El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]
- Автор: Нивен Ларриё, Пурнель Джерри
- Год: 1983
- Язык: испанский
- Год: Acervo
- ISBN: 84-7002-349-7
- Переводчик: Jordi Fibla Feito
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]». Краткое содержание книги:
Cuatro pequeños cráteres brillantes estaban repartidos en Sudán, y tres en Europa. Cerca de Moscú había uno mucho mayor, y todavía retornaba al espacio su luz blanco anaranjada.
Johnny Baker suspiró y apartándose de la ventanilla. Se aclaró la garganta y dijo:
—Bien, tenemos cosas que discutir.
Los demás le miraron como si hubiera interrumpido un panegírico. Johnny prosiguió tenazmente.
—No podemos utilizar el Apolo. Ese gran impacto en el Pacífico se ha producido precisamente en el lugar donde estaba nuestra flota de recuperación. El Apolo está construido para amerizar, y el mar... todos los océanos... diablos...
—Tenéis que pedir que os llevemos a casa —dijo Pieter Jakov, moviendo la cabeza—. Sí, disponemos de espacio. Aceptad nuestra hospitalidad.
—No tenemos casa —dijo Leonilla Malik—. ¿Adonde iremos?
—Moscú no es toda la Unión Soviética —le reconvino amablemente Pieter.
—¿No lo es?
Rick no aportaba ayuda alguna. Estaba como pegado a la ventanilla, y Johnny sólo le veía la espalda.
—Glaciares —dijo Johnny. Hizo una pausa: sí, los otros le atendían—. Ha habido un impacto sobre Rusia, en el... ¿Cómo se llama?
—El mar de Kara. No lo hemos visto. Debe haber sido muy al norte. Sólo lo hemos inferido por la forma en que se extendían las nubes.
—Sí, las nubes se han extendido de tal modo que ha debido ser un impacto en el océano, y seguirán bajando por Rusia hasta que se cierre el cráter en el fondo marino. Verterán millones de toneladas de nieve en todo el continente. Nubes y nieve blancas. La luz del sol será reflejada al espacio durante los dos próximos siglos. Yo... —Johnny hizo una mueca—. Bien sabe Dios que lamento estropearos el día, pero esos glaciares van a deslizarse directamente hacia China. Creo que deberíamos dirigirnos a algún lugar cálido.
Pieter Jakov le miró con expresión fría.
—¿A Texas quizás?
El rostro de Rick se contrajo.
—Muchísimas gracias —dijo Johnny.
—Mi familia estaba en Moscú. Han muerto por el fuego y la conflagración. Vuestras familias mueren a causa del agua. Ya veis que puedo saber como os sentís. Pero la Unión Soviética ha sobrevivido a otros desastres, y los glaciares se mueven lentamente.
—La revolución se mueve con rapidez —dijo Leonilla.
—¿Qué?
Leonilla habló precipitadamente en ruso. Pieter le respondía del mismo modo.
Johnny se dirigió a Rick en voz baja.
—Dejémosles hablar. Qué diablos, la nave es suya. Oye, Rick, es posible que hayan podido enviar un helicóptero a tiempo. ¿Rick?
Rick no le escuchaba. Finalmente Johnny miró hacia el mismo lugar que Rick miraba, hacia la oscura masa de Asia...
En aquel momento Leonilla empezó a hablar en inglés. Lo hizo de un modo vivo, casi alegre.
—Los glaciares se mueven lentamente, pero las revoluciones lo hacen con rapidez. La mayoría de los miembros del Partido, y todos los del gobierno, fueron grandes rusos, como yo, como Pieter. Bien, una enorme extensión de la Gran Rusia ha sucumbido bajo el impacto. ¿Qué ocurrirá ahora cuando los ucranianos, los georgianos, todos los pueblos sometidos, se den cuenta de que Moscú ya no dirige sus vidas? He tratado de convencer al camarada general Jakov... ¿Qué estáis mirando?
Rick Delanty se volvió hacia ella, y Leonilla se estremeció. Las expresiones faciales difieren entre razas y culturas, pero la de Rick era sin duda alguna de odio asesino. Un instante después Rick se movió, pero sólo para hacerle sitio a Leonilla ante la ventanilla.
Había docenas de diminutos centelleos sobre la negra nube producida por la caída del cometa. Avanzaban, seguidos por otros. Todo un campo de breves destellos, como luciérnagas en formación...
Leonilla soltó la manilla a la que se sujetaba y se deslizó flotando hasta el otro lado del laboratorio, seguida por la mirada de odio de Rick. Pieter observó aquella mirada y se preparó, sujetándose fuertemente a la manilla y cerrando el puño de la otra mano, dispuesto a defender a la mujer de una amenaza que no comprendía.
Johnny Baker se lanzó hacia el panel de comunicaciones. Su cuerpo ingrávido trazó un limpio arco en el espacio de la nave. Giró los mandos de frecuencia con una rapidez cuidadosamente controlado, oprimió unos botones y habló.
—ATENCIÓN ESPEJO, AQUÍ PÁJARO BLANCO. ESPEJO, AQUÍ PÁJARO BLANCO. LA UNIÓN SOVIÉTICA HA LANZADO UNA FUERZA MASIVA DE PROYECTILES BALÍSTICOS INTERCONTINENTALES. REPITO, SE ESTÁN ELEVANDO COHETES SOVIÉTICOS. OBSERVACIÓN CONFIRMADA. ¡Maldita sea, los bastardos están lanzando todo lo que tienen! ¡Quinientos pájaros, tal vez más!
Pieter Jakov alcanzó la consola. Tiró frenéticamente de los interruptores de circuito. Las luces indicadoras del panel se extinguieron. Baker y Jakov quedaron frente a frente.
—¡Delanty!
—Señor.
Rick se lanzó hacia Jakov. Mientras su cuerpo avanzaba por la cápsula, Leonilla gritó algo en ruso. Rick cogió a Jakov, pero el ruso se había quedado pasivo. Su rostro era una máscara de odio, como la de Rick.
—Envíales tu aviso —dijo Jakov—. No les dirás nada que ya no sepan.
—¿Qué diablos quieres decir? —gritó Rick Delanty.
—Mira —dijo Pieter.
Leonilla habló en un tono extrañamente apagado.
—Hay otro resplandor encima de Moscú. Es nuevo.
—¿Eh?
La mirada de Johnny Baker se desvió del general ruso a la mujer, y finalmente la dirigió a la ventanilla. Ya lo sabía. Sabía lo que iba a ver, y no se equivocó. En el borde del resplandor rojo anaranjado donde estaba emplazado Moscú, un pequeño hongo florecía con vivos colores rojo, violeta y blanco.
—Ha sido un impacto tardío —dijo Johnny Baker. Pero sabía que no era cierto, pues hacía dos horas que el Hamner-Brown había pasado. Con la mirada buscaba las demás explosiones. Descubrió dos pequeñas nubes en forma de hongo y un sol diminuto que iba creciendo—. Dios mío, el mundo entero se ha vuelto loco.
—Eso es dorar la píldora —dijo Rick Delanty—. No ha sido suficiente que chocara un cometa. Algún hijo de perra ha tenido que apretar el botón. Qué asco.
Los cuatro astronautas contemplaron la escena que se desarrollaba abajo: las luciérnagas ascendentes de los cohetes soviéticos y los súbitos resplandores blanco azulados desparramados por lo que había sido la Rusia europea. Si el choque del cometa había respetado alguna industria, ahora todo habría desaparecido definitivamente...
Johnny Baker pensó en aquella locura, preguntándose inútilmente por qué.
—No creo que nos reciban bien ahí abajo —dijo Rick Delanty, con voz extrañamente calmada, y Johnny se preguntó si Rick se habría vuelto también loco. No podía mirar a Leonilla.
Finalmente Rick soltó una especie de gruñido, un simple ruido sin significado que no iba dirigido a nadie. Luego se volvió, apartándose de los demás, y permaneció en un extremo de la nave. Jakov estaba en el otro extremo, cerca de la esclusa de aire del Soyuz, y Johnny Baker tuvo la idea insensata de que el ruso iba a sacar un arma oculta. «Eso es lo que necesitamos, pensó. Una lucha armada en órbita.» ¿Por qué no? La locura y la venganza eran viejas tradiciones del lugar de donde Jakov procedía.
—Así son las cosas —dijo Johnny pausadamente—. Hubiera estado bien que permaneciéramos juntos, ya que somos los últimos astronautas. Pero supongo que no podrá ser. ¿Rick?
Rick se había acercado a la esclusa de aire del Apolo y maldecía quedamente, pero lo bastante alto para que pudieran oírle.