Esclavos de la oscuridad
- Автор: Гранже Жан-Кристоф
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Esclavos de la oscuridad». Краткое содержание книги:
Tras el intento de suicidio de su mejor amigo, un policía decide investigar las razones que lo llevaron a tomar esa decisión. En el camino a la verdad descubrirá prácticas satánicas, drogas africanas y una serie de asesinatos horrendos sin explicación. Las víctimas comparten solo una cosa en común: experimentaron la muerte. ¿Cómo puede revivir alguien clínicamente muerto? ¿Qué ocurre si en vez de ver la luz, vio las tinieblas?
Una novela diabólica con todos los ingredientes para convertirse en un éxito y una referencia del género, por el maestro del thriller e indiscutible que nos acerca a una de las realidades más sorprendentes e intranquilizantes de la medicina moderna: las experiencias de muerte inminente.
– No se puede decir que me haya ayudado mucho.
– Hay caminos que deben recorrerse en soledad. Cada paso forma parte de la meta.
– Pero habría ayudado a salvar vidas.
– No crea. En realidad, íbamos por delante de usted. Pero no de «él». Es imposible predecir dónde y cuándo golpeará.
Empezaba a hartarme de escuchar hablar del diablo como si fuera un personaje real y omnipotente. Volví a lo esencial.
– Si ya conoce las informaciones que poseo, ¿qué es lo que le interesa?
– En primer lugar, no sabemos con precisión en qué punto se encuentra. Además, ha avanzado por territorios a los que no tenemos acceso.
Van Dieterling y sus archivos. Los dos grupos debían de ser rivales. Zamorski no sabía nada o casi nada de Agostina Gedda. Tal vez tendría la oportunidad de «vender» dos veces mi expediente de la investigación y trabajar para dos entidades, como El servidor de dos amos, de Goldoni. Fingiendo un tono afligido, el polaco confirmó:
– En nuestras filas, la sinergia está lejos de ser lo que debiera. Sobre todo en materia de demonología. Los italianos del Vaticano creen que tienen el monopolio en este terreno y se niegan a cooperar.
No tenía la menor dificultad para imaginar a las dos facciones sacándose los ojos. Van Dieterling tenía su espécimen: Agostina. Y Zamorski debía de poseer sus propios expedientes.
– Si quiere usted mis informaciones -dije-, propóngame un intercambio.
El sacerdote se puso de pie. Su mirada de acero decía: «Cuidado por dónde camina». Pero afirmó en tono sereno:
– Tiene usted la inaudita suerte de estar aún con vida, Mathieu. Y sano de espíritu. Sin saberlo, se está metiendo en una verdadera guerra.
– ¿Se refiere a una «guerra interna» entre diferentes grupos religiosos?
– No. Nuestras rivalidades solo constituyen un epifenómeno. Le hablo de un verdadero conflicto, que opone la Iglesia a una secta satánica poderosa. Le hablo de un peligro inminente, que nos amenaza a todos. A nosotros, los soldados de Dios, pero también a todos los cristianos del planeta.
No estaba muy seguro de comprender.
– ¿Los Sin Luz?
Zamorski dio unos pasos con las manos en la espalda.
– No. Los Sin Luz son más bien la apuesta. Lo que está en juego en la batalla.
– No comprendo.
El nuncio se acercó a una vieja pizarra blanca destartalada que estaba detrás de los atriles que sostenían las partituras. Cogió un rotulador.
– ¿Conoce este signo?
Trazó un círculo, lo atravesó con una línea horizontal en su parte inferior y luego dibujó algunos eslabones. El tatuaje de Cazeviel y el ornamento del anillo de Moraz. De modo que ese era el símbolo de una secta satánica.
– Ya lo he visto dos veces.
– ¿Dónde?
– Tatuado en el torso de un hombre. Grabado en el anillo de otro.
– Los dos muertos, según mis informaciones.
– Si ya tiene las respuestas, ¿para qué hace las preguntas?
Zamorski sonrió y colocó el capuchón del rotulador.
– Patrick Cazeviel. Richard Moraz. El primero murió en la escalera del Vaticano el 31 de octubre. El segundo cerca de la casa del doctor Bucholz, en los alrededores de Lourdes al día siguiente. Usted los mató a los dos. Si quiere que lleguemos a un acuerdo, tiene que jugar limpio conmigo.
– ¿Quién ha hablado de un acuerdo?
Dio unos golpecitos a la pizarra.
– ¿No quiere saber qué significa ese dibujo?
– Si busco lo encontraré yo mismo.
– Por supuesto que sí. Pero podemos hacerle ganar tiempo.
El eclesiástico recorría la habitación con un andar pausado, paciente. Empecé a hartarme de sus rodeos.
– ¿Cómo se llama la secta?
– Los Siervos de Satán. Se consideran esclavos del demonio. De ahí su símbolo: el collar de hierro. También se les llama los Escribas. Las sectas satánicas son mi especialidad. Mi verdadero trabajo consiste en buscar y capturar a esos grupos en todo el mundo. Pero, de todos los que he conocido o estudiado, los Siervos constituyen el grupo más violento, el más peligroso. Y con creces.
– ¿Cuál es su culto?
Zamorski hizo un gesto amplio que anunciaba una digresión.
– En la mayoría de las sectas satánicas el diablo es solo un pretexto para entregarse a la depravación, a la droga, a diversas actividades más o menos ilícitas. A veces, esas prácticas van más lejos y alimentan las páginas de sucesos. Homicidios, sacrificios, incitaciones al suicidio. Pero diría que, en el fondo, esos clanes no son peligrosos y lo más habitual es que se limiten a profanar los cementerios. Una simple variante de la delincuencia. No hay trascendencia ni está en juego algo superior. Y cuando estos depravados tratan de ponerse en contacto con su «amo», es siempre a través de ceremonias más bien ridículas.
– Supongo que los Siervos no pertenecen a esa categoría.
– En absoluto. Los Siervos son verdaderos seres satánicos, que viven por y para el mal. Llevan una vida ascética, exigente, implacable. Asesinos, verdugos, violadores; practican el mal fríamente, con orden y rigor. Son el equivalente de nuestros monjes. Poderosos, numerosos e invisibles. Para ellos no se trata de fornicar en el altar de una iglesia o de besar el culo de un chivo. Son auténticos criminales que buscan la trascendencia a través del mal y de la destrucción. Su comunión es el homicidio, el sufrimiento, la depravación. Además, están firmemente unidos. Un proyecto secreto los hermana.
Encendí otro cigarrillo, aunque solo fuera para alimentar mi personal infierno íntimo.
– Un proyecto que consiste en…
– En recopilar los mandamientos del diablo. Cuando no matan, los Siervos buscan la palabra de Satán.
Zamorski tomó aliento. Seguía caminando de un lado al otro de la estancia. Más que nunca, su estampa marcial recordaba a un general durante una campaña. Continuó:
– Tenga en cuenta que el dogma satánico sufre una laguna fundamentaclass="underline" no hay libro sagrado. Ni rastro de un texto. En la historia del satanismo, encontrará infinidad de biblias negras, de volúmenes de demonología, de escrituras enigmáticas e indescifrables, de testimonios. Pero nunca una obra que pretenda transcribir la palabra del demonio en el sentido consagrado del término. Contrariamente a lo que se dice, el diablo es parco en palabras.
En un destello, volví a ver al sacerdote de Lourdes con su sotana raída: «No tienen libro, ¿comprende?». Aquel fanático hablaba de los Siervos.
– ¿Dónde se encuentra esa palabra? ¿Dónde está escrita? -pregunté.
Un reflejo ladino pasó por sus ojos.
– ¿Y usted me lo pregunta? -Abrió las manos-. ¡Estamos hablando precisamente del objeto de su investigación!
Debí imaginarlo. Los Sin Luz. Los únicos seres en el mundo que establecían, durante el coma, un contacto real con el demonio.
– ¿Los Siervos van detrás de los Sin Luz?
– Ese es el sentido de su búsqueda. Para los Siervos, esos seres que han vivido un milagro son depositarios de una palabra única. Una palabra que deben dejar escrita en su libro. Por eso también se les llama los Escribas. Escriben al dictado del diablo.
– Supongo que su prioridad es descifrar el Juramento del Limbo, ¿verdad?
Zamorski estuvo de acuerdo.
– Su proyecto se reduce a este objetivo: descifrar el Juramento. Las palabras que permiten esperar al Maligno y pactar con él.
– ¿Cazeviel y Moraz pertenecían a esta secta?
– Desde hace mucho tiempo.
– Eso significa: ¿antes de que Manon se ahogara?
– Por supuesto. Fueron ellos los que corrompieron a la niña. La condicionaron, le inspiraron los actos satánicos que ella cometía en aquella época. No sabemos con exactitud qué querían hacer. Sin duda, crear una especie de criatura malsana que llamara la atención del mismo Satán.