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Электронная книга - «Domada por Amor». Краткое содержание книги:

Los solteros más codiciados y aventureros de Londres se han unido para formar el Bastion Club, una sociedad de élite para caballeros dedicada a determinar el futuro de sus miembros en lo referente al matrimonio.
Los hombres del Bastion Club han demostrado su valor luchando secretamente por su país. Ahora su líder se enfrenta a la más peligrosa de todas las misiones: encontrar una novia.
Actuando como el misterioso líder del Bastion Club conocido como «Dalziel», Royce Henry Varisey, X duque de Wolverstone, ha servido a su país durante décadas, enfrentándose a innombrables peligros. Pero como poseedor de uno de los títulos de nobleza más augustos de Inglaterra, ahora debe cumplir con la labor más crucial de todas: el matrimonio.
No obstante, las jóvenes y las grandes damas que podrían ser apropiadas son predeciblemente aburridas. Mucho más tentadora resulta la terca y distante ama de llaves de su castillo, Minerva Chesterton. Bajo su sereno exterior se esconde una mujer de ardiente sensualidad, que colmaría sus días de comodidades y sus noches de puro placer. Decidido a reclamarla, se embarca en una seducción para demostrar su maestría sobre cada centímetro de su cuerpo… y cada fibra de su corazón.
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Mirando sus oscuros ojos, Minerva sintió que sus emociones crecían repentinamente; estaba en unas aguas muy profundas, y había peligro de que la engulleran. La atracción de sus palabras, de su aliciente, era tan fuerte… lo suficientemente fuerte para tentarla, incluso a ella, a pesar de que conocía el precio… frunció, el ceño.

– ¿Estás diciendo que permanecerás fiel a tu duquesa?

– A mi duquesa no. A ti, sí.

Oh, una respuesta inteligente; su corazón se saltó un latido. Lo miró a los ojos, vio su implacable e inamovible voluntad… y la habitación giró. Inhaló con dificultad; los planetas acababan de re-alinearse. Un Varisey estaba prometiendo fidelidad.

– ¿Por qué has decidido esto?

¿Qué demonio había sido lo suficientemente fuerte para provocar este cambio en él?

Royce no respondió inmediatamente, pero sus ojos permanecieron firmes sobre los de Minerva.

Finalmente, dijo:

– A través de los años he visto que Rupert, Miles y Gerald encontraban a Rose, Eleanor y Alice. He pasado más tiempo en sus hogares que aquí… y lo que ellos tienen es lo que yo quiero. Recientemente he visto que mis ex compañeros encontraban a sus esposas… y ellos, también, encontraron mujeres y matrimonios que les ofrecían más que conveniencia y avance dinástico.

Se movió ligeramente bajo ella, y tensó la mandíbula.

– Cuando las grandes damas vinieron y dejaron claro lo que esperaban… y nadie pensó que yo podría querer, o que podría merecer, algo mejor que el habitual matrimonio Varisey -Su voz se hizo más dura. -Pero estaban equivocadas. Te quiero a ti… y quiero más.

Minerva se estremeció. Habría jurado que no lo había exteriorizado, pero sus manos, hasta entonces cálidas y fuertes alrededor de su cintura, la dejaron, y cogieron la colcha, y la extendieron hasta cubrir sus hombros. Minerva cogió los bordes y tiró de ellos. No tenía frío; estaba tiritando emocionalmente.

De los pies a la cabeza.

– Yo… -Volvió a concentrarse en él.

Royce estaba mirando sus manos mientras ajustaba la colcha alrededor de Minerva.

– Antes de que digas nada… hoy he ido a ver a Hamish, le he pedido consejo sobre lo que podría decirte para convencerte de que aceptaras mi propuesta -Levantó los ojos y los fijó en los de Minerva. -Me dijo que debería decirte que te quiero.

Minerva no podía respirar; estaba atrapada en la insondable oscuridad de sus ojos.

Estos permanecían concentrados en los de ella.

– Me dijo que tú querrías que te lo dijera… que afirmara que te quería -Tomó aliento, y continuó: -Yo nunca te voy a mentir… Si te dijera que te amo, lo haría. Haré cualquier cosa que sea necesaria para hacerte mía, para que seas mi duquesa… excepto mentirte.

Royce parecía tener tantos problemas para respirar como ella. Exhaló mientras sus ojos examinaban los de Minerva.

– Me preocupo de ti de un modo y con una profundidad con la que no me he preocupado por nadie más. Pero ambos sabemos que no puedo decir que te ame. Ambos sabemos por qué. Soy un Varisey, y no sé nada sobre amor, y mucho menos sobre cómo hacer que suceda. Ni siquiera sé si esa emoción existe en mi interior. Pero lo que sí puedo prometerte, y lo haré, es que lo intentaré. Por ti, intentaré darte todo lo que tenga en mí, pero no puedo prometerte que vaya a ser suficiente. Puedo prometerte que lo intentaré, pero no puedo prometerte que tendré éxito -Mantuvo su mirada inquebrantablemente. -No puedo prometerte que te amaré porque no sé si puedo hacerlo.

Los minutos pasaron; Minerva permaneció sumergida en sus ojos, viendo, escuchando, descubriendo. Finalmente, inhaló lenta y profundamente, volvió a concentrarse en el rostro de Royce, miró de nuevo esos oscuros y tempestuosos ojos.

– Si acepto casarme contigo, ¿me prometerás eso? ¿Me prometerás que permanecerás fiel a mí, y que lo intentarás?

La respuesta fue inmediata, inflexible.

– Sí. Por ti, te lo prometeré, del modo y con las palabras que desees.

Minerva se sentía emocionalmente tensa… de pie en un alambre sobre un abismo. Evaluar su tensión la hizo ser consciente de la de Royce; debajo de sus muslos, de su trasero, los músculos del duque eran acero… de no ser por eso lo habría escondido bien, su incertidumbre.

Minerva tomó aire, y se apartó de Royce.

– Tengo que pensar -Repasó sus palabras, y arqueó una ceja. -En realidad no me lo has propuesto.

Royce se quedó en silencio un momento, y después declaró sucintamente:

– Te lo propondré cuando estés preparada para aceptar.

– Aún no lo estoy.

– Lo sé.

Minerva lo examinó, sintió su incertidumbre, pero incluso más su inquebrantable determinación.

– Me has sorprendido -Minerva había pensado en casarse con él, había fantaseado y soñado con ello, pero nunca había pensado que llegaría a hacerse realidad… no más de lo que había pensado que compartir su cama, y mucho menos regularmente, pero allí estaba. -Una gran parte de mí quiere decir sí, por favor, pídemelo, pero convertirme en tu duquesa no es algo que pueda decidir por un impulso.

Royce le había ofrecido todo lo que su corazón podía desear… excepto prometerle el suyo. En un arrogante movimiento, la había dejado en un paisaje que nunca había imaginado que podría existir…y en el que no había edificios conocidos.

– Me has dejado en la más completa de las confusiones mentales -Sus pensamientos eran caóticos, sus emociones más aún; su mente era un bullente caldero en el que los miedos bien conocidos batallaban con inesperadas esperanzas, deseos sin catalogar y necesidades insospechadas.

Royce no dijo nada, era demasiado prudente para presionarla más.

Efectivamente. Minerva no iba a dejar que la empujara hacia aquello… un matrimonio que, si iba mal, garantizaba la obliteración emocional.

– Vas a tener que darme tiempo. Necesito pensar.

Royce no protestó.

Minerva tomó aliento, le echó una mirada de advertencia, y entonces se apartó de él, y volvió a su lado de la cama; se giró hacia su lado, dándole la espalda, tiró de las colchas sobre sus hombros y se acurrucó.

Después de un momento contemplándola en la oscuridad, Royce se giró y se deslizó en la cama, abrazándola desde atrás. Deslizó su brazo alrededor de su cintura, y se acurrucó con su espalda contra su pecho.

Minerva suspiró suavemente, y después se movió hacia atrás, colocando sus caderas contra su abdomen. Volvió a suspirar y se relajó ligeramente.

Royce estaba aún tenso, su vientre seguía dando vueltas. Una gran parte de su vida, de su futuro, pendía de aquello, de ella; acababa de colocar su vida en manos de Minerva… al menos no se la había devuelto.

Lo que, siendo realista, era todo lo que podía pedirle en aquel momento.

Apartó su cabello a un lado y besó su nuca.

– Duérmete. Puedes tomarte todo el tiempo que necesites para pensar.

Después de un momento, murmuró:

– Pero cuando lady Osbaldestone vuelva y me exija el nombre de la mujer a la que he elegido como esposa, tendré que decírselo.

Minerva resopló. Sonriendo, contra toda expectativa, hizo lo que Royce le había pedido y cayó rápidamente dormida.

CAPÍTULO 17

– Hamish O'Loughlin, maldito escocés sarnoso…

¡¿Cómo te atreves a decirle a Royce que me diga que me ama?!

– ¿Huh? -dijo Hamish, levantando la vista de la oveja que estaba examinando.

Cruzando sus brazos sobre su pecho, Minerva empezó a caminar lentamente por el corral.

Hamish estudió detenidamente su rostro.

– ¿No querías oírle decir que te amaba?

– Por supuesto que me hubiera encantado oírle decir que me amaba. ¿Pero cómo iba a decir tal cosa? ¡El es un Varisey, por amor de Dios!

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