Choque de reyes [A Clash of Kings - es]
- Автор: Мартин Джордж Рэймонд Ричард
- Год: 2003
- Язык: испанский
- Год: Gigamesh
- ISBN: 84-932-7022-9
- Переводчик: Cristina Macia
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «Choque de reyes [A Clash of Kings - es]». Краткое содержание книги:
George R.R. Martin, con pulso firme y enérgico, nos deleita con un brillante despliegue de personajes, engranando una trama rica, densa y sorprendente. Nos vuelve testigos de luchas fraticidas, intrigas y traiciones palaciegas en una tierra maldita por la guerra, donde fuerzas ocultas se alzan de nuevo y acechan para reinar en las noches del largo invierno que se avecina.
El caballero azul se puso en pie, tambaleante, y alzó la daga en dirección a Renly Baratheon, el saludo de un campeón a su rey. Los escuderos corrieron a la liza para ayudar a ponerse en pie al caballero derrotado. Cuando le quitaron el casco, Catelyn se sobresaltó al ver lo joven que era. No podía llevarle más de dos años a Robb. El muchacho debía de ser tan atractivo como su hermana, pero con el labio roto, los ojos desenfocados y la sangre que le empapaba el pelo no había manera de asegurarlo.
—Acércate —indicó el rey Renly al campeón.
El caballero cojeó hacia la galería. Vista desde cerca, la brillante armadura azul no resultaba tan espléndida, estaba llena de abolladuras y mellada por los golpes de espadas, mazas y martillos; la coraza esmaltada y el yelmo no estaban mucho mejor, y tenía la capa hecha jirones. Por su manera de caminar, el hombre que había dentro de la armadura también estaba muy magullado. Unas cuantas voces lo aclamaron al grito de «¡Tarth!», y otro extraño saludo, «¡Bella! ¡Bella!», pero la mayor parte guardaba silencio. El caballero azul se arrodilló ante el rey.
—Alteza —dijo con la voz, desfigurada por el yelmo abollado.
—Sois tal como vuestro señor padre me dijo. —La voz de Renly recorrió todo el recinto—. He visto a Ser Loras descabalgado un par de veces… pero nunca de esa manera.
—No ha estado bien —se quejó un arquero borracho que llevaba la rosa de los Tyrell bordada en el justillo—. Ha sido un truco sucio, ha descabalgado al chico con malas mañas.
La multitud empezaba a despejarse.
—Ser Colen —preguntó Catelyn a su acompañante—, ¿quién es ese hombre, y por qué no gusta a la gente?
—Porque no es un hombre, mi señora. —Ser Colen frunció el ceño—. Es Brienne de Tarth, hija de Lord Selwyn el Lucero de la Tarde.
—¿Hija? —Catelyn se había quedado horrorizada.
—La llaman Brienne la Bella… pero no a la cara, o tendrían que defender esas palabras con las armas.
Oyó cómo el rey Renly declaraba a Lady Brienne de Tarth vencedora del gran combate cuerpo a cuerpo de Puenteamargo, la única que había quedado a caballo entre ciento dieciséis caballeros.
—Como campeona, podéis pedirme el favor que deseéis. Si está en mi mano, es vuestro.
—Alteza —respondió Brienne—, os pido el honor de ocupar un lugar en vuestra Guardia Arcoiris. Seré uno de vuestros siete, daré mi vida por vos, iré adonde vayáis, cabalgaré a vuestro lado y os mantendré a salvo de todo peligro y riesgo.
—Concedido —dijo él—. Levantaos y quitaos el yelmo.
Hizo lo que le ordenaban. Cuando le vio la cara, Catelyn comprendió las palabras de Ser Colen.
La llamaban la Bella… en tono burlón. El cabello que había ocultado el yelmo era un nido de paja sucia, y su rostro… Brienne tenía unos ojos grandes y muy azules, los ojos de una niña, confiados e inocentes, pero el resto de sus rasgos eran bastos y desproporcionados: tenía los dientes prominentes y desiguales, la boca demasiado ancha y los labios tan gruesos que parecían hinchados. Un millar de pecas le cubrían las mejillas y la frente, y le habían roto la nariz más de una vez. El corazón de Catelyn se llenó de compasión. «¿Hay en la tierra criatura tan desafortunada como una mujer fea?»
Y aun así, cuando Renly le quitó la capa desgarrada y le puso sobre los hombros otra con todos los colores del arco iris, Brienne de Tarth no parecía sentirse desafortunada. Una sonrisa le iluminaba todo el rostro.
—Mi vida os pertenece, Alteza —dijo con voz fuerte y orgullosa—. De ahora en adelante seré vuestro escudo, lo juro por los dioses, los antiguos y los nuevos.
Su expresión al mirar al rey (al mirarlo desde arriba, ya que era un palmo más alta, aunque Renly tenía casi la misma estatura que su difunto hermano) hizo que a Catelyn se le rompiera el corazón.
—¡Alteza! —Ser Colen de Lagosverdes desmontó y se aproximó a la galería—. Con vuestro permiso. —Hincó una rodilla en tierra—. Tengo el honor de traer ante vos a Lady Catelyn Stark, enviada por su hijo Robb, señor de Invernalia.
—Señor de Invernalia y Rey en el Norte, ser —lo corrigió Catelyn al tiempo que desmontaba y se acercaba a Ser Colen.
—¿Lady Catelyn? —El rey Renly pareció muy sorprendido—. Es un verdadero placer. —Se volvió hacia su joven reina—. Margaery, querida mía, te presento a Lady Catelyn Stark de Invernalia.
—Recibid nuestra más cálida bienvenida, Lady Stark —dijo la muchacha con suave cortesía—. Siento mucho vuestra pérdida.
—Sois muy amable —dijo Catelyn.
—Mi señora, os juro que me encargaré de que los Lannister respondan por el asesinato de vuestro esposo —declaró Renly—. Cuando tome Desembarco del Rey, os haré llegar la cabeza de Cersei.
«¿Y con eso recuperaré a Ned?», pensó.
—Me bastará con saber que se ha hecho justicia, mi señor.
—Alteza —la corrigió Brienne la Azul con tono brusco—. Y delante del rey deberíais arrodillaros.
—La distancia que hay entre «señor» y «alteza» es muy corta, mi señora —dijo Catelyn—. Lord Renly lleva una corona, igual que mi hijo. Si lo deseáis, podemos quedarnos aquí y discutir durante horas qué títulos y honores corresponden a cada uno, pero creo que deberíamos tratar asuntos mucho más apremiantes.
Algunos señores de Renly fruncieron el ceño, pero el rey se echó a reír.
—Bien dicho, mi señora. Ya habrá tiempo suficiente para títulos cuando terminen estas guerras. Decidme, ¿cuándo piensa vuestro hijo marchar contra Harrenhal?
—No ocupo ningún asiento en los consejos de guerra de mi hijo, mi señor. —Catelyn no pensaba revelar ni una palabra de los planes de Robb hasta que no supiera si aquel rey era amigo o enemigo.
—Mientras me deje a unos pocos Lannister para mí, no me voy a quejar. ¿Qué ha hecho con el Matarreyes?
—Jaime Lannister se encuentra prisionero en Aguasdulces.
—¿Todavía con vida? —Lord Mathis Rowan se mostró decepcionado.
—Parece que el lobo huargo es más gentil que el león —comentó Renly, divertido.
—Decir que alguien es más gentil que los Lannister es como decir que algo es más seco que el mar —murmuró Lady Oakheart con una sonrisa amarga.
—Para mí que es débil. —Lord Randyll Tarly tenía una barbita gris hirsuta y una amplia reputación por su brusquedad—. Sin ánimo de faltaros al respeto, Lady Stark, habría sido más apropiado que Lord Robb hubiera venido en persona para rendir pleitesía al rey, en vez de esconderse tras las faldas de su madre.
—El rey Robb está luchando en una guerra, mi señor —replicó Catelyn con cortesía gélida—. No disputando torneos lúdicos.
—Cuidado, Lord Randyll —advirtió Renly con una sonrisa—, creo que la señora es mucho rival para vos. —Llamó a un mayordomo que vestía la librea de Bastión de Tormentas—. Alojad a los acompañantes de la señora, encargaos de que cuenten con todas las comodidades. Lady Catelyn se instalará en mi pabellón. Lord Caswell ha tenido la amabilidad de cederme su castillo, de modo que yo no lo necesito. Mi señora, cuando hayáis descansado sería para mí un honor que compartierais con nosotros la carne y el aguamiel en el banquete que Lord Caswell nos ofrecerá esta noche. Un banquete de despedida. Mucho me temo que está deseando ver partir a mis hambrientas hordas.
—Eso no es verdad, Alteza —protestó un hombre flaco que debía de ser Caswell—. Todo lo mío os pertenece.
—Siempre que alguien le decía eso a mi hermano Robert, se lo tomaba al pie de la letra —comentó Renly—. ¿Tenéis hijas?