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Las Huellas Del Hombre Muerto

Электронная книга - «Las Huellas Del Hombre Muerto». Краткое содержание книги:

Abby entro al elevador y las puertas se cerraron con el sonido de una pala levantando canto rodado. De pronto sintio el perfume de alguien mas y tambien de un limpiador con aroma de limon. El elevador se movio unos cuantos centimetros hacia arriba. Y ahora era demasiado tarde para cambiar de idea y salir: con el metal de las paredes presionandola, comenzo a caer por el vacio. Abby se dio cuenta de que acababa de cometer el peor error de su vida… En medio del caos de la manana del 9/11, el negociante Ronnie Wilson ve la oportunidad de su vida. Para salir de sus deudas, desaparecera y se re-inventara a si mismo en otro pais. / Abby stepped in the lift and the doors closed with a sound like a shovel smoothing gravel. She breathed in the smell of someone else's perfum, and lemon-scented cleaning fluid. The lift jerked upwards a few inches. And now, too late to change her mind and get out, with the metal walls pressing in around her, they lunged sharply downwards. Abby was about to realize she had just made the worst mistake of her life…Amid the tragic unfolding mayhem of the morning of 9/11, failed Brighton businessman and ne'er-do-well Ronnie Wilson sees the chance of a lifetime, to shed his debts, disappear and reinvent himself in another country.Six years later, the discovery of the skeletal remains of a woman's body in a storm drain in Brighton, leads Detective Superintendent Roy Grace on an enquiry spanning the globe, and into a desperate race against time to save the life of a woman being hunted down like an animal in the streets and alleys of Brighton. 'One of the most fiendishly clever crime fiction plotters'
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– Ningún problema, señor, sólo tenemos algunas preguntas rápidas más para usted y algunas para la señora Klinger. Les agradecemos que nos hayan hecho un hueco para vernos otra vez.

Volvió a lanzar una mirada de admiración a Sue Klinger y ella sonrió con picardía, como si se diera cuenta. Era una mujer muy guapa: cuarenta y pocos años, un forma estupenda, vestida con un chándal de diseño marrón de algodón cepillado y deportivas que parecían recién salidas de la caja. Y tenía una mirada muy seductora, con la que coincidió dos veces muy seguidas y luego hizo todo lo posible por evitar, abriendo su libreta, decidiendo centrarse en los ojos de Stephen Klinger, que serían más fáciles de interpretar.

La criada entró con café y agua.

– ¿Puedo recapitular, señor? ¿Cuánto tiempo hacía que eran amigos usted y Ronnie Wilson? -preguntó Branson.

Los ojos de Klinger se movieron hacia la izquierda, un poquito.

– Vamos… Íbamos… Desde los dieciocho o diecinueve años -contestó-. Unos veintisiete… No, treinta años, Aproximadamente.

Para verificarlo otra vez, Glenn dijo:

– Ayer nos dijo que su relación con su primera mujer, Joanna, fue difícil, pero que con Lorraine le fue mejor.

De nuevo, los ojos de Klinger se movieron un poquito a la izquierda antes de hablar.

Se trataba de un experimento neurolingüístico que Glenn conocía gracias a Roy Grace y que a veces le resultaba de gran ayuda cuando evaluaba si alguien decía la verdad en un interrogatorio. El cerebro humano estaba dividido en dos hemisferios, el izquierdo y el derecho. Uno almacenaba la memoria a largo plazo, mientras que en el otro tenían lugar los procesos creativos. Cuando se formulaba una pregunta, la gente siempre movía los ojos hacia el hemisferio que estaba utilizando. En algunas personas, la memoria se almacenaba en el hemisferio derecho y en otras, en el izquierdo; el hemisferio creativo sería el opuesto.

Así que ahora sabía que cuando los ojos de Stephen Klinger se movieran hacia la izquierda en respuesta a una pregunta, se moverían al lado de la memoria, lo que significaba que probablemente estaría diciendo la verdad. Por lo tanto, si sus ojos se movían hacia la derecha, significaba que probablemente estaría mintiendo. No era una técnica infalible, pero podía ser un buen indicador.

Inclinándose hacia delante, mientras la criada le servía una taza con su platito y una jarrita de leche de porcelana, Branson dijo:

– En su opinión, señor, ¿cree que Ronnie Wilson habría sido capaz de matar a sus esposas?

La mirada de sorpresa de Klinger fue auténtica. Igual que la reacción tardía de su mujer. Mientras contestaba, los ojos de Stephen permanecieron fijos.

– No, Ronnie no. Tenía temperamento, pero… -Se encogió de hombros, negando con la cabeza.

– Tenía buen corazón -añadió Sue-. Le gustaba cuidar de sus amigos. No lo creo… No, rotundamente, no lo creo.

– Tenemos una información que nos gustaría compartir con ustedes, en confianza, por el momento, aunque emitiremos un comunicado de prensa dentro de unos días.

Branson miró a Bella, como ofreciéndole la oportunidad de hablar, pero ella le hizo un gesto para indicarle que estaba encantada de dejarle continuar.

Glenn se sirvió un poco de leche en el café y dijo:

– Parece que Joanna Wilson nunca llegó a Estados Unidos. El viernes encontramos su cadáver en un desagüe en el centro de Brighton. Llevaba allí bastante tiempo y parece que la estrangularon.

Ahora los dos parecían verdaderamente estupefactos.

– ¡Mierda! -dijo Sue.

– ¿Es la que salió en el Argus el lunes? -preguntó Stephen.

Bella asintió.

– ¿Están diciendo que… que Ronnie tuvo algo que ver? -preguntó.

– Si me permite continuar un momento, señor -insistió Branson-, ayer supimos que también se ha hallado el cuerpo de Lorraine Wilson.

Sue Klinger se quedó blanca.

– ¿En el Canal?

– No, en un río a las afueras de Melbourne, en Australia.

Los dos Klinger se quedaron mirándolo en silencio, anonadados. En algún lugar de la casa, un teléfono empezó a sonar. Nadie se movió para contestar. Glenn bebió café.

– ¿En Melbourne? -dijo al final Sue Klinger-. ¿En Australia?

– ¿Cómo diablos fue a parar del Canal de la Mancha a Australia? -preguntó Stephen, totalmente desconcertado.

El teléfono dejó de sonar.

– La autopsia ha demostrado que sólo llevaba dos años muerta, señor. Así que parece ser que no se suicidó lanzándose al Canal en 2002.

– ¿Entonces lo que hizo fue tirarse a un río en Australia? -dijo Stephen.

– Creo que no -contestó Glenn-. Tenía el cuello roto y la encontraron dentro del maletero de un coche. -No reveló el resto de la información que tenía.

Los Klinger estaban sentados muy quietos, asimilando la impresión que les había causado lo que acababan de escuchar. Al final, Stephen rompió el silencio.

– ¿Quién lo hizo? ¿Por qué? ¿Están diciendo que a Joanna y Lorraine las mató la misma persona?

– Por ahora no lo sabemos. Pero existen ciertas similitudes en la forma como fueron asesinadas las dos.

– ¿Quién…? ¿Quién mataría a Joanna… y luego a Lorraine? -preguntó Sue. Comenzó a dar vueltas y vueltas a una pulsera de oro que llevaba en la muñeca, nerviosa.

– ¿Estaban ustedes al corriente de que Joanna Wilson heredó una casa de su madre, que vendió poco antes de morir?

– preguntó Glenn-. Se embolsó una cantidad de ciento setenta y cinco mil libras aproximadamente. Ahora estamos intentando averiguar qué pasó con ese dinero.

– Seguramente sirvió para pagar las deudas de Ronnie en cuanto se lo ingresaron en la cuenta -dijo Stephen-. El muy cabrón me caía bien, pero no era muy inteligente con el dinero, ya me entiende. Siempre andaba en tejemanejes, pero nunca conseguía que nada le saliera del todo bien. Quería ser un pez gordo y sus capacidades no daban para tanto.

– Eres un poco duro, Steve -comentó Sue, que giró la cabeza para mirar a su marido-. Ronnie tenía buenas ideas. -Miró a los dos policías y se dio unos golpecitos en la cabeza-. Tenía imaginación. Una vez inventó un instrumento para extraer el aire de las botellas de vino abiertas. Estaba en trámites para patentarlo cuando ese… ¿cómo se llama? Salió el Vacu-Vin y arrasó en el mercado.

– Sí, pero el Vacu-Vin era de plástico -dijo Stephen-. Ronnie hizo el suyo de latón, el muy estúpido. Cualquiera podría haberle dicho que los metales reaccionan con el vino.

– Tú mismo dijiste entonces que era una idea inteligente, ¿no?

– Sí, pero no habría invertido en ningún negocio que dirigiera Ronnie. Lo hice dos veces y las dos veces se fue a pique. -Se encogió de hombros-. Para que un negocio funcione hace falta más que una buena idea. -Miró su reloj y pareció un poco nervioso.

– Señor y señora Klinger -dijo Bella-, ¿sabían ustedes que Lorraine había recibido una cantidad de dinero importante unos meses antes de que, al parecer, decidiera acabar con su vida?

Sue negó enérgicamente con la cabeza.

– Imposible. Yo habría sido la primera en saberlo. Ronnie la dejó en un lío terrible, a la pobre. Tuvo que volver a trabajar en Gatwick. No le concedían ningún crédito por todos los juicios que había contra Ronnie, ni siquiera pudo reunir dinero suficiente para comprarse un coche. Una vez incluso le dejé algunos cientos de libras para que pudiera apañárselas.

– Bueno, tal vez esto les pille por sorpresa a ambos -dijo Glenn-, pero Ronnie Wilson había contratado un seguro de vida con Norwich Union que pagó algo más de un millón y medio de libras a Lorraine Wilson en marzo de 2002.

Su sorpresa era palpable. Luego Branson la acentuó.

– Además, en julio de 2002, la señora Wilson recibió un pago de casi dos millones y medio de dólares del fondo de compensación del 11-S. Alrededor de un millón setecientas cincuenta mil libras al cambio en aquel entonces.

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