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Esclavos de la oscuridad

Электронная книга - «Esclavos de la oscuridad». Краткое содержание книги:

Una novela deslumbrante que explora el filo entre la vida y la muerte, lo divino y lo satánico.
Tras el intento de suicidio de su mejor amigo, un policía decide investigar las razones que lo llevaron a tomar esa decisión. En el camino a la verdad descubrirá prácticas satánicas, drogas africanas y una serie de asesinatos horrendos sin explicación. Las víctimas comparten solo una cosa en común: experimentaron la muerte. ¿Cómo puede revivir alguien clínicamente muerto? ¿Qué ocurre si en vez de ver la luz, vio las tinieblas?
Una novela diabólica con todos los ingredientes para convertirse en un éxito y una referencia del género, por el maestro del thriller e indiscutible que nos acerca a una de las realidades más sorprendentes e intranquilizantes de la medicina moderna: las experiencias de muerte inminente.
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El aparato alzó el vuelo, conservando la atmósfera de ensoñación y de fluidez. Contemplé por el ojo de buey los primeros velos de nubes. El cielo, entre ese algodón de plata, relumbraba con un azul oscuro. Un espejo sin contorno ni límite que atravesábamos con toda facilidad. Ya no era la noche; era el reverso del mundo.

– ¿Quiere beber algo?

Zamorski ya cogía hielo picado con la mano. Rechacé con un ademán. Lo que más me apetecía era un cigarrillo. Mi huésped adivinó mis deseos otra vez.

– Puede fumar. Es una de las ventajas de los vuelos privados: estamos como en casa.

Encendí un Camel, sintiendo otra vez desconfianza ante tantas atenciones. ¿Quién era exactamente ese prelado, escondido detrás de sus modales educados? ¿Cuáles eran sus verdaderas intenciones? ¿Adónde me llevaba, exactamente? Tal vez había caído en una trampa cuyo señuelo se llamaba Manon. Después de una larga calada, ordené:

– Hábleme de Manon.

– ¿Qué quiere saber?

– ¿Cómo conoció su caso?

– De la manera más sencilla del mundo. Por el cura de su parroquia, el padre Mariotte. Después del intento de asesinato en 1988, se confió al sacerdote exorcista de Besançon. La información llegó hasta mí. Nuestras redes están muy estructuradas.

– En aquel momento, ¿sabía usted que Manon estaba viva?

– Una breve investigación nos lo confirmó, sí. A partir de entonces, siempre hemos estado atentos a ella.

– ¿Cree que Manon estaba poseída?

– Digamos que había una fuerte presunción de que así fuera.

– ¿Por qué?

– Recogimos varios testimonios sobre su actitud antes del asesinato. También estaban los sospechosos del caso: Cazeviel, Moraz, Longhini. A ellos ya los teníamos en nuestras listas. Este caso entraba de lleno en el satanismo.

– ¿Y a continuación?

Zamorski se encogió de hombros.

– La niña creció sin problemas ni desviaciones. Ni la menor señal de influencia demoníaca.

– Fue tratada por psicólogos.

– Nada que ver con el diablo. Simplemente, estaba traumatizada con toda esa historia. Lo que, por otra parte, es muy comprensible.

No tenía tiempo para andarme con rodeos.

– ¿Cree que ella mató a su madre?

– No.

– ¿Por qué esa certeza?

– Se aloja en nuestro monasterio desde hace tres meses. Es inocente. Ninguna mujer podría simular hasta ese punto. Manon es una verdadera… fuente de luz.

Agostina Gedda también había sido una fuente de luz. Para, finalmente, convertirse en un monstruo. Pero quería creer a Zamorski.

– De modo que, según usted, ¿la joven no vivió una experiencia negativa durante su coma?

– Manon no conserva ningún recuerdo de aquel paréntesis. En todo caso, cualquiera que fuera su vivencia durante el coma, esta no influye en su personalidad actual.

Asentí con la cabeza pero pensé en las advertencias que había recibido en Catania, a propósito de Agostina. En las admoniciones de Van Dieterling. En las instrucciones del Ritual romano: «Innumerables son los artificios y las traiciones del diablo para engañar a los hombres». ¿A quién podía creer en semejante situación?

Pasé a las generalidades.

– ¿Cree, de todo corazón, que los Sin Luz existen? Me refiero a los homicidas que actúan bajo una influencia demoníaca.

– La experiencia negativa existe. Y puede ser traumática.

– ¿Hasta el punto de transformar al que la sufre en un ser agresivo, en un asesino?

– En ciertos casos, sí.

– Pero ¿cree que el diablo está detrás de todo esto? ¿Que es una verdadera entidad negativa? ¿Un agente corruptor?

Zamorski sonrió. La intensidad de las luces de la cabina había bajado. Los sillones de cuero brillaban suavemente bajo las lámparas. De vez en cuando, las señales luminosas de la punta de las alas desgarraban las nubes e iluminaban nuestras siluetas a través de los ojos de buey.

– Estudiamos estos fenómenos desde hace años. Espere a que lleguemos a Cracovia, comprenderá mejor nuestra posición.

Entonces, volvamos a los casos específicos. ¿Agostina Gedda es una verdadera posesa?

– Según Van Dieterling, no hay duda alguna. Y por lo que sé, todo concuerda.

– ¿Sabe usted quién es Raïmo Rihiimäki?

– Por supuesto.

– ¿Un Sin Luz?

– Tuvo una experiencia negativa. Raïmo se confió a un psiquiatra. Le contó su visión. Esa prueba lo transformó en una máquina de matar.

– ¿De modo que Agostina y Raïmo son los autores de los asesinatos que se les imputan?

– Mathieu, está usted quemando las etapas. Una vez más, espere a estar en Cracovia. Nosotros…

– Estos privilegiados por un milagro son asesinos, ¿sí o no? ¿Han sido capaces de utilizar ácidos, inyectar insectos, colocar liquen en la caja torácica de su víctima, en definitiva, de actuar exactamente del mismo modo separados por miles de kilómetros?

Zamorski sostenía una copa de champán perlada de gotas. Bebió un trago y declaró:

– Con el correr de los años, mi grupo ha elaborado una hipótesis.

– ¿Cuál?

– Podría existir otro factor, unido a la experiencia negativa. Una circunstancia particular.

– Lo escucho.

– Un ser externo, que contactaría y ayudaría a estos asesinos… «revelados».

Zamorski expresaba la hipótesis que yo me planteaba desde el principio, aunque sin haber profundizado en ella. Un cómplice de los Sin Luz. Un inspirador de carne y hueso. El que había grabado en la corteza: yo protejo a los sin luz.

– ¿Un hombre los ayudaría a matar de ese modo?

– En todo caso, los incitaría.

– ¿Un hombre que se tomaría por el diablo?

– Que creería actuar en nombre del diablo, sí.

– ¿Tiene pruebas que apoyen esta hipótesis?

– Sólo algunos paralelismos. El modo operativo, para empezar. Según parece, hasta ahora los Sin Luz nunca habían utilizado ese método. Se podría deducir que un hombre, una presencia oculta, les dicta ahora esa técnica.

Van Dieterling hablaba de «mutación», de una profecía que había que descifrar a través de la repetición de estos asesinatos rituales. Mi instinto de madero hacía que me inclinara por la versión de Zamorski, más tangible: la intervención de un tercero, un socio en las sombras.

Zamorski continuó:

– En segundo lugar, la multiplicación de los casos. A lo largo de los siglos, los Sin Luz son muy escasos. Sin embargo, de repente, nos encontramos con tres ejemplos en cuatro años: 1999, 2000, 2002… Y, sin duda, hay otros. ¿Por qué esta aceleración? Quizá un hombre ha favorecido esta serie. Un criminal que no sería el asesino propiamente dicho, sino el inspirador de estos seres traumatizados. Una especie de emisario del demonio que los empujaría a pasar a la acción.

Mis suposiciones, que hasta ese momento flotaban en el vacío, encontraban un eco concreto en el nuncio. Ese vuelo nocturno iluminaba mi corazón a la manera de un fuego de artificio. Era hora de aclarar los enigmas que concernían directamente al sacerdote.

– Hace quince días, lo vi a usted en la capilla de Santa Bernadette. Se celebraba una misa por un madero que estaba en coma.

– Luc Soubeyras. Lo conozco bien. Trabajaba en la misma investigación que usted. O, para ser precisos, usted trabaja en la misma que él.

– Intentó suicidarse. ¿Sabe por qué?

– Luc estaba demasiado exaltado. Al borde de un ataque de nervios. Se dejó el pellejo en esta investigación.

– ¿Eso es todo?

– En este asunto, hay que estar dispuesto a traspasar ciertos límites. A visitar determinados confines. Pero sobre todo, hay que ser capaz de regresar. A pesar de su pasión, Luc no era lo suficientemente fuerte.

No respondí. Pensaba en los objetos satánicos descubiertos por Laure. ¿Luc había atravesado «la delgada línea roja»? Volví a Zamorski y le mencioné su conversación con Doudou en la capilla. El pequeño cofre que había pasado a sus manos. El estuche de madera oscura.

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