En El Pais De La Nube Blanca
- Автор: Lark Sarah
- Год: 2011
- Язык: испанский
- Жанр: Историческая проза
Электронная книга - «En El Pais De La Nube Blanca». Краткое содержание книги:
En el país de la nube blanca, el debut más exitoso de los últimos años en Alemania, es una novela cautivadora sobre el amor y el odio, la confianza y la enemistad, y sobre dos familias cuyo sino está unido de forma indisoluble.
Puesto que había poco que hacer, porque el barco podría navegar con una tripulación mucho más reducida y sólo hubo trabajo para todos cuando empezó la caza, transcurrían mucho tiempo juntos. Contaban historias en las que fanfarroneaban sin el menor rubor, cantaban canciones obscenas y pasaban el tiempo jugando a cartas. Hasta hacía poco, Lucas había evitado jugar al póquer y al blackjack por ser juegos poco distinguidos, pero aun así, conocía las reglas y pasaba inadvertido. Por desgracia, no había heredado el talento de su padre. Lucas no conseguía echarse ningún farol ni poner cara de póquer. Se le notaba qué estaba pensando y eso no era agradable ni para los hombres ni para el juego. En un tiempo sumamente corto perdió el poco dinero que llevaba de Kiward Station y tuvo que contraer deudas.
Con toda seguridad habrían surgido nuevas dificultades si Cooper no lo hubiera protegido. El hombre, de más edad, no escondía sus elogios y Lucas empezaba a estar preocupado. No era engorroso, pero acabaría llamando la atención. Lucas todavía recordaba con espanto las indirectas de los conductores de ganado de Kiward Station cuando él se sentía mejor con el joven Dave que con los hombres más experimentados. No obstante, los comentarios de los cazadores del Pretty Peg todavía se mantenían en los límites. También entre otros hombres del ballenero había amistades estrechas y a veces, por la noche, surgían sonidos de los catres que ruborizaban a Lucas y despertaban en él deseo y envidia. ¿Era en eso en lo que había soñado en Kiward Station y en lo que había pensado cuando intentaba hacer el amor con Gwyneira? Lucas sabía que al menos algo tenía que ver con ello, pero había algo en él que rechazaba pensar en el amor en ese entorno. No tenía nada de excitante abrazar cuerpos apestosos y sucios, poco importaba si eran de hombres o de mujeres. Y tampoco tenía nada que ver con el único ejemplo literario de su deseo secreto que le era conocido, con el ideal griego del mentor que se encargaba de un niño bien educado para obsequiarlo no sólo con amor, sino también con sabiduría y experiencia.
Si tenía que ser franco, Lucas odiaba cada minuto de su estancia en el Pretty Peg. Le resultaba inimaginable pasar cuatro años a bordo de esa embarcación, pero no había ninguna posibilidad de cancelar el contrato. Además, el barco no atracaría durante meses. Cualquier pensamiento de huida era inútil. Lucas esperaba por eso acostumbrarse en algún momento a las estrecheces, el mar bravío y el hedor. Lo último demostró ser lo más fácil. Pasados unos pocos días, Cooper y los demás le repelían menos, tal vez porque él mismo se hallaba impregnado por el mismo olor. También acabó lentamente por no marearse más y había días en los que Lucas sólo vomitaba a lo sumo una vez.
Pero luego llegó la primera caza y con ella todo cambió.
En el fondo fue un hecho insólito y afortunado para el capitán que el timonel del Pretty Peg avistara ya, dos semanas después de zarpar, un cachalote. Su grito entusiasmado despertó a la tripulación, que aún dormía a primeras horas del día. La noticia puso de inmediato en pie a los hombres, que se precipitaron a la cubierta a la velocidad de un rayo. Estaban excitados y con la fiebre del cazador, lo que no era extraño. El éxito de la empresa significaba unas primas para los cazadores que mejoraban de forma considerable sus exiguas pagas. Cuando Lucas llegó a cubierta vio primero al capitán contemplando ceñudo la ballena que jugaba con las olas frente a la costa neozelandesa, todavía al alcance de la vista.
– ¡Un ejemplar espléndido! -exclamó complacido Milford-. ¡Enorme! ¡Espero que lo consigamos! Si lo hacemos, llenaremos hoy mismo la mitad de los barriles. ¡El bicho está gordo como un cebón antes de la matanza!
Los hombres soltaron una ruidosa carcajada mientras Lucas todavía no podía considerar una presa de caza ese animal majestuoso, que se presentaba ante ellos sin el menor temor. Para Lucas era el primer encuentro con uno de los enormes mamíferos marítimos. El imponente cetáceo, casi tan grande como todo el Pretty Peg, surcaba elegantemente las aguas, parecía saltar de alegría en ellas y girar en el aire y voltear como un travieso caballo encabritado. ¿Cómo iban a matar a ese fabuloso animal? ¿Y por qué tenían interés en destrozar tal belleza? Lucas no se cansaba de observar la gracia y ligereza con que se mostraba la ballena pese a su imponente masa.
El resto de los hombres no le dedicó ni un vistazo. Los cazadores se dividieron en grupos y se reunieron en torno a sus respectivos barqueros. Cooper llamó con un gesto a Lucas. Al parecer pertenecía al grupo de hombres escogidos que capitaneaba su propia chalupa.
– ¡Ahora es el momento! -El capitán corría excitado por la cubierta, ordenando que prepararan los botes. La tripulación formaba un equipo compenetrado. Los hombres bajaron al agua los pequeños y estables botes de remos, en cada uno de los cuales ocuparon sus lugares seis remeros, además del barquero y el arponero, a veces también un timonel. A Lucas los arponeros se le antojaban diminutos en relación con el animal que querían matar. Pero Cooper se limitó a reír cuando hizo un comentario al respecto.
– ¡Es la cantidad lo que vale, joven! Claro, un sólo disparo es como una cosquilla para el animal. Pero seis lo dejan fuera de combate. Luego lo arrastramos junto al barco y le quitamos la grasa. Un trabajo duro pero lucrativo. Y el capitán no es tacaño. Si lo conseguimos, a todos nos caerá un par de dólares extras. ¡Así que ponle ganas!
El mar no estaba ese día demasiado bravío y los botes de remos no tardaron en acercarse a la ballena. Ésta no parecía tener la intención de escapar. Al contrario, se diría que encontraba divertido el bullicio de los botes que la rodeaban y dio un par de saltos más como si quisiera con ello deleitar a los hombres… hasta que se le clavó el primer arpón. Un arponero del bote uno hundió una lanza en la aleta del animal. Sorprendida y enojada, la ballena se puso a la defensiva y nadó directamente hacia el bote de Cooper.
– ¡Cuidado con la cola! Si la herimos de gravedad golpeará con ella alrededor. ¡No nos acerquemos demasiado, chicos!
Cooper daba instrucciones mientras apuntaba hacia el tórax de la ballena. Acertó en el segundo disparo, que situó mucho mejor que el primero. La ballena pareció perder fuerzas. Pero entonces cayó una auténtica lluvia de arpones sobre ella. Lucas contemplaba, con una mezcla de fascinación y espanto, cómo la ballena se rebelaba contra los ataques para huir de ellos mientras era, de hecho, capturada. Los arpones estaban atados con unas cuerdas, con las cuales el animal iba a ser arrastrado, al barco. Ahora la ballena estaba casi enloquecida de dolor y miedo. Tirando de sus ataduras, consiguió liberarse de uno de los arpones. Sangraba a causa de las docenas de heridas y el agua en torno a ella espumeaba teñida de rojo. Lucas sentía repugnancia por la escena y la violencia inmisericorde empleada contra el majestuoso animal. La lucha del coloso con sus rivales duró horas y los hombres agotaron sus fuerzas de tanto remar, disparar y tirar de las cuerdas para vencer su presa. Lucas no advirtió cómo se le formaban ampollas en sus manos y reventaban. No sintió ningún miedo cuando Cooper, dispuesto a distinguirse del resto, osó acercarse cada vez más al animal moribundo que coleaba a su alrededor. Lucas sólo sentía rechazo y compasión por esa criatura dispuesta a luchar hasta su último suspiro. Apenas si podía asimilar que estaba participando en esa lucha desigual, pero tampoco podía dejar en la estacada a la tripulación. Ahora estaba en ello y su vida dependía de que la ballena fuera abatida. Ya reflexionaría más tarde…