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Las Huellas Del Hombre Muerto

Электронная книга - «Las Huellas Del Hombre Muerto». Краткое содержание книги:

Abby entro al elevador y las puertas se cerraron con el sonido de una pala levantando canto rodado. De pronto sintio el perfume de alguien mas y tambien de un limpiador con aroma de limon. El elevador se movio unos cuantos centimetros hacia arriba. Y ahora era demasiado tarde para cambiar de idea y salir: con el metal de las paredes presionandola, comenzo a caer por el vacio. Abby se dio cuenta de que acababa de cometer el peor error de su vida… En medio del caos de la manana del 9/11, el negociante Ronnie Wilson ve la oportunidad de su vida. Para salir de sus deudas, desaparecera y se re-inventara a si mismo en otro pais. / Abby stepped in the lift and the doors closed with a sound like a shovel smoothing gravel. She breathed in the smell of someone else's perfum, and lemon-scented cleaning fluid. The lift jerked upwards a few inches. And now, too late to change her mind and get out, with the metal walls pressing in around her, they lunged sharply downwards. Abby was about to realize she had just made the worst mistake of her life…Amid the tragic unfolding mayhem of the morning of 9/11, failed Brighton businessman and ne'er-do-well Ronnie Wilson sees the chance of a lifetime, to shed his debts, disappear and reinvent himself in another country.Six years later, the discovery of the skeletal remains of a woman's body in a storm drain in Brighton, leads Detective Superintendent Roy Grace on an enquiry spanning the globe, and into a desperate race against time to save the life of a woman being hunted down like an animal in the streets and alleys of Brighton. 'One of the most fiendishly clever crime fiction plotters'
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Hizo un gesto de agradecimiento con la mano al agente Mackie, de treinta años, sentado más adelante en la mesa y vestido con vaqueros y una camisa blanca con el cuello desabotonado.

Mackie hablaba con una autoridad tranquila y desprendía un aire de orden y eficacia, algo que gustaba a Grace.

– Mi hermano trabaja en HSBC, ha agilizado los trámites de mi petición.

Entonces, Nick Nicholl sacó un fajo de documentos de una de las carpetas.

– Todo esto son extractos de las cuentas conjuntas de Ronnie y Lorraine Wilson a partir del año 2000. Muestran un descubierto cada vez mayor, con ingresos de pequeñas cantidades muy de vez en cuando. -Volvió a guardarlos en la carpeta y levantó la segunda-. Esto es mucho más interesante. Es una cuenta corriente abierta sólo a nombre de Lorraine Wilson en diciembre de 2001.

– Para el dinero del seguro de vida, supongo -dijo Lizzie Mantle.

Nick Nicholl asintió y Grace quedó impresionado. Normalmente el joven carecía de confianza en sí mismo, pero ahora parecía muy seguro.

– Sí, le ingresaron el dinero en marzo de 2002.

– ¿Tan deprisa se lo pagaron? -preguntó Lizzie Mantle-. Creía que si no se hallaba el cuerpo, había que esperar siete años para poder declarar oficialmente muerto al desaparecido.

Mientras hablaba, evitó deliberadamente mirar a Roy Grace a los ojos, sabiendo que se trataba de un tema delicado para él a nivel personal.

– Hubo un acuerdo internacional, gracias a una iniciativa del alcalde Giuliani -dijo Steve Mackie-, para no aplicar este periodo de espera a las familias de las víctimas del 11-S y acelerar los pagos. Nick Nicholl desplegó varios extractos bancarios delante de él. La cantidad total del pago por valor de un millón y medio de libras había sido retirada en sumas de distinto montante, en metálico, durante los tres meses siguientes.

– ¿Qué hizo con el dinero? -quiso saber Grace.

Nick Nicholl levantó las manos.

– Su hermana se quedó total y absolutamente patidifusa cuando se lo dije. No podía creérselo. Me dijo que Lorraine vivía de lo que le daban ella y los amigos.

– ¿Y qué hay del pago correspondiente a la compensación del 11-S? -preguntó Grace.

– Se ingresó en su cuenta en julio de 2002. -Nicholl levantó el extracto pertinente-. Y ocurrió lo mismo. El dinero fue retirado en distintas cantidades, en metálico, entre la fecha del ingreso y unas semanas antes de que dejara la nota de suicidio.

Todos los presentes tenían el ceño fruncido. Glenn Branson se dio unos golpecitos en los dientes con un bolígrafo. Lizzie Mantle, ocupada por un momento escribiendo una nota, levantó la vista.

– ¿Y no tenemos ni idea de en qué se utilizó todo este dinero? -preguntó-. ¿Le dijo a alguien del banco para qué era? Supongo que algunas preguntas le harían al retirar toda esa cantidad en metálico.

– El banco tiene la política de comprobar si los clientes están bajo algún tipo de coacción cuando retiran grandes cantidades de dinero en metálico -dijo el agente Mackie-. Cuando le preguntaron, dijo que ellos no la habían apoyado cuando su marido murió y que no iba a dejarles el dinero en ese banco ni de coña.

– Una mujer batalladora -comentó Lizzie Mantle.

– ¿No os parece que está surgiendo una especie de patrón? -preguntó Norman Potting-. La primera mujer de Wilson hereda, dice a sus amigos que se va a Estados Unidos y aparece en un desagüe. Luego su segunda mujer hereda y termina en el Canal.

Asintiendo, Grace decidió que había llegado el momento de añadir su última información, cortesía de Cassian Pewe.

– Tal vez esto arroje algo de luz a todo este asunto -dijo-. El mes pasado, la policía de Geelong, cerca de Melbourne, Australia, encontró el cadáver de una mujer en el maletero de un coche en un río. Los informes forenses calculan que llevaba muerta un máximo de dos años. La mujer se había realizado implantes mamarios que se correspondían con un lote entregado al hospital Nuffield, aquí en Woodingdean, en junio de 1997. La receptora de los que coinciden con el número de serie fue Lorraine Wilson.

Hizo una pausa para que el dato calara.

– Entonces… ¿qué? ¿Fue nadando desde el Canal de la Mancha a Australia y luego subió por un río? -dijo Glenn Branson-. ¿Con más de tres millones en billetes dentro del traje de baño?

– Y eso no es todo -siguió Roy Grace-. Estaba embarazada de cuatro meses. La policía australiana no encontró ningún resultado de ADN positivo en sus registros para poder identificar a la madre ni una correspondencia familiar para el padre y se preguntaron si tal vez habría algo en la base de datos de ADN de Reino Unido. Estamos a la espera. Si hay alguna coincidencia, lo sabremos mañana, espero.

– Houston, parece que tenemos un problema -dijo Norman Potting.

– O una pista, quizá -le corrigió Grace-. La autopsia de Melbourne indica que la causa probable de la muerte fue por estrangulamiento. Llegaron a esta conclusión porque Lorraine Wilson tenía roto el hueso hioides, el hueso en forma de U en la base del cuello.

– La misma causa probable de la muerte de Joanna Wilson -dijo Nick Nicholl.

– Recuerdas bien -dijo Grace-. Hoy estás en plena forma, Nick. ¡Me alegro de que las noches sin dormir no te hayan quitado agudeza mental!

Nicholl se ruborizó, parecía satisfecho de sí mismo.

– Ronnie Wilson no se las ha apañado mal para estar muerto -dijo Norman Potting-. Consiguió estrangular a su mujer.

– No tenemos suficientes pruebas para suponer eso, Norman -dijo Grace, aunque por dentro se preguntaba lo mismo. Miró su agenda-. De acuerdo, esto es lo que vamos a hacer. Si se gastó más de tres millones de libras en metálico en pocos meses, alguien lo sabrá. Glenn y Bella, quiero que lo convirtáis en vuestra prioridad. Empezad otra vez con los Klinger. Averiguad todo lo que podáis sobre los círculos que frecuentaban los Wilson. ¿En qué se gastaban el dinero? ¿Apostaban? ¿Se compraron una casa en el extranjero? ¿O un barco? Tres millones doscientas cincuenta mil libras es mucho dinero… Y más aún hace cinco años.

Branson y Bella asintieron.

– Steve, ¿puedes utilizar tu contacto en el banco para averiguar qué pasó con la herencia de Joanna Wilson? Me hago cargo de que han pasado diez años y que es posible que no haya registros. Haz lo que puedas.

Grace hizo una pausa para revisar sus notas, luego prosiguió.

– Mañana me voy a Nueva York a ver qué puedo averiguar. Tengo pensado volver al día siguiente, el jueves por la noche, y estar aquí el viernes por la mañana. Quiero que vosotros, Norman y Nick, vayáis a Australia.

Potting pareció más contento que unas pascuas con la noticia, pero Nicholl parecía preocupado.

– Tenéis reservado un vuelo para mañana por la tarde. Perderéis un día y llegaréis a primera hora de la mañana del viernes, hora de Melbourne. Podrías dedicar todo el día a la investigación y, con la diferencia horaria, podríais informarnos aquí durante la reunión del viernes por la mañana. Pareces inquieto por algo, Nick. ¿No puedes alejarte de tus deberes paternales?

El agente asintió.

– ¿Te parece bien ir?

Volvió a asentir, esta vez más enérgicamente.

– ¿Alguno de los dos ha estado en Australia?

– Yo no, pero tengo un primo que vive en Perth -dijo Nick Nicholl.

– Eso está casi tan lejos de Melbourne como Brighton -dijo Bella.

– ¿Entonces no me dará tiempo a visitarle?

– No te vas de vacaciones. Vas a trabajar -le reprendió Grace.

Nick Nicholl asintió.

– A seguir los pasos de una muerta -dijo Norman Potting.

Y tal vez también los de un muerto, presentía Grace.

79

Octubre de 2007

Roy Grace fue directamente de la reunión informativa a su despacho y llamó a Cleo para decirle que llegaría más tarde de lo planeado porque tenía que terminar unas cosas aquí, luego ir a casa y preparar una bolsa de viaje.

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