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El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]

Электронная книга - «El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]». Краткое содержание книги:

Los comerciantes hani y sus antiguos enemigos, los kif, coexisten en precaria paz en la estación Punto de Encuentro. Hasta que el Extraño aparece y provoca la gran conmoción que acabará poniendo en peligro el pacto interestelar entre diversas especies. La capitana hani Pyanfar Chanur deberá afrontar la persecución de los kif, con la ayuda de los mahendo sat y la constante presencia de los misteriosos knnn. Y todo ello sin olvidar la defensa de la mismísima casa de Chanur en su planeta natal.
Una saga espacial que moderniza lo mejor de la clásica space opera y que da inicio a una tetralogía que hará historia dentro del genero.
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—Quiere hablar —logró decir luego Tully en hani—. Quiere entender ti.

Pyanfar agitó velozmente las orejas, viendo que después de todo quizá tuviera ocasión de lograr algún beneficio de todo esto. Logró adoptar su expresión más agradable con un tenaz esfuerzo de voluntad y les miró: dioses, había algunos realmente extraños. Variaban mucho tanto en peso como en estatura y había dos tipos radicalmente distintos entre ellos. Eran hembras, comprendió de pronto sorprendida: si Tully era un macho, entonces ese tipo tan fuera de lo corriente debía ser el de la hembra.

—Nosotros hablamos —dijo, de pronto, Dientes-de-oro—. Mahe también trato.

—Amiga —le dijo Pyanfar al grupo de Extraños, en lo que resultaba su mejor imitación de su lenguaje. Tully se vio obligado a traducir lo que había dicho pero el esfuerzo obtuvo, pese a todo, cierto resultado simbólico—. Voy a vuestra nave —dijo, rebuscado en el aún limitado vocabulario hani de Tully—. Vuestra nave. Hablar.

—Yo voy también —dijo Dientes-de-oro con expresión tozuda, nada dispuesto a permitir que le dejaran fuera del asunto, Tully tradujo sus palabras.

—Sí —dijo luego Tully, traduciendo la respuesta con una ancha sonrisa—. Amigo. Todos amigos.

—Haciendo tratos igual que un mahe… —murmuró Pyanfar. Pero, después de todo, el arreglo le convenía bastante. Empezó a imaginar planes en los que entraba alquilar las dos naves mahe con vistas a un viaje lleno de beneficios.

—Capitana… —dijo Haral, tocándole levemente el brazo y señalándole un grupo de siluetas que se aproximaban por uno de los pasillos que daban al muelle.

Un grupo de Llun, encabezados por Kifas Llun en persona, dispuesto a enfrentarse a la nada acostumbrada visita recién llegada a la estación de Gaohn, seguido por unos cuantos empleados y altos cargos vestidos de negro.

Pyanfar estaba segura de que le pedirían la cinta del traductor.

—Amigas —dijo mirando a Tully con aire tranquilo y metiéndose las manos en el cinturón. Tully dejó de contemplar el grupo que se aproximaba con aire inquieto y se apresuró a transmitir la noticia a sus camaradas.

—Hilfy —dijo Pyanfar—, Chur no hace falta que aguantéis todo esto. Id a la nave. Geran, acompáñalas y cuida de ellas.

—De acuerdo —dijo Geran enseguida—. Venid las dos.

Sin ningún intento de protesta, Chur y Hilfy se alejaron detrás de Geran quedándose sólo el tiempo necesario para que Tully les cogiera la mano brevemente, como si temiera algún acontecimiento futuro que le impediría volver a encontrarse con ellas.

Dioses, en ese instante no sentía el menor deseo de tratar con la casa Llun ni con nadie. Le dolían las rodillas y sentía pinchazos en todo el cuerpo por falta de sueño: estaba agotada. Tenía la impresión de haber encogido después de Kirdu, como si hubiera perdido años de vida en esos instantes, y tenía la impresión de que todos, Tully incluido, sentían lo mismo. Quería…

Quería tiempo para hablar con el resto de su casa, para saber si había alguien más herido, para llamar a Kohan.

Y tenía que pensar en cómo hablaría a Khym. Para hacer algo que pudiera aliviar un poco su miseria actual, pese a lo que pudieran pensar y decir los demás.

—Geran —le gritó al trío que ya estaba un poco alejado—, recoge también a Khym. Llévale a bordo y cuida de él. Dile que ha sido cosa mía. Un leve movimiento de orejas.

—Bien —dijo Geran, yendo hacia donde estaba Khym en tanto que Hilfy y Chur la esperaban inmóviles. Pyanfar se volvió hacia el grupo de Llun con su más deslumbrante sonrisa, sacó la cinta de su bolsillo y se la entregó a Kifas sin perder ni un segundo, sonriendo durante todo el tiempo.

—Registramos a estos amables Extraños como invitados en la estación de Gaohn —dijo Pyanfar—, bajo la protección y el patrocinio de la casa de Chanur.

—¿Aliados, ker Chanur? —Una sombra de sospecha cruzó por los rasgos de Kifas Llun—. Nada de lo que pueda decir la casa Tahar tiene ahora el menor peso entre nosotras pero… ¿les hiciste venir hasta aquí?

—No, por todos los dioses. Fueron los knnn. Supongo que debían de estar ya hartos de que los kif se metieran en su espacio propio y al encontrar a estos Extraños en las inmediaciones de su zona decidieron, siguiendo su peculiar modo de pensar, preocuparse de que encontraran algún ciudadano del Pacto con buena reputación y una biología similar. Para ello se apoderaron de su nave utilizando la sincronía y luego se llevaron del mismo modo al hakkikt, lo que espero les dé incontables alegrías y placeres. Como bien sabes, ker Llun, son comerciantes… a su modo. Apostaría a que nuestros amigos, aquí presentes, no saben todavía demasiado bien lo que les ha ocurrido, si están muy lejos de su hogar o cómo llegaron hasta aquí. Debieron tomar drogas para soportar los saltos que tardaron en transportarles y sólo los dioses saben cuántos fueron necesarios y cuál era su punto original de partida.

—Presentadnos —dijo Kifas Llun.

—Debo recordaros —dijo Pyanfar—, que tanto nosotras como ellos hemos pasado por bastantes penalidades y no estamos en condiciones de soportar ninguna ceremonia excesivamente prolongada. Son invitados y huéspedes de Chanur; los he puesto bajo mi protección y me siento responsable de que obtengan el reposo necesario pero… naturalmente, firmarán los papeles de registro adecuados.

—Primero, las presentaciones —dijo Kifas Llun con voz seca, siendo demasiado vieja y sabía para dejarse engañar por toda la palabrería de Pyanfar.

—Tully —dijo Pyanfar—, condenado seas, tienes demasiados amigos.

Las formalidades resultaron, tal y como había esperado, un calvario que puso a prueba la buena disposición de todas las partes implicadas, aunque la peor parte resultó ser la interminable visita a las oficinas de la estación. Por respeto a las pérdidas sufridas en la última contienda y en atención a que ciertos estados de ánimo rozaban peligrosamente lo hipersensible, así como al hecho de que por una vez entre mil bastantes miembros de la especie hani habían logrado cooperar sin tener en cuenta la casa o provincia a la que pertenecían y dicho espíritu de cooperación no se había desvanecido por completo, no hubo ningún incidente desagradable.

Luego llegó el momento de mostrar la gratitud debida a Dientes-de-oro y sus naves mahe, a las que se concedieron los privilegios de la estación y tas reparaciones que necesitaban. La estación de Gaohn estaba más que dispuesta a compartir la factura con Chanur y no veía el momento de meter a la Aja Jin en los astilleros, para que durante las reparaciones fuera posible estudiarla y analizarla. Los mahendo’sat se encontraban evidentemente satisfechos con la situación y Pyanfar pensó que tos bastardos peludos iban a reventar de felicidad, sintiendo cierta irritación (como buena hani) ante la desagradable evidencia de que los mahendo’sat iban siempre por delante de su especie y que su tecnología, que les había llevado hasta et espacio, seguía siendo la responsable en esos momentos de que aún tuvieran un lugar que ocupar en él. Al menos los mahendo’sat no parecían demasiado incómodos ante la idea de que sus aliadas le echaran un buen vistazo a sus nuevas naves; pero, bueno, maldito fuera el Maestre y su peluche con él.

La estación sentía igualmente grandes deseos de echarle un vistazo a la nave de los Extraños y, sin duda, éstos sentían bastantes sospechas por ello y por todo lo demás pero la petición resultaba francamente justa en esos momentos y podían acceder a ella sin demasiados problemas.

Pues, de momento y a electos prácticos, se habían perdido.

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