El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]
- Автор: Черри Кэролайн Джэнис
- Год: 1988
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-7735-856-7
- Переводчик: Albert Sole
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]». Краткое содержание книги:
Una saga espacial que moderniza lo mejor de la clásica space opera y que da inicio a una tetralogía que hará historia dentro del genero.
—Están a salvo —le medio preguntó, medio afirmó Tully—. ¿Chur y Hilfy?
—Vamos a salir —dijo Pyanfar, apartándose de los controles—. Vamos a salir todas de aquí, por los dioses. —Se puso en pie y recordó la cinta que habían estado grabando durante el regreso. La cogió y se la metió en el bolsillo—. Vamos.
Salieron del puente y recorrieron el pasillo a toda prisa, cogiendo el ascensor y luego yendo hasta la escotilla. Sí hubo un momento en el que pareciera adecuado echar a correr de pura alegría, sin duda debió ser durante ese interminable trayecto por la rampa; pero Pyanfar logró mantener el paso relativamente tranquilo hasta encontrarse en el muelle ennegrecido por el fuego, donde grupos de hani armadas montaban guardia.
Chur, Hilfy, algunos miembros del grupo de Chanur. Oh, dioses, Hilfy llevaba un vendaje manchado de sangre en el costado y se apoyaba en Chur, que, a su vez, llevaba un brazo en cabestrillo; pero las dos estaban sonriendo, lo cual parecía indicar que al menos tenían las fuerzas suficientes para ello. Chur le dio un apretón a Geran utilizando sólo el brazo bueno y Pyanfar agarró a Hilfy por los hombros, clavando sus ojos en los de ella. Hilfy tenía la nariz bastante pálida y el fruncimiento de sus labios delataba el dolor que sentía, pero sus ojos brillaban y no había agachado las orejas ni un solo segundo.
—Les cogimos —dijo Hilfy con voz ronca—. Logramos pillarles por detrás del muelle mientras que otro grupo cruzaba por el núcleo de la estación y les hacían salir de sus refugios. Luego creo que recibieron algún tipo de orden porque parecieron volverse locos intentando regresar a sus naves, Ése fue el problema principal. Una nave logró huir. Al resto las cogimos.
—¿Y Khym?
Hilfy se volvió con evidente dificultad y señaló a una figura empequeñecida por la distancia, al otro extremo del muelle.
—Na Khym logró acabar con el que me hirió, gracias a los dioses.
—Se le echó encima con las manos desnudas —dijo Chur—. Dijo que no lograría hacer blanco jamás con un arma. Cruzó el muelle como un rayo y cayó sobre esos kif y, dioses, eran cinco pero no consiguieron más que chamuscarle un poco. Creo que jamás habían visto a un hani de ese tamaño. Dioses, fue algo digno de presenciar. Salieron corriendo de su escondite, dando gritos, y fue fácil encargarse de ellos después.
Pyanfar miró hacia la figura lejana, sintiendo una mezcla de tristeza y orgullo al ver su rígida inmovilidad. Sentía orgullo por lo que había hecho (ah, Khym, que nunca había servido para combatir…) y tristeza al verla en ese estado y pensar en su futuro.
Dioses, si al menos le hubieran matado; si le hubieran dado lo que su hijo no tuvo la piedad y el coraje necesarios para darle.
O quizá Kara se había dado cuenta de que no podía matarle, de que cuando Khym Mahn se encontraba con la espalda contra la pared se convertía en un Khym muy distinto.
—Voy a ver cómo está —dijo—. Tendremos que llevaros al hospital de la estación.
—Perdón, capitana, pero el hospital de la estación está abarrotado —dijo Hilfy—. Rhean se encuentra bastante mal y Ginas Llun tampoco se encuentra nada bien, así como muchas otras.
—Hilan Faha y su tripulación… —dijo Chur—… han muerto, capitana. Todas. Encabezaron el ataque al centro, insistieron en ello, Creo que sentían vergüenza, que les avergonzaba el tipo de amistades que habían hecho en los últimos tiempos.
—Entonces, que los dioses cuiden de ellas —dijo Pyanfar después de guardar silencio unos segundos.
—Las Tañar… —dijo Hilfy con amargura—… bueno, lograron llegar a la Luna Creciente y se apresuraron a saltar. Salieron corriendo, eso es lo que dicen ahora en la estación… pero las Faha no quisieron ir con ellas.
—Ése será su final —dijo Pyanfar—. Cuando se enteren de esa historia en Enafy, ni Kahi Tahar ni sus partidarias podrán mostrar sus rostros en Chanur o en cualquier otro lugar.
—Hani —gritó una voz mahe y unos momentos después apareció Dientes-de-oro y su tripulación, una docena de mahendo’sat de oscuro pelaje con rifles, que pareció sumergirles como una marea por su número y elevada talla. Dientes-de-oro cogió a Pyanfar por el brazo y se lo apretó hasta que unas garras le recordaron de pronto las precauciones necesarias para tratar con una hani. El mahe sonrió y le dio una sonora palmada en el hombro—. Tenías ayuda primera clase, ¿no dije yo a ti?
Las hani del muelle se habían quedado algo boquiabiertas ante semejantes muestras de familiaridad, casi tanto como su tripulación. Pyanfar agachó las orejas, incómoda, y recordó algo avergonzada todo lo que le debían a Dientes-de-oro y su poco elegante tripulación, lo que tuvo la virtud de hacerle erguir las orejas de inmediato. Más aún, entrelazó su brazo con el del larguirucho mahe, decidiendo que todas las espectadoras del muelle merecían tener algo realmente digno de verse.
—Ayuda de primera clase, sí —le dijo.
—Tenemos trato —dijo Dientes-de-oro—. Tenemos amigo Jik necesitando reparaciones, igual que tú necesitar en Kirdu. Chanur arreglar, ¿a?
—Maldito seas tú y…
—Tenemos trato.
—Sí, tenemos trato —acabó admitiendo Pyanfar, debiendo soportar a causa de ello otro golpe en el hombro. Miró a Tully, pensando en la contabilidad de Chanur, en todas sus deudas y créditos, y se encontró con que Tully la estaba mirando con un fulgor de adoración en sus pálidas pupilas. Detrás de él se desplegó una rampa de acceso y por ella empezó a bajar la tripulación de la nave Extraña, todo un asombroso muestrario de criaturas como él que iban desde lo oscuro hasta lo pálido con bastantes tonalidades intermedias—. Tully… —le dijo Pyanfar, indicándole con los ojos que mirara, y Tully siguió la dirección de su mirada.
Pareció quedarse paralizado y luego echó a correr hacia ellos, vestido al estilo hani y, para un observador poco avezado, susceptible de ser tomado por un hani, para confundirse con sus camaradas, que iban afeitados y llevaban la melena muy recortada, cubiertos de pies a cabeza con extraños atuendos que se pegaban a su cuerpo. Sus camaradas abrieron los brazos para recibirle y Tully intentó abrazarles a todos al mismo tiempo, mientras que ellos intentaban hablar al unísono en su extraño e ininteligible idioma, armando tal jaleo que el muelle se inundó de ecos.
Bien, se va, pensó Pyanfar con una extraña tristeza y, con una cierta ansiedad egoísta ante la idea de que un contacto tan valioso pudiera escapársele de las manos para acabar en otras, quizás en las de la casa Llun, que por todos los dioses, estaría muy ansiosa esperando echarle las garras encima, por no hablar de Kanamm, Sanuum y el resto de rivales del puerto. Pyanfar dejó ir el brazo de Dientes-de-oro y cruzó el muelle hacia el grupo, con su tripulación yendo detrás. Tully y sus congéneres habían recorrido ya un cierto trecho cuando él se dio cuenta de que Pyanfar venía detrás y, sin vacilar ni un segundo, regresó corriendo hasta ella y le apretó el brazo con una alegría casi febril.
—Amigo —dijo, utilizando su mejor pronunciación, y llevando casi a rastras la nada convencida mano de Pyanfar hasta la de un Extraño canoso cuyo rostro sin vello era casi tan arrugado como el de un kif y tenía el color leonado de un hani.
El capitán, pensó ella, guiándose por su aparente edad. Se dejó estrechar los dedos con las garras cuidadosamente ocultas, le hizo una reverencia y obtuvo a cambio una inclinación llena de cortesía. Tully habló a toda velocidad en su propia lengua y fue señalando con el dedo a todo el grupo de Pyanfar, pronunciando sus nombres en su lengua, indicando luego a los mahendo’sat sin tanta oratoria, como si se limitara ahora a designar su especie.