La torre de la golondrina
- Автор: Сапковский Анджей
- Язык: испанский
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «La torre de la golondrina». Краткое содержание книги:
La acción comienza con Ciri llegando a una cabaña de un ermitaño al que va contando su historia, y así en un enorme flashback nos pone al día de sus andanzas. A lo largo de los recuerdos de Ciri tendremos momentos llenos de acción, de crueldad, Ciri lo pasa mal, muy mal, de ternura, de humor. Todo esto esta narrado, no solo por Ciri, sino por los numerosos personajes que van apareciendo en sus andanzas, conformando un complejo puzle, que a veces es difícil de seguir, pero que consigue recrear un fresco de las aventuras de la joven en el que una vez que todo encaja asistimos a un final tan climático y abierto que nos dejará ansiosos por comenzar a leer La dama del lago, última entrega de la serie, donde suponemos que asistiremos a un final a la altura de las novelas, en realidad una sola, que conforman la serie.
Como en todas las entregas anteriores destaca la habilidad de Sapkowski para dotar de voces personales a todos y cada uno de los personajes que aparecen, tanto a los viejos amigos como a los nuevos que se incorporan en esta entrega, como el ermitaño o algunos de los bandidos,merito compartido con la excelente traducción, entrelazar una estructura narrativa alambicada en la que las distintas lineas de acción van concordando con la precisión de un reloj, aunque en esta ocasión flojean un tanto las historias de Geralt y Yennefer, mas que nada por lo poco que aportan al destino final de la serie, en comparación con la importancia del personaje de Ciri, lo que lastra el resultado final de esta entrega, que aun así es sin duda uno de los títulos imprescindibles de la fantasía.
Yennefer guardaba silencio.
– No se trata de un cuento de hadas -siguió Crach-. Yo mismo lo he visto, con mis propios ojos. Tres veces. Después de la muerte de Adalia la Adivina, después de la muerte de Calanthe… Y después de la muerte de Pavetta, la madre de Ciri.
– Pavetta -advirtió Yennefer- murió precisamente durante una tormenta, así que es difícil decir que…
– Pavetta -le interrumpió Crach, todavía pensativo- no murió durante la tormenta. La tormenta comenzó tras su muerte, el mar como de costumbre reaccionó a la muerte de alguien de sangre cintriana. Investigué el asunto el suficiente tiempo. Y estoy seguro de ello.
– Es decir, ¿de qué?
– El barco en el que navegaban Pavetta y Duny se hundió en el famoso Abismo de Sedna. No es el primer barco que se pierde allí. Seguro que lo sabes.
– Cuentos. Los barcos son afectados por alguna catástrofe, es una cosa muy natural…
– En las Skellige -le interrumpió él con bastante brusquedad- sabemos suficiente acerca de barcos y navegación como para saber diferenciar las catástrofes naturales de las innaturales. En el Abismo de Sedna los barcos desaparecen de forma innatural. Y no por casualidad. Lo mismo se refiere al barco en el que navegaban Pavetta y Duny.
– No voy a polemizar. -La hechicera suspiró-. Al fin y al cabo, ¿qué sentido tiene? ¿Al cabo de casi quince años?
– Para ella lo tiene. -El yarl apretó los labios-. Yo sacaré a la luz este asunto. Sólo es cuestión de tiempo. Sabré… Encontraré una aclaración para todos los enigmas. También al de la época de la matanza de Cintra…
– ¿Y cuál es ahora este enigma?
– Cuando los nilfgaardianos entraron en Cintra -murmuró, mirando por la ventana-, Calanthe ordenó sacar en secreto a Ciri de la ciudad. Lo que pasaba es que la ciudad estaba ya ardiendo, los Negros estaban por todos lados, las posibilidades de escapar del cerco eran mínimas. Le desaconsejaron a la reina aquella empresa tan arriesgada, se le sugirió que Ciri capitulara formalmente ante los atamanes de Nilfgaard, que de esa manera salvara la vida y la razón de estado cintriana. En las calles llameantes moriría con toda seguridad y totalmente sin sentido a manos de la soldadesca. Y la Leona… ¿Sabes lo que respondió, según los testigos presenciales?
– No.
– «Mejor que la sangre de la muchacha corra por los adoquines de Cintra que no que sea mancillada». ¿Mancillada, cómo?
– Por el matrimonio con el emperador Emhyr. Con la inmundicia nilfgaardiana. Yarl, ya es tarde. Mañana comienzo al alba… Te tendré informado de todos los adelantos.
– Cuento con ello. Buenas noches, Yenna… Humm…
– ¿Qué, Crach?
– ¿No tendrías, humrn, ganas…?
– No, yarl. Lo pasado, pasado está. Buenas noches.
– Vaya, vaya. -Crach an Craite miró a la recién llegada, inclinando la cabeza-. Triss Merigold en carne y hueso. Vaya un vestido más bonito. Y la piel… ¿Es chinchilla, verdad? Te preguntaría qué es lo que te trae aquí, a las Skellige… si no supiera lo que te trae. Pero lo sé.
– Maravilloso. -Triss sonrió arrebatadoramente, arregló sus hermosos cabellos castaños-. Es maravilloso que ya lo sepas, yarl. Eso nos ahorrará la introducción y las aclaraciones introductorias, nos permite pasar directamente al grano.
– ¿A qué grano? -Crach cruzó los brazos sobre el pecho y midió a la hechicera con una fría mirada-. ¿Qué es lo que tendríamos que preceder con introducciones, cuáles serían esas aclaraciones? ¿A quién represen-tas, Triss? ¿En nombre de quién has venido aquí? El rey Foltest, al que servías, te agradeció tus servicios con el destierro. Aunque no eras culpable de nada, te echó de Temería. Por lo que he oído, te ha acogido bajo su ala Filippa Eilhart, quien hoy día, junto con Dijkstra, gobierna de hecho en Redania. Como veo, correspondes al asilo como mejor puedes. Ni siquiera vacuas en aceptar el papel de agente secreto para perseguir a tu antigua amiga.
– Me insultas, yarl.
– Pido perdón con humildad. Si me he equivocado. ¿Me he equivocado?
Guardaron silencio durante largo rato, midiéndose con una mirada desconfiada. Por fin Triss se enfadó, blasfemó, dio taconazos.
– ¡Ah, al diablo! ¡Dejemos de pincharnos el uno al otro! ¿Qué importancia tiene a quién se sirve, quién está con quién, a quién se le da crédito y con qué motivos? Yennefer está muerta. Todavía no se sabe dónde y en qué manos está Ciri… ¿Qué sentido tiene jugar a secretismos? No he venido hasta aquí como espía, Crach. Vine aquí por propia iniciativa, como persona privada. Movida por mi preocupación por Ciri.
– Todos se preocupan por Ciri. Esa muchacha tiene suerte.
Los ojos de Triss lanzaron destellos.
– Yo no me burlaría de ello. Sobre todo en tu lugar.
– Disculpa.
Callaron, ensimismados, mirando por la ventana al rojo sol que se ponía al otro lado de las cumbres de Spikeroog.
– Triss Merigold.
– Dime, yarl.
– Te invito a cenar. Ah, el cocinero mandó preguntar si todas las hechiceras desprecian los mariscos bien preparados.
Triss no despreciaba los mariscos. Al contrario, comió dos veces más de lo que tenía previsto y ahora comenzaba a temer por su talle, por esas veintidós pulgadas de las que estaba tan orgullosa. Decidió ayudar la digestión con vino blanco, el famoso Est Est de Toussaint. De la misma forma que Crach, lo bebía en un cuerno.
– Así que -siguió ella la conversación- Yennefer apareció por aquí el diecinueve de agosto, cayendo espectacularmente del cielo en una red de pescadores. Tú, como fiel vasallo de Cintra, le diste asilo. La ayudaste a construir un megascopio… Con quién hablara, por supuesto no lo sabes.
Crach an Craite tiró fuerte del cuerno y ahogó un eructo.
– No lo sé -adoptó una sonrisa astuta-. Claro que no lo sé. ¿Qué va a saber un pobre y simple marinero de las cosas de las poderosas hechiceras?
Sigrdrifa, la sacerdotisa de Modron Freya, bajó la cabeza mucho, como si las preguntas de Crach an Craite le pesaran mil libras.
– Ella confiaba en mí, yarl -murmuró apenas audible-. No me exigió que hiciera juramento de guardar silencio, pero estaba claro que le importaba mucho la discreción. Yo de verdad no sé si…
– Modron Sigrdrifa -le interrumpió serio Crach an Craite-. Lo que te pido no es una delación. Del mismo modo que tú, apoyo a Yennefer, del mismo modo que tú deseo que encuentre y salve a Ciri. ¡Si yo hasta hice un bloedgeas, un juramento de sangre! En lo que respecta a Yennefer, me mueve la preocupación por ella. Es una mujer extraordinariamente orgullosa. Incluso yendo a un peligro muy grande, no se rebaja a pedir. Así que es posible que haya que apresurarse a ir a ayudarla con ayuda no deseada. Pero para hacer eso, necesito información.
Sigrdrifa carraspeó. Hizo una mueca imprecisa. Y cuando comenzó a hablar, la voz le temblaba un tanto.
– Construyó esa máquina… En suma, no es una máquina, porque no tiene mecanismo alguno, sólo dos espejos, una cortina de terciopelo negro, una caja, dos lentes, cuatro lámparas, bueno, y por supuesto, Brisingamen… Cuando ella pronuncia un hechizo, la luz de las dos lámparas cae…
– Dejemos los detalles. ¿Con quién habló?
– Habló con varias personas. Con hechiceros… Yarl, no escuché todo, pero lo que escuché… Entre ellos son gente miserable. Ninguno quiso ayudar desinteresadamente… Exigieron dinero… Todos exigieron dinero…
– Lo sé -murmuró Crach-. El banco me informó de las transferencias que realizó. ¡Buenas perras, pero buenas, me está costando mi juramento! Pero el dinero es cosa que se consigue. Lo que he dado para Yennefer y Ciri me lo recuperaré en las provincias nilfgaardianas. Pero sigue hablando, madre Sigrdrifa.
– A algunos -la sacerdotisa bajó la cabeza- Yennefer simplemente los chantajeó. Les dio a entender que estaba en posesión de información comprometedora y que si rehusaban colaborar la revelaría a todo el mundo… Yarl… Es una mujer inteligente y, en el fondo, buena… Pero no tiene escrúpulo alguno. No se anda con contemplaciones. Ni tiene piedad.