Casino: Amor y honor en Las Vegas
- Автор: Pileggi Nicholas
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Casino: Amor y honor en Las Vegas». Краткое содержание книги:
Rosenthal, formado en la escuela de las apuestas deportivas ilegales llegó, como otros muchos, a Las Vegas con el propósito de hacer olvidar su pasado y seguir trabajando en lo que siempre había hecho: ser jugador. La pequeña ciudad de Nevada, sumidero de esperanzas bajo una capa febril y brillante, era una verdadera mina de oro, ideal para quienes patrocinaron la mudanza de Rosenthal, como también la de su viejo amigo Tony Spilotro, tan amante del dinero como de la violencia. Ambos fueron símbolos de una etapa frenética, trufada de violencia e ilegalidades, marcada por los intentos de la Mafia de establecer su hegemonía sobre los casinos. Una ciudad sin sitio para el amor, por lo que éste -como el que sentía Rosenthal hacia Geri, su esposa- estaba abocado al fracaso.
Casino, basada en hechos reales es, más allá de una novela de ritmo casi cinematográfico, un fascinante documento sobre el mundo del juego, sus leyes y sus corruptelas. Amor y adulterio, negocio y delito se entremezclan en una obra intensa y original, reveladora y absorbente.
Durante el trayecto, El Zurdo apenas abrió la boca. Permaneció allí sentado con aire abatido. Creo que no estaba acostumbrado a perder.
El Zurdo era misterioso. No podías leerle el pensamiento. A Tony le encantaba estar con él porque incluso entonces El Zurdo era uno de los mejores pronosticadores del país. Los viernes por la noche solíamos andar por ahí antes de apostar. Tony le preguntaba a veces a El Zurdo: «¿Qué me dices del Kansas?» y el otro se limitaba a responder: «No tengo formada ninguna opinión». Entonces Tony podía decirle: «¿Y el Rutgers-Holy Cross?» Y El Zurdo respondía: «Sin opinión».
Tony tiene la lista de los partidos universitarios impresa con las probabilidades; es larga como una nota de supermercado y va repasando partido por partido, mostrándoselo El Zurdo, y éste, allí de pie, apoyado contra la barra, tomando su agua Mountain Valley, mirando algún combate en diferido por la tele, va repitiendo su falta de opinión a Tony hasta asesinarlo.
Por fin, Tony explota. Mete la lista entre las manos de El Zurdo.
– Venga, escoge, escoge tú mismo.
Sin apenas apartar la vista del combate, El Zurdo coge la lista de Tony, señala rápidamente un par de puntos con un lápiz y se la devuelve a Tony.
Tony observa la lista, mientras El Zurdo sigue mirando la televisión.
– ¡Eh! -dice Tony-. ¿Qué es eso? Aquí tengo cien partidos. El próximo fin de semana juegan todos los equipos de baloncesto del país, ¿y tú me marcas dos?
En el bar todo el mundo permanece en silencio. Nadie quiere meterse con ellos dos. El Zurdo se vuelve hacia Tony como si éste fuera un crío y dice:
– Sólo hay dos buenas apuestas.
– Sí, sí -le responde Tony-. Eso ya lo sé pero ¿y el Oklahoma-Oklahoma State? ¿Y el Indiana-Washington State? Por Dios, fíjate en todos éstos.
– Mira, Tony, te he marcado las dos mejores apuestas de la lista. Olvida el resto.
Tony se exalta y empieza a refregar el papel por la cara de El Zurdo.
– ¿Dos apuestas entre cien? ¿Así es como juegas tú?
El Zurdo se lo mira como quien mira a una cucaracha.
– Creía que tenías la intención de ganar -dice.
– Pues claro que quiero ganar, pero también quiero divertirme. ¿Por qué no te relajas un poco? ¿Por el amor de Dios!
– ¿Cuánto piensas apostar? -pregunta El Zurdo.
– Un par de los grandes, lo que sea… ¿Tú cuánto apuestas?
– Yo juego mucho más que esto -responde El Zurdo. El Zurdo prácticamente nunca dijo que «apostaba»; siempre «jugaba», «tenía una opinión» o «tomaba partido».
– ¿Mucho más que qué? -salta Tony-. Si sólo juegas en dos puñeteros partidos. ¿Qué coño has apostado?
– No quieres saberlo -dice El Zurdo.
– Sí que quiero saberlo.
– ¿Sacarás algo si pierdo?
– Vamos, dímelo. Quiero saberlo. Yo te lo he dicho, ¿no?
El Zurdo se acerca a Tony y le habla casi en un susurro, pero yo estoy entre ellos fijándome en sus labios mientras articula estas palabras:
– Nosotros, si no es por cincuenta por barba, no nos movemos.
Llegaría un día en que Tony apostaría cincuenta o sesenta mil dólares en un partido de fútbol o de baloncesto, pero aquél no era el momento. Nosotros teníamos poco más de veinte años. El Zurdo tenía unos treinta. Apostaba por su cuenta y para gente bastante importante, gente de la organización, todos nosotros sabíamos para quién.
– ¡Ah, perdone usted! -dice Tony agarrando la lista y examinando de nuevo partido por partido-. Olvidé con quien estaba hablando. No tengo derecho a la vida. Estoy apostando calderilla.
Y en cuanto El Zurdo vuelve la vista hacia la tele, Tony le pregunta:
– ¿Y el West Virginia, qué? Tienen aquel africano de dos metros diez. ¿Cómo demonios van a perder?
– No tengo una opinión al respecto -responde El Zurdo sin siquiera volver la vista.
Entonces Tony pierde los estribos. Enrolla el papel de las apuestas y empieza a golpear la cabeza de El Zurdo con él.
– Si pierdo, gilipollas -grita-, nos pagas una cena a todos.
Todos soltamos una enorme carcajada, incluso El Zurdo, y Tony se vuelve hacia nosotros diciendo:
– El gilipollas éste me lo pone todo negro.
5
«Me niego respetuosamente a contestar la pregunta pues creo sinceramente que mi respuesta podría tender a incriminarme.»
A finales de los cincuenta, antes de que el terror de la droga invadiera el país, los jugadores ilegales eran considerados el enemigo público número uno. El FBI había organizado redadas en todo el país para detener a los jugadores más conocidos. Se habían aprobado unas leyes federales que castigaban la transmisión de pronósticos deportivos o resultados de carreras por las líneas interestatales. Las vistas de la Comisión contra el Delito Kefauver -una de las primeras investigaciones oficiales televisada- se lo ponían también difícil a los sheriffs y jefes de policía que habían permitido que los corredores de apuestas, los compensadores y los casinos ilegales funcionaran en su demarcación mediante un pago determinado. Incluso en Chicago, la patria de Al Capone, una ciudad donde la policía había tenido problemas para cerrar uno solo de los miles de establecimientos de venta de bebidas alcohólicas ilegales, empezaba a presionar a los corredores de apuestas de la ciudad. En 1960, Rosenthal El Zurdo fue detenido por primera vez como corredor de apuestas. De pronto apareció su nombre en distintas listas de jugadores importantes que distribuyó a la prensa como churros el Comité contra la Delincuencia de Chicago.
En 1961, a los treinta años, Rosenthal El Zurdo se trasladó. Según éclass="underline"
Decidí salir a trabajar por cuenta propia. Dejar de hacer dinero para los demás. Pensé que había llegado el momento de empezar a jugar sin contar con nadie. Me trasladé a Miami. Mi padre ya se había trasladado allí con alguno de sus caballos y me pareció que aquello era lo más adecuado.
Tenía la intención de jugar poco. Disponía de cinco mil dólares para invertir y dos tipos se asociaron conmigo poniendo cinco mil dólares cada uno. El capital inicial era pues de quince mil dólares. Propuse empezar con jugadas de doscientos dólares, seguidamente doblar a cuatrocientos y finalmente, a dos mil dólares.
A finales de la temporada de baloncesto universitario, cuando faltaban dos semanas para finalizar el campeonato, nuestro capital de quince mil dólares había ascendido a setecientos cincuenta mil dólares.
Tenía amigos en diferentes partes del país. Nos apoyábamos mutuamente. Yo les ayudaba y ellos me ayudaban a mí.
Un día recibí una llamada de un colega de Kansas City. Me dijo que no creía que Wilt Chamberlain, jugador a la sazón del Kansas City, jugara aquella noche.
Chamberlain era el equipo. Si él no jugaba, no había victoria posible. Le pregunté por qué. Respondió que no lo sabía bien, pero que alguien, tal vez una enfermera, había dicho que a Chamberlain se le habían hinchado tanto las pelotas que apenas podía andar.
Mi colega dijo estar seguro de tal información, pero yo hice mis comprobaciones y constaté que los médicos que atendían a Chamberlain corroboraban dicha dolencia.