Al final, sin embargo, no le había quedado otro remedio. Miss Jolanda le exigía con insistencia que abandonara la habitación del burdel y, pese a que el señor Miller le permitió que volviera a instalarse en el establo, ya no podía ofrecer nada como contrapartida. Para un tullido no había ningún trabajo en todo Westport; los endurecidos coasters ya se lo habían comunicado sin la menor piedad. Si bien el joven volvía a moverse con soltura, sufría una fuerte cojera y no podía permanecer largo tiempo de pie. Así que se había marchado a lomos de su caballo y se hallaba, desconcertado a causa de la sorpresa, frente a la fachada de la casa señorial en que había vivido Lucas Warden. Seguía sin tener la menor idea de por qué su amigo había abandonado Kiward Station, pero debería de haber tenido razones de peso para renunciar a tal lujo. ¡Gwyneira Warden debía de ser un ogro! Steinbjörn (después de haber dejado a Daphne no veía ningún motivo para seguir conservando el nombre de David) pensó seriamente en marcharse con las manos vacías. ¡A saber lo que le diría la esposa de Luke! Era posible que ella también lo hiciera responsable de la muerte del amigo.

– ¿Qué haces aquí? ¡Di tu nombre y qué te trae por estas tierras!

Steinbjörn se sobresaltó cuando oyó a sus espaldas la vocecita cantarina. Procedía de un arbusto bajo y el joven islandés, educado en la creencia de hadas y elfos que habitaban las piedras, pensó en un primer momento que se trataba de un espectro.

La niñita que apareció detrás de él a lomos de un poni daba de hecho esa impresión, y más cuando amazona y montura producían un efecto tiernamente mágico. Steinbjörn nunca había visto un poni tan pequeño, ni en su isla de origen, donde los caballos no eran grandes. Sin embargo, esa diminuta yegua roana, el color de cuyo pelaje tan bien armonizaba con el cobrizo de su amazona, daba la impresión de un purasangre en miniatura. La niña acercó la yegua al muchacho.

– ¿Vas a tardar mucho? -preguntó con insolencia.

Steinbjörn no pudo reprimir la risa.

– Mi nombre es Steinbjörn Sigleifson y busco a Lady Gwyneira Warden. Esto es Kiward Station, ¿verdad?

La niña asintió con gravedad.

– Sí, pero ahora es temporada de esquileo y mamá no está en casa. Ayer se encargó del cobertizo tres y hoy le toca el número dos. Alterna con el capataz. El abuelo se encarga del cobertizo uno.

Steinbjörn no sabía de qué le hablaba la niña, pero estaba convencido de que tenía razón.

– ¿Puedes dejarme entrar? -preguntó.

La niña frunció el ceño.

– Eres una visita, ¿no? Entonces, en realidad tengo que llevarte a la casa y tendrás que dejar una tarjeta en la bandeja de plata. Luego vendrá Kiri y te dará la bienvenida, y luego Wite, y luego pasarás al saloncito y te darán té…, bueno, y yo tengo que entretenerte, dice Miss Helen. Significa que tenemos que hablar. Sobre el tiempo y esas cosas. ¿Eres un gentleman o qué? -Steinbjörn seguía sin entender nada, pero no podía negar que la niña tenía una cierta disposición para dar conversación-. Además, soy Fleurette Warden, y ella es Minty -añadió señalando el poni.

Steinbjörn contempló a la niña con mayor interés. Fleurette Warden… ¡tenía que ser la hija de Luke! Así que también había abandonado a esa niña encantadora… Steinbjörn cada vez entendía menos a su amigo.

– Creo que no soy un gentleman -comunicó a la pequeña-. En cualquier caso, no tengo tarjeta. ¿No podríamos simplemente…, quiero decir, no podrías llevarme simplemente hasta donde está tu madre?

Fleurette tampoco parecía tener muchas ganas de proseguir una conversación cortés y cedió. Colocó su poni delante del caballo de Steinbjörn, que tuvo que esforzarse para seguirle el paso. La pequeña Minty daba pasos cortos pero muy rápidos y Fleurette la dirigía de forma magistral. En el breve camino hasta los cobertizos de esquileo informó a su nuevo amigo de que acababa de llegar de la escuela, adonde en realidad no debía ir sola, pero que en el período en que se esquilaban las ovejas no había nadie disponible para acompañarla. Le habló de su amigo Ruben y de su hermanito Paul, al que encontraba bastante tonto porque no hablaba, sólo chillaba cuando Fleurette lo cogía en brazos.

1 ... 109 110 111 112 113 114 115 116 117 ... 170
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)