Zapatos de caramelo
- Автор: Харрис Джоанн
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Zapatos de caramelo». Краткое содержание книги:
Su vida en París es monótona y convencional, tanto como su novio Thierry, y cree que casándose con él aportará estabilidad y normalidad a su vida, a la de su hija Annie, que ahora tiene 10 años, y a la de la pequeña Rosette.
Yanne, sola en la gran ciudad, encuentra en la joven Zozie una buena amiga hasta que se ve obligada a despertar sus poderes dormidos en la víspera de su boda, momento en que su viejo amor Roux reaparece en su vida.
– Deberías probarlo -aseguré-. Te llevarías una sorpresa.
– ¿Qué quieres que pruebe? -preguntó Mathilde con un tono que daba a entender que se preguntaba por qué yo perdía el tiempo con ella.
Le expliqué parte de lo que Zozie me había dicho. Prestó atención y se olvidó de mirar al suelo.
– Sería incapaz -reconoció al final, pero detecté su mirada esperanzada.
Esta mañana, en la parada del autobús, la encontré distinta: más recta, más segura de sí misma y, por primera vez desde que la conozco, no iba de negro. Llevaba un jersey corriente, rojo oscuro, que no le quedaba excesivamente holgado. Comenté que le sentaba bien y Mathilde se mostró confundida pero satisfecha y, también por primera vez, entró sonriendo en el liceo.
Hay que reconocer que me resulta un punto extraño eso de ser repentinamente…, bueno, no digamos que popular, sino algo parecido, que la gente te vea con otros ojos, que puedas cambiar su manera de pensar…
¿Cómo es posible que mamá renunciase a todo eso? Me gustaría preguntárselo, pero sé que no puedo. Tendría que hablarle de Chantal y compañía, de los muñecos de pinzas, de Claude y Mathilde, de Roux, de Jean-Loup…
Jean-Loup ha vuelto al liceo; estaba algo pálido pero animado. Sucede que solo tuvo un resfriado, pero el trastorno cardíaco es delicado y hasta un resfriado puede convertirse en algo grave. De todos modos, hoy ha vuelto y nuevamente toma fotos y observa el mundo a través de la cámara. Hace fotos de todo: de los profesores, del portero, de los estudiantes, hasta de mí. Las dispara tan rápido que nadie tiene tiempo de interrumpir lo que está haciendo, por lo que a veces se mete en líos, sobre todo con las chicas, a las que les gustaría acicalarse y posar…
– Y echar a perder la foto -concluyó Jean-Loup.
– ¿Por qué? -quise saber.
– Porque con la cámara se ve más que a simple vista.
– ¿Incluso fantasmas?
– También.
Me pareció divertido, pero Jean-Loup tiene razón. Está hablando del Espejo Humeante y de que puede mostrarte cosas que normalmente no verías. Está claro que no conoce los antiguos símbolos, aunque tal vez hace tanto tiempo que toma fotos que aprendió el truco de enfocar de Zozie, de ver las cosas tal como realmente son en lugar de como la gente quiere verlas. Por eso le gusta el cementerio, busca lo que el ojo no ve. Busca luces espectrales, la verdad o algo por el estilo.
– Según tú, ¿qué aspecto tengo?
Recorrió su galería de fotos y me mostró la instantánea tomada esa misma mañana, durante el recreo, en el preciso momento en el que corría hacia el patio.
– Está un poco borrosa -opiné.
Mis piernas y mis brazos estaban por todas partes, pero mi cara había quedado bien y me reía.
– Eres tú -aseguró Jean-Loup-. Es hermosa.
No supe si fanfarroneaba o si acababa de echarme un piropo, así que no me di por aludida y miré las demás.
Vi a Mathilde, con aspecto triste y gorda pero, en el fondo, realmente bonita; vi a Claude, que hablaba conmigo sin tartamudear, y a monsieur Gestin con expresión divertida y sorprendente, como si intentase mostrarse serio a pesar de que interiormente se partía de risa; también vislumbré fotos de la chocolatería, que Jean-Loup todavía no había descargado, pero las pasó tan rápido que apenas las vislumbré.
– Ve más despacio -pedí-. ¿Esa no es mi madre?
Era mamá con Rosette. Pensé que parecía vieja y, como Rosette se había movido, no se veía claramente su cara. También avisté a Zozie a su lado; no se parecía en nada a sí misma, pues tenía las comisuras de los labios hacia abajo y algo en la mirada…
– ¡Vamos! ¡Llegaremos tarde! -espetó Jean-Loup.
Echamos a correr hacia el autobús y, como de costumbre, fuimos al cementerio a dar de comer a los gatos y a caminar por los senderos, bajo los árboles de los que caían las hojas secas y estaban rodeados de fantasmas.
Cuando llegamos oscurecía y los sepulcros no eran más que formas perfiladas contra el cielo. No va bien para hacer fotos a no ser que utilices el flash, algo que Jean-Loup considera «imperfecto», aunque de todas maneras es extraño y maravilloso debido a las luces navideñas colgadas colina arriba y extendidas cual una telaraña de estrellas.
– Casi nadie llega a ver todo esto. -Jean-Loup hizo fotos del cielo amarillo y gris, con las tumbas como cascos en un astillero abandonado-. Por eso me gusta a esta hora, cuando la noche está a punto de caer, la gente ha vuelto a casa y ves realmente que se trata de un cementerio más que de un parque lleno de famosos.
– No tardarán en cerrar -añadí.
Cierran para evitar que los vagabundos duerman en el recinto. De todos modos, algunos lo hacen. Trepan el muro o se esconden para que el guarda no detecte su presencia.
Al principio pensé que se trataba de un mendigo que se aprestaba a pasar la noche; solo fue una sombra detrás de una de las tumbas, cubierta con un abrigo enorme y con un gorro de lana que le tapaba la cabeza. Toqué el brazo de Jean-Loup, que asintió y murmuró:
– Prepárate para correr.
En realidad, yo no estaba asustada ni nada que se le parezca. Creo que corres el mismo peligro con una persona sin techo que con alguien que tiene casa. Por otro lado, nadie sabía que estábamos allí, estaba oscuro y era consciente de que a la madre de Jean-Loup le daría un ataque si se enteraba adónde iba casi todos los días al salir de la escuela.
Está convencida de que acude al club de ajedrez.
Me parece que no conoce a su hijo.
Sea como fuere, allí estábamos, dispuestos a salir volando si el hombre intentaba acercarse a nosotros. En ese momento se volvió y vi su rostro…
¿Roux?
Desapareció sin darme tiempo a pronunciar su nombre; se desplazó entre las tumbas rápido como un gato de cementerio y sigiloso como un fantasma.
4
Jueves, 13 de diciembre
Hoy vino madame Luzeron y trajo varias cosas para el escaparate de Adviento: muebles de juguete de su antigua casa de muñecas, cuidadosamente embalados y guardados en cajas de zapatos rellenas con papel de seda. Hay una cama de cuatro columnas con dosel, una mesa de comedor y seis sillas. También trajo lámparas, alfombras, un diminuto espejo dorado y varias muñequitas con cabeza de porcelana.
– No puedo permitir que se desprenda de esos objetos -aseguré cuando los dejó sobre el mostrador-. Se trata de antigüedades…
– No son más que juguetes, quédeselos todo el tiempo que quiera.
Los puse en la casa, en la que hoy hemos abierto otra puerta. Se trata de una escena encantadora, en la que una cría pelirroja (uno de los muñecos de pinza de Anouk) admira una enorme pila de cajas de cerillas, cada una primorosamente envuelta con papel de colores y con un lacito.
Falta poco para el cumpleaños de Rosette. La fiesta que Anouk ha organizado con tanto cuidado es, en parte, celebración de ese aniversario e intuyo que también el intento de recrear una época (probablemente imaginaria) en la que Yule significaba algo más que papel metalizado y regalos y la vida real estaba más próxima a las escenas íntimas e imaginarias que rodean la casa de Adviento que a la verdad más de relumbrón de las calles parisinas.
Los niños son muy sentimentales. He intentado contener sus expectativas, explicarle que una fiesta no es más que una fiesta y que, por muy amorosamente que se prepare, no puede recuperar el pasado, cambiar el presente ni garantizar una mínima nevada.
Mis comentarios no han ejercido el menor efecto en Anouk, si exceptuamos que ahora habla de todas las cuestiones de la fiesta con Zozie en lugar de conmigo. Me he percatado de que, desde que Zozie se ha mudado a la chocolatería, Anouk pasa casi todo el tiempo libre con ella, en su cuarto, se pone sus zapatos (he oído el taconeo sobre la madera), comparten bromas que solo ellas entienden y hablan al infinito…, me gustaría saber de qué.