El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]
- Автор: Нивен Ларриё, Пурнель Джерри
- Год: 1983
- Язык: испанский
- Год: Acervo
- ISBN: 84-7002-349-7
- Переводчик: Jordi Fibla Feito
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]». Краткое содержание книги:
—Mejor ahí que en otros sitios —dijo Baker—. Sería peor en el Sur o el medio Oeste.
—Johnny —intervino Rick Delanty—, allá abajo habrá gente convencida de que todo esto ha sido un complot de los rusos.
—Sí, pero más en el Sur y el medio Oeste que en California. Y el Este ha desaparecido. ¿Qué nos queda? Además, ten en cuenta que todos nosotros somos héroes. Los últimos hombres del espacio. —Si trataba de convencerse a sí mismo, no resultaba.
Leonilla y Pieter intercambiaron miradas. Hablaron entre sí en voz baja.
—¿Podéis imaginar lo que haría la KGB si aterrizáramos en una cápsula espacial americana? —preguntó Leonilla—. ¿Son también los americanos así de estúpidos?
Rick Delanty rió entre dientes.
—No estamos exactamente en el mismo barco. Yo no me preocuparía por el FBI, sino por los honrados y patrióticos ciudadanos...
Leonilla frunció el ceño y no dijo nada.
—Bien —concluyó Rick—. ¿A qué viene tanta preocupación? Nosotros vamos a aterrizar en una nave espacial soviética con el símbolo de la hoz y el martillo y esas grandes letras CCCP...
—Es mejor que un símbolo marciano —dijo Johnny Baker.
Ninguno se rió. Rick tomó de nuevo la palabra.
—Diablos, si tuviéramos elección, no aterrizaríamos en el mundo. Cabría pensar que la gente estará dispuesta a ayudarse después de esto, pero yo lo dudo.
—Algunos sí estarán dispuestos.
—Claro. Mira, Johnny, la mitad de la gente ha muerto, y el resto estará luchando por lo que quede para comer. El mal tiempo arruina las cosechas, ya lo sabes. Muchos de los supervivientes no resistirán otro invierno.
Leonilla se estremeció. Había conocido gente que vivió a duras penas durante la época de hambre que siguió a la ascensión de Stalin al trono de los zares.
—Pero si queda algo de civilización ahí abajo —dijo Rick Delanty—, alguien a quien le interese lo que hemos hecho, será en California. Tenemos el material del cometa Hamner-Brown. La última misión espacial por...
—Por largo tiempo —concluyó Pieter.
—Sí, y tenemos que salvar el material recogido. Eso tendrá alguna importancia.
Pieter Jakov pareció aliviado, pues ya no habían más elecciones difíciles.
—Muy bien. ¿Hay centrales nucleares en California? Sí. Tal vez habrán resistido. La civilización se formará alrededor de la energía eléctrica. Ahí es donde deberemos ir.
Las comunicaciones del Mando Aéreo Estratégico están diseñadas para resistir, han sido pensadas para operar incluso después de un ataque atómico. No se tuvo en cuenta, al instalar los servicios de comunicaciones, la posibilidad de un desastre a escala planetaria, pero contienen tantos duplicados y sistemas paralelos que, incluso bajo el impacto del cometa, los mensajes pudieron emitirse.
El comandante Bennet Rosten escuchaba la charla que emitía el altavoz. La mayor parte de lo que decían no iba dirigido a él, pero escuchaba de todos modos. Si las comunicaciones se cortaban, el comandante Rosten disponía de sus propios misiles y, una vez agotados los plazos de tiempo reglamentarios, podría lanzarlos. Era mejor que supiera más de lo necesario que demasiado poco.
—Atención, atención, órdenes de emergencia de guerra. A todos los mandos del MAE. —La voz del general Bambridge se oía mal a través de las intensas interferencias. Rosten apenas podía entenderle—. El presidente ha muerto en un accidente de helicóptero. Repito, el presidente ha muerto en un accidente de helicóptero. No tenemos pruebas de un ataque enemigo contra Estados Unidos. No tenemos comunicación con la autoridad superior.
—Por los clavos de Cristo —musitó el capitán Luce—. ¿Qué hacemos ahora?
—Aquello para lo que nos pagan —dijo Rosten.
Las interferencias cubrieron la voz del locutor.
—...No tenemos informes de la oficina principal... Hay huracanes... repito... tornados.
—¡Jesús! —exclamó Luce. Pensó en su familia, en la superficie. En la base había refugios. Millie sería lo bastante sensata para dirigirse a ellos. ¿O no? Era la esposa de un miembro de las Fuerzas Aéreas, pero era joven, demasiado joven, y...
—...la condición sigue siendo roja, repito, la condición sigue siendo roja. Cierro.
—Abriremos las tarjetas de objetivos —dijo Rosten.
Harold Luce asintió.
—Supongo que eso es lo mejor, jefe.
Tal como se había entrenado para hacerlo, Luce anotó la hora en el registro. «Cumpliendo órdenes del comandante en jefe, las tarjetas de objetivos e interpretaciones han sido trasladadas a 1841 ZULÚ.» Luce usó sus llaves y luego giró el panel de comunicaciones. Sacó un montón de tarjetas de IBM y las dejó sobre la consola. Las tarjetas no tenían indicación alguna de lo que significaban, pero había un libro de claves y podían interpretarlas. En circunstancias normales, ni Luce ni Rosten sabían a dónde apuntaban sus misiles. Pero ahora, como era casi seguro que de ellos dependía exclusivamente el destino de los proyectiles, era mejor saberlo.
Pasó el tiempo. La voz sonó de nuevo:
—El Apolo informa de un lanzamiento de misiles soviéticos... Repito... Masivo... Quinientos misiles...
—¡Los bastardos! —gritó Rosten—. ¡Malditos hijos de perra rojos!
—Calma, jefe. —El capitán Luce manoseó las tarjetas y el libro de claves. Miró el tablero de controles. Los misiles estaban todavía cerrados. No podían lanzarlos si no recibían órdenes desde el avión especial en que viajaba el mando.
—Espejo, aquí Rebote. ¡Espejo, aquí Rebote. Tenemos mensajes del primer ministro soviético. Los soviéticos afirman que han respondido a un ataque chino a la Unión Soviética con un lanzamiento de misiles. Los soviéticos solicitan ayuda a Estados Unidos contra el ataque chino que no ha sido provocado.
«A todas las unidades. Aquí Mando Aéreo Estratégico. El Apolo informa que los misiles soviéticos se dirigen al Este. Repito... No... Por lo que sabemos...
—Atención, comandantes de escuadras, aquí Espejo. No se ha producido un ataque soviético contra Estados Unidos. Repito, ataque soviético sólo contra China, no contra Estados Unidos...
Los altavoces callaron. Luce y Rosten intercambiaron miradas. Luego miraron sus tarjetas de objetivos.
Cambiaron las luces de su tablero de control y un nuevo cronómetro digital empezó a contar los segundos.
Pasadas cuatro horas, serían los dueños de sus propios pájaros.
Un puñado de carbones ardientes desparramados por México y el Este de Estados Unidos: los impactos del Martillo en tierra. Columnas de aire supercaliente ascienden hacia la estratosfera, arrastrando millones de toneladas de polvo y tierra vaporizados. Los vientos se abaten contra la columna de aire ascendente y, al encontrarse, producen media docena de gigantescas espirales que giran en él sentido de las agujas del reloj. En las espirales se forman remolinos que salen despedidos, convertidos en huracanes.
Sobre México se forma un gigantesco huracán que se mueve hacia él Este, cruzando él Golfo, e incorpora energía calorífica del agua marina hirviente que cubre él lugar donde se produjo el impacto en el Golfo. El huracán se dirige al Norte, desde él mar a la tierra, originando tornados en su avance. Los vientos huracanados intensifican las inundaciones en él valle del Mississippi.
A medida que él aire húmedo caliente se alza por encima de los océanos, fríos vientos bajan del Ártico. A lo largo del valle de Ohio se forma un enorme frente. Nacen tornados, se liberan y desparraman. Cuando el frente pasa, se forma otro, y otro más detrás de él, liberando centenares de tornados que abaten su furia contra las ruinas de las ciudades. Los frentes se mueven hacia el Este. En el Atlántico se forman más, y sobre Europa, y a través de África.. Densas nubes cargadas de lluvia cubren la Tierra.