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Электронная книга - «Domada por Amor». Краткое содержание книги:

Los solteros más codiciados y aventureros de Londres se han unido para formar el Bastion Club, una sociedad de élite para caballeros dedicada a determinar el futuro de sus miembros en lo referente al matrimonio.
Los hombres del Bastion Club han demostrado su valor luchando secretamente por su país. Ahora su líder se enfrenta a la más peligrosa de todas las misiones: encontrar una novia.
Actuando como el misterioso líder del Bastion Club conocido como «Dalziel», Royce Henry Varisey, X duque de Wolverstone, ha servido a su país durante décadas, enfrentándose a innombrables peligros. Pero como poseedor de uno de los títulos de nobleza más augustos de Inglaterra, ahora debe cumplir con la labor más crucial de todas: el matrimonio.
No obstante, las jóvenes y las grandes damas que podrían ser apropiadas son predeciblemente aburridas. Mucho más tentadora resulta la terca y distante ama de llaves de su castillo, Minerva Chesterton. Bajo su sereno exterior se esconde una mujer de ardiente sensualidad, que colmaría sus días de comodidades y sus noches de puro placer. Decidido a reclamarla, se embarca en una seducción para demostrar su maestría sobre cada centímetro de su cuerpo… y cada fibra de su corazón.
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Casi lo había llamado Dalziel, lo que significaba que aquel hombre estaba relacionado con Whitehall. Minerva le extendió una mano.

– Yo soy la señorita Chesterton. Soy el ama de llaves.

Él le cogió la mano, inclinándose.

– Encantado, querida. Debo admitir que no tengo ni idea de si nos quedaremos o… -Y ahora miró hacia la parte alta de las escaleras. -Oh, aquí vienen.

Ambos se giraron hacia las tres damas que precedían a Retford bajando las escaleras. Minerva reconoció a Letitia y sonrió. A su lado, Jack Warnefleet murmuró:

– Por el gesto que traen, sospecho que nos vamos a quedar.

No tuvo oportunidad de esperar a preguntarle a qué se refería. Letitia, mirándola, alivió su rostro y vino corriendo a abrazarla.

– Minerva, justo a quien necesitábamos.

Letitia se giró mientras las otras dos damas se les unían.

– No me puedo creer que hayas conocido a lady Clarice… lady Warnefleet para su desgracia, ya que es esposa de ese fracasado -dijo haciendo un gesto con su mano a Jack, quien simplemente sonrió.

– Y ésta es lady Penélope, condesa de Lostwithiel. Su marido, Charles, es otro de los ex camaradas de Royce, como Jack.

Minerva tomó las manos de las otras dos damas.

– Bienvenidas a Wolverstone. Me alegro de que nos acompañéis unos días -dijo, mirando a Retford. -Creo que necesitaremos listas las habitaciones del ala oeste, Retford.

El resto de los invitados estaban hospedados en las habitaciones del ala este y sur, que estaban por tanto ocupadas por completo.

– Enseguida, señorita. Llevaré el equipaje de las damas y el caballero a la planta de arriba.

– Gracias.

Cruzando su brazo con el suyo, Letitia se inclinó sobre ella para hablarle más íntimamente.

– ¿Hay algún lugar donde podamos hablar más en privado?

– Por supuesto -dijo Minerva, y mirando de nuevo a Retford, dijo: -¿Podrías después traer el té a la sala de la duquesa, por favor?

– Ahora mismo, señorita.

Minerva miró a Jack Warnefleet.

– ¿Señor?

El sonrió.

– Llámame Jack, y creo que seguiré a nuestro equipaje, para así saber dónde está nuestra habitación. Os veré en el almuerzo -dijo él.

– Podrá oír claramente el gong de llamada -le aseguró ella.

Inclinando la cabeza hacia todas, empezó a subir las escaleras, siguiendo a los dos criados, quienes estaban cargando con un baúl.

Haciéndoles un gesto con la mano, Minerva también indicó a las damas que la siguieran hacia arriba.

– Vamos, arriba estaremos más cómodas.

En la habitación matinal de la duquesa, se sentaron en unos cómodos sofás. Unos minutos después, Retford entró con una bandeja. Después de servir las tazas de té, y las pastas, Minerva también se sentó, tomó un sorbo de su taza, y miró a Letitia, levantando las cejas.

Letitia dejó su taza en la mesita.

– La razón por la que estamos aquí es que las grandes damas han perdido la paciencia, e insisten en que Royce anuncie de una vez a quién va a desposar -dijo con una sonrisa picara. -Por supuesto, ahora nos dice que la dama a la que se lo ha propuesto aún no ha aceptado. Aparentemente, él tiene sus reservas, pero aun así, se niega a decirnos quién es.

Clavando su brillante mirada en Minerva, le preguntó:

– ¿Tú conoces su nombre?

Minerva no sabía qué decir. Royce le había dicho que se lo diría, pero al parecer no lo había hecho, y no se atrevía a indagar más sobre aquella cuestión.

La mirada de Letitia se empezó a convertir en una de extrañeza, pero fue Clarice la que puso su taza en el platillo y, mirando a la cara de Minerva, dijo:

– ¡Aja! Así que ella. ¡Eres tú! -dijo, alzando las cejas. -Vaya, vaya…

Los ojos de Letitia se abrieron de par en par. Clarice vio la confirmación de su suposición en el rostro de Minerva, y la satisfacción más brillante iluminó su cara.

– ¡Eres tú! ¡Te ha elegido a ti! ¡Bien! Nunca hubiera creído que tendría tanto sentido común.

Levantando la cabeza, Penny dijo:

– No nos estamos equivocando, ¿verdad? ¿Te ha pedido que te conviertas en su esposa?

Minerva sonrió levemente.

– No exactamente… Todavía no, pero sí, quiere que sea su duquesa.

El gesto de duda volvió al rostro de Letitia.

– Por favor, perdonadme si me equivoco, pero siempre he pensado que tú… Bueno, que nunca rechazarías su proposición.

Minerva se quedó mirando a la mujer.

– Por favor, decidme que nunca he sido tan obvia.

– No, no lo has sido, es tan solo la manera en la que prestabas toda tu atención cada vez que alguien lo mencionaba -dijo Letitia, encogiéndose de hombros. -Supongo que me di cuenta porque en ese momento yo me sentía igual respecto a Christian.

Al oír aquello, Minerva se sintió medianamente aliviada.

– Entonces -preguntó Clarice, -¿por qué te sientes tan dubitativa a la hora de aceptar la propuesta?

Minerva miró uno por uno todos los rostros que tenía ante ella.

– Es que es un Varisey.

La cara de Letitia palideció.

– Oh.

– Ah -dijo Penny, con una mueca.

Lentamente, Clarice asintió.

– Ya veo. No quieres ser una atolondrada con más pelo que inteligencia, quieres… -dijo, ahora mirando a las otras dos. -Lo que todas nosotras hemos tenido la suerte de encontrar.

Minerva exhaló.

– Precisamente.

Esa fue una respuesta que las demás comprendieron.

Después de un momento, Penny frunció el ceño.

– Pero aun así, tampoco le has rechazado.

Minerva miró a Penny a los ojos, y, dejando su taza en la mesa, se puso en pie. Pasando entre el sofá, empezó a pasearse por el salón.

– No es tan sencillo.

Dijo aquello a pesar de lo que Hamish pensaba.

Las otras se quedaron mirándola, esperando.

Necesitaba ayuda. Letitia era una antigua amiga, y todas se habían casado por amor, y todas habían comprendido su situación. Deteniéndose, cerró sus ojos brevemente.

– No me importaría enamorarme de él.

– No es cuestión de que te importe o no -murmuró Clarice. -Simplemente, ocurre.

Abriendo los ojos, Minerva inclinó su cabeza.

– Me he dado cuenta -dijo, andado ahora más despacio, -desde que él volvió… bueno, me quería para él, y yo ya tengo veintinueve años. Creía que a lo mejor podría estar cerca de él durante un corto periodo de tiempo, sin poner en riesgo mi corazón, pero me equivoqué.

– ¿Que te equivocaste? -dijo Letitia, negando con pesar la cabeza. -Llevas encaprichada de Royce Varisey durante décadas, ¿y pensaste que podías estar con él, suponiendo que te refieres a compartir su cama, sin enamorarte de él? Mi querida Minerva, eso no solo es estar equivocada.

– No, lo sé. Fui una idiota, pero enamorarme de él no hubiera importado si él no hubiera decidido hacerme su duquesa.

Leticia volvió a fruncir el ceño.

– ¿Y cuándo tomó esa decisión?

– Hace unas semanas. Después de su reunión con las grandes damas en su estudio, pero -Y aquí, Minerva tuvo que hacer un gran esfuerzo para poder continuar, -ese no es el único problema.

Ella continuó paseando por la habitación, ordenando los puntos de su explicación en su mente.

– Siempre había creído que me casaría por amor. Había tenido otras ofertas con anterioridad, una buena cantidad, si se me permite decirlo, pero nunca sentí la más mínima tentación. El matrimonio de mis padres fue por amor, y yo siempre deseé que el mío fuera igual. Al principio, no tenía ni idea de que había llamado la atención de Royce. Pensé que podría, simplemente, ocultar el interés que yo sentía por él, y dedicarme a ser un ama de llaves voluntariosa, para que después su esposa tomara las riendas de todo. Luego, él me quiso, y yo pensé que sería con eso sería suficiente, le aceptaría la propuesta, y que después el amor nacería con el tiempo… pero finalmente, no fue así.

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