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El nombre de la rosa [Il nome della rosa - es]

Электронная книга - «El nombre de la rosa [Il nome della rosa - es]». Краткое содержание книги:

Apasionante trama y admirable reconstrucción de una época especialmente conflictiva, la del siglo XVI.
Valiéndose de características propias de la novela gótica, la crónica medieval, la novela policíaca, el relato ideológico en clave y la alegoría narrativa, El nombre de la rosa narra las actividades detectivescas de Guillermo de Baskerville para esclarecer los crímenes cometidos en una abadía benedictina… Y a esta apasionante trama debe sumarse la admirable reconstrucción de una época especialmente conflictiva, reconstrucción que no se detiene en lo exterior sino que ahonda en las formas de pensar y sentir del siglo XVI.
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Ahora sé que la causa del amor es el bien; y el bien se define por el conocimiento, y sólo puede amarse lo que se ha aprehendido que es bueno, mientras que a la muchacha… Sí, había aprehendido que era buena para el apetito irascible, pero también que era mala para la voluntad. Pero si entonces mi alma se agitaba entre tantos y tan opuestos movimientos, era por la semejanza entre lo que sentía y el amor más santo tal como lo describen los doctores: me producía el éxtasis, en que el amante y el amado quieren lo mismo (y, por una misteriosa iluminación, en aquel momento sabía que la muchacha, estuviera donde estuviese, quería lo mismo que yo quería), y esto me producía celos, pero no los malos, que Pablo condena en la primera a los Corintios; porque son principium contentionis y no admiten el consortium in amato,[119] sino aquellos a los que se refiere Dionisio en los Nombres Divinos, donde incluso de Dios se dice que tiene celos propter multum amorem quem habet ad existentia[120] (y yo amaba a la muchacha precisamente porque existía, y estaba contento, no envidioso, de que existiera). Estaba celoso del modo en que, para el doctor angélico, los celos son motus in amatum,[121] celos de amistad que incitan a moverse contra todo lo que perjudica al amado (y en aquel momento sólo pensaba en liberar a la muchacha del poder de quien estaba comprando su carne manchándola con sus nefastas pasiones).

Ahora sé, como dice el doctor, que el amor puede dañar al amante cuando es excesivo. Y el mío lo era. He intentado explicar lo que sentí entonces, y en modo alguno intento justificar aquellos sentimientos. Estoy hablando de unos ardores culpables que padecí en mi juventud. Eran malos, pero en honor a la verdad debo decir que en aquel momento me parecieron muy buenos. Y que esto sirva de enseñanza para todo aquel que como yo caiga en las redes de la tentación. Hoy, ya viejo, conocería mil formas de escapar a tales seducciones (y me pregunto hasta dónde debo enorgullecerme por ello, puesto que las tentaciones del demonio meridiano ya no pueden alcanzarme, pero sí otras, de modo que ahora me pregunto si lo que estoy haciendo en este momento no será entregarme pecaminosamente a la pasión terrenal de evocar el pasado, estúpido intento de escapar al flujo del tiempo, y a la muerte).

Fue casi un instinto milagroso el que entonces me salvó. La muchacha se me aparecía en la naturaleza y en las obras humanas que había a mi alrededor. De modo que, movido por una feliz intuición del alma, traté de sumirme en la detallada contemplación de dichas obras. Observé el trabajo de los vaqueros, que estaban sacando a los bueyes del establo; de los porquerizos, que estaban llevando comida a los cerdos; de los pastores, que azuzaban a los perros para que reunieran las ovejas; de los labradores, que llevaban escanda y mijo a los molinos, y salían con sacos llenos de rica harina. Me sumergí en la contem-plación de la naturaleza, tratando de olvidar mis pensamientos, de mirar a los seres tal como se nos aparecen, y, al contemplarlos, de olvidarme gozosamente de mí mismo.

¡Qué hermoso era el espectáculo de la naturaleza aún no tocada por el saber, a menudo perverso, del hombre!

Vi al cordero, cuyo nombre es como una muestra de reconocimiento por su pureza y bondad. En efecto, el nombre agnus deriva del hecho de que este animal agnoscit, reconoce a su madre, reconoce su voz en medio del rebaño, y la madre, por su parte, entre tantos corderos de idéntica forma e idéntico balido, reconoce siempre, y sólo, a su hijo, y lo alimenta. Vi a la oveja, cuyo nombre es ovis, ab oblatione, pues desde los tiempos primitivos se la ha utilizado en los sacrificios rituales; la oveja que, según su costumbre, cuando llega el invierno busca con avidez la hierba y se harta de forraje antes de que el hielo queme los campos de pastoreo. Y los rebaños estaban vigilados por perros, cuyo nombre, canes, deriva de canor,[122] por el ladrido. Animal que se destaca de los otros por su perfección, y cuya singular agudeza le permite reconocer al amo, y puede adiestrarse para cazar fieras en los bosques, para proteger el rebaño de los lobos, y además protege la casa y los hijos de su amo, llegando a veces a morir por defenderlos. El rey Garamante, apresado por sus adversarios, fue devuelto a su patria por una jauría de doscientos perros, que se abrieron camino a través de las filas enemigas. Al morir su amo, el perro de Jasón, Licio, ya no quiso comer, y murió de inanición; el del rey Lisímaco se arrojó a la hoguera de su amo para morir con él. El perro tiene el poder de cicatrizar las heridas lamiéndolas con su lengua, y la lengua de sus cachorros puede curar las lesiones intestinales. Por naturaleza, tiene el hábito de utilizar dos veces la misma comida, después de haberla vomitado. Esta sobriedad es símbolo de perfección espiritual, así como el poder taumatúrgico de su lengua es símbolo de la purificación de los pecados que se obtiene a través de la confesión y la penitencia. Pero el hecho de que el perro vuelva a lo que ha vomitado también es signo de que, después de la confesión, se vuelve a los mismos pecados de antes, y esta moraleja me fue bastante útil aquella mañana para amonestar a mi corazón mientras admiraba las maravillas de la naturaleza.

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119

«principio de rivalidad»; «consorcio en el amado».

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120

«a causa del mucho amor que tiene hacia lo existente».

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121

«movimiento hacia el amado».

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122

Las etimologías de agnus, ovis y canes son totalmente falsas o vulgares, por simple apariencia de semejanza externa, pero carentes de base científica.

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