Cuerpo de Muerte
- Автор: Джордж Элизабет
- Язык: испанский
- Жанр: Другие детективы
Электронная книга - «Cuerpo de Muerte». Краткое содержание книги:
Ahora actuaba en el Albert Hall, dijo. Estaría en Londres sólo un par de semanas e impartiría una clase magistral en el Royal College of Music. Por pura casualidad vio el retrato robot -que él llamó la interpretación del artista- de su hermano en el periódico y también en las noticias de la televisión.
– Por favor, tiene que creerme -dijo Hiro Matsumoto- cuando le aseguro que Yukio no mató a esa mujer de la que hablan los periódicos. Él no pudo haber hecho eso.
– ¿Por qué? -preguntó Ardery-. Estaba en los alrededores (tenemos un testigo que le vio), y parece que estaba escapando de la escena del crimen.
Matsumoto parecía apenado.
– Tiene que haber una explicación. No importa qué más pudiera ser, no importa qué otras cosas haga, mi hermano Yukio no es un asesino.
Zaynab Bourne dijo a modo de explicación:
– El hermano pequeño del señor Matsumoto sufre de esquizofrenia paranoide, superintendente. Lamentablemente, se niega a tomar su medicación. Pero nunca ha tenido problemas con la Policía desde que llegó a Londres (si comprueba su historial verá que es verdad), y lleva, en general, una vida tranquila. Mi cliente -explicó, con un breve toque en el brazo de Hiro- le ha identificado para que la Policía pueda concentrar sus esfuerzos en otra parte, donde sean pertinentes.
– Es posible que ése sea el caso, me refiero a la esquizofrenia -dijo Ardery-, pero como fue visto huyendo de la zona donde se cometió el asesinato y como parece que se había quitado parte de la ropa y la llevaba apelotonada…
– Ha hecho mucho calor -la interrumpió la abogada.
– … tendrá que ser interrogado. De modo que si sabe dónde se encuentra su hermano, señor Matsumoto, es necesario que nos lo diga.
El violonchelista titubeó. Sacó un pañuelo del bolsillo y lo usó para limpiarse las gafas. Sin ese pequeño blindaje su rostro tenía un aspecto sorprendentemente joven. Lynley sabía que el músico rondaba los cincuenta años, pero podría haber pasado por un hombre quince más joven.
– Primero tengo que explicarles algo -dijo.
Parecía que lo último que Ardery quería era una explicación de nada, pero Lynley sentía curiosidad. Como oficial subalterno de Ardery no era quién para preguntar, pero aun así lo hizo:
– ¿Sí?
Hiro Matsumoto les contó que su hermano era un músico con talento y su hermana era flautista en Filadelfia. Sus padres apasionados por la música les procuraron instrumentos ya de pequeños. Esperaban que aprendiesen, que practicaran mucho y con empeño, que tocasen bien y que destacasen como músicos. Con este objetivo, los tres fueron a clase de música desde pequeños. Supuso un gran coste para sus padres y un sacrificio personal para cada uno de ellos.
– Obviamente -dijo- no existe una infancia normal cuando uno tiene esta clase de… enfoque. -Escogió la última palabra con cuidado-. Finalmente, yo fui a Julliard, Miyoshi estudió en París y Yukio vino a Londres. Al principio todo iba bien. No había nada que indicase que algo funcionara mal. Fue más tarde cuando apareció la enfermedad. Y debido a esto (porque ocurrió en medio de sus estudios), mi padre creyó que Yukio estaba fingiendo. Quizá porque era algo que le superaba y era incapaz de admitirlo. No era el caso, por supuesto. Mi hermano estaba gravemente enfermo. Pero en nuestra cultura y en nuestra familia… -Matsumoto había seguido limpiando los cristales de las gafas mientras hablaba, pero ahora hizo una pausa, se las puso y se las ajustó con cuidado sobre la nariz-. Nuestro padre no es un mal hombre, pero sus creencias son firmes y no pudimos convencerle de que Yukio necesitaba algo más que simplemente leerle la cartilla. Vino a Londres desde Kioto. Le hizo saber a Yukio cuáles eran sus deseos; le dio instrucciones y esperaba que él las siguiera. Puesto que sus instrucciones siempre habían sido obedecidas, mi padre pensó que ya había hecho suficiente. Y, al principio, pareció que así era. Yukio hizo un gran esfuerzo, pero la enfermedad… No se trata de algo que uno pueda hacer desaparecer sólo con desearlo.
Tuvo un colapso, abandonó el conservatorio y simplemente desapareció. Durante diez años estuvo perdido para nosotros. Cuando, finalmente, le encontramos quisimos ayudarle, pero no se le puede obligar. Sus miedos son demasiado grandes. Desconfía de los medicamentos. Tiene terror a los hospitales. Se las ingenia para vivir de su música, y mi hermana y yo hacemos todo lo que podemos para cuidar de él cuando venimos a Londres.
– ¿Y sabe dónde se encuentra su hermano ahora? ¿Dónde está exactamente?
Matsumoto miró a su abogada. Zaynab Bourne se hizo cargo de la conversación.
– Espero que el señor Matsumoto haya dejado perfectamente claro que su hermano está enfermo. Quiere tener la seguridad de que no se tomará ninguna medida que pueda asustarle. Él comprende que Yukio tendrá que ser interrogado, pero insiste en que el enfoque de la Policía debe ser prudente y que cualquier interrogatorio debe llevarse a cabo en mi presencia y con la asistencia de un profesional en salud mental. Mi cliente también insiste en la aceptación y la seguridad por parte de la Policía de que, como su hermano es una persona diagnosticada con una esquizofrenia paranoide no tratada, sus palabras (cualesquiera que pudieran ser una vez que sea interrogado) difícilmente puedan ser usadas en su contra.
Lynley miró a Ardery. Tenía las manos alrededor de su vodka con tónica y los dedos golpeaban levemente contra los costados fríos del vaso. Se había bebido casi todo el contenido durante la conversación y en ese momento acabó el resto.
– Acepto sus condiciones: tendremos cuidado; usted estará allí y también un especialista. El Papa, el ministro del Interior y el primer ministro estarán presentes si así lo desea. Tendrá todos los testigos que le apetezca, pero si él reconoce haber cometido el asesinato, será acusado del crimen.
– Él está gravemente enfermo -dijo la abogada.
– Y nosotros tenemos un sistema legal que será el que determine si es así.
Hubo un breve momento de silencio mientras el violonchelista y su abogada pensaban en ello. Ardery se echó hacia atrás en su silla. Lynley esperó a que ella les recordase que, ahora mismo, estaban protegiendo a alguien que podía ser testigo material de un crimen o, peor aún, el asesino. Pero ella no jugó esa carta y pareció como si supiera que no necesitaba hacerlo.
– Señor Matsumoto -dijo-, hay una realidad muy simple a la que debe hacer frente. Si no nos entrega a su hermano, alguien acabará por hacerlo.
Otro momento de silencio antes de que Matsumoto hablara. Tenía una expresión tan apenada que Lynley sintió una poderosa oleada de compasión hacia él, una sensación tan fuerte que se preguntó si realmente debía dedicarse al trabajo policial en aquella coyuntura de su vida. Todo consistía en llevar a la gente hacia un rincón. Ardery estaba completamente dispuesta a hacerlo, lo sabía, pero pensó que él quizá ya no tenía estómago para esas cosas.
– Mi hermano está en Covent Garden -dijo Matsumoto con voz queda-. Toca el violín allí, como artista callejero, por dinero.
Dejó caer la cabeza, como si admitirlo fuese de alguna manera una humillación. Quizá lo era. Ardery se levantó.
– Gracias -dijo-. No tengo intención de asustarle. -Luego añadió, dirigiéndose a la abogada-: Cuando le tengamos bajo custodia, la llamaré para decirle dónde está. No hablaremos con él hasta que usted esté allí. Puede ponerse en contacto con el experto en salud mental que necesite y traerle con usted.
– Yo querré verle -dijo Matsumoto.
– Por supuesto. También nos encargaremos de eso.
Ardery le saludó con una leve inclinación de cabeza y le indicó a Lynley que debían marcharse.
Lynley le dijo al músico:
– Ha hecho lo correcto, señor Matsumoto. Sé que no ha sido fácil para usted.