La oscuridad de los sueños
- Автор: Коннелли Майкл
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «La oscuridad de los sueños». Краткое содержание книги:
Para ese propósito, elige a Alonzo Winslow, un drogadicto de dieciséis años encarcelado tras confesar la autoría del asesinato de una joven hallada estrangulada en el maletero de un coche. Jack quiere escribir acerca de la negligencia y la injusticia social que convirtieron a Winslow en un asesino. Al adentrarse en la historia, descubre que la confesión del chico es falsa y sospecha que es inocente. Tras vincular el asesinato del maletero de Los Ángeles con otro acontecido en Las Vegas, McEvoy se ve ante el reportaje más espectacular de su carrera desde que el Poeta se cruzara con él años atrás.
Una vieja amiga del pasado se une a la investigación; se trata de la agente del FBI, Rachel Walling. Juntos le pisarán los talones a un psicópata que lleva demasiado tiempo actuando a la sombra del radar del FBI y la policía.
– La última vez que salí a por café era una agente novata en una negociación con rehenes en Baltimore -dijo-. No hago estas cosas, Jack, así que será mejor que valga la pena.
– No te preocupes. Merece la pena. Creo. ¿Por qué no te sientas?
Rachel se sentó y yo empujé la taza de café hasta su lado de la mesa. Ni lo probó. Llevaba gafas oscuras, pero vi la línea azulada y profunda bajo su ojo izquierdo. La magulladura de la mandíbula había desaparecido ya y la herida de la boca quedaba oculta bajo el carmín. Había que buscarla para verla. Yo había pensado en si sería indicado inclinarme sobre ella para aventurar una caricia o un beso, pero me di por aludido con su actitud profesional y me mantuve a distancia.
– Muy bien, Jack, aquí me tienes. ¿Qué estás haciendo aquí?
– Creo que he encontrado la firma. Si no me equivoco, Mc Ginnis no era más que una tapadera. Una cabeza de turco. El otro asesino es el Espantapájaros. Tiene que ser Carver.
Me miró durante un momento muy largo. Sus ojos no revelaron nada a través de las gafas de sol. Finalmente habló.
– Así que te has metido en un avión, con lo a menudo que sueles volar, para venir hasta aquí y decirme que el hombre junto al que trabajo es también el asesino al que he estado persiguiendo.
– Exacto.
– Más te vale que sea bueno, Jack.
– ¿Quién se ha quedado en el búnker con Carver?
– Dos agentes del equipo RPE, Torres y Mowry. Pero no te preocupes por ellos. Dime qué pasa.
Intenté preparar el escenario para lo que quería enseñarle en el portátil.
– Antes que nada, me preocupaba una cuestión: ¿qué propósito tenía raptarte?
– Después de ver alguno de los vídeos recuperados en el búnker, prefiero no pensar en eso.
– Perdona, no he escogido bien las palabras. No me refiero a lo que iba a ocurrirte a ti. Me refiero a por qué tú. ¿Qué sentido tenía correr un riesgo tan grande? La respuesta fácil es que eso habría creado una gran distracción de la investigación central. Y es cierto, pero también lo es que la distracción habría sido como mucho temporal. Los agentes habrían empezado a aparecer a docenas por este lugar. En poco tiempo nadie podría saltarse un stop sin que los federales lo sacaran del coche. Distracción concluida. -Rachel siguió el razonamiento y asintió-. Hasta aquí, vale, pero ¿qué ocurre si pensamos que había otra razón? -pregunté-. Ahí fuera tienes a dos asesinos: un mentor y un discípulo. El discípulo intenta raptarte por su cuenta. ¿Por qué?
– Porque Mc Ginnis estaba muerto. Solamente quedaba él.
– Si eso es cierto, ¿por qué arriesgarse? ¿Por qué ir a por ti? ¿Por qué no poner tierra por medio? Ves que no encaja, ¿verdad? Al menos según nuestra manera de considerarlo. Pensamos que tu rapto era una maniobra de distracción, pero en realidad no lo era.
– ¿De qué se trataba entonces?
– ¿Y si Mc Ginnis no fuera el mentor? ¿Y si su papel fuera parecerlo, si no fuera más que una cabeza de turco, si raptarte a ti formara parte de un plan para poner a salvo al mentor real? Para salvarlo.
– ¿Y qué hay de las pruebas que recuperamos?
– ¿Te refieres a que Mc Ginnis tuviera mi libro en la estantería y las ortesis y el porno en su casa? ¿No te parece demasiado adecuado?
– No encontramos ese material así, disperso despreocupadamente por la casa. Estaba escondido y solamente lo hallamos después de horas de búsqueda. Pero es igual, sí, podrían haberlo puesto allí. En lo que pienso más bien es en el servidor de Western Data que encontramos, lleno de pruebas en vídeo.
– Primero, por lo que has dicho, no es identificable en los vídeos. ¿Y quién te dice que él y Courier eran los únicos que tenían acceso a ese servidor? ¿No podría ser que en ese caso las pruebas se colocaran, lo mismo que el material de la casa?
No respondió enseguida, y yo sentí que la estaba haciendo pensar. Quizá ya pensara desde hacía tiempo que todo colgaba con demasiada facilidad de Mc Ginnis. Pero entonces negó con la cabeza, como si el nuevo escenario tampoco la convenciera.
– ¿Dices que el mentor es Carver? Eso tampoco tiene sentido. No intentó huir. Cuando Courier intentó raptarme, Carver estaba en el búnker con Torres y…
No acabó la frase. Lo hice yo:
– Y Mowry, sí. Estaba con dos agentes del FBI.
Vi que lo comprendía de repente.
– Tendría una coartada perfecta: dos agentes que responderían por él -dijo por fin-. Yo desaparecía mientras él estaba con el equipo RPE: dispondría de una coartada y el FBI tendría la certeza de que mis raptores eran Mc Ginnis y Courier.
Asentí.
– Eso no solamente dejó a Carver fuera de toda sospecha, sino que además lo colocó justo en el centro de vuestra investigación. -Esperé un segundo a que respondiera. Como no lo hizo, insistí-. Piénsalo. ¿Cómo supo Courier en qué hotel te encontrabas? Se lo dijimos a Carver cuando nos preguntó durante la visita, ¿recuerdas? Luego se lo contó a Courier. Él envió a Courier.
Rachel movió la cabeza.
– Y anoche incluso dije que volvía al hotel para pedir la cena al servicio de habitaciones antes de irme a dormir.
Tendí las manos hacia ella, como diciéndole que la conclusión era obvia.
– Pero esto no basta, Jack. Esto no convierte a Carver en…
– Lo sé. Quizás eso no. Pero esto quizá sí.
Giré el ordenador para que pudiera ver la pantalla. Tenía las imágenes de espantapájaros de Google. Primero se inclinó para mirarlas y luego atrajo el ordenador hacia su lado de la mesa. Pulsó las teclas para ampliar las imágenes, una por una. No fue necesario que yo dijera nada.
– ¡Denslow! -dijo de pronto-. ¿Has visto esto? El dibujante original de El mago de Oz se llamaba William Denslow.
– Sí, ya lo he visto. Por eso estoy aquí.
– Aun así, no es una conexión directa con Carver.
– No importa. Hay demasiados indicios, Rachel. Carver encaja con todo esto. Tenía acceso a Mc Ginnis y a Freddy Stone, y a los servidores. También posee habilidades técnicas suficientes, como hemos podido comprobar durante todo el proceso.
Rachel estaba tecleando en mi portátil mientras respondía.
– Aun así no hay ninguna conexión directa, Jack. Por esta regla de tres, también podría tratarse de alguien que quiere involucrar a Carver. Mira, otra coincidencia. He buscado en Google el nombre de Freddy Stone. Echa un vistazo a esto.
Rachel giró el ordenador de manera que yo también pudiera ver la pantalla. En ella figuraba una biografía de la Wikipedia de un actor de inicios del siglo XX llamado Fred Stone. Según el artículo, Stone era conocido por haber representado por primera vez el personaje del Espantapájaros en la versión de El mago de Oz que se estrenó en Broadway en 1902.
– ¿Lo ves? Tiene que tratarse de Carver. Está en el centro de todos los radios de la rueda. Convierte a las víctimas en espantapájaros. Es su firma secreta.
Rachel negó con la cabeza.
– ¡Pero le hemos investigado! Estaba limpio. Es uno de esos genios que sale del MIT.
– ¿Limpio en qué sentido? ¿Quieres decir que no tiene antecedentes de detenciones? No sería la primera vez que uno de estos tipos se mueve por debajo del radar de la aplicación de la ley. Ted Bundy trabajaba en una especie de teléfono de la esperanza cuando no andaba por ahí matando mujeres, lo cual lo ponía en contacto constante con la policía. Además, si quieres que te diga la verdad, a los que más has de vigilar es a los genios.
– Pero yo tengo una vibración especial para localizar a esos tipos, y en este caso no he sentido nada en absoluto. Hoy he comido con él. Me ha llevado al asador de carne favorito de Mc Ginnis.
Vi la duda en su mirada. No se esperaba algo así.
– Vayamos a interrogarlo -dije-. Lo confrontamos y le hacemos hablar. La mayor parte de estos criminales en serie están orgullosos de su obra. Me juego algo a que hablará.