Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » La oscuridad de los sueños
La oscuridad de los sueños - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La oscuridad de los sueños

Электронная книга - «La oscuridad de los sueños». Краткое содержание книги:

McEvoy tiene los días contados como periodista de sucesos; sus momentos de gloria languidecen y su nombre se baraja en las listas de recortes previstos por Los Angeles Times. Sin embargo, guarda todavía un último cartucho: la redacción de la que pretende que sea la crónica criminal más impactante de su carrera.
Para ese propósito, elige a Alonzo Winslow, un drogadicto de dieciséis años encarcelado tras confesar la autoría del asesinato de una joven hallada estrangulada en el maletero de un coche. Jack quiere escribir acerca de la negligencia y la injusticia social que convirtieron a Winslow en un asesino. Al adentrarse en la historia, descubre que la confesión del chico es falsa y sospecha que es inocente. Tras vincular el asesinato del maletero de Los Ángeles con otro acontecido en Las Vegas, McEvoy se ve ante el reportaje más espectacular de su carrera desde que el Poeta se cruzara con él años atrás.
Una vieja amiga del pasado se une a la investigación; se trata de la agente del FBI, Rachel Walling. Juntos le pisarán los talones a un psicópata que lleva demasiado tiempo actuando a la sombra del radar del FBI y la policía.
1 ... 76 77 78 79 80 81 82 83 84 85
Перейти на страницу:

– Se puede ahorrar las gentilezas, agente Walling. Ya hemos llegado al final.

– ¿Qué está haciendo? -preguntó ella, con más energía.

– Ya sabe lo que hago -dijo Carver-. Estoy acabando con esto. Prefiero no pasar el resto de mis días perseguido como un animal y luego metido en una jaula. No quiero que se me exponga, ni que loqueros y profilers me repitan una y otra vez las mismas preguntas con la esperanza de entender los secretos más oscuros del universo. Creo que esa sería una suerte peor que la muerte, agente Walling.

Volvió a levantar el encendedor.

– ¡No, Wesley! Al menos deje que los agentes Mowry y Torres se vayan. No le han hecho ningún daño.

– No es eso. El mundo entero me ha hecho daño, Rachel, y con eso basta. Estoy seguro de que habrá estudiado antes esa psicología.

Rachel apartó la mano del botón de transmisión y rápidamente se volvió hacia mí.

– Ve al ordenador. Apaga el sistema VESDA.

– ¡No, hazlo tú! ¡No tengo ni idea de cómo…!

– ¿Está Jack ahí? -preguntó Carver.

Le hice una señal a Rachel para que intercambiáramos posiciones. Yo me puse al micrófono mientras ella se sentaba y empezaba a trabajar con el ordenador. Presioné el botón para hablar con el hombre que había matado a Angela Cook.

– Estoy aquí, Carver. Esta no es manera de acabar.

– Sí, Jack, es el único final. Ha matado a otro gigante. Es el héroe del momento.

– No, todavía no. Quiero contar su historia, Wesley. Déjeme explicársela al mundo.

En pantalla, Carver negó con la cabeza.

– Hay cosas que no pueden explicarse. Algunas historias son demasiado oscuras para ser contadas.

Accionó el encendedor y salió la llama. Empezó a encender el cigarrillo.

– ¡No, Carver! ¡Ellos son inocentes!

Carver inhaló profundamente, retuvo el humo y luego inclinó la cabeza hacia atrás y exhaló una bocanada hacia el techo. Estaba seguro de que se había situado bajo uno de los detectores de humo por infrarrojos.

– Nadie es inocente, Jack -dijo-. Debería saberlo.

Fumaba y hablaba casi con despreocupación, gesticulando con la mano que sostenía el cigarrillo y dejando en el aire una pequeña estela de humo azulado.

– Sé que la agente Walling y usted están intentando apagar el sistema, pero no podrán. Me he tomado la libertad de reinicializarlo. Ahora solamente yo tengo acceso. Y el aspirador que saca el dióxido de carbono de la habitación un minuto después de la dispersión está desconectado por mantenimiento. Quería estar seguro de que no hubiera errores. Ni supervivientes.

Carver exhaló otra bocanada de humo hacia el techo. Miré a Rachel. Sus dedos corrían por encima del teclado, pero negaba con la cabeza.

– No puedo hacerlo -dijo-. Ha cambiado todos los códigos de autorización. No puedo introducirme…

El estruendo de una bocina de alarma resonó en la sala de control. El sistema se había disparado. Una banda roja de un grosor de cinco centímetros cruzó todas las pantallas de la sala. Una voz electrónica, femenina y calmada, leía en voz alta las palabras que se deslizaban por el panel.

«Atención, el sistema VESDA de extinción de incendios se ha activado. Todo el personal tiene que salir de la sala de servidores. El sistema VESDA de extinción de incendios se pondrá en marcha dentro de un minuto.»

Rachel se pasó ambas manos por el pelo y miró con impotencia la pantalla que tenía delante. Carver lanzó otra bocanada de humo hacia el techo. Su rostro reflejaba calma y resignación.

– ¡Rachel! -gritó Mowry por detrás de él-. ¡Sácanos de aquí!

Carver miró hacia sus cautivos y negó con la cabeza.

– Se ha acabado -dijo-. Es el fin.

Justo entonces me sobresaltó el segundo estallido de la bocina de aviso.

«Atención, el sistema VESDA de extinción de incendios se ha activado. Todo el personal tiene que salir de la sala de servidores. El sistema VESDA de extinción de incendios se pondrá en marcha dentro de cuarenta y cinco segundos.»

Rachel se levantó y cogió el arma que tenía sobre la mesa.

– ¡Agáchate, Jack!

– ¡Rachel, no! ¡Es a prueba de balas!

– Eso dice él.

Apuntó agarrando el arma con las dos manos y disparó tres veces a la ventana que tenía justo delante. Las explosiones fueron ensordecedoras. Pero las balas no hicieron mella en el cristal y rebotaron por la sala.

– ¡Rachel, no!

– ¡Quédate agachado!

Volvió a disparar dos veces más a la puerta de cristal y obtuvo idéntico resultado negativo. Uno de los proyectiles rebotados impactó en una de las pantallas que tenía delante, con lo que la imagen de Carver desapareció.

«Atención, el sistema VESDA de extinción de incendios se ha activado. Todo el personal tiene que salir de la sala de servidores. El sistema VESDA de extinción de incendios se pondrá en marcha dentro de treinta segundos.»

Miré por la ventana hacia la sala del servidor. Unos tubos negros recorrían el techo formando una cuadrícula y luego bajaban por la pared posterior hasta la fila de depósitos rojos de CO2. El sistema estaba a punto de ponerse en marcha. Extinguiría tres vidas, pese a que no había fuego en la sala de servidores.

– Rachel, tiene que haber algo que podamos hacer.

– ¿Qué, Jack? Lo he intentado. ¡No queda nada!

Dio un golpe con el arma en una estación de trabajo y se escurrió en la silla. Yo me acerqué, puse las manos en la mesa y me incliné hacia ella.

– ¡Has de seguir intentándolo! Tiene que haber una puerta trasera de acceso al sistema. Estos tipos siempre tienen una…

Me detuve y miré hacia la sala de servidores mientras caía en la cuenta de algo. La bocina volvió a tronar, pero esta vez apenas la oí.

«Atención, el sistema VESDA de extinción de incendios se ha activado. Todo el personal tiene que salir de la sala de servidores. El sistema VESDA de extinción de incendios se pondrá en marcha dentro de quince segundos.»

No vi a Carver en ningún sitio a través de los cristales. Había escogido un pasillo entre dos filas de torres que no se veía desde la sala de control. ¿Era por la situación del detector de humos o tal vez había alguna otra razón?

Miré la pantalla en funcionamiento que Rachel tenía delante. Mostraba un múltiplex de treinta y dos cámaras que Carver había apagado. Hasta aquel momento no había entendido la razón.

De golpe, todos los átomos volvieron a chocar. Todo se hizo más claro. No solo lo que tenía delante de mí, sino lo que había visto antes: Mizzou fumando en el exterior después de que lo hubiera visto meterse en la sala de servidores. Se me ocurrió otra idea. La idea buena.

– Rachel…

Esta vez el estallido de la bocina fue alto y prolongado. Rachel se levantó y miró el cristal mientras el sistema de CO2 se ponía en marcha. Empezó a salir un gas blanco por los tubos que cruzaban el techo de la sala de servidores. En cuestión de segundos, la ventana quedó empañada e inútil. La descarga a alta velocidad generaba un silbido agudo que se percibía alto y claro a través del grueso cristal.

– ¡Rachel! -grité-. Dame tu llave. Voy a por Carver.

Ella se volvió para mirarme.

– ¿Qué estás diciendo?

– ¡No se va a suicidar! ¡Tiene ese respirador y ha de haber una puerta trasera!

El silbido se detuvo y ambos nos volvimos hacia la ventana. La sala del servidor estaba completamente en blanco, pero la liberación de CO2 se había detenido.

– Dame la llave, Rachel.

Ella me miró.

– Yo también tengo que ir.

– No, llama para pedir refuerzos y ayuda médica. Y luego ponte con el ordenador. Encuentra la puerta trasera.

No había tiempo para pensar, ni para considerar nada. Había gente muriendo, los dos lo sabíamos. Se sacó la llave del bolsillo y me la dio. Me volví para salir.

1 ... 76 77 78 79 80 81 82 83 84 85
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)