Zapatos de caramelo
- Автор: Харрис Джоанн
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Zapatos de caramelo». Краткое содержание книги:
Su vida en París es monótona y convencional, tanto como su novio Thierry, y cree que casándose con él aportará estabilidad y normalidad a su vida, a la de su hija Annie, que ahora tiene 10 años, y a la de la pequeña Rosette.
Yanne, sola en la gran ciudad, encuentra en la joven Zozie una buena amiga hasta que se ve obligada a despertar sus poderes dormidos en la víspera de su boda, momento en que su viejo amor Roux reaparece en su vida.
Me senté en el suelo, junto a ella y pregunté:
– ¿Cómo?
– Dije al viento que nos quedamos aquí y le pedí que se llevase a otros.
– Nanou, no es tan sencillo.
– Sí que lo es -aseguró Anouk-. Hay algo más -Me dirigió una sonrisa de conmovedora ternura-. ¿Lo ves? -quiso saber, y señaló algo que había en un rincón.
Arrugué el entrecejo. No había nada, mejor dicho casi nada, salvo un brillo fugaz, el parpadeo de la luz de la vela en la pared, una sombra, algo que parecían ojos, una cola…
– Nanou, no veo nada.
– Pertenece a Rosette. Llegó con el viento.
– Ah, ya lo veo.
Sonreí. A veces la imaginación de Anouk es tan contagiosa que me dejo llevar y veo cosas que es imposible que existan.
Rosette estiró los brazos y maulló.
– Es un mono -acotó Anouk-. Se llama Bamboozle, «el engatusador».
Me eché a reír.
– No entiendo cómo sabes todo eso. -Incluso entonces me sentí incómoda-. Ya sabes que solo es un juego, ¿no?
– Claro que no, es real -insistió Anouk sonriente-. Mira, mamá, Rosette también lo ve.
Por la mañana el viento amainó. Los lugareños aseguraron que fue un viento maligno que derribó árboles y arrasó graneros. Los periódicos lo consideraron una tragedia y explicaron que, la tarde de la víspera de la Nochevieja, la rama de un árbol cayó sobre un coche que cruzaba el pueblo y mató tanto al conductor como a su acompañante; uno de los dos era el cura de Rennes.
Un acto de Dios, aseguraron los periódicos.
Anouk y yo sabíamos que no era así.
Solo fue un Accidente, repetí cuando noche tras noche despertó llorando en nuestro piso diminuto del boulevard de la Chapelle. Anouk, esas situaciones no son reales. A veces se producen accidentes. No ha sido más que un accidente.
Con el cambio de año Anouk empezó a creérselo. Dejó de tener pesadillas y experimenté la sensación de que volvía a ser feliz, pero en su mirada había algo, un giro de la niña de estío que había sido, algo mayor, más sabio, más extraño. Rosette, mi niña de invierno, cada día se pareció más a Anouk; continuó encarcelada en su reducido mundo, se negó a crecer como los demás niños, no habló, no caminó, simplemente miró con esos ojos salvajes…
¿Fuimos responsables? La lógica indica que no. Claro que la lógica tiene sus límites. Ahora aquel viento vuelve a estar presente. Si no hacemos caso de su llamada, ¿a quién elegirá para que ocupe nuestro lugar?
En la colina de Montmartre no hay árboles. Es una de las cosas que agradezco, pero el viento de diciembre sigue oliendo a muerte y no hay incienso que consiga endulzar su sombría seducción. Diciembre siempre ha sido época de penumbras, de espíritus santos e impíos, de hogueras encendidas para desafiar la agonía de la luz. Los dioses del solsticio de invierno son severos y fríos; Perséfone está atrapada en el mundo de los muertos y la primavera es un sueño que se encuentra a una vida de distancia.
V'là l'bon vent, v'là l'joli vent
V'là l'bon vent, ma mie m'appelle…
En las calles desnudas de Montmartre siguen campando las Benévolas, que gritan su desafío a la época de la buena voluntad.
2
Martes, 11 de diciembre
A partir de ahí todo fue fácil. Me contó la historia de cabo a rabo: la chocolatería de Lansquenet, el escándalo que se desató, la mujer que murió, Les Laveuses, el nacimiento de Rosette y el fracasado intento de las Benévolas por llevársela.
De modo que eso es lo que tanto teme. ¡Pobre chiquilla! No creáis que soy totalmente despiadada debido a que en esto hay algo ventajoso para mí. Escuché su relato inconexo, la abracé cuando se sintió abrumada, le acaricié los cabellos y le sequé las lágrimas, que es más de lo que alguien hizo por mí cuando tenía dieciséis años y mi mundo se desplomó.
La tranquilicé tanto como pude. Le expliqué que la magia es uno de los instrumentos del cambio, de las mareas que mantienen vivo el mundo. Todo está vinculado: el daño que se hace a un lado del mundo queda equilibrado por su contrario en el otro. No hay luz sin oscuridad, mal sin bien ni ultraje sin venganza.
En lo que a mi propia experiencia se refiere…
Veamos, le dije cuanto necesitaba saber, lo suficiente como para convertirnos en conspiradoras y unirnos en el remordimiento y la culpa, como para separarla del mundo de la luz y atraerla delicadamente hacia las tinieblas…
Comentó que en mi caso todo comenzó con un chico. Tal como suele ocurrir, también acabó con un muchacho; si en el infierno no hay mayor furia que la de la mujer desdeñada, en la tierra no hay nada peor que una bruja engañada.
Durante una o dos semanas todo fue bien. Me di aires ante las otras, disfruté de mi conquista reciente y de la repentina categoría que alcancé. Scott y yo nos hicimos inseparables. La pega fue que Scott era débil y muy vanidoso, características que me permitieron esclavizarlo con facilidad, por lo que enseguida cayó en la tentación de hacer confidencias a los compañeros de vestuario, jactarse, pavonearse y, por último, mofarse.
Detecté en el acto el cambio de equilibrios. Scott se había ido de la lengua y, como hojas secas, los rumores se desperdigaron de una a otra punta de la escuela. En las paredes de las duchas aparecieron pintadas y los compañeros se codeaban cuando se cruzaban conmigo. Mi peor enemiga fue una tal Jasmine, una chica intrigante, popular, recatada y guapísima, que lanzó la primera andanada de rumores. Los combatí con todos los trucos sucios de los que disponía pero, una vez que te has convertido en víctima, ya no dejas de serlo, por lo que no tardé en volver a representar mi papel de costumbre: el blanco de todos los comentarios sarcásticos y los chistes. A continuación Scott McKenzie se cambió de bando. Tras una sucesión de excusas cada vez menos entusiastas, al final lo vieron paseándose con Jasmine y sus amigas; por último lo presionaron, lo engatusaron, lo avergonzaron y lo azuzaron para que me lanzase un ataque directo. Lo hizo ni más ni menos que en la tienda de mi madre; desde siempre el blanco del ridículo por su exposición de cristales y libros sobre la magia sexual, la tienda se convirtió una vez más en la diana de sus ataques.
Llegaron de noche, en grupo, y estaban medio borrachos, reían, pedían silencio y se empujaban. Era demasiado temprano para la noche de las travesuras, si bien las tiendas ya estaban atiborradas de fuegos artificiales y la víspera de Todos los Santos los llamaba con dedos largos y delgados que olían a humo. Mi habitación daba a la calle. Los oí, hasta mí llegaron los sonidos de las risas y los nervios tensos; oí voces de aliento, una respuesta murmurada, otra voz que apremiaba y un silencio agorero.
Duró casi un minuto, lo comprobé. Entonces resonó un estallido muy próximo y en un espacio cerrado. En un primer momento supuse que habían metido petardos en el contenedor, pero percibí olor a humo. Me asomé por la ventana y vi que se dispersaban. Eran seis y parecían palomas asustadas; se trataba de cinco chicos y una tía cuyos andares reconocí…
Lo mismo que a Scott, por supuesto. Corría delante de todos, con el pelo rubio muy claro a la luz de la farola. Mientras lo observaba se fijó en mí… y durante un instante nuestras miradas se habrían encontrado…
Pero el resplandor del escaparate lo imposibilitó. Hubo una llamarada entre roja y anaranjada cuando el fuego se propagó, saltó, dio volteretas y realizó saltos mortales como un acróbata maligno que va del alambre de pañuelos de seda al trapecio de atrapasueños y finalmente llega a una pila de libros…