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READ-E-BOOK » Научная фантастика » El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]
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El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]

Электронная книга - «El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]». Краткое содержание книги:

Los comerciantes hani y sus antiguos enemigos, los kif, coexisten en precaria paz en la estación Punto de Encuentro. Hasta que el Extraño aparece y provoca la gran conmoción que acabará poniendo en peligro el pacto interestelar entre diversas especies. La capitana hani Pyanfar Chanur deberá afrontar la persecución de los kif, con la ayuda de los mahendo sat y la constante presencia de los misteriosos knnn. Y todo ello sin olvidar la defensa de la mismísima casa de Chanur en su planeta natal.
Una saga espacial que moderniza lo mejor de la clásica space opera y que da inicio a una tetralogía que hará historia dentro del genero.
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—No —dijo la capitana Rau, empezando a soltarse de su puesto. Las demás siguieron su ejemplo. Pyanfar dio un salto en el aire y miró hacia el pasillo, viendo cómo una silueta ataviada con una camisa blanca se acercaba flotando por él, seguida muy de cerca por una marea de hani con armas. La capitana Rau salió del pozo yendo hacia la esclusa más cercana, Pyanfar fue hasta el tablero y cogió el micrófono mientras que el resto de la tripulación abandonaba los controles.

—¡Tirun! ¿Dónde están los kif?

—Sólo los dioses lo saben. La Mahijiru está protegiendo nuestra retaguardia; el resto será mejor explicarlo cuando hayáis subido a la Orgullo.

Pyanfar se vio bruscamente rodeada por los cuerpos de sus compañeras. La esclusa se abrió hacía dentro y un torrente de aire frío entró silbando por ella.

—Ahora vamos —dijo Pyanfar y, soltando el micrófono, le dio una patada al conducto más cercano y se precipitó entre el torrente de cuerpos, cayendo en el oscuro y paralizante frío que reinaba en el interior del tubo que la Orgullo había conectado con la otra nave. Sus miembros se quedaron rápidamente insensibles y el aliento era como mil alfilerazos en sus pulmones, en tanto que las lágrimas que brotaban de sus ojos parecían congelarse nada más haber nacido. Dolía, dioses, cómo dolía. Cuando llegó al casco de la Orgullo vio encenderse una luz verde, una baliza de seguridad, ardiendo como una lejana estrella capaz de guiarla a través de las tinieblas, indicando la situación del ascensor. Una cadena azul de luces más pequeñas puntuaba las tinieblas indicando dónde empezaba el cable de entrada rápida—. ¡Khym! —gritó Pyanfar, pensando en su falta de experiencia en el espacio—, Khym, las luces azules indican el cable. ¡Tully, ve hacia las luces azules!

—Ya los tengo —gritó más adelante la joven voz de Hilfy—, les he cogido a los dos.

Una puerta se abrió en el ascensor. Alguien había conseguido llegar hasta él. El lejano rectángulo se fue haciendo mayor, dibujando un perímetro de blancura cegadora por el que se precipitaba un torrente de siluetas oscuras que iban avanzando penosamente a lo largo del camino marcado con las luces azules: algunos se movían como si estuvieran nadando en el aire y otros utilizaban el cable para impulsar a los nadadores. Los cuerpos chocaban unos con otros pero seguían avanzando lentamente hacia la recámara del ascensor, donde cobraban repentinamente color e identidad. Pyanfar se encontró propulsada por fin al interior del recinto y unos segundos después una última silueta se materializó en mitad del resplandor blanco: la capitana Rau.

—Ya estamos dentro —gritó Chur por el comunicador. Haral gritó a su vez una advertencia y cerró la puerta del ascensor: la cabina se puso en marcha y de pronto todos los cuerpos que la ocupaban se encontraron empujados hacia el suelo.

—¡Cogeos donde podáis! —les gritó Pyanfar a los novatos pero los que tenían experiencia ya estaban ayudándoles a sostenerse y, con igual brusquedad a la usada para arrancar, la cabina se detuvo con un fuerte golpe y su posición se sincronizó casi al instante con la del cilindro giratorio interior en el que había encajado. Ahora ya había gravedad y el ascensor se puso de nuevo en movimiento, ahora hacia arriba. La Orgullo se movía, lentamente al principio, y los ocupantes de la cabina empezaron a sentir los efectos de su aceleración. Algo crujió en la distancia.

—La abrazadera se ha soltado —dijo Haral—. El ascensor siguió subiendo, dejando atrás la cubierta inferior hasta llegar a la principal. Los pies de sus ocupantes iban logrando encontrar el suelo y quienes nunca habían salido de su planeta se resistían a soltar a quienes les habían guiado durante la etapa de ingravidez, con las orejas gachas y los ojos extraviados.

La cabina se detuvo y la puerta se abrió, dejando ver la cubierta principal. Pyanfar se abrió paso a empujones y corrió por el pasillo principal hasta llegar al puente, con sus garras rechinando sobre la cubierta para resistir el aún suave impulso de la aceleración. Haral iba detrás de ella, casi pisándole los talones.

—Cubierta inferior —gritó Chur detrás de ella—. Vamos abajo, allí hay más espacio y se está más seguro.

La puerta volvió a cerrarse y el ascensor se puso de nuevo en marcha con un zumbido. Pyanfar no miró hacia atrás. Pasó corriendo junto a Geran y Tirun, que ocupaban los puestos números tres y dos, mientras que Haral se instalaba en su asiento, y llegó finalmente a su puesto, ocupándolo sin decir palabra, Las imágenes afluían veloces a las pantallas, indicando su posición con respecto al planeta y a la estación: un punto simbolizaba a los knnn, que flotaban bastante alejados del caos de puntos que representaba al resto de naves, dos de ellas identificadas como mahe, en tanto que junto a la estación se veía una masa borrosa que señalaba la horda de restos metálicos sin identificar creada por la destrucción de varias naves y el curso errático que seguían sus restos.

—La Aja Jin sufrió daños —dijo Tirun con voz tranquila—. Los kif invadieron el control de tráfico de la estación y destruyeron los aparatos. La familia Llun tenía demasiados problemas a la vez; todo el mundo se estaba lanzando hacia la nave más próxima: Logramos abandonar el muelle y salimos huyendo con el resto. Supusimos que se dedicarían a observar las naves que iban en dirección opuesta. El ataque tuvo lugar hace unos tres cuartos de hora y esta vez venía del exterior del sistema. Nuestro curso actual nos lleva de vuelta a la estación: la Fortuna logró desembarcar un grupo no hace mucho y algunas otras naves lograron pasar después que ella. ¿Qué hacemos?

—Seguiremos hablando y de momento mantened el rumbo actual —Pyanfar tendió el brazo y accionó el aviso de que la nave estaba en movimiento—. Estamos acelerando —dijo por el comunicador, dirigiéndose a toda la nave—. Agarraos bien; voy a mantener el comunicador abierto desde aquí. Tenemos problemas y no quiero ningún jaleo por ahí abajo. Tirun, ¿qué dice el ordenador sobre los movimientos de los kif? ¿Tienes algún curso trazado?

Los datos aparecieron en la pantalla.

—Todas las estaciones han desconectado sus pantallas de datos, o al menos no recibimos nada de ellas. Algunas naves kif han salido del muelle pero no sabemos cuáles son. Lo único bueno de todo el asunto es que, al interrumpirse los datos procedentes de la estación bastante antes del ataque, no sabían nada sobre nuestras posiciones para poder guiarse, salvo la última que transmitieron de la estación, con lo que su ataque no fue muy preciso. La Aja Jin fue alcanzada al encontrarse inmóvil y cómo mínimo le dieron a un carguero y creemos que a unos cuantos kif, pero no sabemos nada con precisión, pues nadie está emitiendo apenas y muchos cargueros se están escondiendo lo mejor posible. Creo que en su próximo ataque se concentrarán en los blancos localizados hasta el momento: la estación, la última posición conocida de la Aja Jin…

—Anuurn, quizá.

Tirun la miró con las orejas pegadas al cráneo.

—Veo que has estado analizando la cuestión —dijo Pyanfar—. Te sigo. Dime cuáles han sido tus conclusiones. ¿Dónde piensas que se encuentra Akukkakk?

—Creo que logró salir de la estación y le habrá sido imposible acelerar lo suficiente como para participar en el ataque. Creo que debe ser una de esas naves que andan por ahí, manteniéndose tan quieto y callado como el resto. Y sólo descubriremos de cuál se trata cuando la fuerza de ataque vuelva para repetir su embestida de antes.

Pyanfar asintió. Comprender rápidamente las posibilidades de la maniobra que le habían servido en bandeja al salir los cargueros de la estación y aprovecharla en ventaja propia. Sí, era muy probable. Entraba en el estilo de Akukkakk, un estilo para el que ya estaba empezando a desarrollar cierta intuición, como si fuera capaz de percibir en cierto grado cuáles serían sus movimientos, sabiendo que si se enfrentaba a un desafío su reacción era siempre responder con otro mayor.

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