Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » El eco de la memoria
El eco de la memoria - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El eco de la memoria

Электронная книга - «El eco de la memoria». Краткое содержание книги:

Una novela sobre el recuerdo y el olvido, de la mano de uno de los escritores con más talento de Estados Unidos.
Una llamada anónima avisa de un accidente en una carretera a las afueras de Nebraska. Mark Shluter es trasladado al hospital donde entra en coma, junto a él había una nota anónima con un extraño mensaje: «No soy Nadie, pero esta noche en la carretera del norte, DIOS me guió hasta ti para que pudieras vivir y traer de vuelta a alguien más». Karin Shluter, hermano de Mark, vuelve a su ciudad natal para cuidar de su hermano. Educados por padres inestables, ninguno de los dos ha encontrado el equilibrio en sus vidas. Un día, Mark despierta del coma con un extraño caso de síndrome de Capgras, un tipo de amnesia en la que el afectado recuerda todos los detalles referentes a su vida salvo los sentimientos ligados a ellos. ¿Vio Mark algo que no debía saber aquella noche en la carretera?
1 ... 79 80 81 82 83 84 85 86 87 ... 143
Перейти на страницу:

Luego estaban las guerras fronterizas, los mapas cerebrales de la parte amputada invadidos por mapas cercanos. En alguna parte, solo Dios sabía en qué libro, Weber se refería al descubrimiento de una mano en gran parte intacta y sensible que seguía manifestándose en la cara del amputado, Lionel D. Al tocarle en lo alto del pómulo, Lionel la notaba en el pulgar que no tenía. Si se le rozaba el mentón, la notaba en el meñique. Al echarle agua en la cara, notaba que el líquido se deslizaba por su mano desaparecida.

Weber cerró la ducha y los ojos. Durante unos segundos más, cálidos afluentes siguieron corriéndole por la espalda. Incluso el cuerpo intacto es un fantasma, montado por las neuronas como un útil andamio. El cuerpo es el único hogar que tenemos, e incluso es más una postal que un lugar. No vivimos en los músculos, las articulaciones y los tendones, sino en el pensamiento, la imagen y el recuerdo que tenemos de ellos. No hay sensaciones directas, solo rumores e informes que no son de fiar. Los acúfenos de Weber, tan solo un mapa auditivo, se reorganizaban para producir sonidos fantasma en un oído intacto. Acabaría como uno de sus pacientes víctimas de una apoplejía, un brazo izquierdo de más, tres cuellos, un candelabro lleno de dedos, cada uno discretamente percibido, oculto bajo la manta en una cama de hospital.

Y, no obstante, el fantasma era real. Personas que habían perdido los pies pedían que les dieran golpecitos en los dedos, que encendieran esa parte de la corteza motora responsable de la locomoción. Incluso la corteza motora de personas intactas destellaba cuando tan solo se imaginaban caminando. Al verse huyendo de algo, Weber notaba que se le aceleraba el pulso, incluso mientras permanecía inmóvil en la bañera. Sentir y moverse, imaginar y hacer: fantasmas que se desangraban, uno en el otro. De momento no podía decidir qué era peor, si estar encerrado herméticamente en una habitación sólida, creyéndote en el exterior, o tener la facultad de atravesar las paredes porosas y pasar al azul proteico…

Sin coger una toalla y secarse, apagó la luz del baño y se dirigió hacia la cama tenuemente iluminada. Se sentó, goteando, en una butaca. En el extranjero se había humillado a sí mismo. En casa, le aguardaban cientos de pacientes, personas reales a las que había utilizado como meros experimentos mentales. Cada una latía en su interior sin que pudiera desprenderse de ellas. No quedaba ningún lugar en el mundo, ni real ni imaginario, donde pudiera sentarse.

* * *

En casa de Mark, Karin encontró una descripción online en una página llamada «Enciclopedia Popular Gratuita». Parecía respetable, con notas al pie y citas, pero recopilada a base de participación general, por votación comunitaria, por lo que era tan poco de fiar como de costumbre.

SÍNDROME DE FREGOLI: perteneciente a un raro grupo de síndromes de delirio psicótico con falsa identificación, en el que el paciente está convencido de que varias personas son en realidad una sola cuyo aspecto cambia. El síndrome toma su nombre de Leopoldo Fregoli (1867-1936), un mago teatral y mimo cuya capacidad de cambiar velozmente de cara y voz y de adoptar los de cualquier personaje dejaba atónito al público…

Como el síndrome de Capgras, el de Fregoli supone cierto trastorno de la capacidad de categorizar los rostros. Algunos investigadores sugieren que todos los delirios psicóticos con falsa identificación pueden existir a lo largo de un espectro de anomalías familiares compartidas por la conciencia ordinaria, no patológica…

Se lo contó a Daniel mientras comían en un restaurante chino. Karin había insistido en que salieran, diciéndole que necesitaba evadirse de su celda monacal y hablar en público. Ella se había vestido con elegancia y hasta se había perfumado. Pero no había tenido en cuenta los problemas logísticos, que comenzaron en cuanto Daniel tuvo el menú entre las manos. Daniel cenando fuera de casa: como un ministro calvinista en una fiesta con música acid. Sacudió la cabeza mientras silbaba.

– ¿Ocho dólares por un plato de ternera con brócoli? ¿No es increíble, K.?

El entrante era el producto gancho del restaurante. Ella decidió capear el temporal y esperar.

– Ocho dólares es un montón de dinero para el Refugio de las Grullas.

Gracias a las subvenciones y la buena administración, podían comprar y recuperar una pulgada cuadrada de tierra de labor marginal. Se acercó la camarera para informarles de los platos especiales. La lista de peces, mamíferos y aves sacrificados resultaba terriblemente dolorosa para Daniel.

– Esta «Berenjena china»… -dijo a la inocente camarera-. ¿Sabría decirme, así entre nosotros, cómo está preparada?

– Vegetariana -le aseguró la camarera, como decía el menú.

– Pero ¿está la berenjena frita en mantequilla? ¿Usan grasa de leche en la preparación?

– ¿Quiere que lo averigüe? -gimoteó la camarera. -¿Sería posible tan solo un plato de verduras cortadas? ¿Zanahoria y pepino crudos? Esa clase de cosas.

Karin había cometido una locura al proponer la salida, como había sido una locura que él la aceptara. La carne con brócoli era como un sueño para ella, una cura para su creciente anemia causada por comer solo alimentos integrales. Las semanas que llevaba viviendo con Daniel la habían destrozado. Le miró a hurtadillas, mientras la camarera seguía a su lado. El semblante de Daniel era plácido, como si lo condujeran por una rampa hacia el dispositivo aturdidor. Ella pidió tofu y brotes de soja.

Había olvidado cómo se comportaba Daniel en aquellos locales, unos lugares de los que dependía el resto del mundo civilizado. Cuando la camarera le trajo las rodajas de pepino, se limitó a deslizarlas por el plato con el tenedor, evadiéndose con ellas.

– No parece posible que sufra los dos trastornos a la vez -le dijo Karin-. Quiero decir que el Capgras consiste en no identificar en grado suficiente, mientras que el Fregoli parece exactamente lo contrario.

– Mira, K., lo más probable es que debamos tener cuidado con el autodiagnóstico.

– ¿Auto…? ¿Qué quieres decir con «auto»…?

– El del profano. Ni tú ni yo estamos cualificados para diagnosticarle. Tenemos que volver al Buen Samaritano.

– ¿A ese Hayes? La última vez casi me insultó. Debo decirte, Daniel, que me sorprendes un poco. ¿Desde cuándo defiendes la medicina organizada? Creía que eran todos curanderos por la fe. «Los nativos norteamericanos han olvidado más medicina de la que la tecnología occidental ha descubierto hasta ahora.»

– Bueno, eso es en esencia cierto. Pero en aquel entonces, cuando las Primeras Naciones descubrieron su medicina, no había muchos accidentes de tráfico. Si conociera a un nativo norteamericano con experiencia en traumatismo craneoencefálico, lo recomendaría por encima de cualquier otro con quien hayas hablado.

No mencionó el nombre de Gerald Weber. No tenía necesidad de hacerlo. Sin haberlo conocido en persona, Daniel sentía una antipatía irracional hacia aquel hombre.

– He de informar al doctor Weber -dijo Karin.

Quería decir que ya le había escrito.

– ¿De veras?

La serenidad de Daniel era absoluta. Como si estuviera meditando.

– Bueno, es uno de los más eminentes… -Claro que tal vez no lo fuera. Quizá solo era famoso, que no siempre es lo mismo-. Le prometí que si Mark cambiaba se lo comunicaría.

Daniel había cambiado, al igual que los amigos de Mark. La misma Karin había sufrido alteraciones, más que cualquiera de ellos.

1 ... 79 80 81 82 83 84 85 86 87 ... 143
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)