Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Фэнтези » La torre de la golondrina
La torre de la golondrina - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La torre de la golondrina

Электронная книга - «La torre de la golondrina». Краткое содержание книги:

Tras una larga espera por fin ha llegado esta Torre de la golondrina de Sapkowski, perteneciente a la mal llamada saga de Geralt de Rivia, ya que el protagonismo del brujo se va diluyendo conforme avanza la saga para dejar paso a la verdadera protagonista de la serie, la joven Ciri de Cintra, pieza central de todo lo que pasa en el mundo que la rodea. Esto se hace aun más evidente en esta entrega en la que Geralt aparece solo un par de capítulos en los que continua su marcha en busca de Ciri en compañía de Jaskier y el grupo que se reunión en la anterior entrega de la serie.
La acción comienza con Ciri llegando a una cabaña de un ermitaño al que va contando su historia, y así en un enorme flashback nos pone al día de sus andanzas. A lo largo de los recuerdos de Ciri tendremos momentos llenos de acción, de crueldad, Ciri lo pasa mal, muy mal, de ternura, de humor. Todo esto esta narrado, no solo por Ciri, sino por los numerosos personajes que van apareciendo en sus andanzas, conformando un complejo puzle, que a veces es difícil de seguir, pero que consigue recrear un fresco de las aventuras de la joven en el que una vez que todo encaja asistimos a un final tan climático y abierto que nos dejará ansiosos por comenzar a leer La dama del lago, última entrega de la serie, donde suponemos que asistiremos a un final a la altura de las novelas, en realidad una sola, que conforman la serie.
Como en todas las entregas anteriores destaca la habilidad de Sapkowski para dotar de voces personales a todos y cada uno de los personajes que aparecen, tanto a los viejos amigos como a los nuevos que se incorporan en esta entrega, como el ermitaño o algunos de los bandidos,merito compartido con la excelente traducción, entrelazar una estructura narrativa alambicada en la que las distintas lineas de acción van concordando con la precisión de un reloj, aunque en esta ocasión flojean un tanto las historias de Geralt y Yennefer, mas que nada por lo poco que aportan al destino final de la serie, en comparación con la importancia del personaje de Ciri, lo que lastra el resultado final de esta entrega, que aun así es sin duda uno de los títulos imprescindibles de la fantasía.
1 ... 77 78 79 80 81 82 83 84 85 ... 113
Перейти на страницу:

– Gracias. Pero ahórrame, por favor, ese tono patético. Repito: no tomé parte en la conspiración de Thanedd. Créeme.

– ¿Acaso es tan importante -se enfureció él- que yo crea en ello? Convendría comenzar mejor por los reyes, por Dijkstra, cuyos agentes te buscan a todo lo largo y ancho del mundo. Por Filippa Eilhart y los hechiceros fieles a los reyes. De los que, como tú misma reconociste, viniste huyendo aquí, a las Skellige. A ellos es a quienes hay que aportarles las pruebas…

– No tengo pruebas -interrumpió Yennefer con rabia, al tiempo que pinchaba con el tenedor en una pequeña col que el irritado cocinero había añadido al filete de carnero-. Y si las tuviera no me permitirían presentarlas. No puedo explicarte esto, me obliga la orden de guardar silencio. Cree sin embargo en mis palabras, Crach. Te lo ruego.

– Te dije…

– Me lo dijiste-le interrumpió ella-. Me has confirmado tu ayuda. Gracias. Pero sigues sin creer en mi inocencia. Cree.

Crach tiró la cáscara vacía del bogavante, se acercó una olla con salmonetes. Rebuscó ruidosamente, escogió el más grande.

– De acuerdo -dijo por fin, mientras se limpiaba la mano en el mantel-. Te creo. Porque quiero creerte. Pero no te concederé asilo ni protección. No puedo. Sin embargo, tú puedes dejar Skellige cuando quieras e ir adonde quieras. Te sugeriría que te apresuraras. Llegaste aquí, permite que tal me exprese, en alas de la magia. Otros pueden seguir tus pasos. También saben hechizos.

– Yo no busco asilo ni un escondrijo seguro, yarl. Yo tengo que ir a salvar a Ciri.

– Ciri -repitió él, pensativo-. La Leoncilla… Era una niña extraña.

– ¿Era?

– Ohh. -Se enervó de nuera-. Mal me expresé. Era, porque ya no es una niña. Eso es a lo que me refería. Sólo a eso. Cirilla, la Leoncilla de Cintra… Pasaba en las Skellige veranos e inviernos. Más de una vez hizo unas travesuras que para qué. Diablilla era, y no Leoncilla… Voto a bríos, ya dije por segunda vez que «era»… Yennefer, aquí nos han llegado diversos rumores desde el continente… Unos dicen que Ciri está en Nilfgaard…

– No está en Nilfgaard.

– Otros dicen que la muchacha está muerta.

Yennefer guardaba silencio, mordiéndose los labios.

– Pero este último rumor -dijo el yarl con dureza- yo lo rechazo. Estoy seguro de ello. No ha habido señal alguna… ¡Ella está viva!

Yennefer alzó las cejas. Pero no hizo preguntas. Guardaron silencio largo rato, sumidos en el rumor de las olas que se estrellaban contra las rocas de Ard Skellig.

– Yennefer -dijo al cabo Crach-. Del continente nos han llegado otras noticias. Sé que tu brujo, que después de la paliza de Thanedd se ocultó en Brokilón, se fue de allí con intenciones de llegar a Nilfgaard y liberar a Ciri.

– Repito, Ciri no está en Nilfgaard. No sé qué es lo que pretende mí, como has querido llamarlo, brujo. Pero él… Crach, no es ningún secreto que yo… le tengo afecto. Pero sé que él no salvará a Ciri, no conseguirá nada. Lo conozco. Él se equivocará, se perderá, comenzará a filosofar y a tener piedad de sí mismo. Luego descargará su rabia rajando con la espada a quien sea que tenga a mano. Luego, como expiación, realizará cualquier acto noble pero sin sentido. Al final, con toda seguridad, terminará muerto, de una forma tonta y sin sentido, lo más probable de una puñalada por la espalda…

– Dicen -introdujo a toda prisa Crach, asustado por el tono cambiado, extraño y sombrío de la temblorosa voz de la hechicera-. Dicen que Ciri le está predestinada. Yo mismo lo vi, entonces, en Cintra, durante la petición de mano de Pavetta…

– La predestinación -le interrumpió bruscamente Yennefer- puede ser interpretada de formas muy diversas. Muy diversas. Pero es una pena perder el tiempo con divagaciones. Repito que no sé lo que Geralt pretende, si es que pretende algo. Pero tengo intenciones de ponerme yo misma manos a la obra. Con mis métodos. Y activamente, Crach, activamente. Yo no acostumbro a sentarme y llorar, agarrándome la cabeza con las dos manos. ¡Yo actúo!

El yarl alzó las cejas, pero no dijo nada.

– Actuaré -repitió la hechicera-. Ya tengo un plan pensado. Y tú, Crach, me ayudarás, siguiendo la promesa que hiciste.

– Estoy listo -afirmó con dureza-. A todo. Los drakkars están en el puerto. Ordena, Yennefer.

Ella no resistió: tuvo que reírse.

– Siempre el mismo. No, Crach, ninguna prueba de hombría y valentía. No hará falta navegar hasta Nilfgaard y alzar el hacha en combate en la Ciudad de las Torres de Oro. Me hará falta una ayuda menos espectacular. Pero más concreta… ¿Cuál es el estado de tus finanzas?

– ¿Cómo?

– Yarl Crach an Craite. La ayuda que necesito se puede medir en moneda contante y sonante.

Comenzó al día siguiente. En las habitaciones dadas para el uso de Yennefer reinaba un loco desorden que sólo con el mayor de los esfuerzos podía controlar el senescal Guthlaf, que había sido asignado a la hechicera.

Yennefer estaba sentada a la mesa, casi sin alzar la cabeza de los papeles. Calculaba, sumaba columnas, hacía cuentas, con las que de inmediato alguien echaba a correr hacia el tesoro y hacia la filial del banco de los Cianfanelli. Dibujaba y trazaba, y los dibujos y los trazos iban a parar a manos de los artesanos: alquimistas, plateros, vidrieros, joyeros.

Durante algún tiempo todo funcionó bien; luego comenzaron los problemas.

– Lo siento, noble hechicera -pronunció despacio el senescal Guthlaf-. Pero si no hay, no hay. Os hemos dado todo lo que teníamos. ¡Nosotros no sabemos hacer milagros ni hechizos! Y me permito haceros observar que lo que yace ante vos son diamantes de un valor conjunto de…

– ¿Y a mí qué me importa ese valor conjunto? -bufó Yennefer-. Yo necesito uno, pero lo suficientemente grande. ¿Cómo de grande, maestro?

El tallador de diamantes miró otra vez el dibujo.

– ¿Para realizar una talla y unas facetas como éstas? Como mínimo treinta quilates.

– Una piedra así -afirmó categóricamente Guthlaf- no existe en todas las Skellige.

– No es cierto -le contradijo el joyero-. Existe.

– ¿Qué es lo que te piensas, Yennefer? -Crach an Craite frunció las cejas-. ¿He de enviar a unos hombres armados para que asalten y saqueen ese santuario? ¿Tengo que amenazar a las sacerdotisas con mi furia si no nos dan el brillante? No entra en juego. No soy especialmente religioso, pero un santuario es un santuario, y unas sacerdotisas son unas sacerdotisas. Sólo puedo pedírselo educadamente. Hacerlas entender cuánto lo necesito y cuan grande sería mi agradecimiento. Pero esto no será más que una petición. Una súplica humillante.

– ¿Que se puede rechazar?

– Así es. Pero no se pierde nada con probar. ¿Qué es lo que arriesgamos? Vayamos los dos a Hindarsfjall, presentaremos esta súplica. Yo les haré entender a las sacerdotisas lo que haga falta. Y luego todo estará en tus manos. Negocia. Presenta argumentos. Intenta el soborno. Despierta ambiciones. Refiérete a todas las razones. Desespérate, llora, revuélcate, pide piedad… ¡Por todos los diablos del mar! ¿Voy a tener que enseñarte, Yennefer?

– Eso no sirve de nada, Crach. Una hechicera nunca llegará a un acuerdo con una sacerdotisa. La diferencia de… formas de ver el mundo es demasiado fuerte. Y en la cuestión de permitir a un hechicera el uso de un artefacto o de una reliquia «sagrada»… No, hay que olvidarse de ello. No hay ni una posibilidad…

– ¿Para qué exactamente quieres ese brillante?

– Para construir una «ventana». Es decir, un megascopio de telecomunicación. Tengo que hablar con unas cuantas personas.

– ¿Mágico? ¿A distancia?

– Si me bastara con subir a la cumbre de Kaer Trolde y gritar muy fuerte, no te molestaría.

Las gaviotas y petreles giraban por encima del agua. Los ostreros de rojos picos que anidaban en los abruptos acantilados y fiordos de Hindarsfjall chillaban agudamente, chirriaban y graznaban roncos los alcatraces de amarilla cabeza. Los negros copetes de los cormoranes marinos observaban cómo la barca avanzaba con una atenta mirada de sus brillantes ojos verdes.-Esa roca enorme suspendida sobre el agua -señaló Crach an Craite apoyado en el pretil- es Kaer Hemdall, la Guarida de Hemdall. Hemdall es nuestro héroe mítico. La leyenda dice que cuando llegue el Tedd Deireádh, el Tiempo del Fin, el Tiempo de la Helada Blanca y la Tormenta del Lobo, Hemdall se enfrentará a las fuerzas del mal del país de Morhógg, los espectros, demonios y fantasmas del Caos. Estará en el Puente del Arco Iris y soplará en el cuerno, como señal de que es hora de echar mano al arma y ponerse en formación de combate. Para Ragh nar Roog, la Última Batalla, que decidirá si cae la noche o despuntará el alba.

1 ... 77 78 79 80 81 82 83 84 85 ... 113
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)