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La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)

Электронная книга - «La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)». Краткое содержание книги:

Tras derrotar a Rahl el Oscuro, Richard se dispone a disfrutar de la máxima recompensa a la que podría aspirar, el amor de Calan. Pero, inadvertidamente, el joven rasgó el velo que separa el mundo de los vivos del de los muertos y ahora debe enfrentarse al mal supremo, al temible Custodio del inframundo, que intenta escapar.

Para vencerlo, Richard debe aprender a dominar sus incipientes talentos arcanos, pues de otro modo morirá. A no ser que Richard aprenda a controlar sus poderes, nadie, ni siquiera su amada Calan, la poderosa pero benevolente Madre Confesora, podrá salvar al mundo. El único modo de lograrlo es ponerse en manos de las misteriosas Hermanas de la Verdad, que afirman ser su única esperanza.
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— ¿Qué debo hacer?

— Debes aprenderlo todo sobre el don. Tendrás que aprender cómo mantener un equilibrio en todas las cosas, muy especialmente con la magia. Tendrás que escuchar todas nuestras advertencias y hacer lo que te digamos. El uso de la magia es peligroso. Supongo que ya lo habrás comprobado al emplear la Espada de la Verdad, ¿no? —En vista de que Richard no decía nada, prosiguió—: Usar el don entraña un peligro mayor, pues puede tener resultados inesperados. Resultados que pueden llegar a ser desastrosos.

— Ya he usado el don. Tú misma dijiste que lo usé de tres modos concretos.

— Y mira qué ha pasado. Tuvo resultados inesperados: que acabaras con un collar alrededor del cuello.

Sorprendido, Richard la miró fijamente.

— Eso no es el resultado de usar el don. Tú misma dijiste que me estabais buscando. Si no hubiera usado el don, el resultado habría sido el mismo.

La hermana Verna sacudió lentamente la cabeza, con los ojos prendidos en los de Richard.

— Hacía años que te buscábamos, pero algo te ocultaba de nosotras. Si no hubieras usado el don como lo hiciste, dudo de que hubiéramos podido localizarte. Ahora llevas ese collar porque usaste el don.

Años. Llevaban años buscándolo. Todo el tiempo que había vivido apaciblemente en la Tierra Occidental, primero con su padre, su hermano y Zedd, y luego solo como guía del bosque, ellas trataban de encontrarlo sin que él lo sospechara. La idea le daba escalofríos. Él mismo había atraído el infortunio al usar la magia. ¡Cómo odiaba la magia!

— Aunque convengo que para mí ha sido desastroso, ¿por qué para vosotras? Es lo que queríais.

— Debíamos hacerlo. Pero tú me has amenazado a mí y a cualquiera que mantenga ese collar alrededor de tu cuello, es decir, a todas las Hermanas de la Luz. No tengo por costumbre tomarme a la ligera las amenazas de un mago, aunque sea un mago en ciernes, como tú. El uso que hiciste del don, aunque nos permitió encontrarte, podría haber causado un desastre.

Richard no sintió satisfacción alguna por el hecho de que sus amenazas no hubieran caído en saco roto. No sentía nada de nada.

— ¿Y por qué estáis haciendo esto? —susurró—. ¿Por qué me obligáis a llevar un collar?

— Para ayudarte. De otro modo habrías muerto.

— Ya me habéis ayudado. Los dolores de cabeza han desaparecido, y os doy las gracias por ello. ¿Puedo marcharme?

— Si te quitáramos el collar demasiado pronto, antes de que aprendieras a controlar el don, los dolores pronto regresarían, y morirías.

— Entonces enséñame a librarme de él.

— Debemos ser muy precavidas al enseñar magia. Debes tener paciencia en tus estudios. Nosotras somos precavidas porque conocemos mejor que tú los peligros de la magia y queremos evitar que te ocurra algo malo por ignorancia. Pero por ahora eso no es problema, pues llevará su tiempo antes de que avances lo suficiente para usar realmente el don y corras ciertos riesgos, siempre y cuando sigas nuestras indicaciones. ¿Tendrás paciencia?

— No albergo deseo alguno de usar la magia; supongo que eso podría interpretarse como que tengo paciencia.

— De momento, basta. Vamos a empezar. —La Hermana se sentó más cómodamente—. En el interior de todos nosotros hay una fuerza, la fuerza de la vida, a la que denominamos han. —Richard frunció el entrecejo—. Levanta el brazo. —El joven obedeció—. Ésta es la fuerza de la vida, que nos ha sido otorgada por el Creador. La llevas en tu interior; acabas de usar tu han. Las personas que poseen el don son capaces de proyectar esa fuerza fuera de sí mismos. Esa fuerza externa se denomina red. Los poseedores del don, como tú, tienen la capacidad de tejer una red. Con la red pueden hacerse cosas fuera del cuerpo, del mismo modo que la fuerza vital puede hacerlas dentro del cuerpo.

— ¿Cómo es eso posible?

La hermana Verna cogió un guijarro entre los dedos.

— Mira, mi mente está usando han para que mi mano levante la piedra. La mano no hace la acción motu propio, sino que es mi fuerza vital, dirigida por la mente, la que ejecuta las órdenes. —La Hermana soltó el guijarro y cruzó las manos en su regazo. La piedra se quedó flotando en el aire entre ellos—. Acabo de hacer lo mismo, pero esta vez lo he hecho proyectando la fuerza vital fuera del cuerpo. Eso es el don.

— ¿Puedes hacer lo mismo que un mago?

— No, sólo algunas cosas. Así es como podemos enseñar a usar el don, porque comprendemos cómo se siente. Las Hermanas poseen un cierto control sobre la fuerza vital y el don, aunque no es nada comparado con el control del han que tiene un mago.

— ¿Cómo proyectas la fuerza vital fuera del cuerpo?

— No podré explicártelo hasta que aprendas a reconocer la fuerza dentro de ti mismo, hasta que aprendas a tocar tu han.

— ¿Por qué?

— Porque cada persona es distinta. Cada persona usa el han de modo distinto. No hay dos personas iguales en eso. El amor es una forma de han que se proyecta fuera de uno mismo hacia otro. No obstante, es una forma muy débil y moderada. Aunque el amor es algo universal, todos lo usamos y lo sentimos de modo muy distinto. Algunos lo usan para sacar fuera lo mejor de sí mismos, mientras que otros lo emplean para controlar y dominar a los demás. Puede curar o herir.

»Una vez que comprendas cómo funciona el don dentro de ti, cómo lo usas, podremos enseñarte mediante ejercicios. Esos ejercicios te ayudarán a aprender a controlar el poder una vez que salga de tu cuerpo. Pero, por ahora, eso es irrelevante. Primero tienes que aprender a sentir el han dentro de ti antes de poder proyectarlo fuera de tu cuerpo.

»Cuando ya seas capaz de tocar el han, tendremos que descubrir qué puedes hacer con él. Cada mago es distinto y usa su han de un modo diferente. Algunos sólo pueden usarlo a través de la mente, como los magos que se dedican a estudiar las profecías. En ellos, el don se manifiesta permitiéndoles utilizar el han para comprender las profecías. Es su talento único y especial. Otros usan su han para crear objetos bellos que sirven de inspiración; así es como expresan su han. Otros pueden emplear sus pensamientos para influir en el mundo que los rodea, como acabo de hacer yo con el guijarro. Otros hacen otras cosas con su han, y unos cuantos son capaces de hacer un poco de todo.

»En esto la verdad es esencial, Richard —prosiguió con gesto grave—. Es preciso que seas totalmente sincero cuando nos digas cómo sientes el han en tu interior, pues si mientes pueden surgir graves dificultades. Pero, para descubrir qué tipo de mago eres —añadió, ya más relajada—, primero debes aprender a llamar a tu han.

— Ya te lo he dicho: no quiero ser mago. Sólo quiero aprender a controlar el don para poner fin a los dolores de cabeza y librarme del collar. Dijiste que no tenía que ser un mago para eso.

— Ser mago significa ser capaz de controlar el han con el don. Ésa es la esencia de un mago. Pero «mago» no es más que una palabra. No deberías temer a una palabra. Si decides no usar el don, es cosa tuya, no podemos obligarte, pero no te librarás de ser mago.

— Enséñame lo que debo saber, pero no pienso ser mago.

— Ser mago no tiene nada de malo, Richard. Consiste sólo en conocerte a ti mismo, tus capacidades y tus talentos.

— Perfecto —repuso Richard, lanzando un suspiro—. Así pues, ¿cómo hago para controlarlo?

— Enseñar a controlar el don es un proceso que debe hacerse paso a paso. No te lo puedo explicar de golpe, porque serías incapaz de asimilarlo. Hasta que no domines un paso no puedes pasar al siguiente.

»Antes de que podamos enseñarte a proyectar el han fuera de ti, primero debes reconocerlo y luego ser capaz de tocarlo, fundirte con él dentro de ti. Tienes que saber qué es y ser capaz de sentirlo. Debes aprender a llegar a él y a tocarlo siempre que quieras. ¿Entiendes lo que te estoy diciendo?

— Sí, más o menos. Pero ¿qué es? ¿Cómo lo reconoceré? ¿Qué se siente al reconocerlo y tocarlo?

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