El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]
- Автор: Черри Кэролайн Джэнис
- Год: 1988
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-7735-856-7
- Переводчик: Albert Sole
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]». Краткое содержание книги:
Una saga espacial que moderniza lo mejor de la clásica space opera y que da inicio a una tetralogía que hará historia dentro del genero.
—Encontramos hogar —dijo Tully—, no lejos de Punto de Encuentro. Ya sabes. Tus registros, los instrumentos de tu nave, nos ayudarán.
—No será difícil —le replicó Pyanfar—. Sólo necesitamos hacer pasar vuestros datos al traductor y luego acoplaremos nuestros mapas respectivos, ¿entiendes? Enseguida descubriremos la respuesta.
—Mahendo’sat —dijo Dientes-de-oro—, tienen idea primera clase sobre dónde encontrar espacio de Tully. Mapas de primera clase.
Sí, pensó Pyanfar, realmente tenía demasiados amigos.
Tully partió finalmente para ocuparse de sus propios asuntos, no sin darle un buen apretón de brazos antes a Haral y Tirun, y uno más fuerte aún a la propia Pyanfar, tras estrechar enérgicamente la mano de Dientes-de-oro y de Kifas Llun, entre otras: Pyanfar pensó que ahora Tully debía ocupar una posición de importancia entre los suyos, dado que sabía muchas cosas que ellos ignoraban y poseía amistades poderosas y de gran utilidad. Pyanfar pensó igualmente que se lo merecía, recordando aquel pobre ser envuelto en mantas que se había agazapado en un rincón de los lavabos.
Hizo una breve llamada a Kohan (sentía que la voz se le estaba poniendo ronca y le temblaban las rodillas) pero valió la pena: oír que las cosas se habían arreglado resultaba tranquilizador, así como enterarse de que Kohan había tomado por fin una comida decente y que en la mansión volvía a reinar un poco el orden.
Mientras su mundo había estado bajo la amenaza de los cañones kif, habían limpiado la casa y luego prepararon una buena comida y empezaron a encargarse de repoblar el jardín. Pyanfar sintió cómo se le abatían las orejas al pensar en lo poco real que resultaba el universo para todos los miembros de la raza hani que vivían en su planeta, incapaces ni tan siquiera de llegar a concebir lo que estuvo a punto de ocurrirles. Al oír hablar de los graves daños sufridos por la estación les parecía oír que en algún lugar remoto del globo había tenido lugar un terremoto: meneaban la cabeza en simpatía y lo lamentaban pero no tenían ninguna sensación personal de pérdida (sí, naturalmente, sentían cierta preocupación por su parentela), aunque luego, una vez en el planeta, hubiera muchos abrazos y expresiones de simpatía. Pero eran capaces de restaurar el orden de su mundo plantando nuevos esquejes en el jardín y preparando la comida de Kohan.
An, que los dioses cuidaran bien de ellos.
Usando sus últimas reservas de fuerza fue hasta el hospital para ver a las heridas de Chanur, porque ocupaba la primera posición en la casa y eso tenía bastante significado para ellas; porque debía ser cortés con Rhean, que estaba sentada junto a sus propias bajas; porque el recibir noticias del hogar sería un consuelo para ellas, ya que no pertenecían a las tripulaciones y no se habían olvidado del planeta y eran capaces de comprender lo necesario que era arreglar una vez más el jardín.
Luego se puso en contacto con la oficina central de la estación, asegurándose de que las Rau habían logrado encontrar un modo de volver a su nave: un pequeño carguero se había ofrecido a llevarlas hasta allí.
Y por último ella, con Haral y Tirun detrás, recorrió el largo camino que había hasta la Orgullo, sintiendo que con el sencillísimo acto de poner un pie a continuación del otro estaba llegando al límite de su resistencia. Cojeaba y se dio cuenta de que, sin saber cómo, había logrado partirse una garra. Pero deseaba con tal fervor un baño, la cama y el desayuno cuando despertara que no le importó demasiado.
Sin embargo, cuando estuvo a bordo de la Orgullo aún hizo una cosa más: pasó por la enfermería a ver qué tal estaban Hilfy y Chur, para encontrarlas cómodamente dormidas en sus catres, casi tocándose en el diminuto compartimiento, en tanto que Geran dormitaba sentada junto a la puerta.
Geran despertó al sentir la sombra de Pyanfar sobre su rostro y empezó a murmurar disculpas con los ojos hinchados por el suelo. Pyanfar le hizo un gesto de que no importaba y en ese mismo instante Tirun y Haral se asomaron al hueco de la puerta como dos fantasmas agotados.
—¿Y Khym? —dijo Pyanfar, notando de pronto su ausencia.
—Un catre en el lavabo —dijo Geran—. Capitana, yo… se negó a instalarse en el camarote de Hilfy, a pesar de que ella insistió mucho.
—Ya —Pyanfar se acercó a Chur y luego a Hilfy, notando que tenían los rasgos relajados y dormían con toda normalidad.
—¿Alguna orden? —preguntó Haral, aparentemente temiendo lo peor.
—Dormid —le dijo Pyanfar desde el umbral, disponiéndose a salir, y las dos hermanas se dispusieron a obedecerla con el rostro bastante alegre.
Pyanfar recorrió el pasillo que conducía hasta el lavabo y abrió la puerta.
Khym estaba envuelto en un gran montón de mantas y dormía profundamente. Uno de sus ojos estaba cubierto por un vendaje pero el otro se abrió, enfocándose sobre Pyanfar. Khym se removió en el catre, medio incorporándose y Pyanfar vio que le habían curado las terribles heridas de sus pobres orejas, al igual que los profundos arañazos de sus brazos y espalda. Había zonas donde le faltaba el vello y tanto su barba como su melena parecían haber sufrido el asalto de un vendaval, revelando los sitios donde habían tenido que afeitarle para curar los arañazos.
—¿Te encuentras mejor? —le preguntó.
—Ker Geran me ha metido tal cantidad de antibióticos dentro que ahora debo ser inmortal.
Su eterno humor, aunque sonaba algo apagado. Pyanfar se dejó caer en un extremo del catre y trató de poner buena cara, al igual que lo hacía Khym, por muy fea que fuera la situación. Alargó la mano y le golpeó levemente la rodilla.
—He oído decir que dejaste sin aliento a todos esos kif.
Khym se encogió de hombros, agitando las orejas como para no darle importancia a todo eso.
—Ya has visto una estación —le dijo Pyanfar—. ¿Qué te parece?
Sus orejas se enderezaron de golpe.
—Que valía la pena verla.
—Cuando hayamos recuperado un poco el sueño pendiente te enseñaré la nave.
—Ya sabes que no puedo permanecer aquí. Tendrás que encontrar un pasaje para mí en el trasbordador de mañana.
—¿Por qué no puedes quedarte?
Khym lanzó una risita algo sorprendida.
—Porque tanto la casa Llun como las demás dirán que no puedo, ésa es la razón. No hay muchos señores tan tolerantes como na Kohan…
, —Así que la estación es su territorio, bien… Pensé que quizá pudieras llegar a considerar la conveniencia de permanecer un tiempo en el mío. En la Orgullo.
—Dioses, entonces…
—…entonces, ¿qué harían? ¿Hablar por los codos? Por los dioses, Khym, si puedo transportar a un Extraño del sexo masculino desde un extremo del Pacto hasta el otro y sobrevivo a ello, estoy condenadamente segura de que sabré salir con bien de sus comadrees. En estos momentos una Chanur puede permitirse el lujo de hacer lo que le venga en gana. Ese Extraño es un premio de primera categoría y nos ha proporcionado unos contactos que costará años el explorar a fondo. Puedo entendérmelas bien con Tully, así como con los mahendo’sat y haré un trato sin precedentes, Khym. ¿Quién va a enterarse de tu presencia a bordo y quién va a escandalizarse por ello una vez que no estemos en el territorio de siempre? ¿Crees que a los mahendo’sat les importan algo las costumbres hani? No, en lo más mínimo.
—Na Kohan…
—¿Es asunto suyo? Tú eres cosa mía, como siempre lo fuiste; te dejó quedarte en las tierras de Chanur, ¿no? Si llegó a consentir eso, entonces aún le preocupará menos el que te encuentres unos cuantos años luz más lejos a bordo de una nave Chanur. Y en este mismo instante, lo que deseo es… Bueno, Kohan va a tener mucha paciencia con mis deseos.
Khym estaba escuchando atentamente, con tas orejas tan erguidas que realmente le faltaba muy poco para estremecerse.