Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Фэнтези » La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)
La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3) - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)

Электронная книга - «La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)». Краткое содержание книги:

Tras derrotar a Rahl el Oscuro, Richard se dispone a disfrutar de la máxima recompensa a la que podría aspirar, el amor de Calan. Pero, inadvertidamente, el joven rasgó el velo que separa el mundo de los vivos del de los muertos y ahora debe enfrentarse al mal supremo, al temible Custodio del inframundo, que intenta escapar.

Para vencerlo, Richard debe aprender a dominar sus incipientes talentos arcanos, pues de otro modo morirá. A no ser que Richard aprenda a controlar sus poderes, nadie, ni siquiera su amada Calan, la poderosa pero benevolente Madre Confesora, podrá salvar al mundo. El único modo de lograrlo es ponerse en manos de las misteriosas Hermanas de la Verdad, que afirman ser su única esperanza.
1 ... 84 85 86 87 88 89 90 91 92 ... 293
Перейти на страницу:

Los ojos de la hermana Verna adoptaron una mirada vaga y distante.

— Lo reconocerás —susurró—. Es como ver la luz que irradia del Creador. Es casi como fundirse con Él.

Richard observó la mirada vidriosa de la mujer. Parecía embelesada por lo que veía dentro de ella misma.

— ¿Y cómo lo encuentro? —preguntó, al fin.

— Tienes que buscarlo dentro de ti mismo —contestó la Hermana, posando de nuevo los ojos en él.

— ¿Cómo?

— Tienes que sentarte y simplemente buscar. Deja de lado cualquier otro pensamiento y busca la quietud, la calma en el interior de tu ser. Al principio resulta de ayuda cerrar los ojos, respirar lenta y acompasadamente y buscar la paz de la nada. Concéntrate en una sola cosa para poder excluir todos los pensamientos que pudieran distraerte.

— ¿Una sola cosa? ¿Como qué?

La Hermana se encogió de hombros.

— Lo que quieras. No es más que una estrategia para conseguir un fin, no el fin en sí mismo. No hay dos personas iguales. Algunas se sirven de una palabra que repiten sin cesar, dejando de lado todo lo demás. Otras se imaginan un objeto y así se concentran. Después, cuando ya hayas aprendido a reconocer el poder, a tocarlo y a fundirte con él, no necesitarás concentrarte de este modo. Conocerás la naturaleza de tu han y podrás acceder a él directamente. Será como tu segunda naturaleza. Sé que ahora suena extraño y complicado, Richard, pero con el tiempo te será tan fácil como ahora lo es conjurar la magia de tu espada.

Richard tenía la incómoda sensación de que todo eso lo sabía ya. Casi entendía lo que estaba diciendo la Hermana. Las palabras sonaban extrañas, pero describían algo que le resultaba familiar y distinto al mismo tiempo.

— Así pues, ¿quieres que me siente, cierre los ojos y busque mi paz interior?

— Eso es. —La hermana Verna se arrebujó en su pesada capa marrón—. Puedes empezar.

— Muy bien —repuso Richard, con un suspiro.

Al cerrar los ojos fue como si sus pensamientos se dispersaran en todas direcciones. Trató de ahuyentarlos e imaginarse una palabra o una imagen en la que concentrarse. Lo primero que se le ocurrió fue el nombre de Kahlan. Richard dejó que fluyera por su mente como un líquido. Pero enseguida rechazó la idea, pues odiaba su magia y no quería asociar a Kahlan con nada que odiase. Además, recordarla sólo le causaba dolor, el dolor de amarla lo suficiente para darle lo que quería, para alejarse de ella.

Entonces trató de pensar en palabras u objetos sencillos, pero ninguno le interesaba bastante. Richard calmó su mente y relajó la respiración, mientras buscaba su paz interior, un centro de calma tal como había hecho siempre que buscaba la solución a un problema. En la quietud trató de pensar en una imagen que le sirviera. Dicha imagen brotó en su mente de modo casi espontáneo.

La Espada de la Verdad.

Como se trataba de una espada mágica, no la contaminaría. Era una imagen simple y cumplía las condiciones necesarias. Sí, estaba decidido: sería la Espada de la Verdad.

Richard se la imaginó flotando en un fondo negro y visualizó los detalles que tan bien conocía: la hoja pulida con la caña en el centro, las agresivas guarniciones con caída hacia atrás, la empuñadura cubierta por un delgado hilo de plata entrelazado con otro hilo de oro que formaban las letras en relieve de la palabra «Verdad».

Mientras se la imaginaba e intentaba fijarla en su mente flotando sobre un fondo negro, algo se le resistió. No era la espada, sino el fondo. Alrededor del borde negro aparecía el color blanco, que convertía el negro en un cuadrado. Richard recordaba haberlo visto antes.

Era una de las instrucciones del Libro de las Sombras Contadas, el libro que se había aprendido de memoria cuando apenas era un adolescente. Deja la mente en blanco e imagínate el color blanco con un cuadrado negro en el centro. Era un extracto de las instrucciones para levantar las tapas de las cajas del Destino y usar la magia del libro. Richard había usado esa magia para enseñar a Rahl el Oscuro cómo quitar la tapa de una caja y así demostrarle que realmente conocía el contenido del libro. Pero ¿por qué lo recordaba justo ahora? Seguramente no era más que un recuerdo enterrado que afloraba a su consciencia.

Pero era un fondo tan bueno como cualquier otro para imaginarse la espada. Después de todo, estaba tratando de usar magia. Si su mente quería usarlo, adelante; él no lo impediría. Al pensarlo, la imagen de la espada y del fondo con un cuadrado negro rodeado de un borde blanco se solidificó y se quedó quieta.

Richard se concentró con todas sus fuerzas en la imagen mental de la espada sobre el fondo del cuadrado negro con borde blanco. Algo empezó a ocurrir.

La espada, el cuadrado negro y el borde blanco empezaron a titilar, como si los viera a través de ondas de calor. La espada perdía poco a poco su forma sólida, se hacía transparente y, de pronto, desapareció. El fondo también se disolvió. De pronto contemplaba un lugar que conocía.

Era el Jardín de la Vida en el Palacio del Pueblo.

A Richard le extrañó y le irritó no ser capaz de mantener la concentración lo suficiente para conservar en su mente la imagen de la espada. Seguramente, el recuerdo del lugar en el que matara a Rahl el Oscuro era tan poderoso que se había abierto paso por sí solo en su mente cuando estaba relajado.

Iba a tratar de recuperar la imagen de la espada cuando olió algo. Carne quemada. El hedor le explotó en la nariz y a punto estuvo de hacerle vomitar. Sentía el estómago revuelto.

Richard rastreó la imagen del Jardín de la Vida. Era como mirar a través de la luna sucia de una ventana. Había cuerpos tendidos sobre los bajos muros, caídos, ocultos parcialmente, entre los matorrales y despatarrados sobre el césped. Todos ellos habían sufrido espantosas quemaduras. Algunos empuñaban armas, espadas o hachas de guerra en puños carbonizados. Otros yacían con las manos abiertas, y sus armas permanecían donde habían ido a parar cuando sus poseedores cayeron muertos. El pecho de Richard se llenó de un temor que le impedía respirar.

Entonces vio la espalda de una resplandeciente figura blanca de pie delante del altar de piedra, frente a las tres cajas del Destino. Una de las cajas estaba abierta, tal como Richard recordaba. La figura blanca de pelo largo y rubio alzó la cabeza.

Rahl el Oscuro dio media vuelta y miró directamente a Richard a los ojos. Sus ojos azules relucían, y sus labios esbozaron despacio una sonrisa. Richard se sintió irremediablemente atraído hacia él, cada vez más cerca de esa cara que le sonreía.

Rahl el Oscuro se llevó una mano a la boca y se lamió las yemas de los dedos.

— Richard —siseó—, te estoy esperando. Ven a mirar cómo rasgo el velo.

Sin aliento, Richard desterró la imagen de la espada a lo más profundo de su mente como quien cierra una puerta de golpe. La mantuvo inmóvil allí, renunciando al fondo, mientras trataba de respirar.

«No es más que un pensamiento enterrado y mi miedo lo que me hace ver esa imagen», se dijo. Richard se concentró en la espada mientras decidía que eso no había sido real, sino una manifestación de la profunda pena que sentía por Kahlan, además de la falta de sueño.

Sí, era eso. No podía haber sido real. Era imposible. Tendría que estar loco para creer que era real.

Al abrir los ojos, se encontró con que la hermana Verna estaba sentada tranquilamente, observándolo. La mujer lanzó un fuerte suspiro, que el joven tomó por una expresión de decepción.

— Lo siento. No ha pasado nada —se disculpó.

— No te desanimes, Richard. No esperaba que pasara nada. Cuesta mucho aprender a tocar el han. Sucederá cuando tenga que suceder; es imposible precipitar las cosas. Y tampoco es bueno forzarlas. Lo encontrarás cuando halles tu paz interior. Por hoy es suficiente.

— ¿Unos pocos minutos son suficientes? ¿No quieres que vuelva a intentarlo?

1 ... 84 85 86 87 88 89 90 91 92 ... 293
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)