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Tiempos de gloria [Glory Season - es]

Электронная книга - «Tiempos de gloria [Glory Season - es]». Краткое содержание книги:

La joven Maia, una descastada nacida en verano, debe abandonar el clan de sus privilegiadas medio hermanas clones nacidas en invierno. Su difícil y peligroso viaje iniciático arranca en los muelles de Puerto Sanger y prosigue a bordo de uno de los barcos tripulados por los escasos hombres (menos de un veinte por ciento) que forman la población de Stratos, un mundo creado por y para las mujeres. Sólo el difícil y lejano éxito le permitirá ser la fundadora de un nuevo clan. Las manipulaciones genéticas de la Madre Fundadora Lysos han creado en Stratos un mundo nuevo y distinto, dominado por mujeres que se reproducen por clonación. Una nueva opción sociopolítica, tecnológica, ecológica y, sobre todo, en el ámbito de la relación entre ambos sexos. En la senda de la literatura que denuncia las relaciones entre los sexos o propone establecer nuevos vínculos, Tiempos de gloria se une a obras ya clasicas como La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. Le Guin.
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Las gachas la nutrían sin pretender tener buen gusto. No importaba. Ya había dominado sus pensamientos, y podía reflexionar sobre lo que podría hacer cuando el barco llegara a puerto.

Ursulaborg, perla de la costa de Méchant. Algunos antiguos clanes son tan grandes y poderosos que tienen pirámides de clanes inferiores a sus órdenes, y éstos a su vez tienen familias clientes propias, y así sucesivamente. Clones sirviendo a clones de las mismas mujeres que emplearon por primera vez a sus antepasadas, cientos de años atrás, y todo el mundo conoce su sitio desde el día en que nacen, y todos los potenciales conflictos de personalidad han sido resueltos hace años.

Maia recordó haber visto un vídeo cinemático (una comedia) cuando Leie y ella tenían tres años. Casualmente, la acción se desarrollaba en el magnífico palacio de Ursulaborg de uno de aquellos grandiosos multiclanes. La trama incluía el plan de una maligna forastera para sembrar discordia entre familias que se habían llevado bien durante generaciones. Al principio, la estratagema pareció funcionar. Estallaban recelos y peleas que se alimentaban mutuamente mientras las mujeres llegaban a conclusiones erróneas. La comunicación se cortó y la oleada de malentendidos, tanto incitados como humorísticamente accidentales, parecía destinada a causar una escisión irreparable. Entonces, en el momento culminante, el impulso se disolvía en un instante de revelación, y luego llegaba la reconciliación y por fin la risa.

Estábamos destinadas a ser compañeras —decía una anciana y sabia matriarca, como moraleja final—. Si nos encontráramos siendo vars, como lo hicieron nuestras primeras madres, nos convertiríamos rápidamente en amigas. Sin embargo, nos conocemos unas a otras mejor de lo que podrían hacerlo jamás las vars. ¿Es posible que las hermanas Blaine pudiéramos vivir sin las Chen? ¿O vosotras sin nosotras? Blaine, Chen, Hanley, y Wedjet… la nuestra es una gran familia, inmortal, como moldeada por la propia Lysos.

Fue un final cálido y lacrimógeno, e hizo que Maia se sintiera terriblemente contenta de tener a Leie en su vida… aunque su hermana hizo comentarios despectivos en voz baja, al final de la película, sobre su completa falta de lógica y la poca profundidad de los personajes.

A Leie le habría encantado ver Ursulaborg.

No había tierra a la vista. Sin embargo, miró más allá del bauprés, hacia el oeste, parpadeando contra el agua que ocultaba una salada amargura propia de las lágrimas.

Renna la encontró allí. El hombre la llamó desde el primer mástil.

—¡Ah, Maia, estás ahí!

Ella se secó rápidamente los ojos y se volvió para verlo subir a la zona protegida.

—¿Cómo te va? —preguntó él alegremente. Se sentó frente a ella y se inclinó hacia delante para estrecharle la mano.

—Lo he pasado peor —respondió ella, encogiéndose de hombros, un poco aturdida por su efusividad. Aquello taladraba la distancia protectora que había intentado construir entre ambos. Maia se aseguró de no retirar la mano de un tirón, pero lo hizo despacio. Él pareció no darse cuenta.

—¿No hace un día magnífico? —inhaló Renna, indicando la ancha extensión de mar soleado y cubierto de nubes que se extendía en derredor—. Me he levantado al amanecer, y por un momento me ha parecido ver un enjambre de grandes pontoos, allá al sur, entre las nubes. Alguien ha dicho que eran sólo flotadores—zoor comunes… De ésos he visto montones. Pero éstos parecían tan hermosos, tan graciosos y majestuosos, que me figuré…

—Los pontoos son muy escasos ahora.

—Eso me han dicho —suspiró—. ¿Sabes? Este planeta sería perfecto para volar. He visto pájaros y criaturas de gas de muchos tipos. ¿Pero por qué tan pocos aviones? Sé que los vuelos espaciales perturbarían vuestro pastoralismo estable, ¿pero qué daño os haría tener unos cuantos zep’lines y aviones más? ¿Sería malo dar a la gente la oportunidad de moverse con más libertad?

Maia se preguntó cómo un hombre podía ser tan charlatán, a horas tan tempranas del día. Se habría sentido más a gusto con Leie.

—Dicen que hace tiempo había muchos más zep’lines —contestó.

—También dicen que los hombres solían pilotarlos, como sucede con los barcos del mar, pero que fueron expulsados del cielo. ¿Sabes por qué?

Maia sacudió la cabeza.

—¿Por qué no se lo preguntas?

—Lo intenté. —Renna hizo una mueca. Contempló el océano—. Parece ser un tema peliagudo. Tal vez lo investigue cuando vuelva a la Biblioteca de Caria. —Se volvió hacia ella—. Escucha, creo que se me ha ocurrido algo. ¿Podrías corregirme si me equivoco?

Maia suspiró. Renna parecía decidido a anular su apatía cuidadosamente preparada a fuerza de entusiasmo abrumador.

—Está bien —dijo, con cautela.

—¡Magnífico! Primero, verifiquemos lo básico. —Alzó un dedo—. Los apareamientos en verano producen variantes normales, genéticamente diversas, o vars. Por cierto, ¿el término es despectivo? Lo he oído usar como insulto, en Caria.

—Yo soy una var —dijo Maia sin inflexiones—. No tiene sentido considerarse insultada por un hecho.

—Mm. Supongo que podríamos decir que yo también soy un var.

Por supuesto. Todos los niños son vars. Sólo que el nombre no se aferra a ellos como un parásito. Pero ella sabía que Renna no tenía mala intención, aunque tocaba torpemente asuntos que dolían.

—Muy bien, pues. Durante el otoño, el invierno y la primavera, las mujeres de Stratos tienen clones partenogenéticas. De hecho, a menudo no pueden concebir en verano hasta que ya han tenido un hijo de invierno.

—Hasta ahora vas bien.

—Veamos, incluso la clonación requiere la intervención de los hombres, como impregnadores, ya que el esperma induce la placenta…

—La palabra es potenciadores —corrigió Maia en voz baja.

—Sí, bueno. Muy bien, ésta es la parte con la que tengo problemas… —Renna hizo una pausa—. Cómo trató Lysos la atracción sexual. Verás, en la mayoría de los mundos homínidos el sexo es una distracción eterna. La gente lo practica desde la pubertad a la senilidad, gasta en él enormes cantidades de tiempo y dinero, y a veces actúa de forma increíblemente desagradable a causa de una obsesión innata que se lleva en los genes.

—Haces que parezca horrible.

—Mm. Tiene sus compensaciones. Pero en Stratos parece que se han hecho los arreglos necesarios para disminuir la cantidad de energía centrada en el sexo. Todo según los cánones de la ideología Herlandista.

—Continúa —dijo ella, interesada a su pesar. ¿De verdad que la gente de otros planetas piensa en el sexo más que yo? ¿Cómo consiguen hacer nada?

Renna prosiguió.

—Los hombres de Stratos son estimulados por pistas visuales en el cielo de verano, cuando las mujeres están menos excitadas. Hoy, por otra parte, he sido testigo de esa peculiar escarcha que tenéis en invierno…

—Gloria.

—Sí. Un producto natural de un proceso estratosférico bastante sorprendente que deseo estudiar. ¿Y estimula a las mujeres?

—Eso me han dicho. —Maia se acaloró—. Según la leyenda, Lysos quitó la Vieja Locura a los hombres y a las mujeres, y buscó algún sitio donde ponerla. El cielo parecía bastante seguro. Pero un verano apareció la Estrella Wengel. Robó algo de la locura y fabricó una bandera para agitarla y devolver a los hombres el antiguo celo, a través de sus ojos.

—¿Y durante el invierno cae en forma de gloria?

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