Casino: Amor y honor en Las Vegas
- Автор: Pileggi Nicholas
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Casino: Amor y honor en Las Vegas». Краткое содержание книги:
Rosenthal, formado en la escuela de las apuestas deportivas ilegales llegó, como otros muchos, a Las Vegas con el propósito de hacer olvidar su pasado y seguir trabajando en lo que siempre había hecho: ser jugador. La pequeña ciudad de Nevada, sumidero de esperanzas bajo una capa febril y brillante, era una verdadera mina de oro, ideal para quienes patrocinaron la mudanza de Rosenthal, como también la de su viejo amigo Tony Spilotro, tan amante del dinero como de la violencia. Ambos fueron símbolos de una etapa frenética, trufada de violencia e ilegalidades, marcada por los intentos de la Mafia de establecer su hegemonía sobre los casinos. Una ciudad sin sitio para el amor, por lo que éste -como el que sentía Rosenthal hacia Geri, su esposa- estaba abocado al fracaso.
Casino, basada en hechos reales es, más allá de una novela de ritmo casi cinematográfico, un fascinante documento sobre el mundo del juego, sus leyes y sus corruptelas. Amor y adulterio, negocio y delito se entremezclan en una obra intensa y original, reveladora y absorbente.
El coche de Geri estaba atrás y cuando se marchó nosotros estábamos fuera. Tony se volvió para mirarme:
– La hemos jodido -dice.
21
«Me acabo de tirar a Tony Spilotro.»
Como cuenta Murray Ehrenberg:
Frank estaba muerto de miedo. Era una persona bastante reservada. Nunca quería mostrar sus sentimientos. Jamás lo hizo. Se encerraba siempre en sí mismo, a excepción de la noche en que me llamó para pedirme que fuera a verle. Fue la primera vez que noté el pánico en su voz. «Ven -dijo- y trae un arma». Dijo que necesitaba protección, que, por lo que fuera, no quería estar solo. Quería a alguien con él. Le dije que tal vez precisara un testigo o algo.
– No te preocupes, voy enseguida. Voy a coger el rifle de caza de mi hijo.
Cuando lo vi, comprobé que estaba realmente conmocionado. Nunca lo había visto en aquel estado y había trabajado con él durante años.
En cuanto llegué, se tranquilizó y permanecimos allí sentados medio amodorrados mucho rato hasta que oímos un ruido. Nos levantamos de un salto, salimos y nos encontramos con que llegaba Geri. Llevaba una buena curda. Tenía la mirada extraviada. Estaba fuera de sí. Completamente desmadrada. Chocó frontalmente con la puerta del garaje. Abolló el coche. Yo estaba allí delante y por poco me aplasta el pie. Ni esperó a que subiera la puerta. Le dio de frente.
– Ha estado fuera toda la noche.
Según El Zurdo:
La oí a través de las ventanas cerradas. Decía: «¿Dónde están mis hijos, cabrón?».
Geri no solía hablar así. Otra razón por la que pensé que le sucedía algo. ¿Copas? ¿Pastillas? ¿Drogas? No podía precisarlo.
Le dije que bajara un poco el cristal, y lo hizo en un par de centímetros; me acerqué tanto como pude a ella y le pedí que se calmara.
– ¿No podríamos discutirlo? ¡Cuidado!
– ¡A tomar por culo! -chilla de nuevo, pone el coche en marcha y le da de lleno a la puerta del garaje.
Los vecinos se han despertado, se han reunido en la calle y aparecen un par de coches de la poli. Veo a dos polis. Los conozco.
Geri dice que quiere entrar en casa. A freír espárragos, pienso yo. Pero soy consciente de que tengo pocas alternativas. Me tiene atado. La encantadora esposa de un famoso hombre de casinos, de un jugador relacionado con el hampa. El no va más. Van a hacerme picadillo en el tribunal.
Con todo, respondiendo a su pregunta, le formuló otra:
– ¿Dónde está el gilipollas de tu novio?
– ¿Qué novio? -dice, impasible.
– Sabes bien quién -preciso.
Geri se dirige a los polis y les pide que consigan que yo la deje entrar en casa. La mitad de la casa es mía, dice.
Los dos polis son anti Frank Rosenthal. Queda clarísimo. Yo soy el de la mala fama.
– ¡Eh, Frank! -dice uno de ellos-. ¿Por qué no la dejas entrar? Abre y así nos podremos marchar.
Les digo que voy a dejarle la llave si me promete que no se quedará más de cinco minutos. ¿Por qué no? El dinero, las joyas y los niños ya no están. Ya no tiene nada que vender.
Al cabo de tres minutos, ya está fuera. Yo estoy en la senda con Murray Ehrenberg y la pasma. Sale con las manos a la espalda.
Se acerca a mí, a unos tres metros, se da una rápida vuelta y me encuentro con que me apunta a la cabeza con una pistola. La poli desaparece. Nunca había visto a nadie correr de aquella forma. Fueron a esconderse detrás de sus coches.
– Quiero mi dinero y mis joyas o te mato -me dice Geri mirándome fijamente.
Está agitando la pistola.
Y aparece la que faltaba: Nancy Spilotro.
Se ponen a hablar las dos y Nancy toma partido por Geri.
– Oye, Nancy, esto no es problema tuyo -le digo-. Ya tienes suficientes en casa.
Por el rabillo del ojo veo que Tony Spilotro viene en coche a toda pastilla. Lleva una gorra y una barba.
La pasma le dice a Geri que deje el arma. Nancy le dice a Geri que deje el arma.
– Geri, no dispares -le digo-. Supongo que no querrás acabar en la silla eléctrica.
Aquello es tan disparatado que casi hace reír.
De pronto, Nancy agarra el brazo de Geri y los polis salen de detrás de los coches y la esposan. A mí aquello me turba la cabeza. Veo a Geri esposada y gritando:
– ¡Cariño, me hacen daño! ¡No permitas que me hagan daño! ¡No les dejes!
Digo a los polis que la dejen tranquila. Insisto en que no presentaré cargos contra ella y que disponemos de permiso de armas.
Estoy agotado. Creo que lo que intentaba era salvar algo allí. No lo sé. Visto con frialdad, no tenía ninguna lógica. Nada de aquello tenía lógica.
En fin, cuando se fue la poli, entramos todos en casa: Geri, yo y Murray Ehrenberg.
INFORME DE LOS AGENTES DEL DEPARTAMENTO DE POLICÍA DE LA CIUDAD DE LAS VEGAS
REGISTRO DE DISTRITO 80-72481
09-08-80 0900 HORAS
LOCALIZACIÓN DEL INCIDENTE… 972 Vegas Valley Drive, Las Vegas, Nevada. Urbanización Country Club.
INCIDENCIAS:
El 09-08-80, a las 9 horas aproximadamente, el abajo firmante, agente Archer, junto con el agente Brady Frank, fuimos enviados a la Urbanización Country Club, al 972 de Vegas Valley Drive, Las Vegas, Nevada, en relación a un altercado doméstico que estaba tomando unas proporciones alarmantes según el servicio de seguridad del Country Club.
Al llegar a la puerta de seguridad este, acudió a nosotros la señora de Frank Rosenthal, terriblemente alterada, quien expresó su deseo de acceder a su domicilio, en el 972 de Vegas Valley Drive, y recuperar sus pertenencias personales.
Estaba a su vez comentando que los agentes de seguridad no la acompañaban hasta casa y que quería contactar con el FBI.
Mientras intentábamos obtener información de la señora de Frank Rosenthal, llegó una tal Nancy Spilotro en un Oldsmobile de color azul, matrícula Ut (Utah) NLE697. La señora Rosenthal conducía un Mercedes cupé color tostado, matrícula CWN014, NV.
La señora Spilotro advirtió a estos agentes que había acudido allí para recoger a la señora de Frank Rosenthal, que se encontraba terriblemente alterada e histérica, pero que la señora Rosenthal se negó a subir al vehículo con ella y salió con su Mercedes a toda velocidad.
La señora Spilotro advirtió a estos agentes que se había iniciado una gran pelea y que pretendía intervenir en un intento de interrumpir el altercado entre marido y mujer.
Nos dirigimos todos al 972 de Vegas Valley Drive, y allí encontramos al señor Frank Rosenthal en la senda junto con su esposa; ésta chocó con su coche, un Mercedes, contra la parte trasera del Cadillac de él en el interior del garaje, causándole daños menores.
Conseguimos parar el vehículo y la señora de Frank Rosenthal empezó a discutir con su marido, si bien no aceptó la ayuda de los agentes y manifestó que no era más que un altercado doméstico y que iba a resolver la situación.
Nancy Spilotro ayudó también a Frank Rosenthal cuando intentaba calmar a su esposa y evitar molestar a los vecinos. En este momento, preguntaron a estos agentes si todo estaba en regla y dijeron que podían marcharse.
Dichos agentes se disponían a abandonar el lugar cuando la señora de Frank Rosenthal entró corriendo a la casa situada en el 972 de Vegas Valley y dejó a su marido, Frank, fuera.
Luego, la mujer salió por una puerta lateral de la residencia con las manos en el estómago. Gritaba algo sobre joyas, que Frank se había quedado las suyas y que las exigía. También reclamaba dinero.
Estos agentes no se dieron cuenta de que llevaba un arma hasta que se situó frente al 972 de Vegas Valley Drive, momento en que estos agentes observaron que sacaba una 38 especial cromada del interior de la blusa.