Cincuenta Sombras Liberadas
- Автор: Джеймс Эрика Леонард
- Серия: Cincuenta Sombras #3
- Год: 2012
- Язык: испанский
- Жанр: Романы для взрослых
Электронная книга - «Cincuenta Sombras Liberadas». Краткое содержание книги:
Cuando la joven Anastasia conoce al poderoso y enigmático Grey, comienzan un excitante, sensual y atormentado romance. Erótica, entretenida y profundamente conmovedora, la serie Cincuenta sombras es una historia que te cautivará, te poseerá y se quedará contigo por siempre.
Para público adulto.
– Quiero que me necesites -susurra.
¡Dios!
– ¡Pero si te necesito! -digo con mucha pasión. Le necesito tanto… Le quiero tanto.
– Quiero cuidarte.
– Y lo haces. Siempre. Te he echado mucho de menos cuando estabas fuera…
– ¿Ah, sí? -Suena sorprendido.
– Sí, claro. Odio que te vayas y me dejes sola.
Noto su sonrisa.
– Podrías haber venido conmigo.
– Christian, por favor. No resucitemos esa discusión. Quiero trabajar.
Suspira y yo le peino suavemente con los dedos.
– Te quiero, Ana.
– Yo también te quiero, Christian. Siempre te querré.
Y los dos nos quedamos tumbados, disfrutando de la calma tras la tormenta. Y escuchando el latido rítmico de su corazón, me dejo llevar por el sueño, exhausta.
Me despierto sobresaltada y desorientada. ¿Dónde estoy? En el cuarto de juegos. Las luces todavía están encendidas e iluminan tenuemente las paredes rojo sangre. Christian gime otra vez y me doy cuenta de que eso es lo que me ha despertado.
– No -lloriquea. Está tumbado a mi lado, con la cabeza hacia atrás, los párpados apretados y la cara crispada por la angustia.
Maldita sea, está teniendo una pesadilla.
– ¡No! -grita.
– Christian, despierta. -Me incorporo con dificultad, apartando la sábana de una patada. Me pongo de rodillas a su lado, le cojo por los hombros y le sacudo. Se me saltan las lágrimas-. Christian, por favor, ¡despierta!
Abre los ojos de golpe, grises y salvajes, las pupilas dilatadas por el miedo. Me mira con los ojos vacíos.
– Christian, era una pesadilla. Estás en casa. Estás seguro.
Parpadea, mira a su alrededor muy nervioso y frunce el ceño al ver dónde está. Sus ojos vuelven a encontrarse con los míos.
– Ana -jadea y sin más preámbulos me coge la cara con las dos manos, me acerca a su pecho y me besa con pasión. Su lengua me invade la boca y sabe a desesperación y a necesidad. Sin darme apenas un momento para respirar, rueda sin separar sus labios de los míos hasta quedar encima de mí, apretándome contra el duro colchón de la cama de cuatro postes. Con una de las manos me agarra la mandíbula mientras con la otra me sujeta la cabeza para mantenerme quieta. Me separa las piernas con la rodilla y se recuesta, todavía con los vaqueros puestos, entre mis muslos-. Ana -repite como si no pudiera creerse que estoy allí con él. Me mira durante una fracción de segundo, lo que me da un momento para respirar, pero de nuevo sus labios se fusionan con los míos, saqueándome la boca y quedándose con todo lo que tengo para dar. Gime fuerte y flexiona la cadera para acercarla a la mía. Su erección cubierta por la tela de los vaqueros presiona mi carne suave. Oh… Gimo y toda la tensión sexual reprimida durante los anteriores intentos fallidos resurge con fuerza, llenando mi sistema de deseo y necesidad. Todavía controlado por sus demonios, Christian me besa con pasión la cara, los ojos, las mejillas y la línea de la mandíbula.
– Estoy aquí -le susurro intentando calmarle mientras nuestros jadeos calientes se mezclan. Me agarro a sus hombros y muevo la pelvis contra la suya para animarle.
– Oh, Ana -jadea con la voz baja y ronca-. Te necesito.
– Yo también te necesito -le susurro con urgencia, con el cuerpo desesperado por sentir su contacto. Le deseo. Le deseo ahora. Quiero curarle. Quiero curarme a mí… lo necesito. Baja la mano y se ocupa de los botones de la bragueta. Los desabrocha en un segundo y libera su erección.
Madre mía. Y eso que hace menos de un minuto estaba dormido…
Se levanta y me mira fijamente durante un segundo, suspendido en el aire sobre mí.
– Sí. Por favor -le pido con la voz ronca y llena de necesidad.
Y con un movimiento rápido entra hasta el fondo de mí.
– ¡Ah! -grito, no de dolor, sino de sorpresa por su rapidez.
Gruñe y vuelve a pegar sus labios a los míos mientras me empuja una y otra vez, su lengua poseyéndome con la misma intensidad. Sus movimientos son frenéticos por culpa del miedo, la lujuria, el deseo y… ¿el amor? No lo sé, pero yo voy a su encuentro en todas las embestidas, una tras otra, recibiéndole agradecida.
– Ana -dice con dificultad y alcanza el orgasmo con mucha fuerza, derramándose en mi interior, con la cara tensa y el cuerpo rígido antes de caer con todo su peso sobre mí jadeando… y me deja a mí muy cerca… otra vez.
Maldita sea. Esta no es mi noche, definitivamente. Le abrazo y respiro todo lo hondo que puedo, casi retorciéndome por la necesidad debajo de su cuerpo. Sale de mí y me abraza durante unos minutos… demasiados. Finalmente sacude la cabeza y se apoya sobre los codos, quitándome de encima parte de su peso. Me mira como si me estuviera viendo por primera vez.
– Oh, Ana. Por Dios… -Se acerca y me da un beso tierno.
– ¿Estás bien? -le pregunto acariciándole su adorable rostro. Asiente, pero parece agitado y muy asustado. Mi pobre niño perdido. Frunce el ceño y me mira intensamente a los ojos como si acabara de registrar por fin dónde está.
– ¿Y tú? -me pregunta con voz preocupada.
– Mmm… -Me retuerzo un poco debajo de él y un segundo después sonríe, una sonrisa lenta y carnal.
– Señora Grey, veo que tiene necesidades -murmura. Me da un beso rápido y se baja de la cama.
Se arrodilla en el suelo al borde de la cama y extiende las manos, me coge justo por encima de las rodillas y tira de mí hacia él hasta que mi culo queda justo al borde de la cama.
– Siéntate. -Me esfuerzo para hacerlo y el pelo me rodea como un velo, cayéndome hasta los pechos. Sus ojos grises no se apartan de los míos mientras me separa las piernas todo lo posible. Yo me apoyo en las manos porque sé muy bien lo que va a hacer. Pero… él solo… mmm…
– Eres tan preciosa, Ana -me dice y veo como baja la cabeza cobriza y empieza a subir por mi muslo derecho sin dejar de darme besos.
Todo mi cuerpo se tensa por la anticipación. Levanta la vista para mirarme y advierto que los ojos se le oscurecen detrás de las largas pestañas.
– Mírame -dice y al segundo siguiente noto su boca sobre mi carne.
Oh, Dios mío. Grito y siento que todo el mundo se concentra en el punto donde se unen mis muslos. Joder, y es tan erótico mirarle, ver su lengua acariciando lo que parece la parte más sensible de mi cuerpo. No tiene clemencia a la hora de provocarme, excitarme y adorarme. Noto que mi cuerpo se tensa y los brazos empiezan a temblarme por el esfuerzo de mantenerme erguida.
– No… ¡Ah! -Es lo único que puedo decir. Christian introduce lentamente el dedo corazón en mi interior y ya no puedo aguantar más; me dejo caer sobre la cama y disfruto del contacto de su dedo y de su boca por dentro y por fuera de mi cuerpo. Empieza a masajearme ese punto tan dulce de mi interior lenta, suavemente. Y un segundo después, me atrapa el orgasmo. Exploto gritando su nombre en una rendición incoherente cuando el intenso orgasmo me hace arquearme tanto que me separo de la cama. Creo que llego incluso a ver las estrellas. Es una sensación tan primitiva, tan visceral… Soy vagamente consciente de que me está acariciando el vientre con la nariz y dándome besos suaves. Extiendo la mano y le acaricio el pelo.
– No he acabado contigo todavía -me asegura. Y antes de que me dé tiempo a volver del todo a Seattle, planeta tierra, me agarra por las caderas y tira de mí hasta sacarme de la cama, arrastrarme hasta donde él está arrodillado, y colocarme en su regazo sobre su erección que me espera.
Doy un respingo cuando noto que me llena. Por Dios…
– Oh, nena… -jadea a la vez que me rodea con los brazos y se queda quieto. Me acaricia la cabeza y me besa la cara. Mueve la cadera y noto relámpagos de placer calientes y poderosos que surgen de lo más profundo de mí. Él me agarra del culo y me levanta. Después proyecta su sexo hacia arriba.
– Ah -gimo y siento sus labios sobre los míos otra vez mientras sube y baja muy despacio, oh, tan despacio… arriba y abajo. Le abrazo el cuello y me rindo al ritmo cadencioso. Me dejo llevar a donde quiera que él me lleve. Flexiono los muslos y cabalgo sobre él… Me hace sentir tan bien. Me echo hacia atrás y dejo caer la cabeza. Abro la boca todo lo que puedo en una expresión silenciosa de mi placer y disfruto de esa forma tan dulce que tiene de hacer el amor.