Traficantes de dinero
- Автор: Хейли Артур
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Traficantes de dinero». Краткое содержание книги:
Miss Peacock señaló las cajas automáticas.
– ¿La gente ha aprendido a usarlas con más rapidez o más lentamente de lo que usted esperaba?
– Mucho, mucho más rápido. Hay que hacer un esfuerzo para convencer a la gente de que use las máquinas la primera vez. Pero, una vez que lo ha hecho, queda fascinada y se enamora de ellas.
– Uno siempre oye decir que los seres humanos prefieren tratar con seres humanos y no con máquinas. ¿Por qué es distinto en los bancos?
– Los estudios que le he mencionado demuestran que se debe al secreto del trato.
«Aquí realmente hay secreto -reconoció Jill Peacock en su artículo de la edición dominical- y no es como con esos cajeros que parecen el monstruo de Frankenstein.
Sentada en una casilla, en la misma tienda de dinero, frente a una combinación de cámara y pantalla de televisión, abrí una cuenta y negocié un préstamo.
Otras veces, al pedir dinero a un banco, me he sentido avergonzada. Esta vez no ha sido así, porque la cara que tenía ante mí en la pantalla era impersonal. El dueño de ella… un hombre sin cuerpo, de nombre desconocido, estaba a millas de distancia.»
– A diecisiete millas para ser exacto -dijo Alex-. El funcionario del banco con quien usted habló está en la sala de control de nuestra Torre Central. Desde allí él, y otros, pueden ponerse en contacto con cualquier sucursal equipada con un circuito cerrado de TV.
Miss Peacock meditó.
– ¿A qué velocidad están cambiando los bancos?
– Tecnológicamente nos desarrollamos a más velocidad que los inventos aeroespaciales. Lo que usted ha visto aquí es el desarrollo más importante desde la introducción de las cuentas con cheques y, dentro de diez años o menos, la mayoría de las transacciones bancarias se harán de este modo.
– Pero habrá siempre algunos cajeros humanos…
– Por un tiempo, pero la raza desaparecerá rápidamente. Muy pronto la noción de que un individuo cuente el dinero con la mano, y después lo entregue sobre el mostrador, parecerá antediluviana… tan pasado de moda como el antiguo almacenista que acostumbraba a pesar el azúcar, las judías y la manteca y después las ponía él mismo en bolsitas de papel.
– Es más bien triste -dijo miss Peacock.
– El progreso frecuentemente lo es.
«Luego pregunté a una docena de personas, al azar, si les gustaban las nuevas tiendas del dinero. Sin excepción todos fueron entusiastas.
A juzgar por la gran cantidad de gente que las usa, el punto de vista se ha extendido y su popularidad, según me ha informado Vandervoort, ayuda al impulso de los ahorros corrientes.»
El que las tiendas de dinero dieran impulso a los ahorros o viceversa, nunca quedó enteramente en claro. Lo que sí quedó en claro es que las metas de ahorro más optimistas del FMA fueron pronto alcanzadas y se sobrepasaron a una velocidad fenomenal. Parecía, como dijo Alex a Margot Bracken, que el estado de ánimo del público y el del First Mercantile American coincidían de manera mágica.
– Deja de darte aires y bebe tu zumo de naranja -dijo Margot. El domingo por la mañana era un placer en el apartamento de Margot. Todavía en pijama y bata, ella había estado leyendo, por primera vez, la serie de artículos de Jill Peacock en el «Times Register» dominical, mientras preparaba un desayuno de huevos a la benedictina.
Alex estaba radiante mientras comían. Margot leyó personalmente la historia del «Times Register» y concedió:
– No está mal -se inclinó y le besó-. Me alegro por ti.
– Es mejor propaganda que la que me hiciste últimamente, Bracken.
Ella dijo con alegría:
– Nunca se puede saber. La prensa da y la prensa quita. Tal vez mañana tú y tu banco seáis atacados.
Él suspiró.
– Sueles tener tantas veces razón…
Pero esta vez ella se había equivocado.
Una versión condensada de los artículos originales fue sindicada y usada por diarios de otras cuarenta ciudades. La AP, al percibir el amplio interés general, hizo su propio informe por el telégrafo nacional; y lo mismo hizo la UPI. El «Wall Street Journal» envió a un periodista redactor y pocos días después, aparecían en una primera columna de análisis de los bancos automatizados Alex Vandervoort y el First Mercantile American. Una filial de la NBC envió un equipo de televisión para entrevistar a Alex en una de las tiendas de dinero, y el video-tape fue pasado por la red de las noticias nocturnas de la National Broadcasting Corporation.
Con cada estallido publicitario la campaña de ahorros se renovaba y los negocios subían a las nubes en las tiendas de dinero.
Sin prisa, desde su elevada eminencia, el «New York Times» meditó y tomó nota. Después, a mediados de agosto, la sección dominical de Negocios y Finanzas, proclamó: Una política radical bancaria de la que se volverá a hablar.
La entrevista de Alex con el «Times» consistió en preguntas y respuestas. Empezó con la automatización, y continuó en un terreno más amplio.
Pregunta: ¿Qué es lo que principalmente anda mal en los bancos hoy en día?
Vandervoort: Nosotros, los banqueros, hace demasiado tiempo que hacemos las cosas como nos da la gana. Estamos tan preocupados con nuestro propio bienestar que pensamos muy poco en los intereses de nuestros clientes.
P.: ¿Puede darnos algún ejemplo?
V.: Sí. Los clientes bancarios… especialmente los individuos… deberían recibir mucho más dinero en interés del que reciben.
P.: ¿De qué manera?
V.: De varias maneras… en sus cuentas de ahorros; también con los certificados de depósitos; y deberíamos pagar intereses en los depósitos de demanda… es decir, en las cuentas de cheques.
P.: Hablemos primero de los ahorros. Hay una ley federal que pone límite a los intereses de ahorros en los bancos comerciales.
V.: Sí, y el propósito es proteger los ahorros y los préstamos bancarios. Casualmente hay otra ley que impide que los bancos de ahorro y préstamo permitan usar cheques a sus clientes. Esto se hace para proteger a los bancos comerciales. Lo que debería hacerse es que las leyes dejaran de proteger a los bancos y protegieran a la gente.
P.: Por «proteger a la gente», ¿quiere usted decir que aquellos que tienen ahorros deberían disfrutar del máximo de interés y de otros servicios que puede proporcionar cualquier banco?
V.: Sí, eso quiero decir.
P.: Usted ha mencionado los certificados de depósitos.
V.: La Federal Reserve de los Estados Unidos ha prohibido a los grandes bancos, como el que yo trabajo, hacer propaganda de certificados de depósito a largo plazo y a altas primas de interés. Esta clase de certificados son especialmente buenos para cualquiera que piense retirarse en el futuro, y que quiera diferir los impuestos hasta más adelante, con renta baja, por años. Los de la Federal Reserve han dado excusas curiosas para esta prohibición. Pero el verdadero motivo es proteger a los bancos pequeños contra los grandes, porque los grandes son más eficientes y capaces de mejores acuerdos. Como de costumbre en quien menos se piensa es en el público, y en los individuos que salen perdiendo.
P.: Seamos claros en esto. ¿Usted sugiere que nuestro banco central, el Federal Reserve…. se preocupa más de los pequeños bancos que de la población en general?