Ha estallado la paz
- Автор: Gironella Jose Maria
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Ha estallado la paz». Краткое содержание книги:
El día en que Regina les notificó que acababan de salir de Moscú tres camaradas españoles, cuyos nombres se callaba, con la orden de instalarse en Méjico y asesinar a Trotsky, Cosme Vila irguió el busto y tensó su ancho cinturón.
– ¿Y tú cómo sabes eso?
Regina hizo un mohín.
– ¡Ah, ja…! ¡Tengo un pajarito que me lo cuenta todo!
Regina era una mujer culta. Sabía muchas cosas de Rusia, además de dominar ya el idioma, y a menudo gozaba poniendo en apuros a sus anfitriones, así como en San Sebastián gozó 'La Voz de Alerta' poniendo en apuros a Javier Ichaso.
– ¿A que no sabéis lo que significa vodka?
– No…
– Significa "agüilla", y ello por la facilidad con que los rusos la beben…
– ¡Menuda agüilla! -exclamaba la mujer de Cosme Vila.
Regina continuaba:
– ¿A que no sabéis quién construyó el Kremlin?
– Arquitectos rusos, es de suponer…
– Pues os equivocáis… La fortaleza la construyeron artistas italianos, contratados por Iván III. Artistas del Renacimiento… ¡Bueno, no es para ponerse así, hombres! Consolaos pensando que las cinco torres las construyó más tarde un inglés llamado Gallosway…
La mujer de Cosme Vila exclamó en esta ocasión:
– ¡Ah! ¿Entonces esa mole que tanto asusta a mi crío no es rusa?
La mujer de Cosme Vila… Era, tal vez, el problema más arduo con que había de enfrentarse el ex jefe comunista gerundense. Más menudita que nunca, se afanaba cuanto podía, pero la había invadido la añoranza. Nunca había comprendido, ni siquiera en Gerona, lo que era el comunismo, lo que pretendía; pero ahora la cosa la desbordaba por todos lados. Cada día, cuando a primera hora de la mañana los hombres salían para ir a la Escuela y se quedaba ella sola en casa con el niño, le entraba una tristeza infinita y unas ganas locas de ver a sus padres, que debían de morirse de pena en Toulouse. No conseguía situar en su mente la posición de Rusia en el mapa del mundo; sólo sabía que estaba muy lejos y que no había perspectivas de retornar a Gerona. ¿Por qué todo aquello? ¿Por qué Cosme Vila no continuó trabajando en el Banco Arús? Los árboles de la Dehesa, en aquella época, deberían de estar hermosos… No podía ir al cine; no podía recorrer tiendas, porque no las había; no tenía amigas -Regina Suárez, la maestra, apenas si le hacía caso-; las ocupaciones de sus vecinas, su indumentaria, su gesticulación y su aire resignado la desconcertaban, y cuando a veces la saludaban desde la ventana con una inclinación de cabeza, no acertaba a corresponder con naturalidad. Aquello era un hormiguero. Y por si fuera poco, Ruano, el madrileño, de tarde en tarde, si Cosme Vila se ausentaba un momento, la miraba con descarada procacidad… pese a que ella no podía siquiera pintarse los labios. ¿Y a quién recurriría si se ponía enferma? ¿Y cuando llegara el invierno, el famoso invierno de que la maestra hablaba siempre? ¿Qué significaban Plan Quinquenal, koljós, Academia Frunze, estepa? Nunca oía hablar de amor.
Sentía una secreta admiración: el Campesino. Y es que, según les contó Regina Suárez, la primera vez que le dijeron al guerrillero extremeño, como a todos los demás, que debía olvidarse de que era español, contestó rotundamente: "Eso no…" Así debían ser los hombres. Tampoco ella olvidaría nunca dónde nació. Ella, menudita, y confundiendo las letras rusas del periódico con patitas de mosca, no se rusificaría jamás y haría lo imposible para que su hijo imitase su ejemplo. Su hijo, su querido hijo, al que Cosme llamaba, medio en broma, Wladimir, pero que para ella seguía llamándose "mi rey", aun cuando no pudiera encontrar para su delicada piel ni tan sólo un bote de polvos de talco.
El día de la capitulación de Polonia -Cosme Vila llevaba ya cerca de cuatro meses en Rusia-, el ex jefe gerundense se acordó especialmente de Gerona, de su tierra natal. Se acordó incluso de los campanarios de la Catedral y de San Félix, "que debían de estar presidiendo, junto con 'La Voz de Alerta', los avalares diarios de la dictadura de Franco en la ciudad". Cosme Vila se pasó toda la mañana con el ánimo un tanto excitado, hasta el punto que les escribió a sus suegros, que continuaban en Toulouse, una carta cariñosa, amén de otra carta a Gorki, un poco más explicativa que las anteriores. Y por la noche, en la Radio, se dirigió a los hipotéticos oyentes de Gerona, con una voz distinta a la de los demás días, y les dijo: "Aquí, Radio Moscú. Emisora al servicio del Proletariado. Camaradas de Gerona, no os desesperéis. Sabotead cuanto podáis las órdenes de vuestros verdugos. Estamos con vosotros. Os enviamos un saludo desde la Plaza Roja, donde en estos momentos brillan las cinco estrellas en las cinco torres del Kremlin, fortaleza sin par, construida por arquitectos rusos que ya en su época presentían la Revolución. Rusia está a vuestro lado, desde Odesa al maravilloso lago Baikal, y para liberaros un día de la tiranía fascista sus doscientos millones de habitantes, unidos fraternalmente, trabajan en las minas y en los colectivos, en los campos ubérrimos y en la ciudad, y estudian en las Universidades, sin distinción de clases. Ahora estos esfuerzos os parecen lejanos; pero todos convergen hacia un fin premeditado en la mente de nuestro jefe, el camarada Stalin. Y llegará un día en que se producirá la eclosión. Entonces, radioescuchas de Gerona, no sólo dichos esfuerzos os parecerán justificados, sino que en el mundo entero se iniciará la época gloriosa del socialismo, en la que no tendrán cabida ni las proclamas de los obispos ni las procesiones de Corpus, que invitan a la resignación. ¡Salud, camaradas de Gerona! ¡Sabotead las órdenes de vuestros verdugos! ¡Os habla Moscú! Y luchad contra las viles democracias Francia, Inglaterra y los Estados Unidos, que cuando vuestra guerra civil os traicionaron y os dejaron indefensos a merced de los moros y de la pandilla de Franco".
CAPÍTULO XXI
En la fecha anunciada, el veintiséis de septiembre, Ignacio y Mateo aprobaron en Barcelona el tercer curso de Derecho. Todo ocurrió como estaba previsto; los exámenes fueron "patrióticos", no hubo dificultad. Ignacio se presentó a ellos con camisa azul y cuatro condecoraciones de guerra; Mateo, con la estrella de alférez y una retahíla de emblemas y símbolos. Además, rubricaron con aparatosos ¡Arriba España! cada uno de los ejercicios escritos. Aprobados. Fueron exámenes colectivos, como las absoluciones en caso de emergencia. Colectivos y alegres. En las aulas, bromas y risas. Y fuera, a la salida -les dieron las notas en el acto-, himnos y canciones. Los cafés próximos a la Universidad se llenaron de aupas a la Revolución Nacionalsindicalista. En realidad, los aprobados fueron tantos que el porvenir jurídico de la región parecía garantizado por mucho tiempo. La nota más original la dio un ex legionario. Era tal su euforia que, blandiendo la papeleta, miró a todo el mundo y gritó:
"¡Viva la Muerte!".
Ignacio comunicó la noticia por teléfono a Ana María. No le quedaba tiempo para salir con ella, pues, por orden del coronel Triguero, tenía que regresar a Gerona aquella misma noche. "Además, he venido en el coche oficial de Mateo, y Mateo quiere regresar también en seguida. Hazte cargo…" Ana María no se hizo cargo. Supuso que el muchacho había dado un paso atrás con respecto a su actitud amorosa en San Feliu de Guíxols, en aquella gloriosa mañana de playa. Pero no se desmoralizó. Se encerró en su cuarto -el padre de la muchacha había adquirido una espléndida torre en Sarria- y le escribió una larga carta a Ignacio. Carta que, antes de echarla al buzón, enseñó a Charo, la esposa de Gaspar Ley, la cual comentó: "Chica, si después de un madrigal de este calibre el jovenzuelo no pica, es mejor que te metas en un convento".
En el trayecto Barcelona-Gerona los dos muchachos, Mateo e Ignacio, sostuvieron un diálogo abierto, cordialísimo, como en sus mejores tiempos. Hablaron de Pilar. Mateo estaba dispuesto a casarse con ella pronto, aunque le preocupaba la situación internacional. Hablaron de Marta, quien había tenido el gesto de ayudar a Esther a consolidar en Gerona, contra todo pronóstico, tres mesas de bridge. Hablaron del doctor Andújar, el psiquiatra recién llegado a la ciudad para hacerse cargo del Manicomio. "Me causó una gran impresión -dijo Ignacio-. Claro que a mí los médicos me la causan siempre. Pero de veras tiene algo especial. Es digno. Debe de ser un hombre de valor". "Al parecer -añadió Mateo-, tiene la manía de los Viáticos. En cuanto ve pasar al sacerdote con el monaguillo y el paraguas, se une a ellos y sube a casa del enfermo. Yo he conocido a su hija mayor. Se llama Gracia y te juro que el nombre le va como anillo al dedo". Hablaron de Paz, la prima de Ignacio. Según rumores, entre los muchos varones que andaban locos por ella figuraba José Luis. "Creo que por desabrocharle la blusa estaría dispuesto a afiliarse a la UGT". Luego hablaron de la noche. Se les echó la noche encima en el camino, y los faros del automóvil rastreaban la carretera como si fueran perros policías. La noche era del agrado de Mateo. En la cama tenía ideas claras. Ya en el frente le había ocurrido así, bajo el firmamento. "Mis mejores decisiones las he tomado de noche". A Ignacio le sucedía lo contrario. De un tiempo a esta parte padecía de insomnio y las sábanas se le antojaban avisperos. Y cuando conseguía dormirse, soñaba, soñaba mucho. Soñaba verdaderas barbaridades: que atracaba el Banco Arús; que mesen Francisco resucitaba y lo deslumbraba con un espejo; que la guapetona Adela lo invitaba a subir a su casa a tomar el té. "¡Hombre! -exclamó Mateo-, si se tercia, ¡no te andes con chiquitas!".