El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]
- Автор: Черри Кэролайн Джэнис
- Год: 1988
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-7735-856-7
- Переводчик: Albert Sole
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]». Краткое содержание книги:
Una saga espacial que moderniza lo mejor de la clásica space opera y que da inicio a una tetralogía que hará historia dentro del genero.
—Y a esos dos los cogeremos nosotras —murmuró Tirun. La doble imagen estaba ahora casi encima de la Orgullo y el intervalo de distancia se reducía a cada segundo que pasaba, con su propia velocidad añadida ahora a las de los kif que se les echaban encima. La nave knnn estaba regresando, como si se hubiera materializado de entre la nube de fragmentos. La Mahijiru y la Aja Jin estaban más lejos aún que antes, pues debían reducir velocidad antes de poder cambiar el rumbo y lanzarse de nuevo sobre los kif, encontrándose en esos momentos a unas distancias demasiado reducidas como para que fuera posible usar el impulso de salto.
—¿Cuál? —le preguntó Tirun.
—Escoge el blanco que te parezca mejor —dijo Pyanfar—. No se me ocurre cuál de las dos.
Ahora las pantallas lejanas mostraban naves de salto hani que se precipitaban en un curso directo para interceptar a los kif, pero no llegarían a tiempo de ayudarles. Hacer carreras con esas veloces naves de caza no era algo en lo que un carguero pudiera tener muchas esperanzas, aunque fuera vacío: resultaba imposible ganarles.
Las naves kif pasaron como una exhalación sobre el cénit de la Orgullo. Un intercambio de disparos y las pantallas parecieron explotar. El impacto hizo bambolearse a la Orgullo, sacándola de su curso y llenando los tableros de luces rojas. Las pantallas se despejaron a tiempo de mostrarles una imagen nueva, la de otra nave que parecía desplomarse sobre ellas, en tanto que un agudo gimoteo knnn inundaba el comunicador.
La nave se desvaneció en el cénit de la Orgullo y Pyanfar hizo girar la nave ciento ochenta grados, previendo el regreso de los kif y un nuevo ataque; esperando que así la posición para replicar a su fuego fuera algo mejor. La Mahijiru y la Aja Jin estaban volviendo; quizá llegaran a tiempo, La Orgullo empezó a devolver el fuego tan pronto como sus cañones se alinearon con el blanco. Los kif habían girado nada más alejarse del primer punto de impacto y un nuevo estallido de fuego sumergió las pantallas, colmando de luces rojas los tableros que aún seguían despejados.
—¡Blanco! —aulló Geran—. Mirad cómo se mueve esa maldita. ¡Le hemos dado, por todos los dioses!
La oirá nave seguía disparando. La distancia que separaba a las dos naves seguía aumentando, pero ahora con mayor lentitud. La nave volvería muy pronto.
—Dientes-de-oro —dijo Pyanfar, accionando con un golpe seco el comunicador—, maldito seas, date prisa… que alguien ahí fuera se dé prisa, maldición.
La nave knnn estaba virando en un ángulo imposible, una de esas maniobras a las que sólo un knnn podía sobrevivir. La nave apareció de pronto en el intervalo que separaba a las dos combatientes, justo en la línea de fuego.
—Buen trabajo —dijo, de pronto, la voz de Dientes-de-oro—. Tengo…
La comunicación se interrumpió sin ningún aviso y las pantallas se volvieron locas, en tanto que todos los sensores parecían quedarse ciegos bruscamente… un campo de salto. Por los dioses, un campo de salto… en un espacio lleno hasta rebosar.
—¡Capitana! —gritó Tirun, a una distancia que primero pareció enorme y luego volvió a reducirse al soltarles el campo con idéntica brusquedad a la de su aparición. Tully lanzó un quejido interminable y agónico.
Había algo. Donde antes sólo había estado el vacío apareció una masa colosal, dibujando un punto enorme en la pantalla que volvía a encenderse. Una nave monstruosa en el cénit de estribor. Su repentina aparición las había sacado de su curso, al igual que había sucedido con todas las demás naves. El ordenador luchaba como un loco para compensar su trayectoria. Pyanfar empezó a examinar el sistema, intentando comprender lo que había ocurrido. Por los dioses, el recién llegado era inmenso. En la pantalla todos los demás puntos luminosos parecían haber empequeñecido de pronto, tanto los kif y los mahe como las naves hani y el knnn solitario.
—Capitana —la voz de Haral, En el comunicador, que ya funcionaba de nuevo, empezó a recibirse un coro de gemidos que estuvo a punto de hacer estallar el altavoz, tal era su potencia. Los ruidos y parásitos que acompañaban la señal rebasaban ampliamente la escala auditiva de Pyanfar y los oídos le dolían como si se los estuvieran haciendo pedazos.
De pronto el gran punto luminoso se hizo pedazos pero no para convertirse en despojos metálicos: un punto más pequeño permaneció inmóvil en el centro y los demás se expandieron en todas las direcciones.
—Knnn —jadeó Pyanfar—. Viajando en sincronía… Que los dioses nos ayuden a todos.
—Hani… —Un chasquido en el comunicador, una voz kif que ya le era familiar—, Pyanfar Chanur…
Las naves knnn se movían al unísono, como un enjambre, dirigiéndose hacia los kif, que de repente empezaron a incrementar su velocidad: Akukkakk tenía el camino libre y estaba utilizando todos sus recursos para largarse por él. Se estaba retirando pero no podía acelerar lo bastante rápido; los knnn se encontraban demasiado cerca de él y la distancia se estaba reduciendo por segundos.
La solitaria nave knnn frenó en seco y con un brusco viraje se unió al enjambre lanzado en persecución de los kif.
—¡Chanur! —gritó Dientes-de-oro.
Pyanfar permanecía como helada, con los ojos clavados en las pantallas. En el comunicador se oía un confuso estruendo de voces hani, aterradas, haciendo un montón de preguntas casi ininteligibles. Las naves knnn iban a una velocidad cada vez mayor.
De repente apareció otra señal en la pantalla, una para la que el ordenador no poseía ninguna referencia con que manejarla: el barrido de la pantalla siguió e hizo parpadear el objeto del tamaño de una nave que los knnn habían dejado atrás, en tanto que el ordenador indicaba la necesidad de que interviniera el control manual.
En el comunicador sonó una voz extraña, parecida a la de Tully, aparentemente asustada.
Pyanfar miró a Tully, que estaba agarrado al borde del tablero con la piel cubierta de sudor y los ojos aún aturdidos por el salto y vio cómo su expresión cambiaba bruscamente al oír esa voz.
—- nave —dijo el traductor interpretando la transmisión del recién llegado—. = nave = tú.
—¡Comunicaciones! —gritó Pyanfar hacia Haral y ésta le pasó el control del tablero. El corazón le golpeaba las costillas como un animal enloquecido—, Aquí la nave hani el Orgullo de Chanur. Os encontráis en espacio hani. Amigas, ¿comprendido?
—Capitana —exclamó Tirun—, capitana, los knnn…
La respuesta del traductor empezó a zumbar monótonamente en sus oídos. Pyanfar clavó los ojos en la pantalla, viendo cómo la distancia que separaba a los Kif de sus perseguidores knnn se iba reduciendo cada vez más.
—Tully —dijo, sin apartar la vista de la imagen—. Haral, pásale el comunicador. Deja que lo utilice.
La voz mecánica del traductor se calló bruscamente y Pyanfar se arriesgó a volverse un instante, viendo a Tully, ya más dueño de sí mismo, con el micrófono en la mano y hablando en una veloz cascada de sílabas cristalinas con los seres que habían sido transportados por el grupo de naves knnn en sincronía, en una nave que había sido tratada como un fardo de mercancías, incapaces de comunicarse con los knnn y hacerse entender por ellos.
—Capitana…
Pyanfar alzó los ojos. Los knnn estaban rodeando a la Hinukku: la habían alcanzado. Sus masas se confundieron, igual que se habían agrupado alrededor de la nave de los Extraños al llegar ésta.