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En El Pais De La Nube Blanca

Электронная книга - «En El Pais De La Nube Blanca». Краткое содержание книги:

Londres, 1852: dos chicas emprenden la travesía en barco hacia Nueva Zelanda. Para ellas significa el comienzo de una nueva vida como futuras esposas de unos hombres a quienes no conocen. Gwyneira, de origen noble, está prometida al hijo de un magnate de la lana, mientras que Helen, institutriz de profesión, ha respondido a la solicitud de matrimonio de un granjero. Ambas deberán seguir su destino en una tierra a la que se compara con el paraíso. Pero ¿hallarán el amor y la felicidad en el extremo opuesto del mundo?
En el país de la nube blanca, el debut más exitoso de los últimos años en Alemania, es una novela cautivadora sobre el amor y el odio, la confianza y la enemistad, y sobre dos familias cuyo sino está unido de forma indisoluble.
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Las muchachas respiraron aliviadas y volvieron a cubrirse con la capa, aunque se quedaron sentadas en el borde de la cama. Al parecer, ya no consideraban a Lucas una amenaza para ellas.

– ¡Oh, fue una idea de Daphne! -respondió Laurie con franqueza. Las dos muchachas tenían unas voces dulces, algo cantarinas; otro signo de que todavía no habían abandonado la infancia.

– Teníamos que ganar dinero -siguió hablando Mary-. Pero nosotras no queríamos…, no podíamos…, es impío dormir con un hombre por dinero.

Lucas se preguntaba si también habrían aprendido esto de Daphne. Ella misma no parecía compartir tal convicción.

– ¡Aunque, claro, a veces es necesario! -defendió Laurie a su compañera-. Pero Daphne dice que para ello hay que ser mayor. Sólo que Miss Jolanda no lo creía y entonces…

– Entonces Daphne descubrió algo en uno de sus libros. Un libro extraño lleno… de guarradas. Pero Miss Jolanda dijo que el lugar de donde procede el libro, no es irreverente que…

– ¡Y lo que nosotras hacemos no lo es en absoluto! -declaró Mary en tono convencido.

– Sois unas chicas como Dios manda -dijo Lucas, dándoles la razón. De repente deseaba saber más acerca de ellas-. ¿De dónde venís? Daphne no es vuestra hermana, ¿verdad?

Laurie ya iba a contestar cuando la puerta se abrió y entró la joven pelirroja. Era evidente que se sintió aliviada al encontrar a las niñas vestidas y conversando relajadamente con su extraño cliente.

– ¿Estás satisfecho? -preguntó, sin poder evitar ella tampoco arrojar una mirada a la entrepierna de Lucas.

Éste asintió.

– He disfrutado mucho con tus protegidas -dijo-. Ahora mismo iban a contarme de dónde venís. De algún sitio os habréis escapado, ¿no? ¿O acaso saben vuestros padres lo que estáis haciendo?

Daphne se encogió de hombros.

– Depende de lo que uno crea. Si mi mamá y la de ellas está sentada en una nube en el cielo tocando el arpa nos podrá ver. Pero si han aterrizado donde suelen terminar normalmente los de nuestra especie, ven los nabos desde abajo.

– Entonces vuestros padres están muertos -dijo Lucas, haciendo caso omiso del cinismo de la joven-. Lo siento. Pero ¿cómo habéis llegado precisamente aquí?

Daphne se plantó con aplomo delante de él.

– Escúchame bien, Luke o como te llamen. Si algo no nos gusta, son los curiosos. ¿Has entendido?

Lucas quería contestar que no lo había hecho con mala intención. Por el contrario, había pensado de qué modo podría ayudar a esas muchachas a salir de la miseria en que habían caído. Laurie y Mary todavía no eran unas putillas, y, para una muchacha tan hábil y a ojos vistas inteligente como Daphne, debía de haber también otras salidas. Pero por el momento, al menos, él tenía tan pocos recursos como las tres muchachas. Incluso estaba más necesitado, pues Daphne y las mellizas se habían ganado tres dólares…, de los cuales la avara Jolanda probablemente les dejara como mucho uno.

– Lo siento -contestó por eso Lucas-. No quería ofenderos. Escuchad, yo…, yo necesito un lugar donde dormir esta noche. No puedo quedarme aquí. Por acogedoras que sean estas habitaciones… -Con un gesto señaló el hotel por horas de Miss Jolanda, tras lo cual Daphne emitió su risa cristalina y hasta las mellizas se echaron a reír con ganas-. Pero me resulta demasiado caro. ¿Hay quizá lugar en el corral o en un sitio similar?

– ¿No quieres volver al banco de focas? -preguntó sorprendida Daphne.

Lucas sacudió la cabeza.

– Busco un trabajo en el que no corra tanta sangre. Me han dicho que los carpinteros contratan hombres.

Daphne arrojó una mirada a las delgadas manos de Lucas, que ya no estaban en absoluto tan cuidadas como un mes antes, pero que tampoco se encontraban tan encallecidas ni trabajadas como las de Norman o Cooper.

– ¡Entonces, presta atención a no pillarte los dedos demasiadas veces! -dijo-. ¡Un martillazo en un dedo provoca más sangre que dar un porrazo a una foca, y tu piel vale menos, compañero!

Lucas no pudo contener la risa

– Sabré cuidar de mí mismo. Siempre que las pulgas no me dejen antes sin sangre. ¿Me equivoco o también aquí pican un poco? -Se rascó desenfadado en el hombro, lo que, por supuesto, era impropio de un gentleman, pero los caballeros tampoco solían pelearse con frecuencia con picadas de insectos.

Daphne se encogió de hombros.

– Debe de ser en el salón. La habitación uno está limpia, la limpiamos nosotras. A fin de cuentas, sería desagradable que las mellizas acabaran su espectáculo llenas de picaduras. Por eso tampoco permitimos que ninguno de esos repugnantes tipos duerman aquí, paguen lo que paguen. Lo mejor es que lo intentes en el corral de alquiler. Allí suelen dormir los muchachos que están de paso. Y David lo mantiene en orden. Creo que te gustará. ¡Pero no lo perviertas!

Con estas palabras se despidió Daphne de su cliente y sacó a las mellizas de la habitación. Lucas permaneció todavía un poco más allí. A fin de cuentas, los hombres, fuera, imaginarían que se había desnudado con las chicas y que necesitaba algo de tiempo para vestirse. Cuando al final entró de nuevo en el salón, lo recibieron unos cuantos vítores de borrachuzos. Norman alzó su vaso y le dedicó un brindis.

– ¡Ahí lo tenéis! ¡Nuestro Luke! ¡Se lo monta con las tres mejores muchachas y luego aparece de punta en blanco! ¿Alguno ha hecho algún comentario? ¡Pedid perdón inmediatamente, chicos, antes de que también se tire a vuestras mujeres!

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Lucas se dejó homenajear unos instantes más y luego salió del pub hacia el corral de alquiler. Daphne no había prometido demasiado. El recinto daba la impresión de orden. Por supuesto olía a caballo, pero el acceso estaba barrido, los caballos se hallaban en boxes amplios y las riendas en la sala de las sillas eran viejas, pero estaban bien cuidadas. Una única linterna de establo bañaba las instalaciones de una débil luz, la suficiente para orientarse y localizar los caballos por la noche, pero no demasiado clara como para molestar a los animales.

Lucas buscó un lugar donde dormir; pero al parecer ese día él era el único huésped nocturno. Reflexionó en si bastaba con prepararse un lecho en algún lugar sin hacerse grandes preguntas. Sin embargo, una voz clara, más asustada que inquisitiva, resonó en el establo oscuro:

– ¿Quién anda ahí? ¡Di tu nombre y qué deseas, forastero!

Lucas alzó los brazos temeroso.

– Lucas…, hum…, Denward. No vengo con malos propósitos, sólo estoy buscando un lugar donde dormir. Y esa joven, Miss Daphne, me dijo…

– Aquí dejamos dormir a la gente que ha traído su caballo -respondió la voz, mientras se aproximaba. Al final, también su propietario se dejó ver. Un joven rubio, de unos dieciséis años tal vez, asomó la cabeza por el tabique de un box-. ¡Pero usted va sin montura!

Lucas asintió.

– Es cierto. Pero a pesar de ello podría pagar dos centavos. Y tampoco necesito todo un box. Un rinconcito bastará.

El muchacho asintió.

– ¿Cómo ha llegado hasta aquí sin caballo? -preguntó entonces curioso, dejándose ver de cuerpo entero. Era alto, pero flaco, y todavía tenía un rostro infantil. Lucas vio unos ojos redondos y claros, cuyo color no alcanzó a distinguir en la penumbra. Pero el joven parecía franco y amable.

– Vengo de los bancos de focas -explicó Lucas, como si eso fuera una aclaración de cómo cruzar los Alpes sin montura. Pero tal vez el joven dedujera por sí mismo que el visitante debía de haber llegado por barco. Lucas esperaba que no recordara de golpe al desertor del Pretty Peg.

– ¿Ha cazado focas? Yo también quería hacerlo antes, se gana con ello mucho dinero. Pero era incapaz…, cómo te miran esos animales…

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