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Tiempos de gloria [Glory Season - es]

Электронная книга - «Tiempos de gloria [Glory Season - es]». Краткое содержание книги:

La joven Maia, una descastada nacida en verano, debe abandonar el clan de sus privilegiadas medio hermanas clones nacidas en invierno. Su difícil y peligroso viaje iniciático arranca en los muelles de Puerto Sanger y prosigue a bordo de uno de los barcos tripulados por los escasos hombres (menos de un veinte por ciento) que forman la población de Stratos, un mundo creado por y para las mujeres. Sólo el difícil y lejano éxito le permitirá ser la fundadora de un nuevo clan. Las manipulaciones genéticas de la Madre Fundadora Lysos han creado en Stratos un mundo nuevo y distinto, dominado por mujeres que se reproducen por clonación. Una nueva opción sociopolítica, tecnológica, ecológica y, sobre todo, en el ámbito de la relación entre ambos sexos. En la senda de la literatura que denuncia las relaciones entre los sexos o propone establecer nuevos vínculos, Tiempos de gloria se une a obras ya clasicas como La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. Le Guin.
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¡Aquí, son más del ochenta por ciento! En Stratos, la reproducción partenogenética es tan fácil o difícil, tan barata o tan cara como tener bebés de la forma normal. Los resultados de esta innovación impregnan toda la cultura. En mis viajes, nunca he sido testigo de un experimento tan osado para reconducir el destino humano.

Esta fue la esencia de mi discurso ante el Consejo Reinante de Caria. (Ver transcripción en apéndice.) Hubo un elemento de adulación diplomática, ya que dejé todas mis preocupadas preguntas para otra ocasión. El tiempo y la observación revelarán sin duda grietas en este nirvana feminista, pero eso no es en sí mismo ninguna acusación. ¿Cuándo ha sido perfecta ninguna cultura humana? La perfección es tan sólo otro sinónimo de muerte.

Algunas miembros del público parecieron ansiosas por mi reconocimiento de los logros de sus Fundadoras. Otras sonrieron, como indulgentemente divertidas porque un hombre pudiera hablar de un tema más allá de su conocimiento natural. Muchas simplemente siguieron mirando, incapaces de decidir. Y estaba también el silencioso y educado rencor que no pude dejar de advertir en los rostros de una gran mayoría. Su hostilidad me recordó que Lysos, a pesar de todo su genio científico, también fue la líder de una banda revolucionaria militante. Siglos más tarde, todavía queda una profunda corriente de fervor ideológico aquí en Stratos.

La estación del año tampoco me es de ninguna ayuda. ¿Puede ser coincidencia que el permiso para aterrizar se concediera por fin durante el verano, cuando el recelo hacia los varones se encuentra en su punto álgido? ¿Esperaban las que se oponen al contacto que no supiera comportarme, para así sabotear mi misión?

Tal vez cuentan con la ayuda de la Estrella Wengel. O de las auroras titilantes de la estación del calor. Si es así, las Perkinitas se sentirán decepcionadas. No me afectan los colores brillantes de su cielo.

De todas formas, debo tener cuidado. Los hombres de este mundo están acostumbrados a ser pocos, rodeados de mujeres, mientras que yo me formé en una sociedad diferente, y acabo de pasar dos años solitarios de mi propio lapso subjetivo en total aislamiento entre las estrellas.

16

Figuras talladas en una pared de granito… formas geométricas… pautas entrelazadas, retorcidas… un acertijo, tallado en antigua roca…

¡Ya te he dicho que no podemos quedarnos aquí mucho más tiempo! ¡Tu código no vale más que un escupitajo Lamai!

Foco en una imagen… una mano infantil… extendiéndose hacia un nudo de piedra en forma de estrella…

Cállate, Leie. Déjame pensar. ¿Era éste? Mm… No puedo recordarlo.

—… Sí, éste. El pomo en forma de estrella. Hay que tocar la piedra. Dale un cuarto de vuelta. Un cuarto de vuelta a la derecha.

Sin embargo, era difícil hacerlo. Algo se lo impedía. Hizo falta toda su fuerza de voluntad para extender el brazo, y moverlo fue como abrirse paso a través de una jarra de miel de bec. El aire apestoso del sótano era húmedo, asfixiante. El saliente de piedra retrocedía, incluso mientras ella intentaba alcanzarlo.

—… una piedra en forma de estrella… clave de la secuencia de apertura.

La imagen osciló. Su propia mano se retorció, haciéndose más grande entre remolinos de mareante distorsión. Los grabados en piedra empezaron a deslizarse, retorciéndose y agitándose como serpientes que despiertan.

Demasiado tarde —murmuró la voz de Leie desde algún lugar fuera de la vista, mezlando tristeza con recriminación. Un sonido chirriante anunció que las paredes se cerraban, convergiendo para aplastarlas, para sepultarlas en granito, sin dejar ninguna posibilidad de huida.

Siempre llegas tan tarde a todo…

Lo que le dolía era la vaga sensación de traición. No por parte de su hermana, sino de las pautas en la pared. Estaba tan segura de ellas. Las figuras en la pared. Había depositado su fe en ellas, y ahora no querían jugar.

Pautas borrosas. Formas ondulantes, talladas en piedra viva y móvil…

… ¿va… algo… mejor?

Era la distante voz de tenor de una mujer que subía y bajaba, como si cada palabra surgiera flotando de una niebla, envuelta en su propia burbuja temblequeante. .

La respuesta, cuando se produjo, fue mucho más grave, como un dios del mar que entonara desde las profundidades.

—… eso creo… médico dijo… hace una hora… debería… pronto.

Al principio las voces fueron intrusiones agradecidas que sacudían y disipaban los terroríficos filamentos de un mal sueño. Sin embargo, pronto las palabras se volvieron molestias que la atraían con atisbos de significado, sólo para perder todo sentido, burlarse de ella, imposibilitando una rápida zambullida hacia el descanso.

La voz de tenor regresó, ondulando menos a cada momento.

—Buena cosa… o esas… cabezas serías… como… asesinas.

Una pausa. El dios del mar entonó:

—Yo… nunca me lo perdonaré.

—… nada que ver! Malditas idiotas, intentar… dejarla atrás, como a una niña. Podría haberles dicho que ella… vale lo suyo. Pequeña var testaruda.

Al menos, advirtió, eran voces amistosas. Tranquilizadoras. Carentes de amenaza. Era bueno saber que estaban cuidando de ella. No había necesidad de preocuparse del cómo, ni del porqué. La sabiduda natural le aconsejaba que lo dejara por ahora. Estaba bien como estaba.

Sabiduría. No podía compararse con la problemática curiosidad.

¿Dónde estoy?, se preguntó a su pesar. ¿Quién es esta gente?

A partir de ese momento, cada palabra le llegó de forma definida. Cargada de significado, en un contexto.

—Ahora me lo dices —continuó la voz más grave—. Tuvimos oportunidad de intercambiar historias personales en prisión, pero nunca mencionó los detalles que me has contado. Pobre chica. No tenía ni idea de lo que había pasado.

La voz de hombre… era la de Renna. Un pequeño nudo de preocupación se soltó. No lo he perdido todavía.

—Sí, bueno, si yo hubiera mantenido los ojos y oídos abiertos la habría relacionado con esos rumores que circulan por ahí, y habría desembarcado para comprobarlo por mí misma en vez de quedarme sentada en el barco como una dorit.

La voz más aguda era también familiar; forzó a Maia a recordar algo que parecía situado años atrás, en una vida diferente.

—¿Y qué hay de mí? ¿Tragarme un Mickey Finn y dejar que esas mujeres me llevaran como una perdiz en un palo?

—¿Tragar un Mick…? Ah, quieres decir un Suavizador de Verano.

Maia contuvo la respiración, sorprendida. ¡Naroin! ¿Qué está haciendo aquí?

¿Dónde es aquí?

—Sí. Bastante idiota, cierto. Creía que los hombres del espacio eran más listos.

Renna se echó a reír tristemente.

—¿Listos? No especialmente. No en comparación con los niveles aumentados de algunos lugares que he visitado. La principal característica que parecen buscar en los peripatéticos es la paciencia. Nosotros… ¿Has oído eso? Creo que se está moviendo.

Maia notó una mano pequeña y fría en su mejilla.

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