Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
El Grito Silencioso - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El Grito Silencioso

Электронная книга - «El Grito Silencioso». Краткое содержание книги:

El respetable abogado Leighton Duff aparece muerto a golpes en un sórdido callejón. A su lado, se encuentra el cuerpo moribundo de Ryhs, su hijo. La policía no es capaz de profundizar en el caso hasta que aparece en escena el sagaz inspector William Monk, que intuye una relación entre este suceso y una serie de violaciones y palizas a prostitutas. Sorprendentemente, se cierne la sospecha de que ha sido el propio Ryhs quien ha matado a su padre.
En los barrios bajos del Londres victoriano los ciudadanos llevan a cabo sus más vergonzosos y secretos negocios. Con dinero se puede conseguir cualquier cosa pero, a veces, el precio a pagar es la propia vida…
1 ... 64 65 66 67 68 69 70 71 72 ... 97
Перейти на страницу:

– Gracias… por decírmelo antes a mí. -Sonrió torciendo un poco la boca-. Creo que…

– Quizá no debí hacerlo -dijo Monk, asaltado de súbito por la duda-. Igual te habría sido más llevadero si no lo hubieses sabido. Entonces tu respuesta habría sido más sincera. No habrías tenido que aguardar toda la noche sabiendo lo que los demás no saben. Yo…

Hester comenzó a negar con la cabeza.

– Sinceramente, pensé que era lo mejor -prosiguió-. Quizá no lo fuese. Creía que lo tenía claro y ahora veo que no.

– Habría sido igual de duro -contestó Hester, buscando sus ojos con la misma franqueza que en el pasado, en sus mejores momentos-. Ahora que lo sé, la noche será larga y el día de mañana también, pero cuando llegue Evan estaré preparada, y tendré ánimos para ayudar en lugar de quedarme anonadada. No perderé el tiempo tratando de negar la evidencia, buscando argumentos o escapatorias. Así es mejor. Por favor, no lo dudes.

Monk titubeó un instante, preguntándose si se estaba haciendo la valiente, asumiendo la responsabilidad para aliviarle la carga. Entonces volvió a mirarla y supo que no era así. La comprensión que Hester tenía de la situación trascendía aquel caso concreto y abarcaba todos los éxitos y los desastres que ambos habían compartido.

Caminó hasta ella, se inclinó gentilmente y le besó la sien por encima de la ceja, luego apoyó una mejilla en la suya, revolviéndole con su aliento un mechón de cabello.

Tras esto se volvió y salió sin volver la vista atrás. De hacerlo, corría el riesgo de cometer un error que no admitiría reparación, y aún no estaba preparado para eso.

Capítulo 9

Evan sabía que Monk estaba investigando en St Giles aunque, por supuesto, cada cual seguía con su caso.

– ¿Qué es lo que quiere? -preguntó Shotts con recelo, mientras caminaban de regreso a la comisaría.

– Averiguar quién violó a esas mujeres de Seven Dials -contestó Evan-. En ese problema no podemos ayudarle.

Shotts blasfemó entre dientes y acto seguido se disculpó.

– Perdone, jefe.

– No se preocupe -dijo Evan con sinceridad. Su padre se habría ofendido, pero aquel caso le enojaba tanto que desahogarse con gritos y empleando un lenguaje normalmente prohibido parecía muy natural-. Si alguien puede encargarse de eso, sin duda es Monk -añadió.

Shotts dio un resoplido cargado de burlón desdén, matizado con algo que podía ser miedo.

– Si pilla a esos cabrones apuesto a que preferirán no haber nacido. ¡No me gustaría que Monk me siguiera, incluso sin haber hecho nada malo!

Evan le miró con curiosidad.

– Si no hubiese hecho nada malo, ¿acaso le seguiría?

Shotts lo miró, titubeó un momento a punto de confiarse y cambió de parecer.

– No, claro -negó.

Era una mentira, al menos ésa fue su intención, y Evan lo sabía pero no tenía sentido ahondar en ello. Tampoco era la primera vez que Shotts le decía algo que luego había resultado ser falso. No daba las explicaciones de rigor sobre el uso que hacía de su tiempo, modificaba ligeramente los hechos. Miró de reojo el rostro impasible de Shotts mientras cruzaban la calle, sorteando la alcantarilla y los excrementos de caballo empapados por la lluvia, esquivaban una carreta de carbón y alcanzaban la acera opuesta. ¿Qué más le quedaba aún por descubrir? ¿Por qué le mentía Shotts?

De pronto le sobrevino una desagradable sensación de soledad, como si el suelo se hundiera bajo sus pies y las antiguas certidumbres se desvanecieran sin dejar nada con qué reemplazarlas. A su alrededor todo era sórdida pobreza, personas cuyas vidas se veían constreñidas por el hambre, el frío y el peligro. Estaban tan acostumbradas que podían comer y dormir en medio de aquella desolación, reír y engendrar hijos, enterrar a sus muertos, robarse unos a otros y dedicarse a sus negocios y oficios, legales o no. La ilegalidad sin duda era el menor de sus problemas, salvo en la medida en que traspasara ciertas salvaguardas. El principio fundamental era sobrevivir. Si les hablara del concepto que su padre tenía de un Dios justo, que les amaba, no entenderían nada en absoluto. Hasta los buenos cuentos de hadas tenían alguna relación con la realidad, un significado que cualquier persona podía comprender.

Entraron en un callejón demasiado estrecho para caminar uno al lado del otro y Shotts pasó delante, seguido por Evan. Era un atajo para regresar a la calle principal. Atravesaron el patio de un curtidor que apestaba a pieles y consiguieron abrir lo suficiente una verja atada con cadenas para salir a la acera.

Evan avivó el paso y alcanzó a Shotts.

– ¿Por qué me dice mentiras? -preguntó, sin rodeos.

Shotts tropezó con el bordillo, recobró el equilibrio y se plantó.

– ¿Señor?

Evan también se detuvo.

– ¿Por qué me dice mentiras? -repitió, con voz afable, sin acusarlo, mostrando sólo desconcierto y curiosidad.

Shotts tragó saliva.

– ¿Sobre qué, señor?

– Muchas cosas: sobre dónde estaba el pasado viernes cuando me dijo que estaba interrogando a Hattie Burrows, por ejemplo. No fue a verla, pues luego me enteré de dónde estuvo ella, y no estaba con usted. Sobre Seven Dials y el charlatán por quien se enteró del caso en el que trabaja Monk.

– Eso… -comenzó Shotts-. Eso fue… una equivocación… -No miró a Evan al contestar.

– ¿Tiene mala memoria? -inquirió Evan educadamente, con el mismo tono que habría empleado para preguntar a Shotts si le gustaban las salchichas.

Shotts estaba atrapado. Si lo afirmaba se convertiría en un mal policía. Ante todo un policía necesitaba un agudo sentido de la observación y una memoria excelente. Y había demostrado ambas cualidades de forma convincente.

– Bueno… bastante buena… casi siempre… señor -dijo para salvar la situación.

– Hay que tener una memoria perfecta para ser un buen mentiroso. -Evan reanudó la marcha con paso decidido y Shotts se puso a su lado, aunque evitando mirarlo-. Mejor que la suya. ¿Por qué lo ha hecho, Shotts? ¿Acaso sabe algo sobre este asesinato que prefiere no decirme? ¿O es otra cosa que no tiene nada que ver con el caso?

Shotts se puso rojo como un tomate. Tuvo que notar el calor que le encendía el rostro, pues se dio por vencido.

– No es nada contra la ley, señor, ¡lo juro! ¡Nunca se me ocurriría violar la ley!

– Le escucho. -Evan mantuvo la mirada al frente.

– Es una muchacha, señor, una mujer. La he estado viendo aunque no debería hacerlo. Es mi única oportunidad, compréndalo, con todo el trabajo extra que nos ha caído encima con lo del asesinato. Quería… Quería dejar a su familia al margen de esto. No es que tengan nada que ver…

Evan trató de disimular su sonrisa, aunque sólo lo consiguió en parte.

– ¡Oh! ¿Y a qué viene tanto secretismo?

– El señor Runcorn no lo aprobaría, señor. Tengo la intención de casarme con ella, pero aún no he ahorrado bastante dinero y no me puedo permitir el lujo de perder el trabajo.

– Pues entonces sea un poco más eficiente con sus mentiras, y así el señor Runcorn no tendrá que enterarse. ¡Al menos sea más entusiasta en sus invenciones!

Shotts le miró fijamente.

Evan siguió caminando, llegó a un cruce y, tras una breve mirada a derecha e izquierda, siguió a grandes zancadas, dejando a Shotts en el bordillo, bloqueado por la carreta de un ropavejero que avanzaba pesadamente. Ahora Evan sonreía abiertamente.

* * *

Cuando Evan llegó a la comisaría le dijeron que Monk deseaba verle porque disponía de información relativa al caso de Leighton Duff, datos que, al parecer, darían por concluida la parte inicial de la investigación. Aquel lenguaje no era nada propio de Monk, quien no solía exagerar, así que Evan volvió a salir de inmediato, buscó un coche de caballos que lo llevara a Fitzroy Street y llamó a la puerta de Monk.

1 ... 64 65 66 67 68 69 70 71 72 ... 97
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)