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Cuerpo de Muerte

Электронная книга - «Cuerpo de Muerte». Краткое содержание книги:

Thomas Lynley vuelve de su permiso tras la muerte de su mujer porque su equipo no se fía de la capacidad de la nueva jefe del departamento, la inspectora Isabelle Ardery, cuyo estilo a la hora de liderarlos parece molestar a todos y cada uno de los componentes del equipo. El conflicto empieza cuando se encuentra el cadáver de una mujer apuñalada en un aislado cementerio de Londres. Mientras que Lynley empieza sus pesquisas en la ciudad de Londres, sus anteriores colegas Barbara Havers y Winston Nkata siguen la pista hacia el sur de la ciudad. Allí descubrirán que las pistas se dirigen hacia el hermoso bosque llamado New Forest. Lo que no saben es que más de un oscuro secreto acecha en el bosque y que la investigación va a llevarlos a un final que es tan sorprendente como terrible.
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Se secó ligeramente con la toalla de mano, volvió a colgarla en su sitio y luego examinó más detenidamente el lavamos. Estaba fijado a la pared y su aspecto era bastante moderno. También era muy femenino, con flores y vides pintadas sobre la porcelana. Meredith deslizó la mano por la suave superficie y luego, pensando que si ella lo había percibido, también lo habría hecho Gina, pasó la mano por debajo. Sus dedos se toparon con algo extraño. Se agachó para poder ver mejor.

Allí, debajo del lavamanos, habían fijado algo utilizando Blue-Tack. Parecía tratarse de un pequeño paquete hecho con papel, doblado y pegado con cinta adhesiva. Lo despegó de debajo del lavamanos y lo llevó al escritorio. Quitó con mucho cuidado el Blue-Tack y la cinta adhesiva para su posterior uso.

Una vez desplegado, el papel resultó ser un trozo de la papelería barata de la habitación. Había sido modelado en forma de una bolsita y lo que contenía parecía ser un pequeño medallón. Meredith habría preferido encontrar un mensaje críptico o algo similar. Le habría gustado leer: «Le pedí a Gordon Jossie que matara a Jemima Hastings para que quedase libre para mí», aunque tampoco le hubiera parecido mal «Creo que Gordon Jossie es un asesino, aunque yo no tuve nada que ver con ello». Lo que tenía en la mano, en cambio, era un objeto redondo con aspecto de haber sido fabricado como parte de una clase de metalurgia. Era evidente que la intención era que fuese un círculo perfecto, pero no se había conseguido del todo. El metal en cuestión parecía ser de oro sucio, pero podría haber sido cualquier cosa que se pareciera o tuviera algo que ver con el oro, ya que Meredith suponía que no había muchas clases que permitiesen a sus alumnos experimentar con algo tan caro.

La idea de las clases la llevó inevitablemente a Winchester, de donde había venido Gina Dickens. Una exploración más detallada de este hallazgo quizá produjese algún fruto. Meredith no sabía si este objeto pertenecía realmente a Gina -y tampoco tenía la más remota idea de por qué Gina o cualquier otra persona lo había colocado debajo del lavamanos-, pero el paquete de Blue-Tack abierto en la mesilla de noche sugería que era de Gina. Y en la medida en que pudiese pertenecer a ella, Meredith no se encontraría en un callejón sin salida en su investigación.

Ahora la cuestión era si debía llevarse el pequeño medallón o tratar de recordar cuál era su aspecto para poder describirlo más tarde. Consideró la posibilidad de dibujarlo, e incluso fue hasta el escritorio, se sentó y sacó una hoja de papel del cajón para hacer un boceto. El problema era que su confección no era particularmente definida, y si bien parecía haber cierto estampado en relieve en el pequeño objeto, no podía distinguirlo muy bien. De modo que le pareció que no tenía más alternativa que entregarse a un pequeño acto de pillaje. Después de todo era por una buena causa.

* * *

Cuando Gordon Jossie regresó a su casa, encontró a Gina en el último lugar en que habría esperado verla: el prado oeste. Estaba en el extremo más alejado y podría no haberla visto en absoluto de no haber sido por el relincho de uno de los ponis, que hizo que dirigiera su atención hacia ellos. Alcanzó a divisar a lo lejos su pelo rubio contra el fondo verde oscuro del bosque. Al principio pensó que simplemente estaba caminando en el linde exterior del prado y detrás de la cerca, tal vez regresaba de dar un paseo entre los árboles. Pero cuando bajó de la camioneta con Tess pegada a sus talones y se dirigió hacia la cerca, vio que Gina en realidad se encontraba dentro del prado.

Sintió que se le erizaban los pelos de la nuca. Desde el principio, Gina había convertido su miedo a los ponis de New Forest en un tema recurrente. De modo que el hecho de encontrarla dentro del prado y entre los caballos despertó en él la cobra durmiente de la desconfianza.

Ella no se había percatado de su llegada. Caminaba lentamente junto a la línea que formaba la cerca de alambre de espino y parecía decidida a ignorar la presencia de los ponis, a la vez que estaba atenta ante los excrementos o cuidaba dónde pisaba, ya que tenía la vista fija en el suelo.

La llamó. Ella se sobresaltó, llevándose una mano al cuello de la camisa. En la otra mano parecía llevar un mapa.

Él vio que calzaba sus botas altas de goma. Este detalle le confirmó que, fuera lo que fuese que Gina estuviese haciendo, seguía preocupada por las serpientes. Por un momento pensó en explicarle que no era probable que hubiese serpientes en el prado, que el prado no era el brezal. Pero éste no era momento de explicaciones por su parte. Había una pregunta que ella debía responder: qué estaba haciendo en el prado y con ese mapa en la mano. Ella sonrió, agitó la mano a modo de saludo y dobló el mapa.

– Me has dado un buen susto -dijo Gina echándose a reír.

– ¿Qué estás haciendo? -No pudo evitarlo: su voz era afilada. Hizo un sostenido esfuerzo para suavizarla, pero no consiguió que su tono fuese normal-. Pensaba que tenías miedo de los ponis.

Ella desvió la mirada hacia los animales. Los ponis estaban cruzando el prado en dirección al abrevadero. Gordon les echó un vistazo mientras se aproximaba al cercado con Tess detrás de él. El nivel del agua estaba bajo y fue en busca de la manguera y la desenrolló hacia la hierba. Entró, le ordenó a la perra que se quedase donde estaba -algo que a Tess no le gustó nada, por lo que comenzó a pasearse arriba y abajo para demostrar su desagrado- y comenzó a llenar el abrevadero.

Mientras lo hacía, Gina continuó su camino, dirigiéndose hacia él, pero no lo hizo cruzando el prado directamente, como lo habría hecho cualquier otra persona. En lugar de eso, se acercó sin apartarse apenas de la cerca. No le contestó hasta que no llegó a la parte oriental del prado.

– Me has descubierto -dijo-. Quería que fuese una sorpresa.

Miró con cautela a los ponis. A medida que se acercaba a Gordon, también se acercaba a ellos.

– ¿Qué sorpresa? -preguntó él-. ¿Eso que llevas en la mano es un mapa? ¿Qué haces con un mapa? ¿Cómo puede ser un mapa parte de una sorpresa?

Ella se echó a reír.

– Por favor. De una en una.

– ¿Qué haces dentro del prado, Gina?

Ella le observó un momento antes de contestar. Luego dijo con cuidado:

– ¿Pasa algo? ¿No tendría que estar aquí?

– Dijiste que los ponis de New Forest… Dijiste que los caballos en general…

– Sé lo que dije acerca de los caballos. Pero eso no significa que no intente superarlo.

– ¿De qué estás hablando?

Gina llegó a su lado antes de volver a contestar. Se pasó la mano por el pelo. A pesar de su malestar, le agradó ver que hacía ese gesto. Le gustaba la manera en que el pelo volvía a acomodarse perfectamente en su sitio; no importaba cómo ella -o él- lo despeinase.

– De superar un miedo irracional -dijo ella-. Se llama «desensibilización». ¿Nunca has oído hablar de gente que consigue superar sus miedos exponiéndose a ellos?

– Tonterías. La gente no supera sus miedos.

Gina había estado sonriendo mientras hablaba, pero su sonrisa se desvaneció ante el tono de voz empleado por Gordon.

– Eso es ridículo, Gordon -dijo-. Por supuesto que sí, si quieren hacerlo. Esas personas se exponen gradualmente a sus miedos hasta que los superan. Como superar el miedo a las alturas exponiéndose de manera lenta y progresiva a lugares cada vez más altos. O superar el miedo a volar acostumbrándose primero a la manga que lleva hasta el avión, luego acercándose a la entrada del aparato…, y luego unos pasos dentro del aparato con las puertas abiertas y, finalmente, a los asientos. ¿Nunca has oído hablar de ello?

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