Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Исторические детективы » El nombre de la rosa [Il nome della rosa - es]
El nombre de la rosa [Il nome della rosa - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El nombre de la rosa [Il nome della rosa - es]

Электронная книга - «El nombre de la rosa [Il nome della rosa - es]». Краткое содержание книги:

Apasionante trama y admirable reconstrucción de una época especialmente conflictiva, la del siglo XVI.
Valiéndose de características propias de la novela gótica, la crónica medieval, la novela policíaca, el relato ideológico en clave y la alegoría narrativa, El nombre de la rosa narra las actividades detectivescas de Guillermo de Baskerville para esclarecer los crímenes cometidos en una abadía benedictina… Y a esta apasionante trama debe sumarse la admirable reconstrucción de una época especialmente conflictiva, reconstrucción que no se detiene en lo exterior sino que ahonda en las formas de pensar y sentir del siglo XVI.
1 ... 75 76 77 78 79 80 81 82 83 ... 143
Перейти на страницу:

—¿Y allí comenzasteis… a uniros libremente con una mujer? —pregunté, casi sin darme cuenta; seguía obsesionado por lo que me había dicho Ubertino la noche anterior, así como por lo que luego había leído en el scriptorium, y también por lo que yo mismo había vivido.

Guillermo me miró con asombro; probablemente no esperaba que fuese tan audaz, tan indiscreto. El cillerero me echó una mirada de curiosidad, como si fuese un bicho raro.

—En el Rebello —dijo—, había gente que se había pasado la infancia durmiendo de a diez, o incluso más, en habitaciones de pocos codos de amplitud: hermanos y hermanas, padres e hijas. ¿Cómo quieres que tomaran la nueva situación? Ahora hacían por elección lo que antes habían hecho por necesidad. Y además de noche, cuando temes la llegada de las tropas enemigas y te aprietas a tu compañero, contra el suelo, para no sentir frío… Los herejes… Vosotros, monjecillos que venís de un castillo y acabáis en una abadía, creéis que es un modo de pensar inspirado por el demonio. Pero es un modo de vivir, y es… ha sido… una experiencia nueva… No había más amos, y Dios, nos decían, estaba con nosotros. No digo que tuviésemos razón, Guillermo, y de hecho aquí me tienes, pues no tardé en abandonarlos. Lo que sucede es que nunca he logrado comprender vuestras disputas sobre la pobreza de Cristo y el uso y el hecho y el derecho. Ya te dije que fue un gran carnaval, y en carnaval todo se hace al revés. Después te vuelves viejo, no sabio, te vuelves glotón. Y aquí hago el glotón… Puedes condenar a un hereje, pero ¿querrías condenar a un glotón?

—Está bien, Remigio —dijo Guillermo—. No te interrogo por lo que sucedió entonces, sino por lo que ha sucedido hace poco. Ayúdame, y te aseguro que no buscaré tu ruina. No puedo ni quiero juzgarte. Pero debes decirme lo que sabes sobre los hechos que ocurren en la abadía. Te mueves demasiado, de noche y de día, como para no saber algo. ¿Quién mató a Venancio?

—No lo sé, te lo juro. Sé cuándo murió, y dónde.

—¿Cuándo? ¿Dónde?

—Deja que te cuente. Aquella noche, una hora después de completas, entré en la cocina…

—¿Por dónde y para qué?

—Por la puerta que da al huerto. Tengo una llave que los herreros me hicieron hace tiempo. La puerta de la cocina es la única que no está atrancada por dentro. ¿Para qué?… No importa, tú mismo has dicho que no quieres acusarme por las debilidades de mi carne… —sonrió incómodo—. Pero tampoco quisiera que creyeses que me paso los días fornicando… Aquella noche buscaba algo de comida para regalársela a la muchacha que Salvatore había introducido en el recinto.

—¿Por dónde?

—Oh, además del portalón, hay otras entradas en la muralla. El Abad las conoce, yo también… Pero aquella noche la muchacha no vino, yo mismo hice que se volviera, precisamente por lo que acababa de descubrir, como ahora te contaré. Fue por eso que intenté que regresara ayer noche. Si hubieseis llegado un poco después, me habríais encontrado a mí y no a Salvatore. Fue él quien me avisó que había gente en el Edificio, y entonces volví a mi celda…

—Volvamos a la noche del domingo al lunes.

—Pues bien: entré en la cocina y vi a Venancio en el suelo, muerto.

—¿En la cocina?

—Sí, junto a la pila. Quizás acababa de bajar del scriptorium.

—¿No había rastros de lucha?

—No. Mejor dicho, junto al cuerpo había una taza quebrada, y signos de agua en el suelo.

—¿Cómo sabes que era agua?

—No lo sé. Pensé que era agua. ¿Qué otra cosa podía ser?

Como más tarde me indicó Guillermo, aquella taza podía significar dos cosas distintas. O bien que precisamente allí, en la cocina, alguien había dado a beber a Venancio una poción venenosa, o bien que el pobrecillo ya había ingerido el veneno (pero ¿dónde? y ¿cuándo?) y había bajado a beber para calmar un ardor repentino, un espasmo, un dolor que le quemaba las vísceras, o la lengua (pues, sin duda, la suya debía de estar negra como la de Berengario).

De todos modos, por el momento eso era todo lo que podía saberse. Al descubrir el cadáver, Remigio, despavorido, se había preguntado qué hacer, y había resuelto no hacer nada. Si hubiese pedido socorro, se habría visto obligado a reconocer que merodeaba de noche por el Edificio, y tampoco habría ayudado al hermano que ya estaba perdido. De modo que había decidido dejar las cosas tal como estaban, esperando que alguien descubriera el cuerpo a la mañana siguiente, cuando se abriesen las puertas. Había corrido a detener a Salvatore, que ya estaba introduciendo a la muchacha en la abadía. Después, él y su cómplice se habían ido a dormir, si sueño podía llamarse aquélla agitada vigilia que se prolongó hasta maitines. Y en maitines, cuando los porquerizos fueron a avisar al Abad, Remigio creyó que el cadáver había sido descubierto donde él lo había dejado, y se había quedado de una sola pieza al descubrirlo en la tinaja. ¿Quién había hecho desaparecer el cadáver de la cocina? De eso Remigio no tenía la menor idea.

—El único que puede moverse libremente por el Edificio es Malaquías —dijo Guillermo.

El cillerero reaccionó con energía:

—No, Malaquías no. Es decir, no creo… En todo caso, no he sido yo quien te ha dicho algo contra Malaquías…

—Tranquilízate, cualquiera que sea la deuda que te ate a Malaquías. ¿Sabe algo de ti?

—Sí —dijo el cillerero ruborizándose— y se ha comportado como un hombre discreto. Si estuviese en tu lugar, vigilaría a Bencio. Mantenía extrañas relaciones con Berengario y Venancio… Pero te juro que esto es todo lo que vi. Si me entero de algo, te lo diré.

—Por ahora puede bastar. Vendré a verte cuando te necesite.

El cillerero, sin duda aliviado, volvió a sus negocios, y reprendió con dureza a los aldeanos que entre tanto habían desplazado no sé qué sacos de simientes.

En eso llegó Severino. Traía en la mano las lentes de Guillermo, las que le habían robado dos noches antes.

—Estaban en el sayo de Berengario —dijo—. Te las había visto en la nariz, el otro día en el scriptorium. Son tuyas, ¿verdad?

—¡Alabado sea Dios! —exclamó jubiloso Guillermo—. ¡Hemos resuelto dos problemas! ¡Tengo mis lentes y por fin estoy seguro de que fue Berengario el hombre que la otra noche nos robó en el scriptorium!

No acababa de decir eso cuando llegó corriendo Nicola da Morimondo, más exultante incluso que Guillermo. Tenía en sus manos un par de lentes acabadas, montadas en su horquilla:

—¡Guillermo! —gritaba—. ¡Lo conseguí yo solo, están listas, creo que funcionan!

Entonces vio que Guillermo tenía otras lentes en la cara, y se quedó de piedra. Guillermo no quiso humillarlo. Se quitó las viejas lentes y probó las nuevas:

—Son mejores que las otras —dijo—. O sea que guardaré las viejas como reserva y usaré siempre las tuyas. —Después me dijo—: Adso, ahora voy a mi celda para leer aquellos folios. ¡Por fin! Espérame por ahí. Y gracias, gracias a todos vosotros, queridísimos hermanos.

Estaba sonando la hora tercia y me dirigí al coro, para recitar con los demás el himno, los salmos, los versículos y el Kyrie. Los demás rezaban por el alma del difunto Berengario. Yo daba gracias a Dios por habernos hecho encontrar no uno sino dos pares de lentes.

1 ... 75 76 77 78 79 80 81 82 83 ... 143
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)